#4 TiemposDesde mi clóset

Entre la más y menos, la homofobia | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

Esta semana finalizó la segunda temporada de La Más Draga, un reality show web en el que un grupo de Drag Queens mexicanas se disputaba el título de la mejor. Durante nueve episodios trabajaron arduamente con el objetivo de satisfacer al exigente jurado integrado por Jhonny Carmona, Yari Mejia, Letal y una personalidad invitada cada semana. 

Conforme pasaban los días el fenómeno cobraba fuerza. Cientos de miles de espectadores esperaban con ansia el siguiente capítulo. Las filias y fobias también salieron a relucir, ya que los fanáticos de cada una de las participantes se manifestaban en redes sociales. El éxito fue tal que no faltaron los envidiosos y especuladores que, con un alto índice de delirio de persecución, comenzaron a inventar teorías de conspiración, los homofóbicos. 

Y es que este martes 27, cuando la audiencia esperaba el capítulo final, un vendaval de reportes al canal de YouTube, información verificada por el productor Carlo Villarreal, hicieron que la transmisión colapsara. Al final del día no se pudo llevar a cabo el streaming por lo que el único consuelo fue stalkear los perfiles de las Drags, la conductora, la producción y alguno que otro mal portado que hizo “live” desde el antro en el que se reunieron las feminosas para la coronación. 

Dicho lo anterior, algunas reflexiones surgen luego de atravesar este fenómeno llamado “La Más Draga 2”. En principio de cuentas, el programa se ha convertido en una excelente plataforma para homenajear el arte de la transformación, tener conciencia de la existencia de calidad y talento existente en el Drag Queen mexicano. Las participantes dieron una lección de disciplina, constancia y sobre todo de gran creatividad, tan así que, de las nueve participantes, es posible afirmar que solo por un par de exabruptos en uno que otro capítulo, se notó el profesionalismo de todas. 

Por otro lado, además de entretenimiento, este show trajo consigo un sentido de pertenencia y colectividad que se estaba perdiendo en la comunidad gay. Por lo menos en San Luis, reunió a más de medio centenar de homosexuales en un espacio seguro de convivencia que les permitió expresar su gusto por la feminosidad. Lo cual es todo un reto en un contexto que privilegia la masculinidad, donde solo hay chicos discretos, sin lugar y entrones. Por lo que hablar de glitter, pestañas largas, pelucas y tacones es un agasajo, que este reallity facilitó. 

Por último, La Más Draga es un ejemplo claro de cómo es que el colectivo de la diversidad sexual es totalmente incluyente. La ganadora fue una muejr cisgénero, de talla grande y heterosexual. Esto es una cachetada con guante blanco con brillantina para aquellos grupos excluyentes y separatistas que no dan cabida a la integración de corporalidades diversas, ni a sexualidades diferentes. 

Sin más, este programa fue un excelente pretexto para reunir a la jotería en una suerte de nuevo impulso, alejado de la masculinidad tóxica y de los prejuicios. Por lo que es necesario reconocer el enorme esfuerzo y el trabajo arduo de los productores, pero, sobre todo, de esas 9 personas que dieron el alma en cada pasarela.

Como dijo una vez RuPaul: todos venimos a este mundo desnudos, y el resto es drag. Can I get an amen!

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