agosto 15, 2026

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#4 Tiempos

Un café tomado en Viena | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Tanta devoción profesamos al café que rara vez nos detenemos a pensar en la dificultad de un trago perfecto. En pocas ocasiones se alcanza, si somos honestos, y menos aún cuando se prepara con artilugios rudimentarios a merced del pulso, con medidas al tanteo. Siempre algo queda fuera de lugar: demasiado ácido, excesivamente amargo o con un dulzor que lo estropea.

El mayor rival es la temperatura. Al principio, quema los labios, el paladar, la garganta misma; es imbebible y uno se resigna a esperar. La tregua dura lo justo hasta que la tibieza gana la partida sin piedad, despojando a la infusión de su primer y tierno esplendor. Quisiéramos volver atrás unos segundos, recuperar ese instante en que el equilibrio aún era posible. Ya será la próxima vez…

Tener un café perfecto es muy difícil y qué más da, igualmente se le disfruta y adora. Disposición similar habría que tener con las relaciones humanas. Olvidar la manía de lo impoluto y entender que la convivencia diaria está llena de sinsabores, demoras y alguna caricia a destiempo. Igualmente regresaremos por esos instantes que iluminan la piel.

El café es un resorte que reanima. Sylvia Plath lo sabía bien, como comentaba en sus diarios. Se encomendaba a la cafeína para escribir libros en las mañanas. Le servía para rememorar, en la embriaguez de la vela, los días pasados en compañía, la variedad de destinos cruzados en las calles, frutas compradas en algún mercado.

El brebaje obscuro dispone la oportunidad de un nuevo comienzo ante una hoja en blanco. Reenfocar media existencia mientras básicamente se hace nada. El primer café del día se ha de tomar a solas, ya vendrá el tiempo de convivencia en el que entra esa segunda o tercera dosis que fluye con menos vibraciones, más como agua corriente, sin el témpano del trago inicial echado entre la modorra.

La digitalización del mundo moderno ha privado a muchos niños de una escena crucial, quizá modeladora de la prosperidad y de una conducta ejemplar desde los primeros años: bajar a la cocina y ver a un adulto que desayuna, hojea el periódico y toma café. El aroma de la bebida entremezclado con el del papel, el pan tostado y los huevos revueltos con mantequilla tejía una asidera a la costumbre: saber que el éxito, acaso, consistía en llegar a ese punto.

Ser estudiado, formar una familia y, pese a las ocupaciones, reservarse unos minutos al día para leer una crónica. Poco de ello queda. Las prisas son la norma, el tráfico impone desayunos fugaces, fragmentados. Una barrita de granola en solitario. Es posible que la ausencia de aquella escena haya condenado a las últimas generaciones, que, sin el magisterio familiar, acaban trastornadas por compañeros que en la escuela echan doritos nacho a sus emparedados de salchicha.

El café, desde luego, tiene algo de formativo. Stefan Zweig aprendía con las lecturas del colegio en sus días de bachillerato, libros robados de la biblioteca de los que echaba mano para salvarse en las clases aburridas que no le causaban el menor interé

s. Permanecer ante el pupitre debía de ser, para un muchacho inquieto, algo semejante a estar en la cama de un hospital o a cumplir condena en una celda.

Los profesores, con sus voces monocordes y sus lecciones reseñadas en harapos, tenían difícil competencia frente a la verdadera maestra de toda una generación: la propia Viena, una ciudad que a finales del siglo XIX hervía de expresiones culturales. Galerías, conciertos, estrenos teatrales; un coctel que enriquecía las mentes de un país que, como pocos, concentró una densidad inusitada de pensadores, economistas, músicos y escritores de primera línea. La instrucción escolar influía, sí, pero con menor tino. Como recordaría el autor de Carta de una desconocida, acudir a la Ópera, asistir a una representación de Lohengrin, era lo que en verdad marcaba la diferencia.

Y, entre todo, la mayor educación, la mejor academia, estaba en el café, en las cafeterías. Zweig mencionaba en sus memorias que el café vienés no era solo un establecimiento donde se servía bebida caliente, sino una institución, un club intelectual. Bastaban unas monedas para pagar el café y asegurarse una mesa: a cambio se abría un abanico de posibilidades. Las charlas con los amigos, con otros parroquianos, con el propio camarero, permitían aprender de buenas a primeras sobre historia, política y literatura, y todo bajo un esquema excepcional: individuos de alta formación mezclados en el entusiasmo de la conversación, una fiebre contagiosa que aceleraba la dispersión del conocimiento. El boca a boca, el intercambio de las mejores publicaciones de otras latitudes. Lo último llegado de Londres, París o Roma. Mentes brillantes coincidían en tugurios que eran, en realidad, gimnasios de la inteligencia. El grano tostado actuaba como su esteroide.

Frente a ello, la venerada actualidad, ofrece el ensimismamiento de audífonos y cafeterías de entrada por salida, videoconferencias para revisar el avance de las métricas. Un reel me ha dicho que las mentes millonarias no hacen sobremesa, Afuera espera lo belicón, el bellekaeo. Veamos cómo van las cripto o los mejores momentos de una conferencia dedicada a pelear con no sé quién.

Lo difícil del café es dar con el trago perfecto. Más aún, recuperar el mundo de ayer.

 

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Correo: yomiss@gmail.com

Twitter: @Bigmaud 

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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Corredor Humanitario

Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado

Por: Redacción

El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington

. Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.

La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.

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