abril 23, 2021

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#4 Tiempos

Montejano y su microhistoria universal | Columna de Ricardo Sánchez García

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Rafael Montejano

Sin Partitura

 

Don Rafael Montejano y Aguiñaga es una referencia ineludible para la historia de San Luis Potosí, pero también es una autoridad de respeto para propios y extraños, para maestros y estudiantes, para clérigos y civiles, pues despertó en muchas personas el gusto por leer historia y lo más importante, el placer de inscribir la historia mediante un ejercicio de cientificidad.

A cien años de su natalicio, Rafael Montejano y Aguiñaga nos impele a ejercitar la memoria, tal como sus enseñanzas nos dejaron, haciendo microhistoria, concatenando discursos y hechos sobresalientes. Por ello vale la pena hacer presente su aporte a nuestro querido Estado y su contribución a la historia universal.

Su tarea no fue sencilla, pues haber ejercido diferentes disciplinas en tiempos complicados para clérigos y opositores políticos a la hegemonía del poder le obligaron a conquistar espacios en el periodismo y en las aulas universitarias. Su voz se escuchó en radio, su letra transitó por la prensa como parte de su ardua labor.

En sus tiempos era imposible imaginarse a un sacerdote fuera de su parroquia, realizando esta magnífica obra académica.

Para Rafael Montejano y Aguiñaga los caminos fueron sinuosos. Vivir en Roma en tiempos de la Segunda Guerra Mundial y enfrentar cacicazgos y gobiernos corruptos en su regreso a San Luis Potosí fueron dificultades que fortalecieron su entereza, su pensamiento y voluntad.

El historiador recuerda que alguna vez, por cuestiones políticas, más que razones de capacidad académica, fue despedido de su Alma Mater, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Pero luego, fue la misma institución quien le pidió su regreso, “…hay muchos sacerdotes que pueden ocupar una parroquia, pero no todos los curas pueden ocupar un espacio en la universidad”, dijeron.

“La corrupción que impera en nuestro país está ligado a la Iglesia, porque todos somos Iglesia”, denunció continuamente, “estamos comprometidos a practicar la justicia”, afirmó con tenacidad y “fe y vida cotidiana están íntimamente ligados. Debemos aprender a convivir con todos, pero practicando la justicia, sin hacernos cómplices de los que viven en la injusticia y de la injusticia” señaló en tiempos de ríos revueltos y persecución política.

 “Lamentamos  y sufrimos esta crisis económica que cada día nos golpea más fuerte”, dijo alguna vez en tribuna y lo repitió continuamente en artículos. 

La naturaleza combativa y la verticalidad fue característica del historiador. Con mano firme y  muchas horas de estudio, combatió la historia de bronce impulsando un estudio crítico, metodológico y fundamentado desde la región.

Por su amor a los libros y por su búsqueda de la verdad, fue impulsor de la biblioteca universitaria y fundador de la Academia de Historia Potosina, gracias a la cual surgió una editorial con alcances nacionales. Su importante labor lo llevó a la fundación del Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí.

Rafael Montejano y Aguiñaga ha dejado una huella imborrable. Es un hombre universal, pues con su actitud romántica y de amor a la tierra logró construir una identidad de nuestra patria chica, San Luis Potosí.

Tenía una totalidad global del acervo cultural de nuestro Estado. Testimonios dicen que era una persona pulcramente responsable que valoraba cada uno de los documentos que en sus manos pasaban. A él agradecemos la formación de discípulos que se enorgullecen de serlo, quienes transmiten las enseñanzas recibidas y respaldan sin empacho la calidad humana del maestro. 

A Montejano y Aguiñaga debemos la creación del Centro de Investigaciones Históricas de San Luis Potosí, antesala del hoy Colegio de San Luis AC, cuyo nivel de reconocimiento hoy nos enorgullece.

Su extensa obra denota una vocación que podemos encontrar en testimonios que le defienden como un hombre dedicado a documentar, escribir, cuestionar y repensar la historia.

Nos queda claro que Montejano es un humanista, pero también un formador directo o por tarea no propuesta de profesionales historiadores, archivistas y literatos.

¿Qué es San Luis Potosí? ¿Qué es México? ¿Cuáles son los valores que nos identifican? fueron las preguntas generadoras para cruzar el camino trazado que le dieron sentido a sus letras.

La identidad de los potosinos le debe por mucho a este hombre universal, pues no podríamos comprender una idiosincrasia del ser potosino sin el estudio de nuestro origen y en eso centró su mejor esmero.

“No podemos renunciar a nuestro destino, pero tampoco podemos estar condenados a caminar sin rumbo”, son palabras que definen a un hombre que fue mucho más que sacerdote, catedrático, bibliógrafo, archivista e historiador.

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#4 Tiempos

El camión con despensas es mío. ¡Ya dénmelo! | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA.

A ver, ¿El camión que les hizo a ustedes? ¿Qué culpa tienen las inocentes y perecederas despensas? No, no hay que ser así de ingratos, cometa, quien deba cometerlo, un acto de justicia y dénmelo a mí.

Es más, si nadie acredita la propiedad y reniegan de su contenido, yo estoy dispuesto a quedarme con el valioso tracto camión con todo y caja, recibir con todo gusto la vasta mercancía y emprender una cruzada de entrega desinteresada (sin voto de por medio) para las colonias, organizaciones o comunidades que más lo necesiten.

¡Faltaba más! Si acaso y si se ponen muy mezquinas las autoridades, con la ayuda de mi Culto Público hasta organizo coperacha en mi sombrero de domingo para pagar la multa y hasta los daños causados al puente del Río Santiago, monto que seguramente es, por mucho, inferior al valor de lo decomisado y hoy múltiplemente desconocido.

En estos días, a casi todos los candidatos hemos preguntado personalmente si son los dueños o reconocen la propiedad tanto del vehículo como de las despensas. No, no y un millón de veces no es la respuesta común obtenida.

Es decir, es un vehículo sin dueño, una lámpara sin luz, un reloj sin manecillas. Un camión vagabundo y callejero en busca de un acomedido protector. Ya no sufras misterioso camión de despensas desdeñadas: yo te adopto con todo mi corazón.

Todos los candidatos se deslindan y se acusan recíprocamente, se escandalizan solo de la idea: “qué barbaridad, qué oso, ¿en campaña y repartiendo despensas?, pero a ¿quién se le ocurre?”

Desde el Presidente de la República en La Mañanera, al que “casualmente” enlazaron en vivo justo cuando habló del tema, hasta el más desconocido candidato a quinto regidor por Lagunillas, (bueno, con decirle que hasta el hasta ahora desaparecido Toño Lorca, supuesto coordinador de campaña de la doctora Mónica se subió al asunto… imagínese) la clase política trae el asunto como papa caliente.

Los de la coalición acusan al Verde, los del Verde al gobierno (por apoyar a la coalición) con desplegados incluso nacionales firmados por senadores y diputados del PT y Verde, los de Morena a la mafia del poder, exigen justicia y celebran lo que consideran es un “espaldarazo” del presidente, total que los de aquí a los de allá, los de arriba a los de abajo y que de tin marín de do pingüé cúcara mácara títere fue. Mientras tanto, el Kenworth rojo con caja de quién sabe cuántos pies cúbicos y 5 mil despensas siguen en el limbo desde el sábado.

Comentario al margen: el aprovechamiento mediático electoral era de esperarse, al grado de querer poner palabras en la boca del propio presidente para desprestigiar rivales como fue en el caso del supuesto “asesor” en comunicación de Mónica Rangel, Antonio Meza Rojo, que difundió un comunicado muy chapucero al respecto. Ni modo, así se las gastan y han gastado en todas y cada una de las campañas que ha perdido, pero en fin y de regreso al tema:

¿De verdad no pueden dar con el nombre en el registro de las placas? ¿No hay datos de los números de serie de la caja y el motor del vehículo? ¿No hay quién se haya acercado a reclamar semejante pérdida? ¿Por qué tanto silencio?

La “indignación” política también me parece exagerada, por favor, el que esté libre de culpa que entregue la primera despensa.

Por cierto, hoy mismo circuló un video oportunamente captado por el periodista Everardo González en el que descubre, una vez más, cómo desde dos vehículos del ayuntamiento, rotulados con el número 3794 de la oficialía mayor del gobierno capitalino, se bajaba una camioneta llena de despensas a una casa particular en el número 1463 de la calle 5 de mayo en el centro histórico.

¿Estarán reponiendo las que están decomisadas? ¿Son para la campaña ilegítima de Xavier Nava? Es pregunta.

Entre tanto, el alma atormentada de este aprendiz de reportero no deja de lamentarse de cómo 5 mil despensas se están echando a perder y son tratadas como delincuentes detenidas bajo el sol en algún polvoriento corralón mientras podrían estar en manos de 5 mil familias a las que seguramente hoy les hizo falta algo de aceite, frijol, leche, galletas, sardinas o atún que seguramente contienen los paquetes incautados.

Por eso, si me lo permite el Culto Público, si no aparece pronto el dueño del camión y las despensas, que me las den a mí, yo me hago el dueño y entre todos repartimos la mercancía y hasta el valor del vehículo entre los más necesitados (no pido voto a cambio) ¿quién jala? Paso por ustedes.

BEMOLES.

Xavier Nava se cansa de llorar y no amanece. Es verdaderamente una burla lo que está haciendo al defender lo indefendible. El mejor ejemplo para dejar a mi Culto Público las cosas claras lo explico así: Xavier Nava metió la mano en el área chica y eso es penalti, el que quiera convencer a las gradas para gritarle al árbitro es mezquino y chapucero. La ley es clara y nada tiene que ver con su derecho de votar y ser votado, tampoco con el hecho de ser postulado por un partido distinto, todo el fundamento es que metió la mano en el área chica, impugnó el proceso interno del PAN cuando quiso ser candidato a gobernador al MISMO TIEMPO en que se registró como candidato de Morena y eso el artículo 227 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales lo prohíbe determinantemente. Decir que los tribunales locales están bajo las órdenes de sus enemigos es un absurdo y presionar con el público para que se le cumpla su berrinche es bastante iluso y peligroso para los potosinos. Hubo “Var” y lo cacharon, acepten por una vez en la vida su error. Si le regresan la candidatura no correrán con mayor suerte, pues ni retiraron propaganda como les indicó la autoridad ni dejaron de hacer campaña, otra vez serán impugnados con tarjeta roja. Por lo demás, el niño era chillón y lo pellizcaron, en el papel de víctima Xavier se lleva un Óscar (y no es Valle).

Hasta pronto hijos de mi alma.

@jfsh007
@MetronomoElect
@laorquestamx

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#4 Tiempos

Kostoglotov | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Confesó una vez Graham Greene (1904-1991) en el transcurso de una entrevista que cada vez que veía en algún tiradero de libros obras que amaba o que había amado en otro tiempo, para rescatarlas del naufragio, las compraba, aunque ya las tuviera en su biblioteca. ¡Cómo! ¿Compraba libros repetidos? Sí.  ¿Y por qué lo hacía? Él mismo lo explica más adelante: por un cierto sentido de seguridad. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si alguien le pidiese un libro que él no quisiera prestar de ninguna manera? Y puesto que tales eventualidades casi siempre acaban por presentarse –pensaba Greene-, más valía, por si las dudas, tener siempre un ejemplar de repuesto.

Si un libro ha pasado ya a formar parte de nuestra biografía personal, si es un libro de veras querido, entonces lo mejor es que tengamos de él por lo menos dos ejemplares, como hacía Greene: uno para conservarlo celosamente en nuestros anaqueles, y otro para prestarlo, en caso de que alguien se atreva a pedírnoslo prestado.

Ahora bien, ¿se deben prestar los libros? Sobre esto no hay nada escrito. El mismo Romano Guardini (1885-1968) no supo qué decir respecto a esta terrible cuestión; he aquí, por ejemplo, lo que confesó en su bellísimo Elogio del libro (1951): «¿Qué hay de más obvio que el que posee un libro lo preste a  otro que quiere leerlo? Porque éste lo necesita, o porque no ha podido conseguirlo; porque esa lectura le haría bien, o porque es bello crear un contacto humano a través del conocimiento o de la alegría que proporciona la lectura de una misma obra. Pero respecto a esto, ¡qué experiencias no se tienen! ¡Cuánto tiempo pasa antes de que el libro dado en préstamo regrese a su primer dueño! Y, si vuelve, ¡lo hace en unas condiciones tan penosas que lo mejor sería echarlo de una buena vez a la basura! En él se reúnen todos los agravios que se le pueden infligir a un libro: está sucio, las páginas se salen de su sitio o vienen dobladas y en los márgenes se han escrito signos y acaso hasta observaciones. Y el comportamiento de aquel a quien se le ha prestado es tan desenvuelto que parece no haberse dado cuenta de haber tenido en las manos un libro ajeno», etcétera… ¿No hay, pues, que prestar los libros? Guardini lo deja a la conciencia de cada cual.

Bien, todo esto ha venido a cuento porque acabo de comprar –por segunda vez- El pabellón del cáncer, la novela del escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008). Como ya tenía yo esta obra, y además publicada por Aguilar en dos hermosos volúmenes –uno de cubierta azul y el otro de color malva-, pensé que lo mejor sería comprarme otros libros con ese mismo dinero; pero como el precio que me pedían por ellos era más bien módico y años atrás alguien me la había pedido prestada (sin nada de éxito por su parte, debo confesarlo), pensé que ahora era tiempo incluso de regalársela. Así que la volví a comprar. Mientras regresaba a mi casa y la hojeaba lentamente, saltó de entre sus páginas un nombre que ya había olvidado, pero que en otro tiempo recordaba con emoción y ternura, pues encarnaba una actitud ante la vida que a mí me hubiera gustado mucho adoptar. Este nombre era Kostoglotov.

En la novela de Solzhenitsyn, Kostoglotov es un muchacho con cáncer que comparte el pabellón con otros muchos enfermos del mismo mal. Pero, mientras los demás se pasan la vida quejándose de los pésimos servicios hospitalarios, o de la vida, o de sus familiares, que no los visitan nunca, o de Dios, Kostoglotov se pone a leer. Es un muchacho que está siempre leyendo. Aun con sus mínimas esperanzas de vida, hace planes y se entrega apasionadamente a la lectura.

En el mismo pabellón está también Yefrem, un hombre con cara de rata que se pasea continuamente por la sala reprochándole a todos sus falsas ilusiones.

-«Se acabó –decía éste-. No volverán a casa, ¿entendido? Y si regresan a casa no será por mucho tiempo. Volverán otra vez aquí. El cáncer está encariñado con las personas. A la que atenaza con sus dentones, ya no la suelta hasta la muerte».

Tal era el pasatiempo de Yefrem: anunciar la muerte y quebrar la esperanza a lo largo y lo ancho del pabellón. Pero un buen día, al escuchar sus profecías desventuradas, Kostoglotov lo paró en seco y le dijo:

-«¡Yefrem! ¡Deja ya de lamentarte! Toma este libro y léelo.

»Yefrem se le encaró como un toro, con la mirada turbia.

-»¿Y para qué leer? –le objetó-. ¿Para qué si, no tardando, reventaremos todos?

»Kostoglotov, moviendo, su cicatriz, replicó:

»-Por eso mismo tienes que darte prisa, porque pronto moriremos. ¡Toma, toma!

»Y le tendió el libro. Yefrem no se movió».

¿Quién de los dos tenía razón: Yefrem o nuestro joven lector? Kostoglotov sabía que vivir es apresurarse, ganarle tiempo al tiempo a fin de poder realizar las cosas esenciales. «Hay que apresurarse a amar», dice un personaje de El malentendido, la pieza teatral de Albert Camus (1913-1960). Sí, hay que apresurarse. Los mortales no pueden darse el lujo de dejar para mañana, de posponer lo urgente.

Poco antes de que muriera, fui hace tiempo a visitar a un sacerdote que en otro tiempo había sido mi maestro, el padre David Palomo. Estaba en cama y temblaba de pies a cabeza: padecía el mal de Parkinson, rondaba los ochenta años y cada tercer día era necesario conectarlo a una bombona de oxígeno. ¿Y cómo creen ustedes que lo encontré? ¿Llorando acaso por su triste suerte? Nada de eso. ¡Leyendo un método para aprender griego! «Quiero dominarlo bien», me dijo quedamente. Yefrem se hubiera burlado de él preguntándole con cinismo: «¿Y ya para qué?». Pero yo pensaba: «He aquí otro Kostoglotov, un ejemplar de esta misma raza de valientes: ejemplar de los que, por desgracia, quedan ya bien pocos en este mundo. ¡Dios sea bendito por aquellos que han aceptado vivir su vida hasta el el final!».

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#4 Tiempos

¿Mario Delgado engañó a Nava? | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS.

Morena tiene el riesgo de perder las candidaturas a gobernadores de Félix Salgado Macedonio en Guerrero y Raúl Morón en Michoacán, así como cinco a diputaciones federales, seis a diputados locales y 16 para alcaldías, entre otras tantas que en total suman 49.

Me cuesta pensar que un político, que teje tan fino como Mario Delgado, cometería un descuido como no reportar los gastos de precampaña que ponen en riesgo esas posiciones. Más absurdo resulta que ninguno de los asesores y abogados del partido anticipara la problemática.

A esos 49 casos que el INE ha puesto en entredicho hay que sumarles el de Xavier Nava, cuya candidatura fue derrumbada por una instancia local, el Tribunal Electoral del Estado de San Luis Potosí, con dos argumentos de por medio:

El primero se remite al Artículo 28 de la Ley Electoral, en el que se apunta que un alcalde que busca reelegirse forzosamente tiene que postularse por al menos uno de los partidos que lo llevó originalmente al puesto. Esa situación, Xavier Nava podría tenerlo resuelto en lo práctico, no así en lo moral, al nunca haber sido militante de ningún partido.

Para el segundo, el Tribunal consideró el artículo Artículo 227 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales en el que se establece que ningún ciudadano podrá participar de forma simultánea en dos proceso de selección de candidatos en partidos diferentes.

Aquí es donde la nominación de Nava da tumbos, ya que aunque la elección de candidato del PAN a gobernador había concluido antes de que Xavier fuera registrado como candidato de Morena (el 18 de febrero), días después de su nombramiento interpuso un juicio contra la decisión de Acción Nacional (22 de febrero), por lo que esto puede considerarse como un apéndice del proceso interno del PAN (¿Qué habría hecho Xavier ya como candidato de Morena si hubiera revocado la nominación de Octavio Pedroza?).

La determinación de Mario para dejarle a Nava tener un sitio protagónico en Morena, cuando poco tiempo antes dijo que el partido es una basura y ofendió con sus acciones al presidente López Obrador, resultó entonces incomprensible, pero si finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decide que no será su candidato a alcalde, tendremos que preguntarnos si hubo falta de cálculo o dolo por parte de Delgado.

Al repasar el listado de candidaturas revocadas por el INE se puede encontrar que detrás de cada una hay un candidato que representaba algún tipo problema para el gobierno federal, el ejemplo más claro es Félix Salgado, que ha sido objeto de la mayoría de las críticas durante los últimos meses; sin embargo, en Guerrero, Morena tiene una intención de voto que hace imposible que pierda, la única condicional es que Félix se presente en otro partido, y pudo hacerlo por el PT, ya es muy tarde para ello. Ahora está a punto de perder su oportunidad y no puede culpar a Andrés Manuel o a Mario Delgado, que lo han “apoyado” de forma total.

Si Xavier Nava no recupera la candidatura, su carrera política habrá dado un paso importante al olvido. De forma “circunstancial” el gallardismo se habrá sacudido a uno de sus opositores más importantes y el camino estará limpio para que Leonel Serrato y Enrique Galindo tengan un mano a mano en la disputa por la capital.

Hay una frase, que algunos le atribuyen a Roosevelt y otros a Manuel Buendía, que dice: “en política no hay coincidencias”, pero aquí ya hubo demasiadas… ¿y Mónica?

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