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Los opositores de AMLO se atrincheran en la sociedad civil

Actores políticos se han respaldado con organizaciones que crecen junto con el descontento por el actuar del presidente Andrés Manuel López Obrador

Por: El Saxofón

A un año de su debacle, los partidos políticos no han conseguido levantarse y conformar un verdadero bloque opositor. Los contrapesos o frenos, según como quieran verse, a las iniciativas de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, vienen de organizaciones de la sociedad civil, que se han integrado en colectivos para atacar con mayor fuerza lo que consideran son «malas decisiones para el país».

Mientras tanto, los partidos siguen divididos y en la lona. No consiguen levantarse. Sus líderes aparecen muy de vez en cuando para hacer críticas al gobierno, y en cambio se han visto obligados a «cerrar filas» ante embates externos como los del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha querido someter a México con amenazas que, cediendo y no, han podido resolverse por medio de la negociación bilateral.

En contraste, la oposición real a la administración lopezobradorista se ha atrincherado en lo que se conoce como «sociedad civil». Bajo la piel de organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles y colectivos, se expresan los intereses de los grupos económicos que están en contra del mandatario e incluso consiguen ganar algunas batallas, como ha sido el caso en la construcción del Aeropuerto de Santa Lucía, que no ha podido comenzar gracias a los amparos concedidos al colectivo #Nomasderroches, que engloba a diversos organismos, asociaciones y grupos, incluida la Coparmex, que en el discurso, a veces respalda al presidente, pero en los hechos, no deja de atacar algunas de sus medidas.

Otro frente, lo constituyen los expresidentes Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa. Enrique Peña Nieto no se involucra, pues habiendo dejado apenas la presidencia quiere descansar del cargo.

Vicente Fox, en cambio, y Felipe Calderón se mantienen activos, sobre todo en sus redes sociales. De Fox no es extraño, pues durante el sexenio de Peña Nieto, en varias ocasiones opinó sobre la política nacional, la mayoría de las veces para respaldar al mandatario priista y otras para atacar a López Obrador.

Los motivos de Calderón son muy claros, tras haber dejado el PAN -luego que la fallida precandidatura de su esposa Margarita Zavala, quien fue desplazada por Ricardo Anaya- Calderón se encuentra participando de lleno en el proceso de fundación de un nuevo partido político México libre. Se habla incluso de que podría aspirar a una senaduría.

Sobra decir que ambos ex mandatarios no gozan de la simpatía de los mexicanos en general, aunque sin duda tienen sus seguidores. En cualquier caso, si bien dan la nota, poca mella hacen en la imagen y credibilidad de López Obrador.

Otra cosa es que, por sí mismo, López Obrador, va desgastando la confianza que la ciudadanía depositó en él, y que sumadas todas las críticas, también aportan para que la ciudadanía poco a poco vaya viendo las complicaciones que surgen en el ejercicio del poder y los errores que por incapacidad u omisión, se cometen al tomar cartas en los asuntos públicos.

A diferencia de gobiernos anteriores, el de López Obrador se dice dispuesto a rectificar, cuando se le demuestre que está equivocado. Poco ha sucedido, y si bien se ha tenido que dar marcha atrás en algunas decisiones, no son -para disgusto de muchos- decisiones de la talla de suspender la construcción de un aeropuerto, o frenar el proyecto del tren maya, que también ha recibido muchas críticas.

Pero sin duda, la cuarta transformación ya está teniendo lugar. El activismo de los expresidentes es uno de sus primeros signos. El silencio que precedía a quienes dejaban el poder, ha sido sustituido por la inevitable opinión que obliga la presencia casi ubicua que proporcionan las redes sociales.

Por su parte, los partidos se han anquilosado y aún no encuentran la forma de acercarse a la ciudadanía. Carecen de un discurso convincente. Años de errores e insensibilidad vuelve inverosímiles sus palabras. Cualquier cosa que digan suena a demagogia y -literal- es demagogia.

Un boletín de prensa difundido hace algunas semanas por el PRI potosino, da noticia de las acciones que hace este partido para «acercarse a la ciudadanía»: cortes de pelo gratis en colonias pobres; «cambios de imagen» a mujeres, consultas médicas donde les checan los niveles de glucosa y la presión arterial a la gente que acude. No más. Juzgue usted, lector.

Es cierto que vivimos en una sociedad mayoritariamente menesterosa, pero tendrían que ofrecer algo más. Una esperanza, por lo menos, como hizo Morena. Pero los partidos políticos ya no tienen nada que ofrecer. Ni ilusionan a nadie. Más bien dan flojera, y un poco de pena ajena.

En un comunicado de prensa que critica la actuación del gobierno federal en el conflicto con la Policía Federal, el presidente nacional del PAN, Marko Cortés dice que «se requiere instrumentar acciones concretas y una estrategia clara sobre seguridad pública que, hasta ahora, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana no ha sido capaz de elaborar y presentar a los mexicanos».

Pero ¿qué son «acciones concretas»? y ¿qué o cómo es «una estrategia clara»? En el discurso de Marko Cortés, como en el de muchos otros políticos, estas no son más que expresiones huecas, que no dicen nada, y que se han empleado desde tiempos de Felipe Calderón, durante la administración de Peña Nieto, y ahora con López Obrador, para criticar la incompetencia de quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad de los ciudadanos, pero sin aportar nada.

Bien haría Marko Cortés, y otros, en esbozar por lo menos algunas de esas «acciones concretas» y delinear esa «estrategia clara». Quizá de este modo alguien les ponga atención.

Morena, que también es un partido político, tiene sus propios conflictos internos, y ello nos hace ponernos a pensar desde ya, qué es lo que ocurrirá cuando llegue el momento de la sucesión. Tras el cierre de negociaciones con Estados Unidos sobre la cuestión migratoria, en la que México ganó tiempo antes de que Trump tome la descabellada decisión de imponer aranceles, se mencionó a Ebrard como un «presidenciable».

En Morena también hay una batalla por la dirigencia nacional. Aparentemente sin la intervención de López Obrador, líder moral del partido, quizá Morena esté destinado, como ocurrió con el PRD a dividirse en tribus. Y esto también le afectará en los comicios.

Las elecciones del 2021 serán un buen termómetro para medir el estado de cosas, y para poder hacer algunas predicciones sobre lo que vendrá en 2024. Por ahora podemos reiterar que el sistema de partidos está en crisis y estos organismos no han ocupado un papel importante en el espectro de la oposición, que mientras tanto ha sido apropiado por la «sociedad civil», que no es otra cosa que los intereses de algunos grupos de poder disfrazados de intereses ciudadanos.

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