octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego

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Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.

Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.

  -¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.

Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.

¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.

Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:

«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».

Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.

Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:

«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame

. Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).

Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.

Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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