julio 2, 2022

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#4 Tiempos

Consejo Potosí: y eso que no lo querían… | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Amigos de la sabiduría, hijos de mis rencores cortos:

Quién, si no Teófilo Torres Corzo, el ex gobernador que menos lo ha sido, pero más ha disfrutado serlo, el hombre de las mil anécdotas, el visionario de la comunicación, el patriarca de toda alianza empresarial que se respete, el que llena Carranza de billetes en vertical de Bocanegra a Uresti, el personaje y caballero conocido (como todos los que lo son) de héroe y villano, podría en un evento como el que le voy a platicar, poner las cartas sobre la mesa y los puntos sobre las ies (odio los lugares comunes, pero luego resultan útiles).

“Los agoreros del desastre (léase con voz de Teófilo) hace un año esperaban lo peor y auguraban un desastre para San Luis y hasta levantamientos si usted ganaba, hoy vemos cuánto se equivocaron…”

Es el salón “Mandarina” del Museo Laberinto de las Ciencias y las Artes. El escenario es de las 18 personas que cívica, económica y políticamente gobiernan el estado. Los tres niveles en cada rubro.

Los tres poderes y también los tres niveles… que no es lo mismo.

La mitad de los 18 apostaron en contra y Ricardo, el gobernador, lo sabe (ni modo, había que decirlo porque todos lo pensaron).

Hoy son un grupo al que consulta y consultó para dirigir la inversión de infraestructura de su gobierno.

“No fue nuestro candidato, pero es nuestro gobernador”, le he escuchado decir a varios en otras mesas y en otras ocasiones (no se hagan).

Las ubicaciones de los 15 puentes, de los cuales 7 se ejecutarán este año, los detalles y todo lo “anunciable”, lo podrá usted, Culto Público, encontrar por doquier a partir de hoy. Yo quiero, si me lo permite, hablar un poco más del fondo de lo que a ojos tiernos parecería un evento más, pero a ojos penetrantes, significa.

El segundo al mando del gobierno, Guadalupe Torres, en el subtexto de su discurso tocó botones de los que activan armas y levantan cejas.

“En San Luis se respetan las inversiones”, dijo… ante el más alto nivel del empresariado y como para que no haya dudas.

“Contar con un consejo con visón y amor a SLP (primero mano izquierda)… significa dar muestra de que los proyectos no son, ni serán una imposición del poder… (¿ya ven?, no tenían que tener miedo…).

“Y vamos tarde a la cita del futuro con el mañana” (o lo hacemos o ¿qué hacemos?, si los proyectos ustedes los propusieron).

Aquello, Culto Público, fue un espectáculo de símbolos y mensajes. Una corrida de toros de estructura. Un hombro a hombro entre los pisos de la pirámide y la historia, era el muro derrumbado mientras se saludaban las partes de un lado y otro.

El anfitrión puso banderillas :

“A través del tiempo, el sector empresarial no tuvo la interacción necesaria con el gobierno del estado, la relación estuvo distante y dañada durante muchos años”.

Nota de quien esto escribe: sí, todos en los que eran ellos los que parecía que también gobernaban… de ahí la frustración de ambas partes.

Los empresarios estamos acostumbrados a ser vigilantes y ver todo con ojos críticos; aprovecho para invitar a las nuevas generaciones a participar, atreverse, arriesgarse, a salir de su zona de confort para aportar y empezar este cambio que tanta falta nos hace como sociedad”.

¡Tómala! No sé si el secretario Juan Carlos Valladares Eichelman lo sepa, pero esa frase de su discurso fue su “lance”.

Nada de lo que haya dicho en los cuatro meses como funcionario se le compara:

Fue su golpe a la puerta, su grito en la selva, fue pararse del restaurante, fue bajarse del yate en Marbella, fue poner la vara más alta y decir: yo sí le entré y es irresponsable el miedo al meme…

yo lo hago y no es “por lo menos” es “por lo más”.

Los lances son eternos. No hay oportunidad de hacer dos.

Ricardo, el gobernador, acuñó todo en minutos. Sabía Perfecto (más que algunos invitados) en dónde estaba parado.

Buen ganador, no se hinchó en lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos.

Dio visto bueno, dio “adelante” a sus consejeros e hizo hincapié en su meta: ser recordado como el gobierno de la infraestructura.

“Encontré un gobernador ágil y ejecutivo”, le había dicho Teófilo minutos antes.

Invertirá, según lo dicho, seis veces más por año que todos sus antecesores, pero es el gobernador y, repito, sabía dónde estaba parado:

Primeras filas de empresarios (de los buenos, no gerentes -que también había-).

Segundas de diputados, los tres niveles de gobierno o representados, gobierno de la capital y los principales municipios, cuartas (jajaj fue casualidad) los dueños de medios, luego funcionarios y 300 personas que, lo quieran o no, lo sepan o no, mueven al estado.

Por eso también habló Ricardo de lo importante. No había mejor público para hacerlo.

Las balaceras y los muertos tienen explicación y no hay por qué negarlos.

Se lo dijo a todos los niveles de la pirámide, no les omitió la explicación, ni tampoco matizó el motivo.

“Tenemos un estado que consume drogas… se matan por vender las 120 mil dosis que la clase media, en un 70 por ciento, consume…”.

Que se levanten las cejas o que se incomoden los que puedan aventar la primera piedra. Esa es la verdad y había que decirla.

¿Los mandos medios no ayudan? No, no ayudan… por eso acudió el gobierno a los que sí saben. “No somos ni todólogos ni expertos en todo”.

Humildad traducida en política pública.

¿Quién se anima, con datos y método, a contradecir una política pública de movilidad como la propuesta ayer por parte de quienes la propusieron?

¿Quién niega el que vamos tarde como estado en materia de infraestructura?

¿Quién niega la presencia visible y dolorosa de una pelea de carteles en SLP?

¿Quién se paró de la comodidad de la crítica del restaurante para entrarle a la política con todo lo que significa?

“Obras son amores… y no buenas razones”, cita de Lope de Vega recordada por Teófilo Torres Corzo. ¿Quien más?

Si quieren saber los detalles de los proyectos vea, Culto Público, el video. Es explícito y espléndidamente elaborado.

Fue ayer una corrida de toros. Un juego de póker, una matatena, un Texas Holdem con tercia arriba, un volado a tres monedas y un “te canto un tiro“ al futuro.

Ya veremos quién gana.

Hasta la próxima.

Jorge Saldaña al que se le sube la bilirrubina (guiño, guiño).

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#4 Tiempos

Recomendaciones de cine LGBTQ+ | Columna de Mario Candia

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APUNTES DE UN CINEÓFITO

 

El lugar sin límites (Ripstein. 1978) Con un guión basado en la novela de José Donoso y con la colaboración del novelista argentino Manuel Puig, El lugar sin límites del director mexicano Arturo Ripstein representa un parteaguas en la cinematografía nacional, una película de culto que expone el machismo, la homofobia, el odio, la doble moral, la corrupción y abusos de poder en nuestra sociedad. La película muestra una mirada seria sobre la homosexualidad como no se había visto antes en el cine mexicano, un relato que desafortunadamente se mantiene actual y vigente. Para la posteridad quedan las enormes actuaciones de sus intérpretes, en especial la de Roberto Cobo, quien es todo un icono dentro del cine nacional, tanto por su trabajo como “El Jaibo” en Los olvidados de Buñuel, como por su “Manuela” y su inolvidable baile de la leyenda del beso. Un clásico de culto mexicano.

Prayers for Bobby (Mulcahy. 2009) Película basada en hechos reales, nos muestra el entramado de relaciones de una idílica familia cristiana, en la cual todo funciona a la perfección, cada miembro se mueve según ‘‘la voluntad de Dios’’. Sin embargo el perfecto mundo forjado bajo las férreas doctrinas que inculca la biblia se viene abajo cuando se descubre que Bobby no es el hijo perfecto con el que sus progenitores siempre habían soñado. La madre del joven Bobby, interpretada por Sigourney Weaver, es una señora de creencias evangélicas fundamentalistas que no puede asimilar que su hijo es homosexual. A partir de ahí, el drama va creciendo, hasta llegar a la tragedia. Y la tragedia dará paso al descubrimiento, a la transformación y a la solidaridad. Uno de los objetivos del filme es remover conciencias y hacernos reflexionar. Y sin duda nos hace anhelar el día en que la aceptación, la comprensión y el amor en el sentido más pleno de la palabra, hagan posible que historias como estas no tengan que suceder.

Pride (Warchus. 2014) La película relata la lucha de los mineros contra la Dama de Hierro, sus huelgas y reivindicaciones callejeras. Y como, una cuadrilla de gays y lesbianas, ante el rechazo a su colectivo en 1984, deciden crear una asociación en apoyo a los mineros para quizá así, conseguir aceptación y visualización. Lo que parece una idea alocada, poco a poco va tomando sentido, llegando a prensa, radios y televisión. Matthew Warchus y su guionista Stephen Beresford componen un agradable relato conciliador y emotivo que hace recuperar la fe en el ser humano más allá de todo lo que nos divide y, revindica aquello que nos une, que es el espíritu humano de solidaridad.

Retrato de una mujer en llamas (Sciamma. 2019) Una película que captura la esencia de los profundos sentimientos que sienten dos mujeres atrapadas en un tiempo que no es el suyo, el amor que surge entre ellas y la indeleble huella que les deja para siempre. Una cinta de gran belleza y delicadeza desde el primer fotograma al último, sin demasiados concesiones al sentimentalismo. Tiene momentos mágicos, cómo la canción de la fiesta en el fuego de un grupo exclusivo de mujeres, repleta de lírica, de poesía. Una película con secuencias que por momentos parecen pinturas renacentistas en imperceptible movimiento. Técnicamente es prodigiosa, tanto la fotografía como el sonido, que te transporta a esa época. Extraordinaria.

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#4 Tiempos

La historia de Juan | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Conozco a Juan desde hace mucho, desde el tiempo en que éramos vecinos de banco en la preparatoria y estudiábamos juntos por las tardes en el mismo equipo.

Juan. Lo recuerdo con la mirada siempre fija en la lejanía o inclinado ante la página de un libro abierto por la mitad. Hace treinta y cinco años –¡treinta y cinco años ya!- usaba unas gafas gruesas y verdes que lo hacían parecer más viejo de lo que era, y aunque hoy usa unos lentes más delgados y finos y luce más juvenil que hace dos décadas , sigue siendo el mismo Juan.

En aquel entonces caminaba por los pasillos del colegio siempre pegado a la pared, como si no quisiera robar espacio a los demás o necesitase apoyarse en algo para no caer.

Nunca aceptaba nada. Cuando, por ejemplo, lo invitábamos a comer o a cenar, él siempre se sentía en la obligación de pagar la cuenta, y si uno de nosotros le rogaba que no lo hiciera, él se removía en su silla, visiblemente angustiado. Más de una vez, fingiendo tener que ir al baño, se dirigió a la caja para tomarnos la delantera y pagar la cuenta. Los que no lo estimaban se aprovechaban de él, diciéndose entre ellos: «¿Invitamos a Juan para que pague él?»; los que lo estimábamos habíamos dejado de invitarlo a nuestras reuniones por dos motivos: primero, porque sabíamos que no era rico y nuestras invitaciones le eran gravosas, y, segundo, porque no queríamos apenarlo innecesariamente: nos daban lástima sus gestos de tímido, su cara de huérfano.

Una vez, por su cumpleaños, le regalé un libro cuyo título no recuerdo ahora. Quizá era El Principito, aunque no estoy muy seguro. Pues bien, al día siguiente fue a dejar a mi casa un libro todavía más caro y más gordo que el que yo le había obsequiado el día anterior diciendo que desde hacía tiempo había pensado llevármelo a la escuela, pero que no lo había hecho por puro descuido de su parte. «Siempre se me olvidaba meterlo en la mochila», me dijo bajando la voz y cerrando los ojos, cual si estuviera pidiéndome perdón. En otras palabras, con él no había remedio.

Un personaje del mundo novelístico de Flannery O’Connor (1925-1964), la escritora norteamericana, era exactamente como Juan: «Después de cada comida buscaba en el bolsillo un pedazo de lápiz y escribía una cifra: aquella que, según él, costaba la comida. A su tiempo restituiría la suma entera». Juan la restituiría pagando a su vez en la próxima reunión.

Por aquellos días, según nos enteramos, Juan tuvo una novia. ¿Le parece a usted extraño? A nosotros, crueles con la crueldad de la juventud, el hecho no sólo nos pareció insólito, sino incluso ridículo. ¿Juan una novia? Sí, y tanto la quería que diariamente le compraba un pequeño ramo de rosas. Y no sólo eso, sino que además la llevaba al cine, o a alguna plaza comercial para invitarle un helado. ¿Todos los días, todos los días? Sí. «Esto acabará mal», sentenciamos en coro sus amigos. Y así sucedió, en efecto, porque cuando, sacando cuentas, vio Juan que aquella relación lo tenía a un paso de la depresión económica, de la ruina financiera, decidió sencillamente terminarla.

La novia, claro está, ni siquiera lo buscó para decirle lo que suele decirse en tales circunstancias, a saber, que volvieran otra vez, que no le importaba recibir cosas, que con regalos o sin ellos ella lo quería lo mismo, o cosas así, sino que simplemente desapareció de su vida como desaparece una cucaracha por el resquicio de una puerta.

Y entonces, claro está, la depresión económica de Juan adquirió también un sesgo marcadamente psicológico que lo dejó al borde del suicidio. «¿Por qué nadie me quiere, por qué nadie quiere quererme?», nos preguntaba a sus amigos, que lo único que hacíamos era darle inofensivas palmaditas en la espalda.

Hoy, sin embargo, sí sabría explicar por qué la cosa tenía que acabar mal: porque el amor es un intercambio en el que se da y se recibe al mismo tiempo, y Juan nunca recibió nada a cambio de lo que daba. Él era el que tenía siempre que hablar, que invitar, que insistir. ¿Y qué recibía en compensación? Ya lo sabe el lector: nada. Como me dijo una vez un hombre de campo, hay quienes gustan de usar sólo el azadón, y cuando tienen que usar la pala se escabullen. La novia de Juan pertenecía, evidentemente, a esta raza malévola.

«Amar –dice Erich Fromm repetidamente en uno de sus libros- es esencialmente dar, no recibir». Sí, y, sin embargo, el que nunca recibe termina cansándose de no ser sino el que siempre da. ¡También a él, alguna vez, le gustaría que le dieran algo! Como dijo Benedicto XVI en Dios es amor, su primera encíclica, «el hombre no puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar únicamente y siempre: también desea recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don» (n. 7).

Es más, según Anselm Grün, famoso monje benedictino y autor de innumerables libros de espiritualidad, uno de los enemigos de la amistad y del amor es la tentación de estarle siempre dando cosas al otro. «El exceso de favores –escribió una vez- debilita la amistad en lugar de fortalecerla. Hay, efectivamente, personas que regalan muchas cosas a sus amigos. Esto lleva a que el amigo sienta que el otro quiere comprar su amistad. Es verdad que puede reprimir este sentimiento, pero, en seguida, el sentimiento reprimido se transforma en agresividad y, finalmente, conduce al endurecimiento». En otras palabras: los roles acaban consolidándose y el que recibe ya nunca quiere dar; y, así, si el otro esperaba algo a cambio de lo que daba –una palabra de afecto, una declaración de cariño- se queda lindamente con un palmo de narices.

¿Es esto es lo que había pasado con Juan? Tal vez. Pero ojalá haya aprendido la lección, y en su próximo noviazgo –en el caso de que lo haya, aunque ya sea preocupantemente tardío- confíe más en sí mismo y menos en el valor de sus regalos.

(Posdata: ayer vi a Juan en la calle; llevaba sus gafas modernas y, en las manos, una caja de chocolates. Iba, además, muy sonriente. Ojalá no se trate de lo que estoy pensando…).

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#4 Tiempos

El médico Gregorio Barroeta como profesor de física | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Hace sesenta y cinco años la física moderna se asentaba en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí; en esta sección hemos tratado algunos de sus aspectos y en particular recordamos a profesores de física que de cierta manera allanaron, desde el siglo XIX, el camino para su consolidación, en esta ocasión toca el turno a un personaje al que ya nos hemos referido en anteriores entregas: Gregorio Barroeta Corvalán que fuera profesor de física en varias instituciones educativas del estado, siendo profesor de la cátedra de física en el Instituto Científico y Literario desde 1884 al retirarse el profesor Francisco Javier Estrada.

Gregorio Barroeta, médico y cirujano egresado de la Escuela Nacional de Medicina, fue además un destacado naturalista, director del Observatorio Meteorológico del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí y encargado de la cátedra y del Museo de Historia Natural. De los personajes potosinos ligados a la ciencia del siglo XIX es el único cuyo nombre ostenta una escuela para niños, la que se encuentra en la Ciénega de San José en el enclave minero de Santiago Papasquiaro en la sierra de Durango.

Podemos situar el año de su nacimiento en 1831 en San Luis Potosí, falleció el 25 de octubre de 1906, en su casa habitación ubicada en el número 16 de la 4° calle del cinco de mayo.

Se relacionó con la comunidad científica mundial y varios de ellos visitaron San Luis, compartiendo experiencias científicas. Durante una de esas visitas se fundó la Sociedad Médica de San Luis Potosí.

Perteneció a varias sociedades científicas tanto del país como del extranjero, hablaba siete idiomas y como cirujano era una eminencia, como que fue el primero en toda la república que practicó varias veces, conjuntamente con el médico Esteban Olmedo, la ligadura de la arteria temporal superficial, con anestesia clorofórmica. Ambos realizaron también, hacia 1873 una operación de meningocele cervical. Las descripciones de ambos trabajos fueron publicados en La Fraternidad, publicación del Cuerpo Docente de Médicos y de la Sociedad Médica de San Luis. Se dedicó con especialidad a los estudios biológicos y botánicos, sus investigaciones sobre la flora potosina fueron revisadas por una academia de la ciudad de Viena, quien impuso los nombres científicos de Viola Barroetácea y Barroeta Setosa a unas desconocidas variedades de plantas que él envió y clasificó.

Al encargarse de la cátedra y gabinete de física en el Instituto Científico, siendo el también médico Dr. Doroteo Ledesma egresado de medicina en el propio Instituto su suplente, esta era una de las mejores y más bien dotadas del Instituto y según las crónicas de la época, había sido trasladada a un elegante salón (actual oficina de rectoría de la UASLP) destinado a ese objeto y enriquecido con todos aquellos aparatos que los adelantos de la ciencia reclaman.

En 1879 se abría la cátedra de física en la Escuela Normal para Profesoras, que fuera fundada en 1868, encargándose de la misma el Dr. Gregorio Barroeta; en el Colegio Seminario Cociliar también se incorporaría, junto a las materias religiosas, la materia de física para los estudiantes seminaristas ofreciéndose en el sexto año de estudios preparatorios atendida por el Dr. Barroeta, quien además impartiría la cátedra en el Colegio Politécnico de San Luis que se abriera a fines de la década de los setenta del siglo XIX.

De entre los colegios particulares, uno que enseñaba geografía y cosmografía, así como nociones de ciencias físicas y naturales era el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, establecido en un lote del exconvento del Carmen en 1888, fundado por el Obispo Dr. Ignacio Montes de Oca y Obregón, contando con especialistas para determinadas clases.

De esta forma el número de alumnos que en el último cuarto del siglo XIX, cursaron física o al menos temas de física, no fue del todo bajo, algunos llegarían a figurar con importantes aportaciones en el campo de la ciencia y en particular de la física, y en su formación contribuiría el médico, naturalista y estudioso de la física Dr. Gregorio Barroeta Corvalán. 

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Opinión