#4 TiemposDesde mi clóset

¿Quién decide sobre el cuerpo de las mujeres? | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

 

En la actualidad, un duro debate se empieza a forjar en el país, la despenalización del aborto. Por un lado, la ex ministra, Olga Sánchez Cordero, desde la Secretaría de Gobernación impulsará la creación de un Código Penal Único que facilite el acceso a las mujeres a un aborto seguro y libre. Por otro lado, las huestes más conservadoras de la política mexicana, preparan sus cánticos y alabanzas para honrar al patriarcado y su resistencia a la autonomía de las hembras humanas.

Pero, ¿cuál es el conflicto principal que lleva a las sociedades a resistirse de esta práctica sanitaria, como lo es la interrupción del embarazo? Si se hace un análisis interseccional, se podrá detectar que las mujeres, dentro de este sistema económico, son las reproductoras de la fuerza de trabajo. A principios del siglo pasado, con base en el contexto, la necesidad de contar con mano de obra para la industria era fundamental para el desarrollo de los países capitalistas.

En este sentido, la alianza entre la cristiandad y el capital, logró generar una cosmovisión hegemónica que enaltecía la capacidad reproductiva de la especie. La ciencia, en su afán darwiniano por la preservación de la humanidad lo avaló a través de discursos totalizantes. Es así que el sistema sexual asociado con la reproductividad biológica, se apoderó de las identidades colectivas, y tras su paso dejó en las penumbras al erotismo, la afectividad y por supuesto al género y las relaciones de poder intrínsecas a este.

La relación existente entre la reproductividad y el dogma cristiano que la divina concepción, ha favorecido la fetichización de un proceso biológico cotidiano, la fecundación. Este hecho biológico es tan común como la digestión, la micción o la seroconversión de algún virus en el sistema sanguíneo humano. Sin embargo, no se ha prestado importancia alguna al sacramental acto de la micción, por supuesto a excepción de los amantes de la lluvia dorada.

Dicho esto, son el estado, la religión, la economía, el patriarcado y la heterosexualidad obligatoria, quienes deciden sobre el cuerpo de las mujeres. En ningún momento son ellas, quienes en su libre albedrío opten por una opción con base en sus propias necesidades.

La interrupción del embarazo debiera ser una actividad médica cotidiana, como la de extirpar una verruga. No lo es debido a la violenta carga simbólica que coloca a las mujeres embarazadas como fetiches marianos. La referencia de una hembra preñada con el mito de la divina concepción, ha sido uno de los peores lastres heredados luego del nacimiento de la cristiandad. Qué hay que decir, deviene de los antiguos mitos egipcios de la fundación de la humanidad como especie dominante en la Tierra.

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