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La vida del pobre… cuna de revoluciones | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

 

Hoy, 12 de junio, se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Por esto, hoy retomamos este texto de Óscar Esquivel, publicado originalmente el 12 de agosto de 2016.

Lo mejor de México es su gente, la diversidad de colores, de pensamientos, su gastronomía variada de norte a sur, el calor que se siente en sus playas o desiertos, así como la exuberante selva del trópico. El pasado que construyeron nuestros pueblos ancestrales, desde Mayas, Olmecas, Tarascos, mixtecos, Huastecos, Zapotecos, Yaquis… en fin innumerable muestra de grandeza donde la unión con el conquistador español resulta ser hoy, lo que somos y queremos continuando ser… mexicanos.

Cuando observas a tu alrededor y ves a personas con carencias mínimas de bienestar material, manifestadas – más bien- en una carencia de esperanza, el espíritu de “la Sombra” de la pobreza, cierne sobre sus espaldas.

Cuando se trata de nuestros indígenas, aquellos que son ensalzados en actos oficiales, o en un montaje espectacular de arte escénico como en Tulum, o en el parque natural de Xel-ja en Quintana Roo, -donde solo los privilegiados tienen acceso- la piel se pone rizada y hasta las lágrimas brotan de la emoción al conocer… México.

¿Por qué? ¿Por qué, son los indígenas los más pobres entre los pobres?, 7 millones 382 mil 785 de población indígena,-la “más desprotegida”- los niveles de educación en promedio de escolaridad son de 5.7 años, cuando la media nacional es de 9.4 años. En el campo laboral 37.7 por ciento de los indígenas se desempeñan como empleados u obreros; 28.7 trabajan por su cuenta y 11.5 por ciento trabaja en el campo como peones o jornaleros, con sueldos de 115 pesos diarios si bien les va.

70% de la población indígena se encuentra en la pobreza, el resto sobrevive tan solo rebasando los parámetros de pobreza extrema, convirtiéndose en personas en pobreza laboral, es decir reciben sueldos inferiores que no alcanza a cubrir sus necesidades básicas para acceder a una vida digna.

Estamos donde queremos estar… la vulnerabilidad está a la vista.

En el trabajo infantil, existen áreas donde la presencia de niños y niñas indígenas es alta con las peores formas de trabajo infantil, se desconoce el número exacto de niños indígenas explotados, se estiman entre 300 y 345 mil niños se encuentran en las peores formas de explotación, casi esclavitud, con sueldos de 150 pesos a la semana, muchas veces promovidos por los padres que con el afán de aumentar sus ingresos familiares, ponen a trabajar a los niños, peor para las niñas, donde la igualdad de género es prácticamente nula, se “venden” al mejor postor –usos y costumbres- para pornografía infantil, trata o casamientos forzosos.

¿Dónde los vemos? Son muchos solo que tenemos ceguera colectiva, los vemos y los despreciamos, regateamos casi al costo su productos por ejemplo sus artesanías y en ocasiones tenemos el descaro de quedarles a deber –a la próxima le pago-.

Amas de casa de esas que viven con el lujo y comunidades en fraccionamientos exclusivos, viajan hasta zonas indígenas –tour de la chacha- les pagan al padre o madre montos ridículos por su hijas casi niñas para traerlas a la ciudad, regresan a sus “privadas” residenciales con casi una esclava -total entre los grandes muros todo pasa- ni la autoridad entra.

Estamos en deuda de años… ¡siglos! ,una deuda que en el sur del país se está cobrando, aprovechada por el “estado fallido”, donde los gobiernos prefieren no hacer lo que les corresponde -Aplicar la ley-.

Solo recordemos o hagámosles recordar a los gobernantes que las causas morales de las revoluciones, son la desigualdad, pobreza y la ignorancia.

Siempre esperando no tener la última esclava

¿En qué momentos estamos?…

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