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Ganar como sea, no es ganar | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta 

 

Es bien sabido que dentro de cada liga del mundo, hay equipos que son considerados grandes y que la pasión se desborda cada que juegan un partido, cada que enfrentan al acérrimo rival en un clásico o cuando llegan a una final y tienen la fortuna de salir victoriosos los sentimientos estarán al borde de los excesos. Pues bien, hace poco menos de una semana, el América, el club más grande e importante de México levantó (la molera) Copa MX. Siendo primero de su grupo y pasando por encima de equipos como Atlético de San Luis, Necaxa o del popular Rebaño Sagrado. Para la final se enfrentó a los Bravos en Ciudad Juárez, y terminó levantando el trofeo, sin mucha pompa ni fanfarrias.

Para el aficionado promedio por supuesto que lo importante es ganar, no importa cómo lo hagas sino entregar los resultados al final. Cuando se ponen la camiseta y van al estadio o lo ven por televisión, el desborde de emociones y sentimientos es algo que no van a sentir hasta que no lleguen a una final o jueguen un partido con los cuates, y se lleven la victoria, sea como sea. Pero la verdad es que yo no me siento un aficionado cualquiera, a mí sí me importan las formas y los cómos. Que si ganamos jugando feo, si ganamos con la ayuda del árbitro o por un error del rival que clavó el balón a su portería, para mí sí tiene relevancia. A final de cuentas el equipo que más ataca y tiene la pelota es el que tiene más posibilidades de ganar, a menos que seas Italia y tengas los arrestos para pelear contra la historia.

Por lo tanto, el campeonato de Copa del América no queda más que como un anecdotario y una pluma más para el Águila. Se le ganó a un equipo del Ascenso MX como ya estaba presupuestado por todos, con un plantel limitado y con sus propias debilidades y virtudes. Los números dicen que somos el mayor ganador de Copas en la historia del futbol mexicano y que tenemos más títulos en liga, pero no te dicen que jugamos como un equipo más de la Liga MX y que un penal, dudoso o no, fue el que terminó dejando los carteles 0-1. No señalan que fue jugando sin vistosidad, que no le pasamos por encima al rival y demostramos las diferencias de plantillas. Acaba de pasar, la diferencia entre un equipo de primera como Pachuca y un equipo del Ascenso como Veracruz: eso es demostrar respeto y superioridad al rival.

Ahora, se critica mucho al aficionado que festeja un título (aunque no fue el que jugó ni hizo nada más que apoyar), pero entonces qué hay del jugador que da una pobre exhibición en el campo y que no suda la camiseta a pesar de tener un sueldo exorbitante. Que levanta la copa y se siente el más importante y poderoso del equipo y de la Liga. Es complicado juzgar a alguien por festejar un logro alcanzado, pero si tomamos en cuenta que el América es el equipo más importante de México y que no somos como cualquier equipo, cualquier festejo desmedido y por demás exagerado parece incomprensible. Sin haber sido parte de fuerzas básicas o formado en el seno americanista, se nos ha repetido hasta el cansancio que en el América no importa solo el ganar sino el cómo lo haces. Y parece que se les olvidó.

El Barcelona no solo fue importante por los campeonatos que ganó cuando hizo el “sextete” sino por cómo lo hizo. El Barcelona ha ganado campeonatos en años posteriores, pero también ahora es preponderante ver cómo es que se ganó. Es importante que como aficionados, fanáticos o seguidores nos quitemos un poco la venda de los ojos y exijamos a los equipos grandes que ganen como el peso de la camiseta les exige, dejemos de ser tapaderas del “haiga sido como haiga sido”.

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