enero 30, 2023

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La petición de disculpa a la Corona Española: Un análisis transversal

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Con la colaboración del Dr. León García Lam y el Mtro. Carlos Tapia Alvarado.

Por Edén Ulises Martínez

 La semana pasada, el 25 de marzo, al encabezar la conmemoración de los 500 años de la Batalla de Centla, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que había extendido una carta la Corona Española y al Vaticano, en la que les solicitaba pedir disculpas por los atropellos ocurridos en la Conquista:

“Eso es lo que le estamos pidiendo al rey de España, al papa Francisco, que en 2021, cuando se va a conmemorar 500 años de la toma de Tenochtitlán y 200 años de la Independencia, podamos hacer un acuerdo general a partir del perdón y buscando la reconciliación histórica”

La respuesta del gobierno español, además de ser rápida fue contundente: se rechazó “con firmeza” la petición del ejecutivo mexicano, con el argumento de que los eventos de hace 500 años “no pueden juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas”. Ahora las opiniones son bastantes, y aunque hay muchas voces que invitan un diálogo más llevadero, el acontecimiento hizo surgir lo peor del nacionalismo en ambos países. Con todo, el asunto no queda claro. ¿Es una estrategia de política exterior del gobierno de la república? ¿O es una ocurrencia? ¿Es parte del entramado simbólico de la reinterpretación de la historia que desde el principio ha sido explícita en los objetivos de la Cuarta Transformación? ¿Hasta qué punto es legítimo levantar discusiones tan antiguas?

 

¿Puede la historia juzgarse a la luz de las consideraciones contemporáneas?

No es una pregunta fácil de responder, porque no existe solo una respuesta válida. Una de las primeras cosas que les enseñan a los estudiantes de historia es a evitar los anacronismos, los juicios de valor que aplicamos al pasado desde los conceptos del presente. Desde este punto de vista es incoherente pedir perdón por “las violaciones a los derechos humanos” en la conquista, porque no existía la noción de “derechos humanos” en 1519, hacerlo sería tan insensato como reclamar la pedofilia en la antigua Grecia.

La contradicción es que al mismo tiempo se nos enseña que la historiografía, es decir la escritura de la historia, es un fenómeno dialéctico entre el pasado y el presente. El historiador interpreta al pasado desde su posición en la actualidad, y arrastra en dicha interpretación al espíritu de su época. Por un lado se nos pide observar objetivamente al pasado, y por otro se admite que es imposible la completa neutralidad del análisis. Sobre esto, el Mtro. Carlos Tapia Alvarado, historiador del arte y especialista en semiótica, dice lo siguiente:

“Dice O’Gorman que no se puede juzgar a los muertos porque ya no están para defenderse… eso lo dice O’Gorman. Yo tengo la firme convicción de que “juzgar” es un término que define a un sujeto que cree tener la potestad de decir y afirmar juicios de valor (y con esto quiero decir emitir moralmente un juicio: nosotros los buenos, ustedes los malos; nosotros los vencedores/ustedes los vencidos, etc), que por lo regular son diletantes o meros aficionados a “escribir” sobre historia. Pero hay otro tipo de juzgar: el juzgar crítico, el que se supone hace la academia, si por tal entendemos que detrás de todo afirmar del historiador profesional está una teoría de la historia, una investigación y la presentación de conclusiones. Pero el historiador académico no se mete en camisa de 11 varas, y entonces publica en lugares donde nada más su gremio lo lee, y sanseacabó: sus investigaciones tienen cero impacto en la sociedad”

El doctor en antropología por la UNAM, León García Lam, tiene una opinión muy parecida:
“Cada generación (también lo dijo O’Gorman) tiene la obligación de reinterpretar su historia y, por lo tanto, resulta inevitable que cada una la juzgue desde sus propios referentes y valores. Así que el proceso histórico de la colonia lo hemos reinterpretado una y otra vez a la luz de nuevas perspectivas”.

“Es evidente, que a pesar de las muertes violentas y de la imposición hispana y cristiana, no todo fue inhumano y cruel, hubo invención, desarrollo cultural y todas esas riquezas que surgen del contacto entre los pueblos.”

“Otro problema viene cuando reconocemos que los hijos no heredan las deudas de sus padres. En el caso de los abusos de la colonia novohispana en contra de los indígenas, ni las víctimas ni los victimarios existen ya; ni sus descendientes tienen por qué avergonzarse de sus padres, ni los actuales mexicanos debemos ofendernos por los actuales españoles. De lo contrario, los romanos deberían pedirle perdón a toda Europa, y los actuales habitantes de la Ciudad de México tendrían que pedirle perdón al resto de México y, todos tendríamos que pedirnos perdón a todos, y eso nos lleva a la pregunta de fondo…¿Hay necesidad de generar todo este conflicto?”

 

¿Es aceptable o no, desde un punto de vista político, la petición del gobierno mexicano?

Si la solicitud del presidente fue anacrónica y vetusta desde el punto de vista histórico, podría todavía decirse que es parte de una estrategia de política exterior con España, que es el segundo socio comercial mexicano en importancia. Para el analista Salvador García Soto, es parte de una estrategia para consolidar el modelo del nuevo gobierno en su relación con otros países y también es un mensaje a los consorcios trasnacionales, que tuvieron un controvertido respaldo en gobiernos anteriores. Por su parte, Hernán Gómez en su videocolumna para El Universal, piensa que “el presidente podría estar buscando –con el pretexto de una conmemoración histórica– delimitar dos campos de disputa a partir de una discusión sobre identidad nacional, el clasismo, el racismo”.

Para el Doctor León, sin embargo, “sería mejor reivindicar los verdaderos problemas y los agravios actuales que tienen y exigen las poblaciones indígenas como resultado de esa añeja colonia que sigue imponiéndose con trenes mayas, asesinatos sociales y consultas amañadas”.

Si me preguntan a mí, creo que aún no es momento para determinar si “estuvo bien o mal” la petición del gobierno federal, y tampoco para decir si es legítima o no, este es un asunto político en el que aún quedan muchas piezas sueltas (la carta no la hizo pública la Presidencia de la República, sino el corresponsal encargado de El País en México, diario que publicó la exclusiva).  La historia académica es de los historiadores, pero la historia no, la historia, así, como sustantivo, no le pertenece a nadie. Me alegra que se discuta sobre el asunto, porque hasta ahora nos ha enseñado, por lo menos, que el tema sigue atizando el fuego tanto en México como en España, en donde las reacciones fueron un espejo de las peores conductas chauvinistas mexicanas. Por ahora cerraría el tema con las enérgicas palabras de Carlos Tapia: “Ante la estupidez de pedir disculpas, habrá que vernos impelidos a tratar de decir, de explicar, por todos los frentes posibles, de qué se trata el proceso que hoy se discute, y entonces sí, veremos a quién corresponde qué canicas”.

 

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La Huasteca Autónoma | Columna de León García Lam

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En mi juventud (ya perdida) fui testigo en varios momentos críticos de la historia político-partidista reciente (no tan reciente) de que la “gubernatura de San Luis Potosí se gana con la Huasteca”. Es decir, que es sabido que, por mucha preferencia electoral que tenga un candidato en la capital, no gana una elección sin haber consensuado su victoria con la Huasteca, pero ¿en qué consiste específicamente este consenso y qué es la Huasteca?

En realidad, nadie sabe exactamente qué es la Huasteca. Aparentemente, es una región ubicada en la cercanía del Golfo de México y la Sierra Madre Oriental que va desde Tamaulipas hasta Veracruz e Hidalgo, pero puede llegar hasta Querétaro y quizá alguna vez alcanzó hasta Guanajuato. Una buena parte de San Luis Potosí es Huasteca. Pero como desde hace muchos siglos ha sido una región ocupada, no se sabe si huasteco es el ocupado o el colonizador. Probablemente los tének colonizaron esta región hace dos mil años, luego los nahuas los alcanzaron, siguieron los españoles, luego los rancheros y, por último, los turistas. Los tének dicen que huastecos son los nahuas; los nahuas dicen que huasteco es el “mestizo” que vive en las cabeceras municipales (o sea, los rancheros) y estos a lo mejor sí se aceptan como tales. No nos podríamos poner de acuerdo en esto, porque los turistas le dicen huasteco a todo lo que tenga cascadas.

Durante décadas -es decir, todo el siglo XX- se conformó una estructura clientelar en la Huasteca, dominada por una minoría: los no indígenas (o sea los rancheros terratenientes huastecos) ocuparon los puestos de decisión (presidencias de partidos, ayuntamientos y cabildos). La población indígena acató los lineamientos de organización política y electoral del estado, por medio de una estructura basada en partidos políticos. Los indígenas eligen al partido político de su preferencia para colocar a un ranchero como su presidente municipal. Los indígenas del PAN se pelean apasionadamente contra los indígenas afiliados al PRI para colocar a su ranchero-candidato. Poco se repara en que el candidato del PAN es un ranchero primo del candidato del PRI (en esos lugares todos son parientes) y que, aunque gane uno u otro, seguirán siendo rancheros que tienen la sartén por el mango para decidir el futuro económico de ese municipio. No tengo nada contra los rancheros en lo particular: al contrario, soy fan de sus quesos y de la cecina huasteca.

Cuando los turistas visitan la Huasteca y ven su riqueza y majestuosidad siempre se preguntan:

¿Por qué los indígenas son pobres si tienen tantos recursos?

Se responden a sí mismos una sarta de respuestas equivocadas que no voy a comentar aquí porque al decirle huasteco a todo, piensan que tan huasteco es un ranchero terrateniente como la señora con petop que les vendió el zacahuil que se zamparon.

Durante todo el siglo XX, los rancheros terratenientes gobernaron la Huasteca y es con ellos con quienes el candidato a gobernador tiene que acordar su victoria y aquí entra la famosa frase “No se gana sin el apoyo de la Huasteca”.

Bueno, pues esta situación está por terminar.

Las comunidades indígenas de los municipios de Tanlajás, San Antonio y Tancanhuitz llevan años solicitando al Congreso del Estado y al Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (CEEPAC) ser escuchados pues no quieren seguir participando de un sistema que los pone en desventaja electoral, política, social y económica frente a una minoría.

Quieren elegir a sus autoridades bajo sus propios usos y costumbres.

Quieren desarrollar sus propios proyectos productivos porque como todos los mexicanos tienen derecho a decidir por su propia prosperidad.

Están hartos de ser pasivos en el desarrollo de su propia tierra y que los de afuera les digan qué es lo bueno para ellos.

Así que más de 120 comunidades tének y nahuas y cientos de localidades con una sentencia del Tribunal Federal Electoral en su mano exigen al CEEPAC y al Congreso del Estado que se respeten sus derechos político electorales, para abrir paso a la elección por usos y costumbres indígenas, en congruencia con lo que establece la Constitución: “…la Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas…”.

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Una historia de derechos humanos | Columna de León García Lam

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VOLUTA

 

Se acerca diciembre, mes en el que evaluamos cuánto de lo propuesto se cumplió. Yo me propuse desde hace meses narrar una historia de lo más sorprendente que me pasó en este 2022.

Comienzo esta narración reconociéndome una capacidad perfeccionada de estar cerca de las situaciones más insospechadas, en vez de verlo como un defecto (una persona bien poco agradable un día me lo reprochó: “León, ¿por qué siempre, siempre te metes en líos?) lo veo con optimismo y poca humildad, como una de mis virtudes más presumibles. Faltaba más: por eso soy antropólogo, documento y registro situaciones sociales y entre más extrañas y peligrosas, mejor.

Sucedió pues de que estaba yo en la Central Camionera de Morelia, el mero Domingo de Pascua, último día de vacaciones de Semana Santa. Sí, el peor día para tomar un autobús de vuelta a casa, al San Luis de las Tunas. Filas y filas de gente desesperada en todas las líneas. Era la época en que el COVID todavía asustaba y las multitudes intentaban guardar infructuosamente su distancia, con su cubrebocas y poniéndose gel en las manos.

En el mostrador de ETN estaban 2 señoritas atendiendo a los pasajeros. Frente al mostrador, en el piso, estaban pegados unos círculos rojos que indicaban el lugar en que cada cliente debía ubicarse. Sin embargo, solo había una fila con 12 personas formadas y el resto de círculos rojos ahí solitos. Pensé en formarme en una fila vacía y ahorrarme unos 20 minutos, pero me pareció extraña la situación y mejor le pregunté a la última persona formada:

  • Disculpe ¿esta es la fila para comprar boletos…?

La señora me miró pensando en lo tonto de la pregunta (“no, es la fila para comprar filetes de pescado”), me respondió un lacónico “sí” y me formé, como el ciudadano obediente y decente que soy. Luego de mí, llegaron otras y otros que hacían la misma pregunta tonta al último formado. Entonces sucedió: un hombre en short y con playera de quien acaba de llegar de la playa observa una fila enorme de 15 personas y toma la decisión de pararse en el primer círculo rojo abandonado.

Tiene razón, pensé. Ahí están las marcas, que claramente tienen el letrero pintado “párese aquí” y espere su turno, pero mi experiencia me hace saber que, aunque una institución ponga reglas, la mejor manera de meterse en problemas es seguir esas reglas, siempre hay que esperar a ver qué pasa. Efectivamente sucedió: cuando el hombre quiso pasar, la señorita le dijo: fórmese en la fila y él respondió, “yo me formé en donde la empresa puso las marcas de las filas”. La señorita se molestó y le ordenó al señor que se formara en la fila de ya 20 personas que veíamos la situación. Como el hombre no se quiso mover de ahí hasta ser atendido, la señorita 2 llamó a la otra señorita 1 para explicar entre las dos que, aunque la empresa puso esas marcas en el piso, no había que hacerles caso: es una trampa para ver quién cae. Luego, llamaron al gerente de ETN, quién creyó que si ponía su semblante más amargado y gritaba iba a poner en su lugar al cliente que estaba cada vez más ofendido.

Aquí es donde intervengo yo: me salgo de la fila y voy y le digo al gerente: “El señor tiene razón, ustedes pusieron esas marcas, yo mismo me hubiera formado, pero se trata de una cuestión cultural, claramente él es extranjero y no tiene por qué saber que en México hay que preguntar en la cola de las filas, por favor atiéndalo ya y ayude a que la fila avance”. Lo más sorprendente del caso fue que el hombre me contradijo hablando un español perfecto: “No, no se trata de una cuestión cultural, sino de educación y de orden, que la empresa respete sus propias reglas”.  Wuao.

¿Cómo supe que era extranjero? Por un detalle que he omitido intencionalmente: el hombre era negro y aquí entró un prejuicio mío, supuse que era extranjero por su piel y que era turista por su atuendo.

Mientras el gerente de ETN gritaba y manoteaba, el señor se recargaba en el mostrador desafiante y tranquilo a la vez. Una señora mayor y de tez blanca se formó en una de las filas vacías e inmediatamente fue llamada al mostrador. Entonces sí, el señor reclamó y argumentó que se trataba de un caso de evidente discriminación racial, a él lo formaban y a la señora la dejaban pasar. El gerente no pudo más y llamó a la policía. Entonces saqué el celular y me puse a grabar, porque pensé que se iban a llevar al señor detenido por formarse en una fila de trampa.

Arribaron corriendo las fuerzas de la policía privada que cuida la Central Camionera (en estos casos, la policía llega bien rápido). El jefe y tres de ellos se fueron contra el señor y otro contra mí por estar grabando. Aquí entran discusiones del tipo “¿qué estás grabando?” “Lo que me da la gana, señor”, “no puedes grabar aquí” “¿por qué no?”, “lo dice el reglamento”, “tráigame el reglamento”. Etc. Hubo un momento de máxima tensión cuando los policías intentaron llevar el conflicto a un terreno físico.

Entonces ocurrió algo muy extraño. Los policías poco a poco se empezaron a retirar y solo quedó el jefe que le ordenó al último guardián del orden que me dejara en paz. Yo estaba a un turno para llegar al mostrador a comprar mis boletos, pero seguí grabando.

El hombre ofendido le reprochaba al jefe policía, dónde estaba su placa y le recordaba todos los artículos del reglamento que estaba incumpliendo. Le pidió ciertos papeles que el policía también incumplió y le advirtió: “tú vas a escribir tu informe y ahí vas a poner que incumpliste este procedimiento, y este y esto más y si no lo pones, yo me voy a encargar de que además seas sancionado por ocultar información, esto que hiciste es muy grave”. El policía se iba haciendo chiquito, chiquito, chiquito. El gerente de ETN desapareció de la escena y la señorita 1 atendió al hombre y le despachó sus boletos.

La señora mayor seguía ahí esperando. ¡Iba en compañía del hombre!

Pero la historia aun no acaba, viene lo mejor.

El señor me pidió mi teléfono para compartir los videos, pues estaba decidido a denunciar formalmente a la empresa ETN y a los policías. Me dijo: “Esto no puede seguir pasando en este país” y nos despedimos. Minutos más tarde, mientras comía una torta deliciosa en un lugar privilegiado (y casi secreto) de la central camionera me llegó un whatsapp de mi nuevo amigo. En su foto aparecía él, de traje, sentado en un escritorio, junto a las banderas de México, de la Comisión Internacional de Derechos Humanos y de la ONU. Lo busqué y resultó que se trataba de un alto comisionado que asesora al Gobierno de Michoacán en este tema de los derechos humanos. ¡ja!

Hace unas semanas recibí un mensaje de él. Me relataba que su denuncia fructificó: la empresa ETN debe solicitar disculpas públicas y desarrollar talleres y cursos para preparar a su personal en Derechos Humanos y evitar a toda costa actos de discriminación. Yo añado: No estaría mal también una asesoría en manejo de las filas de clientes.

Estimadas y cultas lectoras de La Orquesta: este es el mensaje para las empresas y gerentes discriminadores: Nunca saben cuándo están en la mira.  

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La competencia en competencia | Columna de León García Lam

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Un logro más de este gobierno fue recientemente anunciado por la Secretaría de Educación: no habrá más reprobados, la calificación mínima de cualquier estudiante será 6. En el momento que leí la nota, cruzaron por mi mente tantas noches en vela pensando cómo iba a aprobar el examen de Química Orgánica o el de Biología (una maestra nos obligó a memorizar las tres eras geológicas con sus respectivos períodos y temporalidades) o el de Etimologías (nos obligaban a memorizar los cinco modelos de declinación del latín). Muchos de esos días los viví convencido que no iba a terminar la preparatoria y de que no merecía existir.

En aquel tiempo, la excusa para torturar estudiantes era la competencia, entendida como “la sobrevivencia del más apto”. Se nos atemorizaba, diciéndonos que “allá afuera” en el mundo “real” y no en nuestras vidas de pacotilla, había que competir por todo y sólo el más apto sobrevivía y si se trabajaba tenazmente se podía hasta “triunfar”. Se nos explicaba, ya en tono buena onda, que la verdad de esta postura descansa en la naturaleza: Darwin había descubierto que la evolución se basaba en la competencia entre individuos y especies. El universo entero era una jaula de lucha libre: todos contra todos (o una fiesta de Gobierno del Estado en tiempos de Toranzo). Acto seguido, nos pasaban a la clase de religión y ahí nos explicaban cómo Noé diseñó el arca para que las jirafas no se pelearan con los rinocerontes.

No quiero entretenerla mucho cuestionando estas ideas, pero déjeme separar algunas piedritas de este arroz. La frase de la supervivencia del más apto no fue de Darwin sino de Spencer (Darwin dijo “adaptado” y Spencer dijo “apto”, que no son lo mismo). Si Darwin vio competencia entre especies fue porque su modelo lo tomó del capitalismo bebé, pues cuando Darwin vio las tortugas galápagos no tenía ninguna formación como biólogo, pero sí conocía a Adam Smith y a Thomas Malthus. Siendo estrictos Darwin casi no habló de evolución, sino de origen de las especies y podría decirse que hasta antievolucionista era, en el sentido que Darwin pensaba que cada especie estaba adaptada a su medio ambiente y esto no significaba ser mejor o peor. De hecho, parece que le molestaba la arrogancia del ser humano de sentirse superior al resto de las especies: todos estamos adaptados a nuestras circunstancias y en la naturaleza no hay circunstancias mejores que otras. ¿Entonces la naturaleza está en competencia o no? Pues cada quién ve lo que le conviene, pero en la naturaleza operan otros muchos procesos además de la competencia.

Hasta aquí, estimada y culta lectora de La Orquesta, parece que trato de convencerla de unirse al movimiento contra la competitividad que ha lanzado la SEP, pero nada de eso. Yo me declaro un defensor de la competencia, no por los argumentos evolucionistas, ni por defender al capitalismo transnochado, sino por la simple razón que la competencia genera felicidad y cuando no la hay se reciben amarguras tremendas

. Le propongo algunos ejemplos: 

Casi toda persona ha tenido que comer una torta de central camionera. Las venden en localitos ubicados en la zona de andenes, para aquellos pasajeros de paso que tienen 15 minutos antes de abordar su camión. Seguramente son las peores tortas del mundo: insípidas, vacías, con ingredientes de mala calidad ahumados con diesel, preparadas de mala gana y carísimas. Se trata de tortas carentes de competencia. Esos torteros se aprovechan de que sus clientes nunca son los mismos y no hay manera de reclamarles. Quienes hemos pagado $60.00 pesos por una torta de esas es porque el instinto de supervivencia obliga a comer lo que sea antes de morir de hambre.

El segundo ejemplo es el SAT. Si hubiera dos SAT en competencia por captar contribuyentes, el servicio mejoraría muchísimo: imagine que usted llega a las oficinas a preguntar cualquier cosa y lo recibe una chica qué le orienta con amabilidad. “No haga filas, venga a este SAT, su SAT de confianza” o “No permita que lo traten como ganado, aquí todos nuestros contribuyentes son personas”. Sin regaños, sin páginas indescifrables, sin laberintos burocráticos, sin trámites innecesarios. ¡Qué maravilla! Hasta dan ganas de pagar impuestos.

El tercer ejemplo está en la llamada “Liga Mx”. También se trata de un monopolio. Los espectadores no tenemos de otra: vemos un juego del San Luis contra el Puebla o renunciamos a nuestra afición futbolera. Con una tenacidad notable, la Liga Mexicana de Futbol ha logrado lo que parecía imposible: quitarles a los deportistas las ganas de competir. Decisiones como que el último equipo ya no desciende a la liga inferior o limitar el número de jugadores extranjeros dizque para “proteger” al jugador mexicano producen resultados “más peores” que las tortas de la Central Camionera, les faltó decir que, en adelante, ya no habrá equipos perdedores, todos somos ganadores por decreto de la SEP.

Fíjese que, la solidaridad es la competencia de la competencia y también es muy necesaria, pero de eso platicamos otro día.

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