#4 TiemposDesde mi clóset

Castigos en tiempos pandémicos | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

Cuando las sociedades experimentan amenazas, la respuesta de las autoridades tiende al control de las masas. Durante una buena cantidad de tiempo he estado revisando los mensajes que se han circulado en los medios masivos relativos al cuidado en este momento de crisis sanitaria. En su mayoría, se utilizan mensajes amenazantes, que promueven el miedo, incluso el terror psicológico. Se juega con el miedo a la muerte que históricamente ha aquejado a la sociedad occidental. La experiencia nos ha dicho que este tipo de mensajes tienen a funcionar para un sector de la población, sin embargo, siempre hay mentes divergentes que pasan por alto estas directrices y optan por el cuestionamiento que luego se convierte en desobediencia.

Es un patrón histórico. Cuando en Estados Unidos existía el “separados pero iguales”, se crearon campañas de adoctrinamiento para promover la necesidad de la segmentación racial. Una buena cantidad de ciudadanía lo cooptó e hizo suyo el discurso. Pero, hubo quien comenzó a cuestionar la separación. No entendían los criterios para afirmar que una raza era si no superior por lo menos “distinta” a la otra. Se sublevaron y el resto es historia. Incluso hoy mismo los rescoldos de esa lucha empiezan a avivar un fuego que se creía consumido.

Para el caso de la actual crisis sanitaria pasa algo parecido, más no idéntico que lo ocurrido con pandemias anteriores, como la de la década anterior provocada por la gripe porcina. Hoy se sigue promoviendo el estigma acompañado del escarnio para las personas que deciden de manera autónoma, por ejemplo, no usar cubrebocas o salir a las calles. Algunas personas piden que se extremen las medidas restrictivas al grado de limitar la circulación, el libre tránsito y el flujo de la actividad económica. Incitan a desarrollar medidas punitivas, incluso penales, para sancionar a quienes desobedecen los protocolos estatales.

Como sociedades no hemos entendido que el excesivo control de los cuerpos traerá consigo cuestionamientos legítimos. No se ha avanzado tanto de los mecanismos medievales que subyugaban a los súbditos al grado de que el poder hegemónico ejercido por un puñado de humanos podía decidir incluso sobre la vida de los demás.

Hoy en día, el panóptico del que hablaba Foucault dejó de ser físico. Hoy en día es digital y nos vigila de forma constante. La cacería en redes sociales es despiadada, los políticos conocen su magnitud y utilizan toda la fuerza del estado para girar la balanza a su favor. Pero no solo ellos, también los grupos de poder oligárquicos, quienes desde la magnificencia económica hacen lo propio.

Dicho esto, resulta fundamental hacer un análisis crítico de las políticas utilizadas por los Estados para controlar el avance de este virus llamado COVID-19. Desde mi punto de vista, la solución no es sancionar a la sociedad civil, no es multar al que hace fiestas, al que no trae cubrebocas, o al que decide salir a pasear a la plaza pública. Lo que hay que hacer es generar las condiciones institucionales para que el estado no colapse en una crisis de este tipo. Ya que no es la magnitud. Todas las personas deberíamos tener garantizado el acceso al derecho humano a la salud. En San Luis Potosí somos casi tres millones de habitantes, la pregunta es, ¿ese número de personas tenemos garantizado el acceso a la salud? Si la respuesta es negativa, ni con todas las medidas sanitarias se va a detener el avance de ninguna epidemia. Lo único que se hará es aplazar lo inminente, el colapso de un sistema plagado de corrupción.

También recomendamos leer: La picardía homofóbica | Columna de Paul Ibarra

Total Page Visits: 1028 - Today Page Visits: 8
Nota Anterior

Niños saltan al vacío para escapar de un incendio en Francia

Siguiente Nota

AMLO debe dejar sus proyectos e implementar pacto fiscal para empresas: Gama