enero 30, 2023

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#4 Tiempos

Carta a una cajera aburrida | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

No era necesario que dijeras nada cuando, hace dos días, tomaste mi tarjeta de débito y la deslizaste por una de esas ranuras electrónicas de las que, dicho sea de paso, siempre he desconfiado; no era necesario que dijeras nada, pues se te notaba en la cara que estabas aburrida, cansada, muerta en vida.

Imagino que cuando solicitaste trabajo en aquel supermercado tu rostro era distinto. ¿Un rostro que reflejaba esperanza? Tal vez. Porque, como sabes, hay rostros y rostros. Hay unos que despiden luz, y otros que son la noche: el tuyo, aquella vez, era el crepúsculo.

Pienso en lo que sucede todos los días, a las ocho de la mañana, cuando llegas a ese lugar que tanto debe entristecerte: saludas sin gana a tus compañeros de suplicio, les das los buenos días, les estrechas la mano sin demasiada convicción y te preparas para recibir a esos enemigos crueles (nosotros) que desde la calle dejan ya ver sus cabezas a través de los cristales de la puerta aún cerrada.

El manager, antes de que te instales en la caja, te hará gritar junto a todos los demás: «¡Hoy es un gran día! ¡Estoy contenta! ¡Hoy soy muy feliz!». ¿Pero de veras estás contenta y eres feliz? No se te notaba aquella vez. ¿Y por qué les hacen decir todas esas tonterías? No lo niegues: yo los he escuchado gritar así en corrillo, ocultos en un rincón del almacén, al comenzar la jornada.

Antes –así me lo imagino-, al salir del trabajo, todavía te dabas tiempo para dar un paseo en bicicleta, y eso te mantenía alegre y en forma; hoy, llegando a tu casa, lo único que quieres es dormir, dormir, dormir, como Elías al pie de aquel árbol de retama.

¿Qué es lo que te cansa de tu trabajo? Me lo dijo tu cara: su monotonía. Durante ocho horas -la tercera parte de tus días, la tercera parte de tu vida-, cientos de hombres y mujeres te presentan –cada uno según su turno en la fila- una especie de ficha o boleta que tú revisas con más o menos cuidado e introduces después en una caja registradora; luego, sin ver la cara del que está frente a ti, dices una cifra en alta voz, extiendes la mano, cobras, devuelves un recibo, y vuelta a empezar. «¿Encontró todo lo que buscaba?», me preguntaste. Se notaba que estabas harta de preguntar siempre lo mismo. En el fondo, que yo encontrara o no lo que había ido a buscar, te tenía sencillamente sin cuidado.

¿Hay alguna diferencia entre tus lunes y tus miércoles, entre tus martes y tus viernes? Para que lo sepas, los primeros críticos de la industrialización ya habían previsto todo esto, aunque pensando más en bandas transportadoras que en cajas registradoras; ellos previeron que un inmenso tedio se apoderaría pronto de los trabajadores que tuvieran la mala suerte de pasarse la vida haciendo siempre la misma cosa: ora poniéndole un botón a una camisa, ora etiquetando envases de gaseosas, pero sin la posibilidad de hacer nada más. Y, como ves, tenían razón: tú eres la prueba.

Cuando alguien dice, por ejemplo: «Todo es lo mismo», ¿no está quejándose de que sus días son iguales y que lo que hace no tiene, en el fondo, ninguna importancia? Quizá la tristeza más grande consista en esto: en descubrir que nuestro trabajo podría perfectamente hacerlo otro.

Ya en el siglo XIX, Fedor Dostoievski (1821-1881), el famoso novelista ruso, había hecho esta fina observación en uno de sus libros (La casa de los muertos): «Un día se me ocurrió la idea de que si quisiera aniquilar a un hombre, destrozarlo moralmente y castigarlo de manera tan implacable que el peor bandido temblara por sólo pensar en el castigo, bastaría dar a su trabajo un carácter de absoluta inutilidad, haciendo que resultara absurdo… El que construye ladrillos, abre zanjas, amasa yeso, enjabelga edificios puede encontrar en esto un sentido, una finalidad. Pero si a este mismo obrero se le obligara a trasladar agua de un sitio a otro, y de éste otra vez al primero, o a triturar arena, o a llevar montones de tierra de un sitio a otro para volver a transportarlos después al lugar en el que estaban en un principio, estoy persuadido de que al cabo de unos días se ahorcaría o cometería infinidad de atrocidades con el fin de merecer la muerte y escapar a tal bajeza, a semejante vergüenza y tormento».

¡Cómo enferman los trabajos absurdos! Son, a mi entender, la primera causa de los disturbios nerviosos. Contrariamente a lo que podría creerse, la mayoría de los suicidios no se cometen en Navidad, cuando todos están juntos, sino a principios de enero, cuando ya todos se han marchado y nos han dejado solos; tampoco tienen lugar en domingo, cuando uno hace en casa lo que le gusta, sino los lunes, es decir, cuando Sísifo retoma la piedra y se dirige -¡otra vez, como siempre!- a la colina del suplicio.

Cuídate de la caja, amiga mía; cuídate de ese trabajo, pero no dejándolo -¿dónde encontrarías otro?-, sino imprimiéndole tu sello personal. Defiéndete de su rutina volcando en él tus anhelos más profundos y, sobre todo, tu creatividad encantadora.

¿Qué es lo que quiero decirte? Hace poco, en una oficina, tuve la suerte ser atendido por una señorita a la que todavía recuerdo por su dulzura y amabilidad. ¡Tenía en los labios una sonrisa tal, que ya sólo verla daba gusto! Es cierto que lo que hacía podía haber sido hecho por otra, pero nadie, en ese vasto edificio, lo hacía como ella, eso te lo puedo asegurar. La prueba está en que todavía me acuerdo de su corrección con ternura y gratitud.

La cortesía y la calidez en el trato, querida cajera, no son sólo dones para los demás: son también regalos para nosotros mismos, pues nos libran de las garras de ese monstruo que ya empezó a arañarte el rostro y que se llama amargura.

Las máquinas, cuando ya no las operes, se acordarán poco de ti; cuida que te recuerden por lo menos las personas, y entonces habrás ganado la partida.

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#4 Tiempos

La alquimia de Remedios Varo | Columna de Julián de la Canal

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La pintura de Remedios Varo (1908-1963) se antoja recoleta y monacal; recoleta sin fronteras, monacal sin clausuras. Habitual de los pasadizos extraviados del sueño, cartografía sus recorridos en escasa bitácora onírica recogida en Cartas, sueños y otros textos (1994 y 1997). “En una entrevista inédita” declaraba su adhesión al surrealismo ya antes de su llegada a México. Su militancia vanguardista fue precoz, iniciada al integrarse en el Grupo Logicofobista, formado en 1936 en Barcelona a raíz de una breve estancia en la ciudad de Paul Éluard en enero de ese mismo año. En sus pinturas y textos, Remedios Varo privilegia el sueño pero no lo abraza al completo, lo asume como asunto central sin rendirse al severo dictado del subconsciente. Su surrealismo exhibe contención, como si su acceso al ámbito onírico no procediera de un abandono al inconsciente, sino de una intervención previa a ese completo abandono. Esta resistencia acredita la ausencia de violencia habitual de la plástica más surrealista, a no ser que esa violencia resida en el imprevisible humour siempre a disposición del pasmo.

Figuras estilizadas, zoomórficas en ocasiones, pueblan su arte. Elementos que delatan su origen onírico pero que no se trasladan a la tela de inmediato, sino que se someten a un proceso alquímico antes de llegar al bastidor cuyo resultado evoca la nigromancia. Remedios Varo depura el sueño para convocar un mundo mágico consistente a lo largo de su trayectoria. Se aprecia voluntad de crear un universo particular cuyo material no procede en exclusiva del sustrato onírico, sino de un trabajo posterior sobre esa experiencia. Esta manipulación es propiamente el inicio de la conversión alquímica que no se limita a mero mecanismo sublimador. Por contigüidad, se asocia con ese misticismo característico que satura sus pinturas. Ambos factores generan esa extemporánea atmósfera medieval vinculada con los cuentos de hadas. Pero ese no es el referente o no es el único referente o el más significativo. Con reticencias, parece también inspirada en la matière de Bretagne que despliega el mito artúrico en un conjunto de prosas medievales sobre leyendas celtas en que sobresale Historia Brittonum (siglo IX) e Historia Regum Britanniae (1130-1136) de Godofredo de Monmouth. Sobre ellos Chrétien de Troyes escribió Lancelot, el Caballero de la Carreta (1176-1181) y Perceval, el Cuento del Grial (1180). Tales obras presentan una desproporción entre lo real y lo maravilloso que Remedios Varo adopta en su poética. Su arte no es plenamente surrealista, aunque lo sea la materia prima, contaminado por una serie de motivos muy reales que rebajan la fuerza del subconsciente y que delatan el proceso de alteración del sueño. Entre lo onírico y la paleta, Remedios Varo interpone una vigilancia. La intervención de la conciencia subvierte la naturaleza de la imaginería de vanguardia para acomodarla en ocasiones en cierta tradición próxima a la escuela flamenca de Brueghel el Viejo y el Bosco.

La pintura de Remedios Varo surge de ideas firmemente arraigadas en la memoria del hombre moderno, aunque el hombre moderno no sea plenamente consciente de su memoria. Los espacios que diseña en sus cuadros están repletos de elementos platónicos e imágenes arquetípicas que no siempre parecen platónicos ni arquetípicas. Hay un interés por ese hermetismo que prefiere enigmas cifrados por imágenes a palabras secretas como registra en sus cartas. Esta querencia se traduce en aparentes figuras hermafroditas, motivo preferente de los alquimistas, que asocian lo sensual y lo espiritual, Afrodita y Hermes. La alquimia era disciplina integrada en el Corpus Hermeticum (100-300 d. C.) traducido por Marsilio Ficino (1433-1499). Pero en Remedios Varo hay también mucho humor surrealista, esa actitud que favorece acciones ilógicas como en su cuadro El alquimista o La ciencia inútil (1955), en que un complejo diseño mecánico para recabar agua, manipulado por una ambigua mujer ante un alambique, contrasta con la simplicidad del goteo de agua de lluvia que recogen frascos de color verde debidamente dispuestos. En ocasión de Remedios Varo parece más conveniente hablar de alquimia surrealista que de surrealismo surrealista.

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#4 Tiempos

De regreso al norte | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Complicada la segunda visita a Monterrey, visitar a Tigres siempre ha sido difícil para cualquier equipo.

Ya el fin de semana pasado la escuadra potosina sufrió en tierras regiomontanas: un 3-1 que suena más escandaloso que lo que pudimos ver en la cancha, un equipo que con tres errores perdió el orden y no pudo levantar la cara.

Principal atención a ciertos jugadores, para bien y para mal: un Andrés Iniestra que no se ha visto del todo bien en el torneo, ya en el duelo contra Chivas lo vimos dudoso en algunos momentos, ahora fue completamente superado y costó caro. Por otro lado Bonatini, este delantero que ya ha demostrado su calidad en la definición, firmando nuevamente un buen gol para darnos siquiera una pequeña Alegría en ese encuentro.

Tigres será muy incómodo, difícil y muy complicado para sacarle puntos y no lo digo solo por San Luis, sino para cualquier escuadra que visite San Nicolás; Tigres es sin duda, el gran favorito para salir campeón con una plantilla de jugadores que deslumbra.

La derrota de San Luis en el Volcán, debe estar (hasta cierto punto) pronosticada: los 4 puntos que los potosinos llevan en el torneo, son la cosecha “normal” que debería llevar un equipo que va arrancando el torneo y que poco a poco va encontrando sus mejores elementos.

En pocas palabras, San Luis bien, en sus primeros partidos; ahora necesitamos que comiencen a concretar, a dejar de cometer errores y a centrar cada encuentro a las reales posibilidades del equipo. San Luis pierde en el Volcán, pero debe seguir mostrando mejoría.

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#4 Tiempos

La disputa por el triángulo dorado de SLP | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS.

Hace 20 años, nadie hubiera imaginado que el municipio de Villa de Reyes y la delegación de Villa de Pozos se convertirían en las zonas con la mayor potencia financiera de todo San Luis Potosí; fueron afortunados aquellos que heredaron o compraron a precio de polvo terrenos en esos lugares. Ahora, con el anuncio de la llegada de la planta de automóviles eléctricos de BMW, todo apunta a que la zona metropolitana sufrirá un estirón industrial, demográfico y social, lo que anticipa la necesidad de ampliar la oferta de terrenos para personas y empresas; ahí, un nuevo horizonte se asoma y con él se conformará un triángulo territorial, posiblemente el más relevante del Bajío:

Santa María del Río está a 27 minutos de distancia de los parques industriales Logistik, ubicados en Villa de Reyes, donde a su vez, se encuentran varias de las empresas más importantes de San Luis Potosí, como BMW, L’Oréal, GM; a unos metros de Dräexlmaier (una de las mayores empleadoras del estado); con decenas de fábricas satélites y donde, posiblemente, también se construirá la nueva planta de BMW.

Son solo siete minutos más de lo que toma llegar desde Villa de Pozos, que se ha convertido en el dormitorio de muchas personas que trabajan en esas y otras empresas de la llamada Zona Industrial, por ello es raro que los empresarios de la construcción no hayan entrado con fuerza a crear desarrollos habitacionales e industriales en Santa María, sin embargo, parece que eso cambiará en breve, con lo bueno y lo malo que ello implica.

Dos situaciones deben alertarnos de que la disputa por ese triángulo dorado ya comenzó, y que debemos prepararnos para lo que vendrá que, como siempre, en las disputas territoriales, implica sangre.

La primera llegó en mayo del 2022. Ricardo Gallardo anunció que tiene intenciones de impulsar que Villa de Pozos deje de ser una delegación del Ayuntamiento de la capital y se convierta en un municipio autónomo

, como ya lo era en el pasado. Ese movimiento no es menor, debido a que implicaría que Pozos tenga una partida presupuestal propia, recaude recursos entre la población por permisos, cambios de uso de suelo, servicios…; lo facultaría para crear planes de desarrollo urbano propios; ocasionaría una redistritación electoral; lo volvería la tercera ciudad más grande del estado con una población de 148 mil habitantes; le quitaría el 16.22% de su población a la capital y lo volvería en un botín político extremadamente atractivo. El movimiento de Gallardo seguro desconcertó a Enrique Galindo, que en poco más de un año como alcalde ha nombrado a tres delegados.

La segunda son las muertes de Érika Briones y Emmanuel Govea, quienes eran alcaldes en funciones de Villa de Reyes y Santa María del Río, respectivamente. Ambos perdieron la vida el año pasado en accidentes automovilísticos y, aunque se debe respetar a las familias y la memoria de ambos, es inevitable especular con base en las circunstancias comunes de sus fallecimientos, pues son, por lo menos, extraños.

He escuchado teorías sobre el interés de cárteles inmobiliarios, políticos y criminales que intentan imponer su visión sobre el futuro del triángulo dorado; la suerte de la población de ese lugar ya se echó y solo el tiempo acabará por destapar si los grandes tomadores de decisiones acertaron o fallaron. No quiero ser pesimista, pero el presente regularmente da pistas de lo que vendrá.

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Opinión