febrero 3, 2023

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#4 Tiempos

Centenario del compositor matehualense Rodolfo Mendiolea | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Rodolfo Mendiolea Cerecero fue un compositor matehualense cuyos boleros tuvieron importante fama en el escenario musical de México en la década de los cuarenta del siglo XX.

El pasado 5 de diciembre se cumplió el centenario de su natalicio; Rodolfo Mendiolea nació el 5 de diciembre de 1921 en Matehuala, San Luis Potosí. A los veinticuatro años ya era un compositor conocido y sus canciones eran muy populares, de melodía clara, armoniosamente dulce con letras capaces de hacer percibir un deleite y excitar sentimientos nobles. Mendiolea poseía inspiración y personalidad contemplativa afecto a las abstracciones filosóficas y un esfuerzo por aplicar a la canción popular un sentido de moral.

Para entonces se conocían su blues “una canción más” y los boleros “A dónde irán”, “Sentimiento” y “Penar”, así como la canción tango “Consejo”, un tango original desprovisto del olor a tragedia y arrabal.

Como ejemplo de su característica abstracción filosófica se encuentra un disco muy raro que encontrara “Micro” un columnista sobre acetatos raros que encontró el disco ¿A dónde va mi cuerpo?, donde Rodolfo Mendiolea, es el compositor de las letras y la música y en el cual participa Marko san Román quien es la voz principal, que se hace acompañar del Quinteto Soul Magic, que está formado por sopranos, contraltos y otras voces muy educadas. De acuerdo con “Micro”, “es como una mezcla de canción popular, de protesta, contestataria, con elementos propios de musicales teatrales, baladas y ciertos destellos de ópera… Siempre con letras tremendamente poderosas, espirituales, místicas y existenciales. Los arreglos son cosa aparte, toda una orquesta detrás, grandilocuentes, complejos y rebuscados. Una verdadera obra maestra de lo pretencioso, no me gustaría decir fallido o absurdo porque me encanta. Evidentemente con los años se vuelve en una obra de humor involuntario, pero más allá de eso en verdad creo que tiene un valor enorme, es una creación sin igual que en todo momento podemos sentir la pasión con la que se creó”.

La obra citada nos recuerda su célebre bolero “A dónde irán las almas”, que estrenaría en Matehuala cantada por María López en el Teatro Othón. Después del estreno partiría a la Ciudad de México donde se desempeñó como periodista y donde daría a conocer sus canciones.

Escribió canciones y música para películas como la isla de la pasión de Emilio Fernández en 1942 o la canción que bonito que bonito en carabina 30-30.

Rodolfo Mendiolea se daba a conocer en el medio artístico y desempeñándose como periodista y músico, incursionó en la radio cuando llegó la oportunidad de escribir argumentos para las estaciones de radio. En 1943 se transmitió el programa radiofónico solteras y divorciadas escrito y dirigido por Mendiolea con las actuaciones de Velia Vegar y Maber en Radio Mil que se presume era cómico. Estuvo desempeñándose también en la XEW y, en 1960 en servicios informativos como Instantáneo de TV, comentarios a la noticia con Rodolfo Mendiolea.

En 1955 fue nombrado presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de la Música. De él son también las obras “San Luis Potosí” (marcha con letra del potosino José Sabre Marroquín), “Siento que te quiero”, “Nada pido” y otras.

El 2 de julio de 2016 murió en la Ciudad de México. Distinguido compositor, periodista, y escritor. Su bolero a dónde irán, trasciende y los camelenses tuvieron la fortuna de escucharlo por primera vez.

 

Yo quisiera saber a dónde irán a dar/ las tristezas del mundo,/ los cantos y los sueños./ A dónde irán también/ todos nuestros lamentos,/ nuestros tristes juramentos/ quien sabe a dónde irán./ A dónde irán las almas,/ las almas que han sufrido,/ las almas que han tenido/ por infierno esta vida./ Sólo el amor sincero/ sí tiene a dónde ir;/ él va con Dios al cielo/ donde nunca podrá morir.

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Partido redondo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Que gusto ver a San Luis jugar así.

San Luis ganó un partido obligado para sumar de a tres, era lógico que estaba dentro del presupuesto, sin embargo no se trata solo del resultado y los goles, sino del funcionamiento y variantes del cuadro local.

Jardine ha demostrado ser un verdadero estratega, un técnico que se ve trabaja en la semana y prepara a sus dirigidos para distintos escenarios en cada partido, y ayer no fue la excepción.

San Luis jugó con interesantes variantes en ofensiva, en el primer tiempo se atrevió a jugar con un delantero y dos medios nominales que terminaban jugando como otros delanteros que retenían el balón, tanto Villalpando como Murillo hicieron una labor increible al momento de mover la pelota de las bandas al centro. Murillo bien por la izquierda para luego terminar el primer tiempo por derecha, mientras que Villalpando corria por el centro y se movía al lado donde se trasladara el esférico, un par de variantes que fueron efectivas aunque poco vistosas, terminaron con un Puebla completamente perdido en el campo.

Para el segundo tiempo las cosas no cambiaron, mientras Puebla seguía sin jugar a algo en el partido, era cuestión de tiempo para que San Luis abriera el marcador, y así fue, un tremendo golazo de Guemez le dio el paso necesario para cerrar el partido.

Puebla nunca se encontró y siendo honesto, se vio poco o nada de un parado inteligente, simplemente parecía que se presentaron para cumplir, y no para intentar. En la cancha solo hubo un equipo.

Muy buen partido de San Luis que sigue demostrando que sabe jugar a la pelota, un equipo que tiene variantes y que puede echar mano de sus bancas en cualquier momento, un equipo muy compacto que vuelve a demostrar que estratégicamente tiene un potencial enorme. Bien San Luis, y soberbio Jardine.

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La encantadora discreción de Maurice Baring | Columna de Julián de la Canal

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Maurice Baring no participó activamente del bullicioso y vivaz grupo integrado por los Chesterton y Belloc en la primera década del siglo XX. Casi siempre ocupó un rincón discreto desde el que cultivaba esa amistad, en particular con Gilbert. En complicidad con Ronald Knox, Baring fue decisivo para que aquel ingresara en la Iglesia católica en 1922, de la misma manera que Belloc lo había sido para su propia conversión. Sus inicios en la diplomacia lo llevaron a Rusia en donde cubrió la guerra rusojaponesa con textos para el londinense Morning Post, que luego reunió en With the Russians in Manchuria (1905). Frecuentó el cuento y la novela, a menudo para relatar sus experiencias en la Gran Guerra. Sus reservas hacia el debate público excusan su despreocupación hacia el ensayo que ejercitó esporádicamente. Pero el acontecimiento más significativo de su vida no procede ni de la diplomacia ni de la literatura, sino de la religión. En su autobiografía, The Puppet Show of Memory (1922), confiesa su conversión formal al catolicismo el 1 de febrero de 1909, por la que se despide de su agnosticismo: “Fui recibido en la Iglesia Católica por el Padre Bowden en el Oratorio de Brompton: la única acción en mi vida de la que estoy bastante seguro de que nunca me he arrepentido.”. A diferencia del trivio Gilbert-Cecil-Hilaire, se mantuvo alejado de polémicas, optando por la moderación. Confiaba en carta a Hilaire Belloc: “nunca, nunca, nunca hables de teología o discutas de la Iglesia con los que están fuera de ella… La gente simplemente no entiende de lo que estás hablando y simplemente (a) se enfada y (b) llega a la conclusión de que uno no cree en uno mismo y que simplemente lo está haciendo para molestar”. Palabras elocuentes de la incomodidad que le causaba llevar a lo público una decisión estrictamente personal.

Baring no hizo de la fe casus belli, quizás porque el recato contenía su temperamento apasionado, muestra de que su recato era más apasionado. En todo momento la mantuvo como cuestión de conciencia porque la conciencia era la cuestión. La religión no operó como pretexto para arremeter contra el sistema político y cultural británico con objeto de trastocarlo desde adentro, en contrario a la combatividad asumida por los Chesterton y Belloc. En estos hay incluso algo semejante a exhibicionismo, que no es precisamente exhibicionista, pero en el que es inevitable pensar si se repara tanto en las revistas como en las polémicas que impulsaron. Pero en Baring se aprecia un anti-intelectualismo que no es rastreable ni en Gilbert ni en Hilaire, una desconfianza última hacia los intelectuales que quizás justifique también su aversión a las disputas puesto que en las disputas se moldean los intelectuales.

Los tres aparecen retratados en el óleo de James Gunn, Conversation piece (1932), en que Baring de pie, sosteniendo un cigarrillo con la mano derecha a la altura del abdomen, observa a Chesterton garabatear sobre la cuartilla de un cuaderno, acomodado en una silla que apenas se adivina cubierta por las faldas del aparatoso sobretodo junto a una mesa redonda, ante la atenta mirada de un Belloc con traje de riguroso luto sentado enfrente con las manos entrelazadas apoyadas sobre el tablero. El retrato evoca, además, acaso impremeditadamente, el espacio que los tres intelectuales ocupaban en la escena pública: al frente, Hilaire y Gilbert; en segundo plano, Maurice que los contempla concentrado y algo condescendiente, con una curiosidad exenta de compromiso. Como novelista, Baring gozó de fama antes en Francia que, en Inglaterra, publicitado debidamente por Françoise Mauriac. La crítica acepta como sus mejores obras Passing By (1921), C. (1924) y Cat’s Cradle (1925), subrayando una prosa sutil y elegante al servicio de atmósferas y ambientes. Sin embargo, su aportación más celebrada es la antología Have You Anything to Declare? (1936), en que reúne textos de escritores de diversos países europeos a partir de un criterio católico. En la actualidad, la literatura de Maurice Baring interesa a reducidos círculos académicos, pero su autobiografía es testimonio amable de un periodo efervescente e inquieto en el ejercicio de la libertad.

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Recomendaciones del cine de François Ozon | Columna de Mario Candia

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APUNTES DE UN CINEÓFITO

 

Gracias a Dios (Grâce à Dieu. 2018) François Ozon dirige una película que intenta no opinar sobre lo que sucedió, sino más bien narrar unos hechos y dejar que el espectador decida. Gracias a Dios se centra en tres víctimas de abuso, protagonizadas por los actores Melvil Poupaud, Denis Menochet y Swann Arlaud. El primero es padre de familia, católico, pero el horror de lo sucedido siempre le ha perseguido. Al enterarse de que el sacerdote sigue trabajando y llevando a los boy scouts, inicia la lucha. El segundo tenía olvidado también el tema, sin embargo, tener hijos le ayuda a encabezar la lucha, quizás el más luchador de los tres. El último es un fantasma de su propio pasado, quizás el que más ha sufrido hasta las últimas consecuencias el abuso. Psicológicamente inestable, con problemas de relación con el sexo opuesto. Gracias a Dios nos ofrece la visión y el sufrimiento de tres personas que padecieron abusos por parte de un sacerdote. Cómo la iglesia de Lyon intenta lavarse las manos y la lucha de todas esas personas que tratan de hacer justicia. Sin embargo, la iglesia tiene mucho poder, y a día de hoy todavía nadie ha pagado.

 

En la Casa (Dans la Maison, 2012) La película se centra en la figura de un profesor de literatura y uno de sus alumnos y la extraña y malsana relación que se establece entre ellos. Entre las insulsas redacciones que este hastiado maestro corrige encuentra una de ellas que capta su atención, así como la de su mujer, que le acompaña en la lectura. El joven escribe magistralmente sus actividades, sus manipulaciones a aquellos que le rodean para inmiscuirse en sus vidas, pero el relato se cierra con un “continuará”, un interrogante que atrapa a los adultos y los hace querer más, avanzar en la historia, descubrir qué hay de realidad y qué hay de ficción. El joven y su atípica personalidad, por su parte, se lanza, arrastrándolos con él, a un tobogán desenfrenado de verdad e imaginación. François Ozon, demuestra su maestría adaptando la obra de Juan Mayorga, creando una película compleja, plena de ritmo y arte cinematográfico, que atrapa al espectador del primer al último plano. Esta fascinación se fundamenta sobre varios pilares de gran calidad. En primer lugar, un guion retorcido, creativo, ágil y artístico a la par que ácido cuando debe serlo. Junto a él, una labor interpretativa de todo el elenco de actores digna de un sobresaliente. Una película completa, rica, hipnótica y bella, una pequeña obra maestra donde todo funciona, donde se reflexiona sobre el arte, sobre el poder de la palabra escrita, sobre las humanas relaciones, sobre el misterio de lo más común, sobre la confianza, la moral, el morbo, los deseos y la ética, piezas de un todo que no lastra, sino genera una profundidad digna de elogio por lo inteligente de su narrativa, diálogo y humor.

 

8 Mujeres (8 Femmes. 2001) Comedia negra, surrealista, ocho mujeres se encuentran encerradas en una gran mansión burguesa durante la navidad, la mujer de la casa, su madre, su hermana, sus dos hijas, dos criadas y una visita inesperada. Todas ellas con secretos y rencores, con una gran facilidad para cambiar su rostro y emociones en función de quien esté delante. Son mujeres que, de una forma u otra, han tenido que utilizar sus mejores artes para llegar a donde están, muchas veces no se sienten orgullosas de lo que han hecho, pero no dudarán en repetirlo para sobrevivir en un mundo machista, enterrando sus verdaderos deseos y emociones. La interpretación maravillosa, todas hermosas y estupendas, destaco a la pareja principal, Catherine Deneuve, como la señora de la casa, y Fanny Ardant, la hermana del señor de la casa. Una película para disfrutar de  la elegancia de la mujer francesa, sus odios y temores, de la mano de Ozon.

 

Gotas de agua sobre piedras calientes (Gouttes d’eau sur pierres brûlantes. 2000) Una de las conductas que más me fascina del comportamiento humano es la absurda dependencia a los seductores, que a pesar de que son inalcanzables, humillan y disfrutan siendo crueles. Otro aspecto llamativo es el de la dominación. Hay personas absolutamente dependientes y necesitan tener un amo y recibir órdenes. El gran mérito del cine de Ozon es que nunca lluevan ranas, ni hay flashback desordenados, ni superhéroes, ni historias paralelas que no se encuentran. Su cine es de pocos personajes, real, claro, rotundo, preciso, directo. Tramas distintas pero impactantes, una sola localización y mucha profundidad en la intrincada psicología y sexualidad del ser humano. Intenso tributo al maestro Fassbinder.

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Opinión