agosto 24, 2026

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#4 Tiempos

Agua de limón, de jamaica y Claudia Sheinbaum | Crónica de Jorge Saldaña

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CRONICA DE JORGE SALDAÑA

Hay que salir a buscarlos.

Es 2024 y comenzamos en casa.

Es nuestra cobertura presidencial y toca a Claudia Sheinbaum, que visita la Huasteca potosina.

Nadie dijo que fuera fácil.

Estamos en Ciudad Valles, San Luis Potosí. Y aunque la temperatura marca más de 30 grados, hay que decir que la tarde de este martes de abril, fue clemente comparado con otros días.

Horas antes de la cita, en la plaza Hidalgo se reúne, se deambula, se convive y se percibe que algo viene para unos y otros.

La música suena muy fuerte, se habla a gritos.

Ya con miles en su lugar, pasar por donde no había filtros era más difícil que por donde sí los había.

La seguridad apretada, pero no más que lograr pasar, cuerpo a cuerpo, a través de las miles de personas que se acomodaron a lo largo de la calle hasta donde no se les alcanzaba a ver fin.

Ojalá hubiera un agua de limón o de jamaica, pero no.

Solo había Verde y Morena en banderas, banderines, playeras, gorras, llaveros, lonas y un variopinto de utilitarios.

Los del presidente, no pudieron faltar.

Verdes y Morenistas van en alianza, pero en el evento están divididos por una larga valla central.

“Ahí viene Claudia, aquí está la candidata”, anunciaban atentando contra su garganta los conductores del evento… pero no, no llegaba.

Subir el ánimo después de 4 horas de espera no era fácil.

Fueron horas de espera, de cansancio, de calor, de esperanza, un poco de paciencia pero sobre todo, de sudor.

La calle de Morelos, abarrotada de simpatizantes de uno y otro sabor. Tenía sed, de que llegara el momento, de ver a la abanderada, de escuchar, de estar, los más solo tenían sed.

La cita era a las 7 y media de la tarde, pero el reloj marcó un cuarto para las nueve de la noche cuando el “Ya está con nosotros” no era ensayo.

Llegó la candidata, se encendió la pasarela a base de selfies, saludos y abrazos.

El avance rápido acompañado de una música estruendosa que se repitió durante horas.

La luna llena en su esplendor iluminó un poco la esperanza desgastada en horas de pie.

En el templete las cosas no eran distintas, de un lado se acomodaron a los candidatos del Verde y del otro los de Morena.

Sí, van juntos. Sí son alianza, pero no en todo.

Hay tres formulas al senado, es parte del llamado “Plan C”.

Las porras se dividen cuando se menciona a los invitados, unos causan furor, otros no tanto… otros nada.

Claudia se ve cansada pero se reanima y llega casi bailando atendiendo a la multitud.

Ya arriba, el abrazo de la candidata a limones y jamaicas, relaja la tensión entre unos y otros invitados especiales.

Claudia llegó a dar sentido a que estén todos sentados a centímetros de distancia, pero a kilómetros de empatía.

El mensaje se desarrolla y se convierte en una consulta a mano alzada, se “vota” por los programas que están y los que continúan.

Programas específicos para San Luis: el agua, la infraestructura carretera y de nuevo la promesa del truncado aeropuerto en Tamuín.

Se entusiasmaron las columnas humanas, a eso fueron a sudar por tanto tiempo. La promesa estaba entregada.

Los discursos teloneros solo fueron dos y corrieron por parte de Ruth González, encaminada al senado por el partido Verde y por Rita Ozalia Rodríguez, su rival en boletas, su aliada en… la alianza.

Todo lo demás fue Claudia siendo Claudia. La que ya es. La que será presidenta, según lo aseguró, porque dijo, tiene el apoyo de millones de mexicanos… primero los pobres.

“Mexicanos al grito de guerra” con la cabeza descubierta anuncia el fin de la liturgia de los eventos masivos de la candidata.

Salida y bajada tortuosa, el viacrucis para abandonar el lugar lo vive la abanderada arriba de una camioneta gris que tarda casi una hora en avanzar dos cuadras.

Los vallenses le piden, le dan la mano, le toman foto, la saludan, pero sobre todo, no la querían dejar ir.

Todos necesitaban algo.

Pasan las 10 de la noche y parece que por fin, la plaza Hidalgo deja de reunir para dejar ir.

La mañana siguiente llega pronto y es un salón de eventos el lugar donde la candidata se encuentra con los medios de comunicación.

Todos listos y viene la primer pregunta. La fortuna, corresponde a nosotros abrir los cuestionamientos.

Preguntamos sobre el agua, la carretera 57 y sobre una próxima visita.

Al respecto aseguró que modificar la Ley de Aguas será una prioridad al inicio de su gobierno. Explicó que esta Ley se transformó en tiempos de Salinas de Gortari, y luego de realizar mesas de trabajo, se podrán recuperar las concesiones privadas del recurso, para que éste sea regresado para todos los mexicanos.

La carretera 57, ampliarla y rehabilitarla hasta Piedras Negras. Y finalmente, la promesa de intentar regresar a tierras potosinas durante los cierres de campaña.

Esto respondió para La Orquesta, Claudia Sheinbaum.

De nuevo a la salida, el mitote, las selfies, los mucho gusto y los muchas gracias no dejan caminar a la candidata que se presta a partir por tierra a Tamazunchale, municipio que, aunque esta a cien kilómetros, la distancia en auto se transforma en casi cuatro horas.

Y es que se está reconstruyendo la carretera en ese tramo, la misma vía que anunció la candidata se ampliará hasta Huejutla, Hidalgo.

Hay que tomar ruta alterna si se quiere llegar a tiempo. Una ruta que deja ver a municipios olvidados.

Municipios terrosos y tristes por los que hay que pasar, como Tanquián, San Vicente y San Martín para por fin bajar a Tamazunchale.

No es que esté en mejores condiciones el camino. Hay menos tráfico, pero lejos de ser confortablemente transitable.

El escenario en Tamazunchale es la Unidad Deportiva.

Bajo un mega toldo es difícil que quepa un alfiler delgado, por eso muchos prefieren las pocas sombras que incluso se aprovechan hasta para que los niños duerman un rato y pase el calor.

Hay aguas frescas, también hay jamaica y limón.

Allá Morena y Verde pelean a gritos por la atención de la abanderada que de plano interrumpe el discurso de la candidata Rita Rodríguez para poner orden.

Fue un “ya no peleen y no me importa quien empezó” Se llama respeto. ¿Me van a escuchar?

 

En menos de 24 horas dos masivos y rueda de prensa en tierras potosinas.

En el fondo, dejar un mensaje claro para la tensión política potosina a la que puso en orden dejando promesa y esperanza de volverla a ver acá todavía como candidata, durante sus cierres de campaña.

Se fue la candidata. Ya es hora de tomar un agua, aunque sea de limón. Aunque sea de jamaica.

También lee: Decálogo para candidatos | Apuntes de Jorge Saldaña

#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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