julio 29, 2021

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Los magos rojiblancos | Columna de El Mojado

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Atlético de San Luis

Rudeza necesaria

 

En el verano de 2013, Radamel Falcao se despidió del Atlético de Madrid, después de ganar una Copa del Rey y una Europa League. “El Tigre” colombiano se había convertido ya en un ídolo de la afición colchonera y él mismo se había encariñado con el club rojiblanco, pero tuvo que dejar el equipo, entre lágrimas, porque había sido fichado contra su voluntad por el Mónaco francés.

Según la Ley Bosman, promulgada 18 años antes de la salida de Falcao del Atlético de Madrid, los futbolistas eran libres de fichar por cualquier club que quisieran al término de su contrato. ¿Por qué “El Tigre”, entonces, tenía que ir a fuerza al Mónaco? Porque su ficha deportiva no pertenecía totalmente al Atlético de Madrid, pese a que jugaba para ellos. 

En realidad, el 51 por ciento de su pase era propiedad de la empresa Doyen Group, una compañía dedicada a comprar futbolistas sudamericanos jóvenes, para posteriormente vender menos de la mitad de las fichas de los futbolistas con unas utilidades muy superiores a las pagadas inicialmente. Falcao solo podía jugar con quienes estuvieran dispuestos a pagar las tasas fijadas por Doyen Group, sin necesidad de que el futbolista estuviera de acuerdo, en un movimiento que el entonces columnista de Milenio, José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo llamó “La Jaula del Tigre”.

Al final, la contratación de Radamel Falcao por el Mónaco fue definitiva en su carrera… para mal. En la liga francesa, Falcao, quien era entonces uno de los centrodelanteros más letales del planeta, sufrió la lesión que lo dejó fuera de la que se esperaba que fuera su Copa del Mundo, la de Brasil 2014.

Pero esta no es la historia de cómo un futbolista y su club amado tuvieron que separarse por un contrato abusivo. Al contrario, es la historia de cómo el Atlético de Madrid se ha beneficiado desde hace años por el trato con promotores, accediendo a futbolistas que, probablemente, no podría sostener en su club con sus propios recursos.

En España, las dos personas más importantes de Doyen Group son los representantes de futbolistas Juanma López y Mariano Aguilar, ambos exjugadores del Atlético de Madrid. 

Hasta julio de este año, según un texto del diario El Mundo, de España, el club colchonero habría recibido como préstamo 2.5 millones de euros de Doyen Group, propietarios también de Álvaro Morata, el centro delantero español de los rojiblancos.

Doyen Group, una empresa cuyo centro de operaciones estaba supuestamente en Malta, está siendo investigada por las autoridades españolas por evasión fiscal.

Pero de esto se sabe poco, en parte gracias al éxito deportivo a nivel español y europeo que ha obtenido recientemente el Atlético de Madrid. También, gracias a la figura mítica del entrenador Diego Pablo “El Cholo” Simeone, un técnico carismático, con perfil motivador, cuya imagen ha renovado el poder internacional del club colchonero.

El Atlético de Madrid trabaja entonces como mago: con una mano, la del éxito deportivo, distrae de las acciones que hace la mano contraria, la del uso de promotores para fortalecerse institucionalmente.

A eso mismo llegó el proyecto rojiblanco a San Luis Potosí: uno de los principales objetivos del Atlético de San Luis es formar o comprar futbolistas a bajos costos para después poder revenderlos con enormes ganancias. Probablemente, el primer gran ejemplo será el de Nicolás Ibáñez.

Las sospechas de que el Atlético de Madrid está molesto por la corrupción a la que se ligó a Gustavo Matosas, el ahora extécnico de la franquicia potosina, son por completo falsas. La matriz española conoce bien de ese tipo de negocios entre promotores, directivos y, tal vez, hasta entrenadores.

Las transas en San Luis no es lo que duele al Atlético de Madrid, sino los escándalos: la salida extraña de Alfonso Sosa, la contratación y posterior cese por moches del aburrido Matosas, la violencia en el estadio Alfonso Lastras.

Lo que hoy debe estarse reclamando en las oficinas colchoneras a la filial potosina no es que se metan en problemas. La queja es que el Atlético de San Luis no ha encontrado ninguna mano con la cual esconder lo que hace la otra. 

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Joaquín Capilla, el máximo ídolo olímpico mexicano

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Sin que nadie apostara por él, 19 años se colgó su primera de cuatro medallas que hoy lo convierten en uno de los mejores deportistas de todos los tiempos

Por: Ana G Silva

Hace dos días las mexicanas Alejandra Orozco y Gabriela Agundez se llevaron la medalla de bronce en la prueba de clavados sincronizados de 10 metros en Tokio 2020. En este deporte muchos atletas de nuestro país han destacado, como fue el caso de Juaquín Capilla Pérez, el máximo medallista en Juegos Olímpicos que ha tenido México.

Joaquín Capilla es considerado como uno de los mejores deportistas mexicanos en toda la historia, pues fue acreedor de cuatro medallas en diferentes justas (una de oro, una de plata y dos de bronce); además fue el primer mexicano en recibir una medalla en la disciplina de clavados en Juegos Olímpicos.

La primera de sus preseas la consiguió a la edad de 19 años, en Londres 1948, los primeros Juegos Olímpicos celebrados después la suspensión de la justa por la Segunda Guerra Mundial, por lo que fueron conocidos como “los Juegos de la Austeridad”.

Joaquín era un novato del cual no se esperaba mucho; sin embargo, regresó a México con una medalla de bronce, obtenida en la plataforma de 10 metros.

Para los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, obtuvo su primera medalla de plata, esto a pesar de que tenía una lesión en la mano izquierda. Además obtuvo el cuarto lugar en las pruebas de trampolín de 3 metros.

Para Melbourne 1956, el clavadista se llevó el bronce a pesar de que en uno de sus saltos cayó de espaldas e hizo un mal clavado en la plataforma de tres metros, aún así se recuperó.

Capilla por fin consiguió su medalla de oro en la plataforma de 10 metros. Con esto se convirtió en el mexicano con más medallas de la historia, ni siquiera la taekwondoín María del Rosario Espinoza y sus tres preseas lo pueden alcanzar.

El clavadista fue galardonado en 2009 con el Premio Nacional del Deporte y un año después falleció de un infarto, a los 81 años de edad, pero su legado legado se puede encontrar en el clavadismo de nuestro país, pues aún hoy es una de las disciplinas en que los y las deportistas más destacan.

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¿Cuál fue la primera medalla que ganó México en unos Juegos Olímpicos?

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Obtenida en polo ecuestre durante la Olimpiada de París 1900, está cargada de anécdotas: desde haber sido ganada por tres hermanos millonarios hasta su robo durante la Revolución Mexicana

Por: Itzel Márquez

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 iniciaron la semana pasada y México ya consiguió su primera medalla: un bronce en el tiro con arco mixto, gracias a la victoria de Alejandra Valencia y Luis Álvarez, que se impusieron 6-2 sobre el equipo de Turquía. Para recordar algunos momentos importantes del olimpismo mexicano, desde hoy haremos un recuento de aquellas historias que nos han dado momentos memorables, comenzamos, como no podía ser de otra forma, con la primera medalla que obtuvo nuestro país.

En 1900 se celebró en París la segunda Olimpiada de la era moderna, en ella participaron 997 atletas de 24 países y su particularidad más importante fue que, por primera vez, hubo representación femenina: 22 mujeres, un dato tan importante que fue el tema del cartel oficial del evento.

México, que en ese momento se encontraba en pleno auge del gobierno de Porfirio Díaz, no envió a una delegación a los Juegos Olímpicos, pero sí tuvo participación en ellos: nuestro país fue representado por el equipo norteamericano de polo ecuestre, uno de las cinco escuadras de la competencia, comandado por los hermanos Escandón: Eustaquio de 38 años, Manuel de 42 años y Pablo de 44 años, completó el cuarteto William Wright, un estadounidense.

El combinado logró conseguir la medalla de bronce tras un camino que comenzó con una ronda inicial de “todos contra todos”, al equipo de los Escandón le tocó jugar en semifinales contra los Rugby (integrado por ingleses y franceses), quienes se alzaron la victoria, lo que dejó a los mexicanos con el tercer lugar.

Sobre esta medalla hay algunas peculiaridades dignas de contarse ya que nunca existió una medalla como tal, sino que el reconocimiento consistió en una charola de plata, la cual se extravió durante los años de conflicto armado de la Revolución Mexicana.

Durante 101 años, la medalla no fue reconocida para México, debido a que el equipo no era únicamente de mexicanos. Fue hasta el 2001 cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió conceder el triunfo, al determinar que se ignorara el hecho de que todos los conjuntos tenían integrantes de diferentes nacionalidades.

Sobre los hermanos Escandón se debe apuntar que en ese momento eran una de las familias más prominentes de México, gracias a que su padre, Antonio, fue uno de los primeros empresarios ferrocarrileros.

El éxito del equipo de polo no debe ser considerado como menor, pues a México le tomaría 32 años volver a ganar una medalla, cuando en las Olimpiadas de Los Ángeles Gustavo Huet se quedó con la plata en el tiro con rifle.

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#Entrevista | “Abuelo” Cruz: la vida del futbolista potosino más grande de la historia

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Nacido en Cedral, el icónico jugador de Monterrey y la Selección Mexicana conversó con La Orquesta

Por: Ana G Silva

Francisco Javier Cruz, mejor conocido como el “Abuelo” Cruz, es un exfutbolista potosino nacido en el municipio de Cedral, ídolo de la afición del Monterrey, donde jugó la mayor parte de su carrera, aún así también fue parte de Tigres, el rival histórico de Rayados. Fue campeón de goleo y figura de la Selección Mexicana. Ahora, a más de 21 años de su último partido, contó a La Orquesta cómo fue su vida en las canchas, fuera de ellas y qué pasó con su vida después del 1 de marzo del 2000.

Javier Cruz se destacó por ser uno de los jugadores que logró ganarse el corazón de dos aficiones rivales: la de Monterrey y la de Tigres. Surgió de las fuerzas básicas del Club de Fútbol Monterrey, donde debutó en 1984 a los 18 años, rápidamente logró quedarse la titularidad en el equipo. Cuatro años después fue por el Logroñés, equipo español, y en 1992 regresó a México para formar parte de Tigres.

Yo no quería irme, pero el equipo me vendió y yo qué podía hacer, aunque debo reconocer que la afición de Tigres es más humilde que la de Rayados con sus jugadores”, señaló el exjugador.

En el último año de su carrera tuvo la oportunidad de regresar al equipo que lo vio nacer, aunque a la afición no le pareció: “me odiaban, pero demostré que yo siempre fui rayado, tuve coraje y valor para afrontarlo”.

Otro de los momentos por los que el “Abuelo” Cruz es recordado, fue cuando marcó el gol de la victoria de la Selección Mexicana sobre Canadá (2-1), resultado que le permitió llegar a la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994: “Todos los momentos son lindos, todos tienen algo especial, obviamente cuando representas a tu país y estás defendiendo los colores de México te queda esa satisfacción de haber cumplido exitosamente tu carrera, es muy satisfactorio, es un parteaguas bonito el representar a México”, dijo.

Juventino Sánchez, crónicas deportivo y amigo del “Abuelo”, habló sobre las mejores cualidades del jugador: “Corría por las dos bandas, jugaba con mucha picardía, el defensa no sabía lo que iba a intentar, sacaba jugadas en el momento, generaba buenos pases y además metía goles”.

Sánchez comentó que Javier Cruz se caracterizaba por ser un futbolista “de los que han surgido muy poco a nivel nacional”, que llegó a destacar de manera internacional, siendo un ídolo en su momento, como pocos, amado realmente por la gente cuando todavía no había los medios de comunicación como los que hay en la actualidad.

Su conecte con la gente no lo he visto que lo hagan los futbolistas actuales, además qué te puedo decir de Javier, él es un extraordinario ser humano, ha ayudado a todos sus hermanos y su familia, no es un futbolista que hizo mucho dinero, lo supo administrar, es un personaje amado en Nuevo León”.

Javier Cruz dijo que describe su vida futbolística como “bonita y equilibrada”, pues tuvo la oportunidad de alegrar a la gente, además fuera de las canchas le gustaba estar con los aficionados. Agregó, que no considera haber renunciado a nada para convertirse en el jugador que fue, pues su forma de vida es disciplinada y tranquila.

A lo largo de su trayectoria, Javier Cruz tuvo diferentes lesiones que con el paso del tiempo provocaron que se retirara a la edad de 34 años, experiencia que revivió: “lo que pasa es que desgraciadamente tuve una lesión bastante difícil que me dejó fuera de las canchas por 8 meses, entonces ya no iba con tanto entusiasmo a los entrenamientos, por eso decidí retirarme a una corta edad”.

Cruz mencionó que cuando se retiró de las canchas tuvo que renunciar al aplauso de la gente y al cariño: “ya no es lo mismo, desde otra trinchera vas a ver otros temas diferentes a lo que es el fútbol”. Pese a esto, afirmó que siempre vivió feliz.

El histórico jugador consideró que debería de haber un plan de pensiones para jugadores retirados, aunque desafortunadamente “no existe esa solidaridad”, aunque, subrayó que también es importante ser ordenado y cuidar el dinero: “no es fácil estar fuera del fútbol, pero con orden y equilibrio puedes vivir sin problema de manera decente”.

En las pasadas elecciones, Javier Cruz se lanzó como político en Nuevo León, contendió para ser diputado federal del VI distrito con el Partido Encuentro Solidario (PES); no obstante, no logró ganar.

El exfutbolista señaló que no cree continuar en el mundo de la política: “hay cosas que uno tiene que seguir en el espíritu y esa oportunidad sentí que venía de parte de Dios y decidí participar en un área donde creo que tengo esa vocación de servicio, desafortunadamente no tuve el éxito que hubiese querido, pero finalmente la experiencia de contactar con la gente te llena, pensé que era una buena oportunidad de ver a otros horizontes y finalmente no se dio, pero estoy muy agradecido”.

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