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#4 Tiempos

Acciones comunitarias ¿en contingencia? | Columna de Paul Ibarra

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Desde mi clóset

 

Estos difíciles días han sido aprovechados por los gobiernos en turno para limitar el ejercicio de los derechos humanos de todas las personas. En el caso de San Luis Potosí, el Congreso del Estado, en sesión virtual, desechó un par de iniciativas que pretendían una despenalizar la interrupción del embarazo hasta la doceava semana, y la otra un cambio constitucional que pretendía modificar la protección de la vida. El debate fue bastante escueto y basado en prejuicios de quienes ocupan una curul en ese espacio colegiado de toma de decisiones.

Al final, la votación se inclinó por el desechamiento. Todos y todas están pensando en 2021, y piensan que aprobar este cambio normativo implica un costo político que no quieren costear. El caso de la 4T es incluso irrisorio. Paola Arreola, Consuelo Carmona, Edson Quintanar y Angélica Mendoza buscan o la curul federal o la presidencia de su municipio. Qué no se nos olvide. Estas personas actúan de forma oportunista incluso desobedeciendo el mandato federal y violando la Constitución General de la República.

Qué decir de los partidos conservadores y sus discursos basados en la ignorancia y la ideología religiosa que solo coarta el derecho a decidir de las mujeres. ¿Acaso entre sus familiares ha existido ninguna mujer que haya tenido que abortar? ¿o será que ellos si pueden mandarlas a Houston o la Ciudad de México? O incluso las refunden en ranchos donde están durante la gestación, luego dan en adopción a la cría y las chicas regresan con la dignidad destrozada por la obligación de mantenerse embarazadas por parte de familiares ignorantes.

Al respecto, es necesario decir que la interrupción del embarazo, no aborto, es un procedimiento médico que se realiza de forma cotidiana. Este es un derecho de cada persona gestante. La evidencia científica ha demostrado que es imposible considerar una persona al embrión. Todo el tiempo nuestro cuerpo esta desechando células, y eso no les parece inmoral a quienes rechazan La ILE. Esto por si no se han dado cuenta es un asunto político que involucra los mecanismos de dominación patriarcal y del machismo social.

En este sentido, la clase política

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#4 Tiempos

Pesadilla | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

-Si de veras me amas –dijo el joven a Dios en su plegaria nocturna-, déjame ver algo del futuro. ¡Algo, cualquier cosa, te lo suplico!

Se lo pidió una, se lo pidió dos, se lo pidió veinte veces. Entonces Dios, accediendo a su deseo, hizo verle un desierto cuyos contornos le eran vagamente familiares.

-¡Qué desolación! –exclamó el muchacho, lleno de pesadumbre-. Y, sin embargo, este erial no me parece desconocido. Creo haber estado ahí por lo menos en una ocasión. ¿Cuándo? Aquel anuncio de lámina que se pudre al fondo, carcomido por el óxido, me recuerda algo, pero ¿qué exactamente? ¡Ah, ya! ¡Si no me equivoco, es el parque en el que jugaba de niño! ¿De modo que esto es lo que quedará de nuestro querido parque dentro de unos años? ¿Cuántos años? ¿Diez, veinte?

Por más que el espectáculo del parque convertido en yermo lo impresionara grandemente, el joven pasó en seguida a otra cosa. En realidad, lo que quería ver era no algo del futuro, sino algo de su futuro. Cuatro años atrás le habían diagnosticado una enfermedad poco común –y, además, degenerativa-, y como estaba seguro de que moriría pronto (por lo menos así lo creía él), preguntar por su futuro era una manera bastante sutil de preguntar si lo tenía.

-Ahora –volvió a pedir a Dios- hazme ver algo de mí. Muéstrame, por ejemplo, los libros que escribiré, o los edificios que levantaré, o los rostros de las personas que conoceré; o, quiza…

En respuesta a su petición, Dios le mostró una fotografía de respetables dimensiones, algo así como la portada de una revista cuyo título no aparecía por ningún lado; en ésta, una joven bellísima sonreía deliciosamente a la cámara, mostrando una hilera de dientes perfectos.

-¿Quién es esa joven tan hermosa? –preguntó el muchacho-. ¿Mi futura mujer? ¡Si así fuera, lo feliz que sería! ¿De veras será ella mi esposa? ¿Cómo se llama? ¿En dónde se encuentra en este momento? ¿Dónde la veré por primera vez? ¿Ha nacido ya?

Ver aquel rostro bello lo llenó de una profunda tranquilidad. ¡Había futuro, había un futuro para él! No moriría a la edad en la que, sofocado por el pesimismo, agobiado por la enfermedad, había llegado a imaginarse. Insistió con vehemencia:

-¿Quién es?

-Tu hija; es la hija que he pensado para ti –respondió el Señor-. ¿Te gusta?

– Es muy linda –dijo el joven agitando los brazos-. Gracias, Dios…

-No tienes nada que agradecer. Pero, ¿sabrás sacar partido de esto que te he hecho ver?

Ahora que sabía que no sólo no iba a morir joven, sino que además sería padre de una joven bellísima -una joven digna de figurar en portadas de revistas-, el muchacho se dio a la tarea de buscar una novia cuyos rasgos se asemejaran a los de la chica que había contemplado en su visión. Como su novia actual decididamente no los tenía, decidió cortar con ella y comenzar una relación nueva.

En su búsqueda conoció a una joven un poco menor que él a la que ciertamente no amó como a la primera, pero cuya nariz se ajustaba al tipo de chica que se había forjado imaginariamente. Sin embargo, pronto descubrió que si bien la nariz de la muchacha era la adecuada, no lo eran, en cambio, sus ojos, ni su mentón, ni la forma de su cabeza. ¡No, no, ella no era!

Buscó otra. Esta última –llamada Alejandra- le gustó por sus cejas, pero al cabo de cierto tiempo le disgustó por su color, que era moreno, pues en la fotografía que Dios le había mostrado, la chica ostentaba tonalidades más bien claras.

Se lanzó a la búsqueda de otra joven, y luego de otra más, pero al cabo de diez años aún no había encontrado a la muchacha ideal. Cuando pasaron veinte, el joven, que ya no lo era tanto, encontró por fin a una chica que se ajustaba perfectamente a sus requerimientos, sólo que ya era demasiado viejo, y ésta le dijo que no a sus propuestas de noviazgo hasta con cierta energía, si no es que hasta con indignación:

-¡Casi podría usted ser mi padre, señor! ¿Cómo se le ocurre pensar que usted y yo…?

Entonces el desesperado increpó a Dios diciéndole que lo había engañado, que no era verdad eso que le hizo ver, que todo aquello no había sido más que una burla y un sarcasmo.

-¿Y por qué creíste –le dijo Dios- que de la primera, la única que de verdad fue importante para ti, no iba a poder yo darte una hija como la que te hice ver? No te gustó su nariz, pero la nariz que querías iba a venir de tu abuela, una excelente mujer a la que no conociste ya, y no de la muchacha que buscabas; el mentón que exigías vendría de la mamá de ella, y las cejas pobladas de su bisabuela. ¿Por qué no te casaste con el amor de tu vida? 

¡Qué pesdadilla más extraña! ¿De cuando acá me da por soñar estas cosas? Sin embargo, mientras me visto, me peino, me calzo y me lavo, lanzo un suspiro de satisfacción y doy a Dios las más sinceras gracias por habernos ocultado el futuro, por haberme ocultado mi futuro. ¡Seguro que por querer controlar cada detalle, mi vida sería un descontrol! Lo mejor es que sea Dios quien elija por mí: sólo así no se equivoca uno.

Desde que soñé aquel raro sueño pido a Dios todos los días que me permita elegir sólo el color de mis camisas, el modelo de mis chamarras o los títulos de mis libros –los que leo y los que escribo-; por lo que toca a las personas, le suplico encarecidamente que sea Él quien las elija por mí, pues de otra forma lo echaría yo todo a perder.

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#4 Tiempos

Sesenta y cinco años de física moderna en San Luis | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En el primer cuarto del siglo XX los físicos comenzaron a dar explicación a un fenómeno, en el cual, placas de metal tendían a cargarse eléctricamente en forma espontánea. En aquella época se suponía que la causa era la presencia, en pequeñas cantidades, de materiales radioactivos en rocas. Después de realizar una serie de experimentos llegaron a la conclusión que la causa era debida a una radiación de origen cósmico. A partir de ese momento comenzó un auge a nivel mundial a fin de investigar la intensa radiación que existe en el espacio, la cual llega a nuestro planeta y penetra principalmente las partes más altas de la atmósfera terrestre y que es conocida como radiación cósmica.

Los rayos cósmicos son núcleos de átomos ordinarios despojados de sus electrones y que están caracterizados por su altísima energía, cualidad que los distingue de otros tipos de radiación. La radiación cósmica primaria está formada de protones, partículas alfa y núcleos más pesados. Actualmente se sabe que la mayor parte de los rayos cósmicos galácticos se genera a partir del nacimiento de las supernovas, objetos que marcan el fin de algunas estrellas muy masivas, de aproximadamente diez masas solares. Los rayos cósmicos llegan a la superficie terrestre en todas direcciones, como son partículas cargadas, su intensidad cambia a diferentes latitudes debido a la presencia del campo magnético terrestre.

Las partículas de la radiación cósmica llegan a la atmósfera de la Tierra y comienzan un fenómeno conocido como chubascos que se originan por reacciones nucleares entre los rayos cósmicos y las partículas de la alta atmósfera, en este proceso en cascada se producen electrones, fotones, muones, piones, etc. Todo esto a partir de una partícula primaria de dicha radiación. Cuando se observan en alguna fotografía o representación gráfica parecen ser múltiples ramificaciones de una rama simple.

Hacia 1930 se adoptó para el estudio de los rayos cósmicos, la cámara de Wilson también llamada cámara de niebla o nubes. En la cámara de niebla se hacen visibles las trayectorias de las partículas de los rayos cósmicos por condensación del vapor de agua sobre partículas diminutas ionizadas.

En los años treinta el físico Arthur Compton hizo estudios extensivos de rayos cósmicos en distintas partes del mundo y demostró que estos llegan preferentemente a los polos terrestres, que su intensidad mínima corresponde al ecuador y, por lo tanto, los rayos cósmicos son partículas con masa y carga. Estudios posteriores como los realizados por el físico mexicano Manuel Sandoval Vallarta, mostraron que existe además una diferencia entre las intensidades medidas hacia el Este y hacia el Oeste, la cual indica que las partículas tienen carga positiva. La conclusión final es que la gran mayoría, alrededor del noventa por ciento, de los rayos cósmicos son protones, los constituyentes de carga positiva de los núcleos atómicos.

Tal era el ambiente de investigación en radiación cósmica en el mundo cuando a finales de 1954, se inicia en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí la construcción de cámaras de niebla, al regresar, Gustavo del Castillo y Gama de su doctorado y, posteriormente, Candelario Pérez de su licenciatura en física, ambos egresados de la Universidad de Purdue en Estados Unidos.

Nuevos problemas y preguntas relacionados con las partículas que habían sido descubiertas hasta esa fecha intrigaban al naciente grupo potosino. Una de esas preguntas era sí existían partículas con vidas medias del orden de milésimas de segundo, que son los tiempos de trabajo de la cámara de Wilson usando contadores Geiger de coincidencias retardadas.

En 1956, la Cámara de Wilson, el control electrónico, y demás implementos diseñados para la operación del equipo y construidos totalmente en la UASLP, fueron alojados en un cuarto de madera y celotex construido con el propósito de mantener el equipo a una temperatura constante. El cuarto de madera, estaba en el gran cuarto, que además alojaba a la naciente Escuela de Física, su salón de clase, laboratorios y oficinas a un costado de la actual rectoría de la UASLP. El famoso cuarto de madera fue bautizado como Casa de la Risa.

La cámara de niebla, la primera construida totalmente en México, originó trabajos de investigación de primer nivel, en los que se trataba de utilizar la radiación cósmica como fuente de partículas de alta energía para inducir interacciones nucleares en placas de plomo. En ella se observaron, por primera vez en México, trayectorias de partículas generadas al interaccionar la radiación cósmica con la materia terrestre y representó el inicio de la física moderna en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

La senadora ha respondido | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

A lo largo de su existencia, la raza humana ha desarrollado distintos sistemas para organizar su convivencia de manera ordenada. En su mayoría, los distintos sistemas coinciden en que a cada acción le va aparejada un premio o una sanción (usualmente suele ser sanción) y, así, incentivar o disuadir ciertas conductas. Con esta base común, las diferencias entre sistemas suelen estar en la consecuencia, es decir, en los premios y sanciones. Por ejemplo, las normas religiosas buscan disuadir o incentivar ciertas conductas humanas, pero el premio o sanción usualmente es moral, trascendental y posterior a la vida, en contraste con las sanciones impuestas por las normas jurídicas.

Con esto quiero decir que los sistemas que buscan organizar nuestra convivencia en sociedad coexisten, funcionan de una manera más o menos similar y todos tienen cierta eficacia para cumplir su objetivo. ¿Es el sistema jurídico el más efectivo para organizar nuestra vida en sociedad? No lo sé. Sin embargo, de alguna manera hemos convenido en que el Estado de democrático y de derecho es el más funcional —al menos en occidente—, con mecanismos para resolver nuestras controversias, instituciones encargadas de administrar, representantes elegidos para tomar las decisiones trascendentes, entre otras cosas.

Así, uno de los pilares sobre los que se funda nuestro sistema de organización es el principio de legalidad. Este principio, en términos sencillos, consiste en que las personas podemos hacer todo aquello que no está prohibido, mientras que las autoridades solamente pueden hacer aquello que les está permitido. Las implicaciones de esta sencilla frase son especialmente relevantes, pues contiene toda la lógica de cómo entendemos la relación entre personas y autoridades. Las personas, por un lado, entendemos nuestro rol en la sociedad desde una perspectiva de derechos y deberes, en tanto que nuestros límites radican solo en aquello expresamente prohibido en las leyes y códigos. Las autoridades, por otro lado, están pensadas desde una perspectiva de facultades y obligaciones. Por ejemplo, las personas tenemos derecho a ejercer nuestra libertad de expresión siempre y cuando no incurramos en alguna de las prohibiciones ya estipuladas, como el discurso de odio. En contraste, en su carácter de autoridad, el presidente de la República tiene la obligación de informar con precisión los temas de interés nacional, no más, no menos.

Como sabemos, el principio de legalidad nos dice que las autoridades solo pueden hacer lo que tienen permitido. De ahí se desprenden dos obligaciones muy concretas: la de fundar y motivar todos sus actos como autoridad. La fundamentación es la obligación de expresar el precepto legal aplicable al caso, mientras que la motivación refiere a las circunstancias y razones particulares que se toman en cuenta para la realización del acto. Por ejemplo, cuando a alguien lo detiene un agente de tránsito, este tiene la obligación de enunciar los artículos del reglamento de tránsito que lo facultan para detener y, en su caso, multar automovilistas (fundar) y explicar por qué la conducta realizada por la persona se encuadra en ese supuesto jurídico (motivar).

Las salvaguardas al principio de legalidad, específicamente a la obligación de las autoridades de fundar y motivar todos sus actos se encuentran en distintos preceptos constitucionales. De manera muy clara, el artículo 16 establece que “[n]adie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio (…) sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”. A su vez, es posible leer de manera implícita el principio de legalidad en otros artículos, como el 6 y 8 constitucionales.

El artículo 6, por una parte, refiere al derecho que todos y todas tenemos a acceder a la información pública de nuestras autoridades. De este derecho emana la expedición de la Ley General de Acceso a la Información y el órgano encargado de su operación, el INAI. Por otra parte, el artículo 8 consagra nuestro derecho de petición, que esencialmente consiste en que, a todas las peticiones formuladas a una autoridad, de manera pacífica, respetuosa y por escrito, estas tienen que ser respondidas de manera completa, rápida, fundada y motivada. El ejercicio de estos derechos —de acceso a la información y de petición— permiten a toda la ciudadanía seguir de cerca las andadas de todas las autoridades de la administración pública, desde la presidencia de la República, hasta los funcionarios municipales e incluso entidades paraestatales y centros públicos de investigación.

Es en ese sentido que hace varios meses —como ya les he contado en este espacio— le escribí por correo electrónico a la senadora potosina María Graciela Gaitán Díaz. En el correo, le solicité que me explicara a detalle los argumentos que la llevaron a votar a favor del paquete de artículos transitorios que contempló la extensión del mandato de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea y del resto de consejeros y consejeras del Consejo de la Judicatura Federal. La senadora Gaitán no respondía, así que tuve que insistir una semana después para recordarle muy amablemente que, de no responder, me vería obligado a hacer valer mi derecho de petición ante un juzgado federal, vía amparo indirecto.

Siguió sin responder y, como les platiqué hace un par de semanas, presenté mi demanda de amparo indirecto en mayo. A la senadora Gaitán se la tragó la tierra y, según indica el expediente electrónico del juicio, aún no se le ha podido notificar, a pesar de los múltiples intentos, recordemos, a costa del Estado. No obstante, la semana pasada recibí por correo electrónico la tan esperada respuesta; por fin apareció María Graciela. En un documento de seis páginas, la senadora puntualizó las grandes bondades de la reforma judicial de Zaldívar, la más importante reforma desde 1994. En un párrafo, la senadora afirmó que las y los senadores del Partido Verde consideraron —lo mismo que ha repetido el presidente— que la prórroga de los y las integrantes del Consejo de la Judicatura necesitan de esa extensión para la correcta implementación de la reforma.

Mucho se ha dicho y mucho se habrá de decir sobre el fondo del asunto: la extensión del mandato de las y los consejeros contraviene directa y flagrantemente a los artículos 97, párrafo quinto, y 100, párrafo quinto. A la letra, dichos artículos disponen, respectivamente, lo siguiente: “Cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser electo para el periodo inmediato posterior” y “ Salvo el Presidente del Consejo, los demás Consejeros durarán cinco años en su cargo, serán substituidos de manera escalonada y no podrán ser nombrados para un nuevo periodo”. Más claro, imposible. Estime usted si los argumentos de la bancada del Verde —según la respuesta que me hizo llegar la senadora Gaitán— fundamentan y motivan de manera correcta y suficiente la contravención a lo dispuesto en el texto constitucional.

La importancia de mantener el ojo firme en las actuaciones de las autoridades del Estado queda, me parece, muy clara en lo anterior. Todo el tiempo, nuestros representantes menoscaban el mandato constitucional de fundar y motivar correctamente su proceder. Ciertamente, la actividad legislativa requiere de una pluralidad de opiniones y puntos de vista que enriquezcan nuestra vida democrática y debate público. Sin embargo, hay atropellos que —desde la participación activa de la ciudadanía— no podemos dejar pasar ni esperar a que la Corte resuelva. Pronto se votarán en el Congreso de la Unión temas de especial trascendencia para el futuro del país, como la reforma eléctrica, y es precisamente ahí en donde debemos ser más incisivos.

La cultura de la legalidad y de participación ciudadana activa debe fomentarse y hacerse costumbre; más importante, debe cumplirse y respetarse. La constante presión —sea por los medios establecidos o por la vía jurisdiccional— será la mejor herramienta para enfrentarnos la opacidad y la simulación. El principio de legalidad, como sabemos, es el pilar de nuestro Estado democrático y de derecho.

Por acá les dejo la respuesta completa de la senadora Gaitán: https://drive.google.com/file/d/1nD4qcSeUkHfRvvONp9Pi-sDAwxdFyHbZ/view?usp=sharing.

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