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Montejano y su microhistoria universal | Columna de Ricardo Sánchez García

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Don Rafael Montejano y Aguiñaga es una referencia ineludible para la historia de San Luis Potosí, pero también es una autoridad de respeto para propios y extraños, para maestros y estudiantes, para clérigos y civiles, pues despertó en muchas personas el gusto por leer historia y lo más importante, el placer de inscribir la historia mediante un ejercicio de cientificidad.

A cien años de su natalicio, Rafael Montejano y Aguiñaga nos impele a ejercitar la memoria, tal como sus enseñanzas nos dejaron, haciendo microhistoria, concatenando discursos y hechos sobresalientes. Por ello vale la pena hacer presente su aporte a nuestro querido Estado y su contribución a la historia universal.

Su tarea no fue sencilla, pues haber ejercido diferentes disciplinas en tiempos complicados para clérigos y opositores políticos a la hegemonía del poder le obligaron a conquistar espacios en el periodismo y en las aulas universitarias. Su voz se escuchó en radio, su letra transitó por la prensa como parte de su ardua labor.

En sus tiempos era imposible imaginarse a un sacerdote fuera de su parroquia, realizando esta magnífica obra académica.

Para Rafael Montejano y Aguiñaga los caminos fueron sinuosos. Vivir en Roma en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y enfrentar cacicazgos y gobiernos corruptos en su regreso a San Luis Potosí fueron dificultades que fortalecieron su entereza, su pensamiento y voluntad.

El historiador recuerda que alguna vez, por cuestiones políticas, más que razones de capacidad académica, fue despedido de su Alma Mater, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Pero luego, fue la misma institución quien le pidió su regreso, “…hay muchos sacerdotes que pueden ocupar una parroquia, pero no todos los curas pueden ocupar un espacio en la universidad”, dijeron.

“La corrupción que impera en nuestro país está ligado a la Iglesia, porque todos somos Iglesia”, denunció continuamente, “estamos comprometidos a practicar la justicia”, afirmó con tenacidad y “fe y vida cotidiana están íntimamente ligados. Debemos aprender a convivir con todos, pero practicando la justicia, sin hacernos cómplices de los que viven en la injusticia y de la injusticia” señaló en tiempos de ríos revueltos y persecución política.

 “Lamentamos  y sufrimos esta crisis económica que cada día nos golpea más fuerte”, dijo alguna vez en tribuna y lo repitió continuamente en artículos. 

La naturaleza combativa y la verticalidad fue característica del historiador. Con mano firme y  muchas horas de estudio, combatió la historia de bronce impulsando un estudio crítico, metodológico y fundamentado desde la región.

Por su amor a los libros y por su búsqueda de la verdad, fue impulsor de la biblioteca universitaria y fundador de la Academia de Historia Potosina, gracias a la cual surgió una editorial con alcances nacionales. Su importante labor lo llevó a la fundación del Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí.

Rafael Montejano y Aguiñaga ha dejado una huella imborrable. Es un hombre universal, pues con su actitud romántica y de amor a la tierra logró construir una identidad de nuestra patria chica, San Luis Potosí.

Tenía una totalidad global del acervo cultural de nuestro Estado. Testimonios dicen que era una persona pulcramente responsable que valoraba cada uno de los documentos que en sus manos pasaban. A él agradecemos la formación de discípulos que se enorgullecen de serlo, quienes transmiten las enseñanzas recibidas y respaldan sin empacho la calidad humana del maestro. 

A Montejano y Aguiñaga debemos la creación del Centro de Investigaciones Históricas de San Luis Potosí, antesala del hoy Colegio de San Luis AC, cuyo nivel de reconocimiento hoy nos enorgullece.

Su extensa obra denota una vocación que podemos encontrar en testimonios que le defienden como un hombre dedicado a documentar, escribir, cuestionar y repensar la historia.

Nos queda claro que Montejano es un humanista, pero también un formador directo o por tarea no propuesta de profesionales historiadores, archivistas y literatos.

¿Qué es San Luis Potosí? ¿Qué es México? ¿Cuáles son los valores que nos identifican? fueron las preguntas generadoras para cruzar el camino trazado que le dieron sentido a sus letras.

La identidad de los potosinos le debe por mucho a este hombre universal, pues no podríamos comprender una idiosincrasia del ser potosino sin el estudio de nuestro origen y en eso centró su mejor esmero.

“No podemos renunciar a nuestro destino, pero tampoco podemos estar condenados a caminar sin rumbo”, son palabras que definen a un hombre que fue mucho más que sacerdote, catedrático, bibliógrafo, archivista e historiador.

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