#4 TiemposDestacadas

Bemoles | Apuntes de Jorge Saldaña (2 de junio de 2020)

Para no esperar a los jueves (¿o a los martes?) que por lo excepcional (porque no por lo general) escribo a mi Culto Público, es que en LaOrquesta.MX hemos decido que su servidor haga circular sus apuntes de reportero a través de una entrega con los temas más relevantes del día con un poco de sarcasmo y humor.

Son los Bemoles, los apuntes de Jorge Saldaña, los que entonaremos en este espacio que estrenamos y que dicen más o menos así:

Por fin se dignó Oscar Valle Portilla, socio del Rancho Fifí y también director de Desarrollo Social municipal, a responder respecto a su participación en la millonaria inversión que junto a su cuñado y otros miembros de la cúpula en derredor del alcalde capitalino están haciendo para construir un campamento-hotel en la Sierra de Álvarez.

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El apasionado campista, tibio funcionario y excelente mentirosillo, aseguró para empezar que el proyecto no existe, que el Hotel Sierra es producto de la imaginación rebosada, combinada -cual taco- con el desquehacer del periodista.

Seguramente, para el primo del tesorero, las fotos aéreas del lugar se produjeron en el mismo estudio en que Kubrick dirigió la llegada del hombre a la luna, la maquinaria que está trabajando lo hace nada más para que no se les agote la batería y porque el Diesel está barato, los renders del proyecto se mandaron hacer por puro capricho de algún maldoso al propio suegro del funcionario y se ejecutaron en el despacho de arquitectos Puga Design (https://www.pugadesign.com/), exclusivamente para adornar su página web.

Por pura alusión personal, como dicen los diputados, es que responderemos a las irritadas -muy irritadas- respuestas del niño consentido del alcalde, pero parte por parte.

A pregunta expresa de nuestro reportero (derecha la flecha), Óscar Valle, el cuñado de su socio (¿o socio de su cuñado?), ayer respondió que “para aclararlo muy bien, no soy el dueño de eso”.

Pues nadie dijo o ha dicho nunca que Oscar Valle sea dueño de “eso”, si por “eso” se entiende el rancho El Sumidero. En el reportaje claramente se dice que el rancho es propiedad del notario en retiro Bernardo González Courtade y que fue el fedatario retirado quien aportó 10 hectáreas a través de un contrato o “promesa de compraventa”.

“Si alguien quiere o puede comprobar que vaya al Registro Público”, soltó el muy abusadillo abogado. ¡Caray, mire qué buena idea! Creerá que ya se nos había ocurrido, pero como también se plasmó en el texto periodístico que tanto les atribula, el instrumento jurídico de promesa de compra no tiene por qué ser registrado, no hay aún una venta y entre particulares la aportación del terreno no tiene por qué ser informada al Registro Público.

Esa es justamente la alternativa jurídica que encontraron para esconder sus sucios pecados. De ahí lo misterioso del asunto.

A Don Bernardo si algo le sobra es terreno y dinero; si ustedes van a usar una pequeña porción de su rancho para invertir en infraestructura y además al término de una década se lo van a comprar, pues caray qué maravilla. Ni el más timorato podría dejar pasar una oportunidad así en la que todos ganan: ustedes esconden convenientemente la inversión y el movimiento inmobiliario, y el fedatario hace un uso productivo de su privilegiado y amplio polígono cerril.

“Son cabrones, no pendejos”, dicen por ahí.

En la siguiente parte de la iracunda respuesta que dio el otrora oficial mayor sobre el asunto, manifiesta que el tiene un negocio de campismo en el que cumplirá 25 años.

Nadie dijo lo contrario y más aún, en el reportaje (lea el reportaje) se hace explícito el asunto y literalmente se le reconoce que por años han rentado las instalaciones de lo que se conoce como Quinta Camp, sin embargo, también se apunta que su contrato puede vencer pronto, lo que explicaría el apuro para tener nuevas instalaciones.

Casi para finalizar, Oscar Valle Portilla, entregado a sus emociones de enfado, apunta que ni el reportero (el que esto escribe con sus propias dos manos favoritas) ni el medio es serio, que no verificamos bien y que se está calumniando la trayectoria de una empresa de más de 24 años de funcionamiento.

No, señor Oscar Valle, no trate de desviar el asunto (ya se parece a Gabo Salazar con sus videos de víctima de las circunstancias y su desafortunada infancia).

El interés público, y por tanto el interés periodístico, se resume en conocer el origen de los recursos que hasta ahora están invirtiendo usted y sus familiares cuando antes de ser funcionarios no pudieron hacerlo.

¿Quén pompó?, diría Chico-Che. ¿Dónde están sus declaraciones patrimoniales que más que por obligación legal deberían de hacer públicas por convicción moral?

Eso es todo, es así de fácil y además en señal de buena voluntad el periodista les ofrece cuando quieran, donde quieran, a la hora que quieran (muy temprano no) la réplica a la que tienen derecho para que demuestren, si es que pueden, que no son socios ni están invirtiendo en el Hotel Sierra, o que las fotos fueron inventadas por la NASA, o que no les aportó el terreno el multimencionado notario.

¿Por qué no me aceptan una entrevista en vivo, sin cortes, uno a uno al respecto? Yo no tengo por qué mentir (lo juro por Marcelino Champagnat) y si ustedes nada tienen que esconder, pues seguramente dejaremos todo muy claro a los potosinos. ¿Cómo ven?, ¿cuándo?

En espera de su respuesta, no queda a sus órdenes su afectísimo y atento y muy seguro servidor.

También de usted me despido, Culto Público, no sin antes recordarle que un Do Bemol no es lo mismo que un Sí, sostenido. Hasta mañana.

Jorge Saldaña
@jfsh007

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