mayo 13, 2026

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#4 Tiempos

Agua de limón, de jamaica y Claudia Sheinbaum | Crónica de Jorge Saldaña

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CRONICA DE JORGE SALDAÑA

Hay que salir a buscarlos.

Es 2024 y comenzamos en casa.

Es nuestra cobertura presidencial y toca a Claudia Sheinbaum, que visita la Huasteca potosina.

Nadie dijo que fuera fácil.

Estamos en Ciudad Valles, San Luis Potosí. Y aunque la temperatura marca más de 30 grados, hay que decir que la tarde de este martes de abril, fue clemente comparado con otros días.

Horas antes de la cita, en la plaza Hidalgo se reúne, se deambula, se convive y se percibe que algo viene para unos y otros.

La música suena muy fuerte, se habla a gritos.

Ya con miles en su lugar, pasar por donde no había filtros era más difícil que por donde sí los había.

La seguridad apretada, pero no más que lograr pasar, cuerpo a cuerpo, a través de las miles de personas que se acomodaron a lo largo de la calle hasta donde no se les alcanzaba a ver fin.

Ojalá hubiera un agua de limón o de jamaica, pero no.

Solo había Verde y Morena en banderas, banderines, playeras, gorras, llaveros, lonas y un variopinto de utilitarios.

Los del presidente, no pudieron faltar.

Verdes y Morenistas van en alianza, pero en el evento están divididos por una larga valla central.

“Ahí viene Claudia, aquí está la candidata”, anunciaban atentando contra su garganta los conductores del evento… pero no, no llegaba.

Subir el ánimo después de 4 horas de espera no era fácil.

Fueron horas de espera, de cansancio, de calor, de esperanza, un poco de paciencia pero sobre todo, de sudor.

La calle de Morelos, abarrotada de simpatizantes de uno y otro sabor. Tenía sed, de que llegara el momento, de ver a la abanderada, de escuchar, de estar, los más solo tenían sed.

La cita era a las 7 y media de la tarde, pero el reloj marcó un cuarto para las nueve de la noche cuando el “Ya está con nosotros” no era ensayo.

Llegó la candidata, se encendió la pasarela a base de selfies, saludos y abrazos.

El avance rápido acompañado de una música estruendosa que se repitió durante horas.

La luna llena en su esplendor iluminó un poco la esperanza desgastada en horas de pie.

En el templete las cosas no eran distintas, de un lado se acomodaron a los candidatos del Verde y del otro los de Morena.

Sí, van juntos. Sí son alianza, pero no en todo.

Hay tres formulas al senado, es parte del llamado “Plan C”.

Las porras se dividen cuando se menciona a los invitados, unos causan furor, otros no tanto… otros nada.

Claudia se ve cansada pero se reanima y llega casi bailando atendiendo a la multitud.

Ya arriba, el abrazo de la candidata a limones y jamaicas, relaja la tensión entre unos y otros invitados especiales.

Claudia llegó a dar sentido a que estén todos sentados a centímetros de distancia, pero a kilómetros de empatía.

El mensaje se desarrolla y se convierte en una consulta a mano alzada, se “vota” por los programas que están y los que continúan.

Programas específicos para San Luis: el agua, la infraestructura carretera y de nuevo la promesa del truncado aeropuerto en Tamuín.

Se entusiasmaron las columnas humanas, a eso fueron a sudar por tanto tiempo. La promesa estaba entregada.

Los discursos teloneros solo fueron dos y corrieron por parte de Ruth González, encaminada al senado por el partido Verde y por Rita Ozalia Rodríguez, su rival en boletas, su aliada en… la alianza.

Todo lo demás fue Claudia siendo Claudia. La que ya es. La que será presidenta, según lo aseguró, porque dijo, tiene el apoyo de millones de mexicanos… primero los pobres.

“Mexicanos al grito de guerra” con la cabeza descubierta anuncia el fin de la liturgia de los eventos masivos de la candidata.

Salida y bajada tortuosa, el viacrucis para abandonar el lugar lo vive la abanderada arriba de una camioneta gris que tarda casi una hora en avanzar dos cuadras.

Los vallenses le piden, le dan la mano, le toman foto, la saludan, pero sobre todo, no la querían dejar ir.

Todos necesitaban algo.

Pasan las 10 de la noche y parece que por fin, la plaza Hidalgo deja de reunir para dejar ir.

La mañana siguiente llega pronto y es un salón de eventos el lugar donde la candidata se encuentra con los medios de comunicación.

Todos listos y viene la primer pregunta. La fortuna, corresponde a nosotros abrir los cuestionamientos.

Preguntamos sobre el agua, la carretera 57 y sobre una próxima visita.

Al respecto aseguró que modificar la Ley de Aguas será una prioridad al inicio de su gobierno. Explicó que esta Ley se transformó en tiempos de Salinas de Gortari, y luego de realizar mesas de trabajo, se podrán recuperar las concesiones privadas del recurso, para que éste sea regresado para todos los mexicanos.

La carretera 57, ampliarla y rehabilitarla hasta Piedras Negras. Y finalmente, la promesa de intentar regresar a tierras potosinas durante los cierres de campaña.

Esto respondió para La Orquesta, Claudia Sheinbaum.

De nuevo a la salida, el mitote, las selfies, los mucho gusto y los muchas gracias no dejan caminar a la candidata que se presta a partir por tierra a Tamazunchale, municipio que, aunque esta a cien kilómetros, la distancia en auto se transforma en casi cuatro horas.

Y es que se está reconstruyendo la carretera en ese tramo, la misma vía que anunció la candidata se ampliará hasta Huejutla, Hidalgo.

Hay que tomar ruta alterna si se quiere llegar a tiempo. Una ruta que deja ver a municipios olvidados.

Municipios terrosos y tristes por los que hay que pasar, como Tanquián, San Vicente y San Martín para por fin bajar a Tamazunchale.

No es que esté en mejores condiciones el camino. Hay menos tráfico, pero lejos de ser confortablemente transitable.

El escenario en Tamazunchale es la Unidad Deportiva.

Bajo un mega toldo es difícil que quepa un alfiler delgado, por eso muchos prefieren las pocas sombras que incluso se aprovechan hasta para que los niños duerman un rato y pase el calor.

Hay aguas frescas, también hay jamaica y limón.

Allá Morena y Verde pelean a gritos por la atención de la abanderada que de plano interrumpe el discurso de la candidata Rita Rodríguez para poner orden.

Fue un “ya no peleen y no me importa quien empezó” Se llama respeto. ¿Me van a escuchar?

 

En menos de 24 horas dos masivos y rueda de prensa en tierras potosinas.

En el fondo, dejar un mensaje claro para la tensión política potosina a la que puso en orden dejando promesa y esperanza de volverla a ver acá todavía como candidata, durante sus cierres de campaña.

Se fue la candidata. Ya es hora de tomar un agua, aunque sea de limón. Aunque sea de jamaica.

También lee: Decálogo para candidatos | Apuntes de Jorge Saldaña

El Cronopio

Filosofa Paula Gómez Alonzo y el papel de las mujeres en la cultura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Con el propósito de preparar a las mujeres universitarias para que sirvan con mayor eficacia a los intereses de la colectividad, cooperando en esta forma al engrandecimiento de la Patria, se formó en la década de los cuarenta del siglo pasado la filial en San Luis Potosí de la organización Universitarias Mexicanas, situación ya tratada en esta columna.

Universitarias mexicanas en San Luis Potosí, reunía a las mujeres que estudiaban e impartían cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. La filial potosina tenía dos labores de fondo, una de aspecto cultural y, la otra de orden social; en el aspecto cultural se incluían charlas y conferencias sobre diferentes problemas de orden intelectual; la otra, de orden social que abordaba problemas como el de la miseria, la desnutrición infantil, entre otros. La desocupación, la prostitución y otros muchos, de los cuales hacen un minucioso estudio para luego presentarlos a las autoridades competentes y cooperar con ellos a su resolución.

Este movimiento nacional englobaba a un buen número de mujeres que se desempeñaban en el ámbito universitario y que contribuían al desarrollo del país en diversas áreas de estudio. Una de estas mujeres que colaboró con el grupo potosino y que visitó San Luis Potosí a dictar conferencias públicas fue la Doctora en Filosofía Paula Gómez Alonzo.

En 1953 dejaba la presidencia de la filial potosina de Universitarias Mexicanas, Rosario Oyarzun, ya tratada en esta columna, y se organizaron una serie de conferencias públicas, como era costumbre y como dictaban los objetivos de la agrupación femenina. Esa serie de conferencias estuvo marcada por los temas de filosofía, dándose cita en San Luis Potosí las escasas mujeres que realizaban filosofía en México y que se habían formado en la década de los veinte y treinta, como filósofas.

Paula Gómez Alonzo se considera la primera mujer en participar en la filosofía académica en México. Como es el caso de otras mujeres, realizó al menos un par de carreras para su formación, la del magisterio, como era común para ellas, y la carrera de filosofía, que cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta condición de caminar entre brechas en la formación y en el interés de estudio de las mujeres, hasta llegar a su objetivo de formación, lo subraya la propia Paula Gómez: “a las mujeres se les excluye de la educación, pero se les reprocha que no sean cultas”.

Paula Gómez nació en Etzatlán, Jalisco el 1 de noviembre de 1896. En 1932 recibió el grado de maestra en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

defendiendo la tesis: la cultura femenina; en 1951 recibe el grado de Doctora en Filosofía en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis: filosofía de la historia y ética.

Paula Gómez es una de las fundadoras del estudio de la filosofía en México, aunque poco o nada se le menciona en este sentido. En 1943, creó el curso de Historia de la Filosofía en México que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que fue profesora de tiempo completo desde 1933 y en la que laboró por treinta y tres años; pero desde 1925 dictaba cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria.

Impartió clase en todos los niveles educativos, además de su participación en actividades públicas de educación informal, como fue su participación en 1953 en San Luis Potosí y en actividades de dirección, al encargarse de 1930 a 1940 de la subdirección de la Escuela Secundaria número 8 y directora de la Escuela Normal Superior de 1947 a 1948.

Paula Gómez se convertiría en la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa, por su valiosa contribución al desarrollo de la educación y la filosofía en México. En 1962 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se lo otorgó. Cuestión que es digna de mencionar, pues Paula Gómez, como otras de sus compañeras que hicieron filosofía en esa época, no suele mencionarse en la historia de la filosofía mexicana. Ya lo establecía Paula Gómez: “la diferencia entre los sexos es injusta, pues mientras la psicología del hombre parece separarse del especto físico, en la mujer se reduce a este”.

Paula Gómez Alonzo, que sentó las bases para la reflexión del papel de las mujeres en la cultura, murió en Coyoacán, en la Ciudad de México el 3 de noviembre de 1972.

También lee: Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.

Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.

  -¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.

Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.

¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.

Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:

«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».

Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.

Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:

«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame

. Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).

Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.

Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.

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#4 Tiempos

México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.

Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.

Y entonces llega otra final.

Tigres contra Toluca.

México contra México.

Otra vez.

La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.

Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.

Y no es casualidad.

Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.

Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.

León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.

Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.

Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.

Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.

Ese es el tamaño del dominio.

Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.

Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.

Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.

Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón.

Y eso cambia todo.

Porque esta final no se siente improvisada.

Se siente lógica.

Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.

Y esa diferencia mental pesa demasiado.

Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:

La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.

Otra vez.

Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.

Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.

Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.

Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.

Con un club mexicano levantando la copa.

Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.

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