abril 23, 2021

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#4 Tiempos

El Brujo y Emmanuel. Músicos urbanos | Columna de Ricardo Sánchez García

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El Brujo y Emmanuel

Sin partitura

 

Louis es el personaje de famosa canción ochentera que podría identificar a una gran cantidad de músicos de camiones, quienes por vocación comienzan a rasgar cuerdas y un día encuentran un ingreso para resolver las necesidades económicas de su familia.
Nombre artístico, apodo o seña particular es la forma como se identifican encontrándose entre ruidos, semáforos y paradas de camión, los más de 60 cancioneros potosinos que rondan la alameda, algunos con atuendos rockerón, otros más bohemios, pero la mayoría con un repertorio de música popular de variados géneros para agradar a los usuarios, aunque terminan alegrando la dura jornada de los choferes, quienes según testimonios recabados, encuentran en las rítmicas un escape de su eterno ir y venir.

En la entrevista concedida para el suscrito, Antonio Gómez, conocido como El Brujo y Emmanuel López, El López, se identifican como artistas urbanos, cantantes de camión o músicos callejeros que lo mismo entonan piezas en una plaza, un urbano o donde les soliciten. La cooperación como remuneración por las melodías entonadas es voluntaria.

El brujo tiene 10 años cantando en camiones. Es originario de la Ciudad de México, con tres décadas radicando en San Luis. El López, es potosino de nacimiento y siempre ha vivido en la capital. Tiene 22 años cantando en camiones. Comenzó porque se inscribió a clases de guitarra y como no tenía para pagar su pasaje, se animó a rasgar su tripona para llegar a su destino.

Antonio toca balada, blues y rock urbano. También entona canciones propias como Era un Ser muy Extraño, canción que habla sobre un ente de otro mundo que tiene un accidente en la tierra y al llegar a nuestro planeta observa las circunstancias en que vivimos y opina sobre la vida humana. “Esta canción nació porque un día me encontré un feto tirado en una cajita de zapatos. Las muchas formas en que somos pisoteados nos dicen cómo está la humanidad. No es normal, pero parecemos seres putrefactos” reflexiona con su profunda mirada.

Emmanuel canta rock en español, boleros y baladas. Es admirador de Álvaro Carrillo, José Alfredo Jiménez, Carlos Gardel, Javier Rangel y por supuesto, Rockdrigo González. El López también compone y tiene canciones como Nada que me Acompaña, Porque tú ya no estás y Tú. Éstas de su propia inspiración las canta en los camiones y manifiesta haber recibido buenas comentarios del pasaje, quienes preguntan adivinando que se trata de una inspiración suya.

Para El Brujo subir al bus siempre fue fácil. Recuerda con nostalgia que en sus inicios de trovador urbano, el mayor reto era conquistar a las personas, pero hoy es más difícil tener acceso libre a los camiones. Los usuarios del transporte público son un público cautivo y aunque no lo crean es exigente y esperan buena música, dice.

“Ser ciudadano es pesado. La gente viene cansada y cuando escuchan las rolas saben que esta es otra onda. Comenzamos a plasmar la energía y hasta a los choferes piden que aplaquemos esa masa incandescente”, luego recuerda que por las barras que hoy ponen en los camiones no les permiten subirse y deben pagar su pasaje y así sus ganancias se ven mermadas.

Para Emmanuel, el ritmo de vida antes era totalmente distinto, “Había una tranquilidad en las calles, podíamos andar en la madrugada, pero ahora a gente anda muy atareada”. Según el López, “cuando se sube cualquier artista al camión y hace bien su música, a la gente le cambia el día. Nos dicen que les damos un respiro, nos agradecen que les dimos alegría”. A nosotros nos llena más un comentario a qué te den diez pesos, pues no solo es ganarnos la vida de forma legal, sino que además alegramos el día, afirma el bohemio.
Ambos reflexionaron que en la ciudad existen muchos otros artistas, contabilizando casi 70.

Sus espacios los comparten con vende-chocolates y con payasos. Pero los productos que ofrecen son diferentes y cada quien tiene su ruta, por eso no les consideran competencia.

Emmanuel prefiere los camiones que van hacia industrias, o por la Rioverde, pues siempre van llenos y la posibilidad de recibir coperacha se incrementa y las tiradas son más largas, lo cual le permite echarse varias rolas.También hay complacencias. Al Brujo le piden piedras rodantes, historia de un minuto, consideradas ya unas clásicas en el imaginario colectivo.

Esta entrevista surgió porque varios músicos llegaron al Congreso del Estado buscando hablar con diputadas y diputados. Según dicen, se están organizando y buscan apoyo para lograr algún convenio con autoridades de transportes, así como permisionarios, pues no quieren perder el oficio que les permite llevar una vida digna y acercar un recurso a su hogar.

Si usted se encuentra un cantante de camiones, no dude sacar una moneda y dar la coperacha, además de agradecer la distracción de los problemas ordinarios al compás de una canción.

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#4 Tiempos

El camión con despensas es mío. ¡Ya dénmelo! | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA.

A ver, ¿El camión que les hizo a ustedes? ¿Qué culpa tienen las inocentes y perecederas despensas? No, no hay que ser así de ingratos, cometa, quien deba cometerlo, un acto de justicia y dénmelo a mí.

Es más, si nadie acredita la propiedad y reniegan de su contenido, yo estoy dispuesto a quedarme con el valioso tracto camión con todo y caja, recibir con todo gusto la vasta mercancía y emprender una cruzada de entrega desinteresada (sin voto de por medio) para las colonias, organizaciones o comunidades que más lo necesiten.

¡Faltaba más! Si acaso y si se ponen muy mezquinas las autoridades, con la ayuda de mi Culto Público hasta organizo coperacha en mi sombrero de domingo para pagar la multa y hasta los daños causados al puente del Río Santiago, monto que seguramente es, por mucho, inferior al valor de lo decomisado y hoy múltiplemente desconocido.

En estos días, a casi todos los candidatos hemos preguntado personalmente si son los dueños o reconocen la propiedad tanto del vehículo como de las despensas. No, no y un millón de veces no es la respuesta común obtenida.

Es decir, es un vehículo sin dueño, una lámpara sin luz, un reloj sin manecillas. Un camión vagabundo y callejero en busca de un acomedido protector. Ya no sufras misterioso camión de despensas desdeñadas: yo te adopto con todo mi corazón.

Todos los candidatos se deslindan y se acusan recíprocamente, se escandalizan solo de la idea: “qué barbaridad, qué oso, ¿en campaña y repartiendo despensas?, pero a ¿quién se le ocurre?”

Desde el Presidente de la República en La Mañanera, al que “casualmente” enlazaron en vivo justo cuando habló del tema, hasta el más desconocido candidato a quinto regidor por Lagunillas, (bueno, con decirle que hasta el hasta ahora desaparecido Toño Lorca, supuesto coordinador de campaña de la doctora Mónica se subió al asunto… imagínese) la clase política trae el asunto como papa caliente.

Los de la coalición acusan al Verde, los del Verde al gobierno (por apoyar a la coalición) con desplegados incluso nacionales firmados por senadores y diputados del PT y Verde, los de Morena a la mafia del poder, exigen justicia y celebran lo que consideran es un “espaldarazo” del presidente, total que los de aquí a los de allá, los de arriba a los de abajo y que de tin marín de do pingüé cúcara mácara títere fue. Mientras tanto, el Kenworth rojo con caja de quién sabe cuántos pies cúbicos y 5 mil despensas siguen en el limbo desde el sábado.

Comentario al margen: el aprovechamiento mediático electoral era de esperarse, al grado de querer poner palabras en la boca del propio presidente para desprestigiar rivales como fue en el caso del supuesto “asesor” en comunicación de Mónica Rangel, Antonio Meza Rojo, que difundió un comunicado muy chapucero al respecto. Ni modo, así se las gastan y han gastado en todas y cada una de las campañas que ha perdido, pero en fin y de regreso al tema:

¿De verdad no pueden dar con el nombre en el registro de las placas? ¿No hay datos de los números de serie de la caja y el motor del vehículo? ¿No hay quién se haya acercado a reclamar semejante pérdida? ¿Por qué tanto silencio?

La “indignación” política también me parece exagerada, por favor, el que esté libre de culpa que entregue la primera despensa.

Por cierto, hoy mismo circuló un video oportunamente captado por el periodista Everardo González en el que descubre, una vez más, cómo desde dos vehículos del ayuntamiento, rotulados con el número 3794 de la oficialía mayor del gobierno capitalino, se bajaba una camioneta llena de despensas a una casa particular en el número 1463 de la calle 5 de mayo en el centro histórico.

¿Estarán reponiendo las que están decomisadas? ¿Son para la campaña ilegítima de Xavier Nava? Es pregunta.

Entre tanto, el alma atormentada de este aprendiz de reportero no deja de lamentarse de cómo 5 mil despensas se están echando a perder y son tratadas como delincuentes detenidas bajo el sol en algún polvoriento corralón mientras podrían estar en manos de 5 mil familias a las que seguramente hoy les hizo falta algo de aceite, frijol, leche, galletas, sardinas o atún que seguramente contienen los paquetes incautados.

Por eso, si me lo permite el Culto Público, si no aparece pronto el dueño del camión y las despensas, que me las den a mí, yo me hago el dueño y entre todos repartimos la mercancía y hasta el valor del vehículo entre los más necesitados (no pido voto a cambio) ¿quién jala? Paso por ustedes.

BEMOLES.

Xavier Nava se cansa de llorar y no amanece. Es verdaderamente una burla lo que está haciendo al defender lo indefendible. El mejor ejemplo para dejar a mi Culto Público las cosas claras lo explico así: Xavier Nava metió la mano en el área chica y eso es penalti, el que quiera convencer a las gradas para gritarle al árbitro es mezquino y chapucero. La ley es clara y nada tiene que ver con su derecho de votar y ser votado, tampoco con el hecho de ser postulado por un partido distinto, todo el fundamento es que metió la mano en el área chica, impugnó el proceso interno del PAN cuando quiso ser candidato a gobernador al MISMO TIEMPO en que se registró como candidato de Morena y eso el artículo 227 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales lo prohíbe determinantemente. Decir que los tribunales locales están bajo las órdenes de sus enemigos es un absurdo y presionar con el público para que se le cumpla su berrinche es bastante iluso y peligroso para los potosinos. Hubo “Var” y lo cacharon, acepten por una vez en la vida su error. Si le regresan la candidatura no correrán con mayor suerte, pues ni retiraron propaganda como les indicó la autoridad ni dejaron de hacer campaña, otra vez serán impugnados con tarjeta roja. Por lo demás, el niño era chillón y lo pellizcaron, en el papel de víctima Xavier se lleva un Óscar (y no es Valle).

Hasta pronto hijos de mi alma.

@jfsh007
@MetronomoElect
@laorquestamx

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#4 Tiempos

Kostoglotov | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Confesó una vez Graham Greene (1904-1991) en el transcurso de una entrevista que cada vez que veía en algún tiradero de libros obras que amaba o que había amado en otro tiempo, para rescatarlas del naufragio, las compraba, aunque ya las tuviera en su biblioteca. ¡Cómo! ¿Compraba libros repetidos? Sí.  ¿Y por qué lo hacía? Él mismo lo explica más adelante: por un cierto sentido de seguridad. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si alguien le pidiese un libro que él no quisiera prestar de ninguna manera? Y puesto que tales eventualidades casi siempre acaban por presentarse –pensaba Greene-, más valía, por si las dudas, tener siempre un ejemplar de repuesto.

Si un libro ha pasado ya a formar parte de nuestra biografía personal, si es un libro de veras querido, entonces lo mejor es que tengamos de él por lo menos dos ejemplares, como hacía Greene: uno para conservarlo celosamente en nuestros anaqueles, y otro para prestarlo, en caso de que alguien se atreva a pedírnoslo prestado.

Ahora bien, ¿se deben prestar los libros? Sobre esto no hay nada escrito. El mismo Romano Guardini (1885-1968) no supo qué decir respecto a esta terrible cuestión; he aquí, por ejemplo, lo que confesó en su bellísimo Elogio del libro (1951): «¿Qué hay de más obvio que el que posee un libro lo preste a  otro que quiere leerlo? Porque éste lo necesita, o porque no ha podido conseguirlo; porque esa lectura le haría bien, o porque es bello crear un contacto humano a través del conocimiento o de la alegría que proporciona la lectura de una misma obra. Pero respecto a esto, ¡qué experiencias no se tienen! ¡Cuánto tiempo pasa antes de que el libro dado en préstamo regrese a su primer dueño! Y, si vuelve, ¡lo hace en unas condiciones tan penosas que lo mejor sería echarlo de una buena vez a la basura! En él se reúnen todos los agravios que se le pueden infligir a un libro: está sucio, las páginas se salen de su sitio o vienen dobladas y en los márgenes se han escrito signos y acaso hasta observaciones. Y el comportamiento de aquel a quien se le ha prestado es tan desenvuelto que parece no haberse dado cuenta de haber tenido en las manos un libro ajeno», etcétera… ¿No hay, pues, que prestar los libros? Guardini lo deja a la conciencia de cada cual.

Bien, todo esto ha venido a cuento porque acabo de comprar –por segunda vez- El pabellón del cáncer, la novela del escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008). Como ya tenía yo esta obra, y además publicada por Aguilar en dos hermosos volúmenes –uno de cubierta azul y el otro de color malva-, pensé que lo mejor sería comprarme otros libros con ese mismo dinero; pero como el precio que me pedían por ellos era más bien módico y años atrás alguien me la había pedido prestada (sin nada de éxito por su parte, debo confesarlo), pensé que ahora era tiempo incluso de regalársela. Así que la volví a comprar. Mientras regresaba a mi casa y la hojeaba lentamente, saltó de entre sus páginas un nombre que ya había olvidado, pero que en otro tiempo recordaba con emoción y ternura, pues encarnaba una actitud ante la vida que a mí me hubiera gustado mucho adoptar. Este nombre era Kostoglotov.

En la novela de Solzhenitsyn, Kostoglotov es un muchacho con cáncer que comparte el pabellón con otros muchos enfermos del mismo mal. Pero, mientras los demás se pasan la vida quejándose de los pésimos servicios hospitalarios, o de la vida, o de sus familiares, que no los visitan nunca, o de Dios, Kostoglotov se pone a leer. Es un muchacho que está siempre leyendo. Aun con sus mínimas esperanzas de vida, hace planes y se entrega apasionadamente a la lectura.

En el mismo pabellón está también Yefrem, un hombre con cara de rata que se pasea continuamente por la sala reprochándole a todos sus falsas ilusiones.

-«Se acabó –decía éste-. No volverán a casa, ¿entendido? Y si regresan a casa no será por mucho tiempo. Volverán otra vez aquí. El cáncer está encariñado con las personas. A la que atenaza con sus dentones, ya no la suelta hasta la muerte».

Tal era el pasatiempo de Yefrem: anunciar la muerte y quebrar la esperanza a lo largo y lo ancho del pabellón. Pero un buen día, al escuchar sus profecías desventuradas, Kostoglotov lo paró en seco y le dijo:

-«¡Yefrem! ¡Deja ya de lamentarte! Toma este libro y léelo.

»Yefrem se le encaró como un toro, con la mirada turbia.

-»¿Y para qué leer? –le objetó-. ¿Para qué si, no tardando, reventaremos todos?

»Kostoglotov, moviendo, su cicatriz, replicó:

»-Por eso mismo tienes que darte prisa, porque pronto moriremos. ¡Toma, toma!

»Y le tendió el libro. Yefrem no se movió».

¿Quién de los dos tenía razón: Yefrem o nuestro joven lector? Kostoglotov sabía que vivir es apresurarse, ganarle tiempo al tiempo a fin de poder realizar las cosas esenciales. «Hay que apresurarse a amar», dice un personaje de El malentendido, la pieza teatral de Albert Camus (1913-1960). Sí, hay que apresurarse. Los mortales no pueden darse el lujo de dejar para mañana, de posponer lo urgente.

Poco antes de que muriera, fui hace tiempo a visitar a un sacerdote que en otro tiempo había sido mi maestro, el padre David Palomo. Estaba en cama y temblaba de pies a cabeza: padecía el mal de Parkinson, rondaba los ochenta años y cada tercer día era necesario conectarlo a una bombona de oxígeno. ¿Y cómo creen ustedes que lo encontré? ¿Llorando acaso por su triste suerte? Nada de eso. ¡Leyendo un método para aprender griego! «Quiero dominarlo bien», me dijo quedamente. Yefrem se hubiera burlado de él preguntándole con cinismo: «¿Y ya para qué?». Pero yo pensaba: «He aquí otro Kostoglotov, un ejemplar de esta misma raza de valientes: ejemplar de los que, por desgracia, quedan ya bien pocos en este mundo. ¡Dios sea bendito por aquellos que han aceptado vivir su vida hasta el el final!».

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#4 Tiempos

¿Mario Delgado engañó a Nava? | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS.

Morena tiene el riesgo de perder las candidaturas a gobernadores de Félix Salgado Macedonio en Guerrero y Raúl Morón en Michoacán, así como cinco a diputaciones federales, seis a diputados locales y 16 para alcaldías, entre otras tantas que en total suman 49.

Me cuesta pensar que un político, que teje tan fino como Mario Delgado, cometería un descuido como no reportar los gastos de precampaña que ponen en riesgo esas posiciones. Más absurdo resulta que ninguno de los asesores y abogados del partido anticipara la problemática.

A esos 49 casos que el INE ha puesto en entredicho hay que sumarles el de Xavier Nava, cuya candidatura fue derrumbada por una instancia local, el Tribunal Electoral del Estado de San Luis Potosí, con dos argumentos de por medio:

El primero se remite al Artículo 28 de la Ley Electoral, en el que se apunta que un alcalde que busca reelegirse forzosamente tiene que postularse por al menos uno de los partidos que lo llevó originalmente al puesto. Esa situación, Xavier Nava podría tenerlo resuelto en lo práctico, no así en lo moral, al nunca haber sido militante de ningún partido.

Para el segundo, el Tribunal consideró el artículo Artículo 227 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales en el que se establece que ningún ciudadano podrá participar de forma simultánea en dos proceso de selección de candidatos en partidos diferentes.

Aquí es donde la nominación de Nava da tumbos, ya que aunque la elección de candidato del PAN a gobernador había concluido antes de que Xavier fuera registrado como candidato de Morena (el 18 de febrero), días después de su nombramiento interpuso un juicio contra la decisión de Acción Nacional (22 de febrero), por lo que esto puede considerarse como un apéndice del proceso interno del PAN (¿Qué habría hecho Xavier ya como candidato de Morena si hubiera revocado la nominación de Octavio Pedroza?).

La determinación de Mario para dejarle a Nava tener un sitio protagónico en Morena, cuando poco tiempo antes dijo que el partido es una basura y ofendió con sus acciones al presidente López Obrador, resultó entonces incomprensible, pero si finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decide que no será su candidato a alcalde, tendremos que preguntarnos si hubo falta de cálculo o dolo por parte de Delgado.

Al repasar el listado de candidaturas revocadas por el INE se puede encontrar que detrás de cada una hay un candidato que representaba algún tipo problema para el gobierno federal, el ejemplo más claro es Félix Salgado, que ha sido objeto de la mayoría de las críticas durante los últimos meses; sin embargo, en Guerrero, Morena tiene una intención de voto que hace imposible que pierda, la única condicional es que Félix se presente en otro partido, y pudo hacerlo por el PT, ya es muy tarde para ello. Ahora está a punto de perder su oportunidad y no puede culpar a Andrés Manuel o a Mario Delgado, que lo han “apoyado” de forma total.

Si Xavier Nava no recupera la candidatura, su carrera política habrá dado un paso importante al olvido. De forma “circunstancial” el gallardismo se habrá sacudido a uno de sus opositores más importantes y el camino estará limpio para que Leonel Serrato y Enrique Galindo tengan un mano a mano en la disputa por la capital.

Hay una frase, que algunos le atribuyen a Roosevelt y otros a Manuel Buendía, que dice: “en política no hay coincidencias”, pero aquí ya hubo demasiadas… ¿y Mónica?

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