agosto 6, 2026

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#4 Tiempos

Isabelle Huppert en el vecindario | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

La vi por primera vez en una esquina destartalada alrededor de las nueve de la noche. Estaba del lado opuesto a donde se dirigía a luz de la farola, como si quisiera ser alumbrada, pero sin acabar expuesta o ser presa del encandilamiento. La posición reservada que le toca asumir a quien arrastra algún pesar. Era una mujer madura, de medio siglo, que destacaba en aquel lugar poco propicio para la honra. Su rostro reflejaba la experiencia, el conocimiento de las alegrías y los dolores que flotan en la efervescencia de los días.

Tenía tez blanca y cabello rubio, peinado de estrella de cine y ropa de quien duerme a escondidas en el supermercado. Delataba así la vulnerabilidad de quien perdió el rumbo hace tiempo. Un aura con cicatrices que se adentraban en la alfombra de sus ojos. Con la mirada baja, lanzaba fugaces vistazos hacia arriba, esperando algo que nunca llegaba. Una de esas personas que te hacen pensar que no están en el lugar que merecen. Una Isabelle Huppert del vecindario.

Estaba ahí en el camino que me tocaba a la salida del trabajo, en una zona repleta de puestos de comida que servían carne indigna del sistema digestivo y donde el aroma del aceite lleva a la nariz los vestigios de hace un par de calendarios. Un lugar donde las ratas se paseaban sin vergüenza y donde había vagabundos de cinco estrellas, personas sucias y desorientadas que le hablan al vacío: «Te voy a encontrar, ya verás. Te voy a encontrar».

Durante casi un mes, la vi diariamente en el mismo lugar, a la misma hora. Sin cruzar palabra, me quedaba cautivado durante los segundos que pasaba junto a ella, una presencia ilustre que contrarrestaba la peste y la inmundicia del entorno. No pensé demasiado en su profesión o estilo de vida. En esencia, todos nos vendemos de alguna manera u otra. Lo único que me llamaba la atención era una caja de cartón que siempre estaba a sus pies, a la que de vez en cuando vigilaba de reojo.

Un lunes, el último, el semáforo cambió a verde y con el pasar de los autos no pude cruzar la calle en donde ella hacía guardia. Lo que sí se cruzaron fueron nuestros mirares. Y ahí fue cuando conocí su voz.: «Tenga cuidado, joven», me dijo, «cierre bien su maletín».

Me tomó por sorpresa. No sabía cuáles eran sus intenciones. «Buenas noches», le respondí.

«Sí, joven, y guarde su reloj, aquí los chavos roban mucho, sobre todo en la calle de allá», agregó. «También esconda bien el aparato que lleva en la bolsa», dijo, refiriéndose a mi lector de libros electrónicos.

Un tono de alarma interior vino de súbito. En cuestión de segundos, aquella mujer había detectado que el cierre mi maletín estaba abierto, que llevaba reloj y que la funda de mi lector de libros asomaba por el bolsillo delantero de mi blazer. Además, alguien que me considera joven debe tener algún desequilibrio Tal vez sea una ladrona, alguien coludida con los delincuentes de la colonia a los que señaló mis puntos vulnerables.

Eso es. Con mirada de halcón está comunicando a sus cómplices el inventario de mis pertenencias. Probablemente en la caja de cartón lleve el botín de cada jornada. O el cuerpo desmembrado de una de sus víctimas. Puede ser.

No supe cómo reaccionar. Si apenas un minuto antes estaba encantado de conversar con quien había despertado mi curiosidad durante semanas, de repente me invadieron los peores pensamientos.

«Buenas noches», dije por segunda vez, «gracias».

Aproveché el momento en que el semáforo se puso en rojo para cruzar la calle y seguir hacia mi destino. Durante el trayecto estuve atento hacia todos lados y tomé precauciones añadidas. Nada me sucedió. Mientras iba en el transporte, volví a pensar en aquella mujer. Había exagerado. A fin de cuentas, no me lanzó una amenaza o una grosería. Me dio un consejo, intentó ayudarme con un tono maternal y una genuina preocupación, como nadie más en esa calle atestada había hecho por mí.

Confundí su mirada de angustia con la del nervio que tienen los delincuentes primerizos. Caí en una de las muchas trampas de esta época: la desconfianza en los demás. Estar siempre a la defensiva, poner barreras incluso a quienes traen un obsequio para nosotros. El efecto retardado de las malas experiencias; pasado el tiempo siguen condicionándonos, imponiéndonos reservas y levantando banderas rojas innecesarias.

Se podría argumentar que es mejor pecar de precavido que de confiado. Y sí, tal vez sea cierto, pero si reflexionamos sobre las bondades que perdemos al excedernos en nuestros cuidados, quizás nos embargue cierto vértigo.

No digo que debas lanzarte de cabeza a las fauces del lobo o que te conviertas en un pichón para los maleantes que aseguran tener perrito salchicha en adopción en su vagoneta (de esos me había advertido aquella mujer). Lo que sugiero es que, manteniendo las cautelas esenciales, permitas la convivencia. Charlar aunque sea de lejos. Qué pierde uno.

Durante toda la noche, di vueltas y vueltas a lo brusco que fui con la pobre Isabelle. La culpa me invadió, fui desconsiderado con alguien que había procurado por mí. Las previsiones a veces nos convierten en insensatos. Debería haber dicho más que un simple buenas noches gracias. Debería haberle preguntado cómo estaba, por qué estaba allí, si había considerado ir de vacaciones a Xalapa.

Insensatez que você fez

Coração mais sem cuidado

Fez chorar de dor

O seu amor

Um amor tão delicado…

Su voz volvió a mi memoria, el tono que las personas elegantes tienen sin darse cuenta, una musicalidad que podrían emplear incluso para leer la guía telefónica y seguir cautivando.

Compensaría lo descortés al día siguiente, pensé. Lo bueno era que sabía dónde encontrarla. Era una presencia habitual en mi ruta. La saludaría brevemente y le reiteraría mi agradecimiento con una entonación cálida, amable, diligente. A partir de ahora, adoptaría ese gesto, me dije a mí mismo.

Y habría llevado a cabo mi plan, pero por primera vez desde que frecuentaba esa zona, no la encontré en su lugar a la hora acostumbrada. Quizá se fue con alguien, pensé. No pasa nada, ya volverá; seguramente la veré mañana, creí. Y resultó que no. Tampoco la encontré el miércoles, ni el jueves, ni el viernes. Ni la semana siguiente ni la otra. Había dejado de estar en el lugar de siempre. Desapareció.

Han pasado varios días desde que me comporté como un patán y me pregunto si la volveré a ver. Si no es así, para mí siempre habrá un vacío en esa esquina, como los millones de vacíos que cada uno tiene en sus ciudades.

 

Contacto:

Correo electrónico: [email protected]
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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Corredor Humanitario

Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado

Por: Redacción

El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington

. Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.

La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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Opinión

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