mayo 24, 2024

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#4 Tiempos

Carta a Abraham | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Leo a menudo en las Escrituras lo siguiente, padre, y cada vez que lo leo me maravillo más:

«El Señor dijo entonces a Abraham: “Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre y servirá de bendición. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo”. Abraham marchó, como le había dicho el Señor… Abraham tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán» (Génesis, 12, 1-4).

Al leer este pasaje pienso, sobre todo, en esos setenta y cinco años que de seguro ya se dejaban sentir. ¡Setenta y cinco años, cuando la esperanza de vida en aquellos tiempos jurásicos no llegaba ni siquiera a los treinta! Eras ya demasiado viejo: un anciano. Y pienso, también, en lo que pudiste haber dicho para defenderte de aquel mandato de Dios:

«Señor, ¿por qué no te fijaste antes en mí? ¿Por qué lo haces precisamente ahora, cuando estoy ya al borde del abismo? ¡Todos mis contemporáneos están bajo tierra y yo no tardaré mucho en ir a hacerles compañía! Tú me dices: Haré de ti un gran pueblo. Y te creo, pero perdona mi atrevimiento: ¿cómo lo harás? ¿A mi edad? Esto debiste pedírmelo antes, hace unos treinta o cuarenta años, y no a esta altura ya bastante peligrosa de la vida. ¿Por qué no en mi juventud, cuando mis piernas eran un par de gacelas? Y, además, me ordenas que salga de mi ciudad, de los lugares donde jugué de niño, como si mi cuerpo no estuviera ya achacoso y el corazón me funcionara a las mil maravillas. ¿Y si muero de nostalgia lejos de aquí? Me pides que haga un viaje largo, a la tierra que me mostrarás. ¿Queda muy lejos esa tierra? ¿Qué tan lejos? Te lo pregunto porque no estaría mal, antes de lanzarme a una aventura tan singular, que hiciera algunos cálculos. Insisto, ¿hay siquiera agua en esa tierra que me mostrarás? Porque, si he de irme, será cargando con mi ganado, que se me podría morir de sed llegando allá o incluso antes, a mitad del trayecto. ¡Y por si esto fuera poco, cargando con mi mujer, como si la pobre no estuviera peor que yo!».

Pero no, nada de esto dijiste, padre Abraham, y cuando más tarde Dios prometió solemnemente darte un hijo, tú no hiciste más que una sola cosa: reír.

«Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes. Así de numerosa será tu descendencia», te dijo Dios. «Y -precisa la Escritura- Abraham creyó al Señor».

¿Cómo hiciste, padre, para creerte una cosa semejante? ¿No confundirías la voz de Dios con esos cuchicheos que a veces se oyen en los sueños? Pero no. Creíste. En todo caso, te limitaste a sonreír, pero con una sonrisa que no era de incredulidad, al tiempo que preguntabas: «¿Un centenario va a tener un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?» (Génesis 17,17). Sólo esto, como si todo aquello que oías entrará en el campo fascinante de lo posible.

Tu risa… En efecto, la cosa no era como para reaccionar de otra manera. Y Sara hizo lo mismo que tú: «¿En mi vejez conoceré el placer?», se preguntó. Y hoy, al leer tu historia en el libro santo, algunos ríen con incredulidad, protestando: «¡Pero eso es imposible!». De lo que no se dan cuenta es que tú te reíste antes que ellos, y por los mismos motivos.

Tu vida, padre Abraham, comenzó prácticamente a los cien años; empezaste a vivir cuando muchos a tu alrededor habían terminado este quehacer desde hacía mucho.

Y por eso te escribo hoy: para que digas a los hombres que no teman la vejez, que no idolatren la juventud, ni se sientan nostálgicos por los años que ya pasaron. «La vejez -escribió un día André Maurois (1885-1967)- está desvalorizada cuando no despreciada. Sin embargo, creo que todas las edades de la vida tienen derecho al respeto. Una sociedad sin viejos honorables así como sin una juventud adorada, serían deformes en igual medida». ¡Bien dicho, señor Maurois!

En una novela de Julien Green (1900-1998), el diablo en persona lleva a un joven a un salón atestado de hombres y mujeres, y mientras se los muestra a lo lejos, le dice: «Todos estos seres que ves son mártires de un aburrimiento que implora socorro… ¡La juventud! Es todo lo que desean, y en sus labios tienen solamente esta palabra. A cambio de este bien, ellos me entregan sus almas devastadas»… Si yo fuera usted: así se titula la novela, y en ella Julien Green quiere hacernos ver que los hombres, por no perder la juventud, ese periodo de la vida que tanto idolatramos, somos capaces de todo.

Sí, padre Abraham: hoy, como sabes, todos quieren ser jóvenes, pues la vejez les parece horrenda. «A fe mía –dice Fernando de Rojas en el acto IV de La Celestina-, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de lo porvenir, vecina de la muerte, choza sin rama, que se llueve por cada parte, cayado de mimbre, que con poca carga se doblega».

Piensan de los viejos –para decirlo ya, y con palabras de Víctor Hugo- que son ruinas que caminan. ¿Cómo convencerlos, padre Abraham, de que las cosas no son precisamente así? ¿Cómo persuadirlos de que aun cuando tengan ochenta años son jóvenes ante Dios, y que a los cien no se es todavía tan viejo como para que la vida pueda comenzar? Y, por lo demás, ¿no comenzaste tú a vivir a los cien años?

Díselo, padre Abraham. Ellos necesitan escucharlo porque les dan miedo las canas y hasta compran tintes y pinturas para disfrazarlas, o ya por lo menos para disimularlas. Diles que nunca es tarde en la vida para hacer algo grande.

Diles que a los setenta y cinco es temprano todavía, y que a los cien aún hay muchas cosas que esperar. Pero debes decírselo tú. A mí no me creerían. Tú tendrías mejores palabras. ¿Lo harás?

Se ha hecho tarde, padre Abraham, y debo irme. Hasta la próxima vez.

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#4 Tiempos

La final en números | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Entiéndase por final, no al partido que decidirá al campeón del futbol mexicano, sino al encuentro que se da entre los dos equipos de la capital, dos equipos de tradición que tienen un largo historial de enfrentamientos, donde por cierto y adelantando, lleva ventaja los de televisa.

América y Cruz Azul se han enfrentado en 4 finales antes de esta en 2024. La primera, fue la única hasta ahora con ventaja para los Azules, en la 71-72 la máquina venció 4-1 a las Águilas para levantar el título. Sin embargo, la historia ha sido complicada para los de La Noria, que en la 88-89 perdieron 5-4, en el Clausura 2013 perdieron 4-2 en penales después de un empate 2-2 en el global y por último en el Apertura 2018 donde volvieron a perder por 0-2 frente al América.

Ahora bien, dentro de toda la fase de liguilla este enfrentamiento se ha dado en 34 ocasiones, con una ventaja de 15 victorias para, el América, 10 empates y solo 9 para el Azul. En temporada regular han jugado 120 partidos, con 40 triunfos para los de Coapa, 46 empates y solo 34 victorias celestes. Incluso en Copa Mx, el palmarés sigue favoreciendo al América, ya que en 14 duelos, 8 han sido americanistas, 3 empates y solo 3 en favor de la máquina celeste.

Para cerrar los datos, en 193 partidos entre estas dos escuadras, contando oficiales y amistosos, 70 victorias americanistas, 65 empates y 58 en favor de Cruz Azul.

La historia parece cruel pero es certera, un grande como el América, sabe enfrentar a otro grande que no ha sabido tomar la medida para vencer a su más grande rival. La final de ida se ha jugado y nuevamente el Cruz Azul, no ha podido vencer a los de Televisa. Cruz Azul no vence al América desde el 23 de marzo de este año, sin embargo ese fue un encuentro amistoso, la última victoria oficial fue el 31 de octubre de 2021, cuando Cruz Azul gana 2-1 de local. No olvidemos que el 20 de Agosto de 2022 América le dio la peor goleada a Cruz Azul, al vencerlo 7-0 en la jornada 10 de ese torneo.

Datos contundentes que puede servir de nada el próximo domingo, 90 minutos más agregado nos separan de conocer al campeón, los números ya han dado su favorito, habrá que esperar a ver que tan certeros nos salieron.

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#4 Tiempos

¡50´s Party Vallarta, Lucas y a Volar! | Columna de Luis Miguel Dorador

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Un fin de semana sin celular

 

Como lo habíamos comentado en la columna anterior, este último fin de semana sería distinto porque me tocó salir de mi hermosísima ciudad para poder dar un servicio de alimentos en Puerto Vallarta a un grupo de amigos de la preparatoria que se reunieron con motivo de festejar su llegada al tostón.

En un grupo de 7 cincuentones, había de todo, pues cada uno de los invitados comentó en algunas ocasiones sobre su trabajo o actividad económica y la verdad es que fue muy interesante, porque había desde empleados hasta empleadores, empresarios y emprendedores, comerciantes y prestadores de servicios profesionales y mientras los comentarios de unos hacen “match” con los de alguien más y en otros temas definitivamente cada quien tiene su óptica, toda esta reunión se dio en un ambiente muy fraterno, solidario y desinteresado. 

El jueves inició el fin de semana con una comida/cena de burritos de mariscos en los que preparé camarón a la diabla, pulpo encebollado a la crema y camarón y pulpo al ajillo, guisos con los que cada uno de los comensales tuvo oportunidad de disfrutar con bebidas que iban desde la cerveza y mezcal hasta el vodka y el brandy… una vez levantada la mesa todos los

del grupo se fueron a arreglar para salir a dar una vuelta por la vida nocturna de ese puerto de Jalisco tan atractivo. La primer parada fue en La Bodeguita del Medio, donde la música caribeña estaba siendo interpretada en vivo y se hicieron presentes los temas más representativos de la música cubana y todo esto fue acompañado de mojitos deliciosos. Más tarde, se acercaba la hora de la reservación y la cita era en un club del que en otras columnas me ha tocado comentar, que se llama “Strana” y como tradicionalmente sucede el show de luces y sonido para apertura de pista con saxofonista y toda esa parafernalia que hacen de este lugar una diversión bien lograda con producción hicieron de esa noche una verdadera experiencia disco.

El viernes me tocó estar preparado para que este grupo que atendí, pudiera disfrutar de la levantada con un caldo de camarón “levantamuertos” que acompañado de cerveza bien fría dio espacio para que este grupo pudiera continuar con su agenda y mientras que unos fueron al gimnasio, otros al spa y el resto a las actividades acuáticas, por la tarde/noche tenía ya preparada una mesa de botanas de mar donde había camarones para pelar con una variedad de aderezos para aumentar la experiencia de sabor… Algunos de ajo, otros de cilantro, mayonesas, chimichurris y salsas para hacer camita y poder pasar a los ceviches peruanos con leche de tigre y sabores más dulces, mientras que por el otro lado, tenían las opciones de ceviches mexicanos pero en las versiones sinaloenses y tampiqueña que lograron que ese grupo disfrutara su festejo antes de salir a la vida

nocturna de ese destino… Acercandose la media noche todos llegaron puntuales a la reserva de un miniantro llamado “Lucas” que es como una mezcla de primera fila para miniconciertos en vivo de grupos de covers y cantabar con músicos en vivo en un ambiente de disco ochentosa por su decoración y la totalidad de la clientela de este lugar si pertenece a la generación del festejo, por lo que el ambiente fue mucho más encendido que el de la noche anterior. Entre el set del grupo en vivo, los festejos de varias mesas por cumpleaños, reuniones y hasta una celebración de divorcio dieron pie para que esa fuera la salida más divertida de este viaje de trabajo.

Al día siguiente, ya sábado, todo ese grupo, o mejor dicho, la mayoría desde temprano estuvieron haciendo llamadas para asegurar que sus negocios pagaran puntuales a su personal y el último día de esa reunión de amigos estaba por cerrar con una cena en la que me tocó servirles aguachiles de camarón con ceniza de habanero, curry de pulpo, tostadas de atún fresco soya y jengibre (tipo oriental), sashimi de pulpo, pescado blanco enchilado para pescadillas y de postre pie de limón de “Pie in the Sky”…

El domingo, con las maletas ya preparadas para el regreso, poco a poco cada uno de los invitados de este selecto grupo fue tomando su camino por los distintos horarios, vuelos y destinos a los que debían regresar…

A mi me tocó la ya muy tradicional puesta en espera que provoca la sobreventa de boletos que muchas aerolíneas mexicanas realizan y tuve que esperar por más de ocho horas mi salida en el siguiente vuelo que tuvo una ligera demora en su llegada pero nada que provocara mayores inconvenientes…

En resumen, este fin de semana fue de mucha satisfacción pues mis clientes disfrutaron de muy buenos platillos con producto fresquísimo y yo alcancé a disfrutar de una salida a la playa que no tenía programada en mi agenda.
¡¡A eso yo le llamo alineación astral!!

Del debate ni hablamos porque me lo perdía por el cambio de horario del vuelo y la verdad es que ya escuché unos comentarios y parece que no fue ni interesante, caray. ¡Ni hablar!

¡¡¡Ánimo que ya casi es viernes!!!

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#4 Tiempos

Carmen Gómez Eichelmann una pionera en la biología molecular mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

La potosina María del Carmen del Socorro Gómez Eichelmann es una mujer que en su formación transitó de las humanidades a las ciencias ajustándose a los vaivenes políticos que se presentaron en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí con la autoritaria desaparición de la Facultad de Humanidades donde Carmen Gómez iniciara su formación profesional.

En 1962 la universidad potosina dio un borrón a la Facultad de Humanidades aduciendo problemas económicos y argumentando la formación de una comisión para su reestructuración, lo cual era excusa para deshacerse de un núcleo de formación crítica, que fuera impulsada en la década de los cincuenta en el programa académico del Dr. Manuel Nava para formar una verdadera universidad con el impulso de la vena de la investigación científica con la creación de facultades de ciencias y humanidades.

Una de las estudiantes que truncaran su formación humanística con la desaparición de la Facultad de Humanidades fue María del Carmen Gómez. Quien además fungía como encargada de la Biblioteca de dicha Facultad. La oposición de los estudiantes de humanidades fue manifiesta y Carmen Gómez estaría en la lista de los firmantes por que fuera reabierta la Facultad clausurada.

Ante la negativa por reabrir la Facultad de Humanidades, Carmen Gómez siguiendo el camino de otra de las estudiantes de humanidades la Dra. Beatriz Velázquez, seguiría el camino de la formación médica. De esta manera Carmen Gómez se titularía en medicina y se convertiría en una de las primeras mujeres en formarse en biología molecular en el país.

La biología molecular en México tiene sus inicios con los cursos de bioquímica formados en la carrera de medicina de la UNAM y desde la década de 1940, México ya contaba con líneas de investigación en el campo de la fisiología del sistema nervioso, de vanguardia en el área biomédica, donde figuraría el potosino Efrén del Pozo Rangel que fuera estudiante de la universidad potosina y secretario de esta, para pasar a estudiar medicina en la UNAM y doctorarse en el extranjero. En esta historia del desarrollo de la biología molecular participan al menos dos potosinas más las Dras. Celia Cuadra y Carmen Gómez formadas en la UNAM. La Dra. Celia Cuadra se retiró a vivir su vejez en San Luis Potosí, desperdiciando su experiencia la carrera de ingeniería biomédica de la Facultad de Ciencias de la UASLP, mientras que la Dra. Carmen Gómez se encuentra activa como investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas de la UNAM siendo una de sus importantes investigadoras.

En la historia de la biología molecular mexicana, la potosina Carmen Gómez Eichelmann figura como uno de los personajes que impulsaron el establecimiento de la biología molecular en México,

destacando sus trabajos sobre los mecanismos transcripcionales de E. coli.

La Dra. María del Carmen del Socorro Gómez Eichelmann es profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM e investigadora del Departamento de Biología Molecular del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, en donde dirige un grupo que estudia la organización del ADN de las bacterias y su papel en la función de los genes que se activan durante ese proceso, tomando como modelo la Escherichia Coli, causante de la diarrea en humanos, y su respuesta a un incremento brusco de temperatura, o estrés calórico.

De sus resultados la Dra. Carmen Gómez ha encontrado que los cambios ambientales inducen una respuesta celular caracterizada por una modificación en la expresión genética y la fisiología de la célula. Esta modificación permite a la célula sobrevivir y adaptarse al nuevo entorno. Los estudios actuales sobre la respuesta celular al estrés se centran principalmente en la identificación de los patrones de expresión genética (transcriptoma, proteoma) y su relación con los cambios bioquímicos (metaboloma), estructurales y funcionales que presentan las células bajo estrés.

En la actualidad la Dra. Carmen Gómez, además de su trabajo de investigación, participa en la formación de recursos humanos en el área de biología molecular donde participan algunos estudiantes potosinos y ha dictado conferencias, tanto en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y en el Instituto Potosino de Investigación en Ciencia y Tecnología, de donde procede la fotografía que acompaña esta columna de la Dra. Lina Riego. Su formación es un ejemplo de entereza y amor por el conocimiento que se refleja en su interés en las humanidades y en la ciencia como eje de desarrollo del país.

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Opinión