julio 17, 2024

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#4 Tiempos

Gainsbourg vino a decir que se iba | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Más vale tener talento si es que no eres agraciado físicamente. Lo sabía Serge Gainsbourg, héroe de la chanson francesa, que desde sus primeros años se dedicó por entero al arte no solo como medio de expresión, sino también para quitarse el estigma de fealdad que tuvo que cargar en la espalda. Un rechazo social del que fue víctima hasta que la celebridad logró poner en perspectiva el gran valor de su interior. Una personalidad arrolladora, llena de ideas, gracias a la cual pudo conquistar (y perturbar) al público y a una serie de mujeres provenientes de un sueño profundo.

La travesía de Gainsbourg fue complicada. Si llegó a la cumbre fue debido a un espíritu indómito con el que se sobrepuso a la adversidad. Ya en la adolescencia supo lo que era el miedo y la persecución cuando tuvo que huir de París junto a su familia (inmigrantes judíos) durante la Segunda Guerra Mundial. Malos augurios con los que, lejos de derrumbarse, se fortaleció.

El contexto en el que creció lo predispuso a estar a la defensiva ya en la madurez, cuestión que le sirvió para no rendirse en el terreno musical. Fue alguien que batalló en lo profesional hasta cumplir los 30 años, momento en el que su nombre empezó a tener cierta notoriedad en la escena de París sin que esto supusiera una consolidación definitiva.

La crítica se le solía echar encima a la menor oportunidad (no era un bendecido, tuvo que cargar con la cruz hasta el último día) y por ello en un principio optó por componer para otros intérpretes: prefería que fueran ellos los que se expusieran a las balas y a los reflectores. Serge Gainsbourg era reservado por naturaleza (“la seguridad es la soledad”, diría en una de sus últimas entrevistas).

La hostilidad ajena lo hizo refugiarse dentro de sí mismo y en su pasión de juventud: la pintura. En aquellos días, antes de dar el paso al oficio de la canción, firmó una cantidad considerable de cuadros, dignos de alguien que seguía la estela de Bonnard y Cézanne, tarea a la que renunció al no encontrar los resultados deseados. Su gran sentido autocrítico lo llevó a destruir casi todas sus pinturas (se salvaron un puñado de trabajos, incluyendo uno que había obsequiado a Juliette Gréco). Para él no había medias tintas, o se era sublime o había que renunciar.

Ya luego se desataría en su faceta de compositor. Serge Gainsbourg se inició en el piano desde los cinco años por la influencia de su padre, dado a la música clásica y al arte en conjunto. En el hogar de la familia desfilaban los ecos de Ravel, Debussy y Fauré que poco a poco configuraron el estilo del pequeño hijo. Después viene el jazz. Cole Porter lo marcaría para la eternidad.

De ahí en adelante no se detiene, absorbe de donde se pueda, atraído de manera especial por los figuras resquebrajadas, los ambientes nocturnos, lo estético del pesar. La gran intuición melódica y lírica lo convirtieron en una especie de Apollinaire de la música pop. No temía experimentar, soltar onomatopeyas y expresiones intraducibles a otros idiomas. Juegos verbales, burlas. Escatología rampante para ponerse al nivel de la humanidad.

1968 – Jane Birkin y Serge Gainsbourg.

En algún punto de los cincuenta Serge Gainsbourg conoce a Boris Vian, que le sirve como faro en más de un sentido. En la parte creativa, social, íntima e intelectual. Lo que necesitaba era ganar confianza. Que alguien respetable le confirmara las sospechas con una palmada en la nuca. Los esfuerzos que tiraba tenían algún valor. No era un tipo cualquiera.



Era en realidad una figura de época. Un maldito que pisó a fondo el pedal de los excesos. El Gainsbarre con barba de tres días levantando la falda de alguna mesera. El que transfería chistes vulgares a modo de respiración. Estrellarse de lleno contra el muro era el único destino en figuras de su linaje, tan incompatible con el algodón y las luces. Un ser embebido por el alcohol y el tabaco, vicios a los que no abandonó ni siquiera después de su primer infarto. Las facturas a pagar le importaban poco. Con su habitual descaro manifestaba la idea de que debía seguir fumando y bebiendo para no sufrir más problemas en el corazón. Una receta que, como cabía esperar, fallaría con estrépito en los meses subsecuentes.

Le daba igual. Estaba condenado. No tenía remedio. Hizo de su propia existencia un lienzo negruzco donde la sangre tejía un halo de muerte.

La caída, desde luego, había que darla con estilo: entre humo, vino y mujeres. El placer era una de las bases de su filosofía. Disfrutar a tope mientras era posible y bajo cualquier circunstancia. Ejemplos hay varios, casi todos conocidos por la mayoría. Lo cuenta la leyenda: en medio de uno de sus infartos, ante el cual tuvo que arribar una ambulancia de emergencia, pidió a los paramédicos que le cubrieran el cuerpo con una sábana Hermès que guardaba en su habitación, ya que las que tenían en el hospital no eran de la calidad ni el confort suficiente. La crisis cardíaca podía esperar.

Al prestigio artístico que le acompañaba desde finales de los años cincuenta se le sumó la fama internacional cuando en 1965 compuso “Poupée de cire, poupée de son”, hit instantáneo con el que France Gall consiguió el primer lugar en el Festival de Eurovisión. A partir de ahí todos quieren trabajar con él. Brigitte Bardot y Jane Birkin caen en sus brazos. Radicaliza su propuesta y a lo largo de su carrera escandaliza al Vaticano, a la (supuesta) progresista sociedad francesa e incluso hace enfurecer a Bob Marley. En su etapa tardía abandona el jazz y el pop con el objetivo de explorar el reggae, la electrónica y  la música ambiental. Al final el cuerpo no le aguanta el ritmo y muere en 1991 a los 62 años, dejando tras de sí un cúmulo de perlas para el recuerdo.

Era el ocaso, a donde se dirigía cada uno de sus movimientos. Lo anticipaba en algunas canciones:



Habrá velas que se consumirán como una esperanza ardiente.
Y por ti sin esfuerzo mis ojos estarán abiertos.

Poco a poco me desmorono víctima de tu crueldad.
Entonces volverás pero yo me habré ido*.

*Versión al español de Guillermo López Gallego.

 

@Bigmaud

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#4 Tiempos

Josefa Negrete, primera profesora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los primeros espacios para la formación profesional de las mujeres en San Luis Potosí sería la Escuela Normal de Profesoras que fuera abierta en 1868 en el auge educativo despertado por la reestructuración de la República; si bien, su programa académico se enfocaba en materias orientadas a la atención del hogar como una extensión hacia el plano social, este se vio ampliado al correr la primera década de actividad incluyendo materias de corte científico, con las cuales se formarían las primeras mujeres que atenderían posteriormente materias como la física. Su apertura propició que un buen número de mujeres tomaran el camino del magisterio y jugaran un importante rol en el proceso educativo de San Luis Potosí.

Previo a su apertura existía la Escuela Normal de Profesores creada el 4 de marzo de 1849 y que funcionaba en el edificio de la Escuela Principal Lancasteriana dirigida por el profesor Pedro Vallejo, edificio que actualmente alberga al poder judicial que se encuentra en la calle de Vallejo. Si bien esta escuela daba oportunidad a las mujeres de ingresar a estudiar, prácticamente sus estudiantes eran varones. La primera mujer que se aventuró a estudiar en este esquema sería la profesora Josefa Negrete que en el año de 1862 se recibiría de maestra titulándose como profesora de primer orden, con mención honorífica especial, no obstante que el reglamento todavía no se promulgaba, pero la Junta fundó su acuerdo en los artículos que ya tenía aprobados.

De esta manera Josefa Negrete se convertía en la primera maestra potosina y la primera mujer directora de una escuela de educación básica, al fungir como tal en 1861 en la Escuela Número cuatro, teniendo como ayudantes a Francisca Ramírez y Jesús López.

Al fundarse la Escuela Normal de Señoritas seis años después de haberse titulado la profesora Josefa Negrete, fue nombrada directora de la nueva escuela normal fungiendo en ese cargo hasta 1885. Bajo su dirección se ampliaron los ramos que estudiaban las alumnas creyéndose conveniente para el adelanto intelectual de la mujer, agregar a los ramos reglamentados el estudio de la lógica, primer curso de matemáticas y física,

dotando las clases de los elementos necesarios, de acreditados profesores en esas ciencias y de un gabinete para la última.

De esta forma, los primeros actos públicos relacionados con la física en la Escuela Normal para Profesoras se realizaron en 1880 donde se presentaron las alumnas Refugio Flores, Refugio Marmolejo, Dolores Vargas y Josefa Flores, como hemos mencionado en anteriores entregas. Acto apadrinado el 1 de diciembre de 1880 por las señoritas Benita Bustamante, Guadalupe Rodríguez y Concepción López Hermosa.

La trayectoria de la profesora Josefa Negrete es un ejemplo de solidaridad de género, donde las maestras potosinas que se fueron formando en esa escuela fundacional de profesoras dirigida por la maestra Negrete desplegaban los deseos y posibilidades de las maestras y sus luchas por conquistar equidad laboral así como entrar a territorios tradicionalmente masculinos y el asociacionismo profesional; no es de extrañar que la sociedad gremial formada solo por profesoras, denominada Sociedad Protectora “Josefa Negrete”, uno de los primeros espacios de organización del profesorado potosino, ostentara su nombre, como una referencia al papel pionero de la Profesora Negrete como símbolo emblemático de las generaciones de profesoras formadas en San Luis Potosí.

La profesora Josefa Negrete es uno de los íconos femeninos de San Luis Potosí y pionera en ocupar espacios destinados a los varones en la sociedad potosina del siglo XIX, convirtiéndose en la primera mujer formada en el magisterio potosino.

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#4 Tiempos

Tijuana, Tierra de contrastes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Sin duda, donde empieza la patria, comienzan los contrastes, Tijuana es una ciudad que resume a la perfección la realidad del país. En la ciudad más poblada de la frontera, basta cruzar una calle para cambiar el panorama, lo mismo una zona adinerada cerca del Estadio Caliente, que un cerro con casa de madera y cartón justo enfrente, millones de historias que chocan en un sitio donde viven más los que han llegado, que los que nacieron ahí. Tijuana no solo es la frontera con los Estados Unidos, sino que es la frontera de los sueños y esperanza para millones de latinos.

Justo ahí, donde empieza la patria, donde el contraste es pan de cada día, juegan los Xolos, ahí donde otros proyectos futboleros lo intentaron y solo pudo brillar el encabezado por los Hank, ese proyecto que también juega con los contrastes.

Fue en el ya lejano 2005 cuando los Xolos aparecen en la ciudad, la franquicia de Pioneros de Obregón, es mudada para jugar ese torneo en Tijuana. Los resultados no fueron los esperados y ese equipo terminaría descendiendo y después exiliado a Celaya, y con ello la entrada de los Hank para comprar al Tabasco y permanecer en la división de plata. Después de un pésimo inicio todo fue brillar, al grado de conquistar el campeonato de primera división en 2012.

Xolos es un equipo de contrastes, el último nuevo campeón del futbol mexicano, un equipo que ha pelado los últimos lugares de la clasificación en los recientes torneos. Y aún así, Xolos hoy se ha levantado.
Tijuana es hoy dirigido por el último seleccionador que le ganó a un campeón del mundo con México en un mundial, Juan Carlos Osorio quiere cambiarle el resto a los del norte.

Hoy Xolos recibe a Chivas, pudiendo darle un golpe increíblemente fuerte a los de Guadalajara, de esos que dejan huella al inicio del torneo. Tijuana se ve bien y parece responder a lo mal que jugaba el torneos anteriores. Por el bien de la frontera, ojalá Xolos salga de su letargo y regrese cuando menos a pelear en la frontera.

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#4 Tiempos

Barbro Dahlgren, precursora de la etnología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

La primera carrera de arqueología en provincia fue la que existió en la hoy extinta Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en aquel ambicioso programa académico que impulsaría la investigación científica en la UASLP tanto en humanidades como en ciencias, creándose las Facultades de Humanidades y de Ciencias que llevaría posteriormente el nombre de Escuela e Instituto de Física. Lamentablemente el ambiente político derivó en el cierre de la Facultad de Humanidades y con ello el importante trabajo que se había realizado a lo largo de siete años.

La apertura de la Facultad de Humanidades y su interesante programa académico permitió diseñar cursos extensivos e intensivos que propició la visita de quienes serían importantes investigadores en el país que acababan de formarse y, de quienes ya contaban con una sólida carrera científica. Entre estos personajes varias mujeres figurarían como catedráticas de la Facultad de Humanidades de la UASLP en el formato de cursos intensivos, algunas de las cuales ya hemos tratado en esta columna, entre ellas se encuentra también quien sería la precursora de la etnología en México: Barbro Dahlgren Lindgren, quien impartiría cursos de arqueología en la Facultad de Humanidades.

Barbro (Bárbara) Dahlgren formaría parte del grupo de catedráticos de Historia Universal e Historia de México de la Facultad de Humanidades de la UASLP en el rublo de cursos intensivos.

Por aquella época la profesora Dahlgren acababa de titularse como Etnóloga por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y la Maestría en Ciencias Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, con la tesis La Mixteca, su etnografía e historia prehispánica, que presentó en 1950. Convirtiéndose en la precursora de la etnología en México.

En sus visitas a San Luis Potosí a dictar sus cátedras en la UASLP, aprovechó para trabajar en uno de sus trabajos teóricos relacionados con el concepto de área cultural, que es una de sus aportaciones, en especial la influencia que pudo haber obtenido la Huasteca con el Caribe, comparando para ello las áreas del circuncaribe con la huasteca.

Barbro Dahlgren realizaría sus estudios científicos en México, después de haber estudiado en Europa para docente en Lengua Alemana obteniendo el certificado en Hamburgo, Alemania y el certificado en Lengua y Literatura Francesas por la Universidad de la Sorbona en 1936

lugares a donde se trasladó en la década de los treinta desde Filippstad, Suecia, donde naciera el 26 de noviembre de 1912. En 1939 llega a México interesada en las culturas mexicanas e ingresa a la Escuela Nacional de Antropología e Historia, ese mismo año estuvo en Inglaterra, país en el que obtuvo el Certificate of Proficency in English.

Su actividad docente lo realizaría en varias instituciones educativas, además de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la Universidad de las Américas y la Universidad Iberoamericana y como docente de cursos intensivos en la Facultad de Humanidades de la UASLP. En 1977 fue cofundadora del Departamento de Etnohistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia (ENAH), así como la especialidad de Etnohistoria en la ENAH. Fue parte del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Ocupó la dirección del Departamento de Etnohistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la jefatura de Etnografía en el Museo Nacional de Antropología de México. Entre otros cargos, fue subdirectora en el área de etnografía, del Museo Nacional de Antropología, y curadora del Museo Nacional de Culturas Populares.

Barbro Dahlgren Lindgren, destacada etnóloga de gran prestigio nacional e internacional que dedicaría su vida a los estudios etnohistóricos, etnográficos y de antropología y que figuraría como catedrática de la UASLP, lo cual debería ser orgullo para esta institución, moriría en la Ciudad de Cuernavaca el 28 de marzo del 2002 a la edad de 89 años.

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