#4 TiemposMosaico de plumas

La guerra en el aula | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

Aprender a pensar se ha vuelto mi reto más grande dentro de las aulas. A diario el salón de clase se convierte en escenario de batalla entre la memorización, la inmediatez, la apatía contra la razón. Jóvenes nacidos a principios del siglo XXI se convierten en repetidores de contenido. No piensan, no razonan y mucho menos son autodidactas. El docente se tiene que convertir en el transmisor de contenido de tiempo completo. El alumno no cuestiona y no tiene el interés por hacerlo. Su vida se reduce a una pantalla negra de 5 pulgadas. Una pantalla que le ha enseñado a no esperar. A obtener todo al momento. La palabra paciencia se le han borrado de su vocabulario. Las novelas se han olvidado pues requieren pasar los ojos por cientos de páginas.

El mismo destino parece perseguir a los cuentos. Las historias de Lovecraft, José Emilio Pacheco, Julio Cortázar no son merecedoras del tiempo de los estudiantes.

Acostumbrados a 280 caracteres de Twitter y a los quince segundos de las historias de Instagram.

Aquellos que presumen de ser los alumnos de diez no están más preparados que a los que miran el móvil cada tres minutos. Las calificaciones se han vuelto una medida inservible para la educación que solo fermentan los egos de quienes llenan la boleta de 10. Alumnos que memorizan oraciones tras oraciones, pero no comprenden lo que guardan en su cabeza. Jóvenes que son aplaudidos por tener calificaciones altas, pero no tienen idea del mundo laboral. Un mundo oscuro donde las buenas notas no sirven para alumbrar el camino. Alumnas que memorizan el término literatura según el diccionario de la Real Academia, pero siguen llamando literatura a los libros de autoayuda.

La tarea del docente se convierte en una profesión aún más retadora, pues no sólo tendrá que estimular la capacidad de reflexión, tendrá que educar a los padres de los jóvenes que más allá de ser un apoyo para el docente se han convertido en un obstáculo en la educación. Padres de familia que protegen a sus hijos del razonamiento. Tachan de malos docentes a aquellos que se atreven a exigir un poco de esfuerzo a sus crías. Unas crías que son débiles de carácter y conocimiento por culpa de los progenitores que brindan todo sin pedir resultados a cambio. Alumnos que ofrecen dinero a cambio de aprobar una materia porque sus padres les han enseñado con dinero todo se puede comprar. Error. La capacidad de análisis crítico no se compra en Amazon ni se encuentra en Google. Se entrena a diario.

La tarea del pedagogo moderno es inmensa. Es enseñar más allá de definiciones y fórmulas, la capacidad de resolver problemas más allá de los escolares. Es recordar a Aristóteles en cada clase, convertirse en parteros de conocimiento. Entender que la literatura, la economía, la sociología no son términos que sólo servirán para obtener un certificado. Enseñar que más allá de las fórmulas las matemáticas son una es cuestión de lógica. Y si hablamos de lógica, todos los problemas de la vida responden a ella.

 

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