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Con buena cara | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta

 

Haciendo algo de memoria, debo reconocer que la llegada del Tata Martino a la Selección Mexicana no me generaba mayor expectativa al no considerarlo un técnico de elite o que viniera a revolucionar lo que pasa en el futbol mexicano. Los partidos que tuvo el Tri en días pasados sin embargo, me dejaron con un buen sabor de boca, con todo y que algunos de los peces gordos decidieron abandonar el barco y decirle que no a la Copa de Oro. Cada quién será juez en sobre si los motivos de cada uno eran los suficientes pero lo cierto es que el funcionamiento del equipo fue aceptable, con dos equipos diferentes en cada uno de los partidos y con el poco entrenamiento que han tenido, de cara al torneo más importante en la Concacaf.

El reto que se viene será el más importante a corto plazo para el exdirector del Barcelona, pese a que el torneo local debería ser de mero trámite para los verdes, las últimas participaciones dejaron muchas dudas sobre el accionar del equipo, y los más señalados por supuesto eran los directores técnicos, que pese a tener la mejor generación mexicana de acuerdo a muchos de los expertos, distaba mucho de ser efectiva y de demostrar ser el “Gigante de la Concacaf”. Ahora con una plantilla renovada, pareciera que se deberían tener menos problemas en encontrar una armonía entre los jugadores, sin peleas de egos y con el objetivo claro: convencer al entrenador para continuar con sus llamados y ser parte de la renovación generacional.

De las cosas que pude observar, especialmente en el partido del domingo ante Ecuador, fue que el Tata Martino mandó llamar en uno de los tiempos muertos que se dieron por la lesión de Moreno, al “cachorro” Montes. De forma directa y efusiva, le explicaba al joven defensor mexicano qué era lo que necesitaba que hiciera, movía las manos y le explicaba, a su lado, Guardado tomaba agua mientras asentía con la cabeza de forma asertiva, como dando a entender que todo lo que le decía tenía sentido y era aprobado, por el jugador quizá líder de esta nueva selección. Esto me dice mucho de cómo es que “El Principito” percibe la dirección de su nuevo “míster”, al menos lo que la cámara mostró fortuitamente.

El principal problema que también tuvieron los técnicos anteriores es que entre tratar de plasmar su idea de juego, o usando las rotaciones como una incógnita de los resultados, con el Tata Martino no trata de encontrar el hilo negro, se juega como más o menos ha sido el “estilo mexicano”: salir jugando desde el fondo de la cancha, desde los defensores centrales a los laterales, buscando llevar el balón al medio campo y de ahí usar las bandas como un arma, o encontrando espacios en las defensivas para atacar con balones en los huecos y explotando la técnica de los jóvenes. Un estilo que por supuesto será beneficioso para jugadores como Hirving Lozano y ya con Jiménez como centro delantero titular.

Al parecer Gerardo ya hizo el trabajo más complejo, ganarse la confianza y el respeto del jugador, que vio en el anterior técnico extranjero, uno de los peores momentos, sin darle confianza a un once titular, sin saber cómo lidiar con los egos de cada uno de sus futbolistas y dejando un equipo partido y con muchos pero muchos problemas de autoridad. El Tata ya pasó la primera prueba, ahora se viene lo verdaderamente importante: ganar, golear y convencer a los mexicanos que lo vemos desde la tele.

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