#4 TiemposSan Luis en su historia

La Balanza de Astrea de Benito Jerónimo Feijoo | Columna de Ricardo García López

San Luis en su historia

 

He aquí parte del texto de lo que llamó Feijoo, La Balanza de Astrea o Recta Administración de la Justicia, añadiendo a manera de subtítulo, la siguiente oración: En carta de un togado anciano a un hijo suyo recién elevado a la toga para informarnos que se trata de una serie de consejos que da un padre a su hijo. El texto ha sido adaptado.

 

LA CONCIENCIA. LA CORRUPCIÓN. LAS DÁDIVAS Y FAVORES.  

No sé, hijo mío, si celebre o llore la noticia que me das de haberte honrado su Majestad con esa toga. Te contemplo viviendo de ahora en adelante en una honrosa esclavitud, pero al fin esclavitud. Ya no eres mío, ni tuyo, sino de todo el pueblo. Las obligaciones de este cargo no sólo te emancipan de mí, tu padre; también deben desprenderte de ti mismo.

Ya se acabó para ti el procurar tu comodidad, tu salud, tu reposo, ahora tendrás que estar atento a los dictados de tu conciencia. Ahora debes considerar tu bien propio como si fuera ajeno, y sólo el bien de los demás como el tuyo propio. Se acabaron para ti los paisanos, los amigos, los compadres, los ahijados, los parientes. Como si no tuvieras patria, ni carne, ni sangre. ¿Quiero decir, entonces, que no has de ser hombre? No, por cierto, sino más bien que los intereses  del hombre han de estar tan alejados de los del juez que las acciones del juez no deberán tener ninguna relación con los intereses del hombre.

Vuelvo a decir que no sé si llore o celebre la noticia que me das. Veo puesta tu vida en un riesgo continuo de malograrse. Casi me atrevo a decirte que el oficio de juez es una continua invitación de ceder a la corrupción, y que esa invitación dura toda la vida. Posiblemente yo estoy exagerando en esta postura, lo confieso. Pero esa es la consecuencia de la proposición de San Juan Crisóstomo: Me parece imposible que se salve alguno de los que gobiernan. Del mismo parecer es el Santo Pontífice Pío V, quien decía que cuando era un simple religioso tenía una gran esperanza de salvarse y que cuando lo hicieron Cardenal empezó a temer por su salvación y que para cuando lo hicieron Papa casi vivía desesperado por no estar seguro de salvarse. De estos ejemplos se deduce  que quienes tienen un cargo de gobierno tienen un alto riesgo de corromperse.

Aunque debemos estar conscientes de que se trata de un mal necesario, porque los pueblos siempre tienen necesidad de un gobierno y, por lo tanto, tal riesgo es inevitable, alguien tiene que correrlo. Tendrán menor riesgo aquellos que estén sinceramente dispuestos a ejercer con rectitud las funciones gubernamentales y como es obvio estarán en una mayor posibilidad de corromperse aquellos que carecen de tal disposición. Quienes aspiran a una función de gobierno deben tener no como un consejo sino como una obligación lo que dice el libro del Eclesiástico: No solicites que te hagan juez, si no te hallas con la virtud y fortaleza que es menester para exterminar la maldad.

Aquel que sabe que no tiene  la ciencia suficiente o la salud necesaria para cargar con tan grave peso; el que no siente un corazón robusto, que no se deja impresionar por las promesas o amenazas de los poderosos; el que se ve muy enamorado de la hermosura del dinero; el que se conoce muy sensible a los ruegos de los amigos, compadres o parientes, no puede, según mi criterio, entrar con buena conciencia a desempeñar la judicatura. No comprendo aquí la virtud de la prudencia que es no sólo necesaria sino indispensable y por lo común todos juzgan que la tienen y este es un error más grave cuando los que más carecen de ella aseguran tenerla y no hay manera de disuadirlos de su error.

Por todas partes debe tener fortalecida el alma el que se viste la toga, porque en todos y cada uno de los momentos de su función todas las pasiones son enemigas de la Justicia y  los postulantes examinan con todo cuidado y escrúpulo por dónde flaquea la muralla [hoy en día en un lenguaje coloquial diríamos que los postulantes procuran saber de qué pata cojea el togado]. Aún aquellos afectos que son lícitos y naturales para el común de los mortales, suelen ser un obstáculo para la impartición de la justicia. ¿Qué cosa más justa que ser tiernos y afectuosos con la propia esposa? ¡Pero cuántas veces la inclinación a la esposa y con su influencia  hizo inclinar la rectitud de la vara de la justicia!

Con esto no quiero decir que el juez tiene que ser feroz, despiadado y duro, sino constante, animoso e íntegro. Es difícil, pero no imposible, tener alma de cera para la vida privada y tener espíritu de bronce para la administración pública. Si padece el corazón sus debilidades, esté, sin embargo, inaccesible a ellas el sagrado alcázar de la justicia. Se dice que las amistades pueden llegar hasta los altares. Pero en el templo de Astrea amistades y parientes deben quedar fuera de las puertas.

Hijo mío, sé que tienes grandes virtudes para ese ministerio y sin embargo, nada sosiega mis temores. Eres desinteresado. Virtud que debe tener un ministro. Pero ¿durante toda tu vida seguirás teniendo tal desinterés? El desinterés es como la hermosura, prenda de la juventud y rara vez nos acompaña hasta la vejez. Respecto de la hermosura, leí sobre dos mujeres que la conservaron  hasta los setenta años: Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois, en tiempo de Henrico II de Francia y en la antigüedad, Aspasia de Mileto, concubina de Ciro, rey de Persia. No sé si se encuentren un número mayor de hombres que dejados únicamente al preciso beneficio del temperamento, hayan conservado hasta los setenta años el desprecio de las riquezas y del oro. El alma se marchita juntamente con el cuerpo, y son arrugas del alma los encogimientos de la codicia.

rekaredo@uaslp.mx

También lea: La vida de Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro | Columna de Ricardo García López

Nota Anterior

Nava and "El Chato" López are accused of attack against activist

Siguiente Nota

Así amanece el precio del dólar hoy 26 de febrero en SLP