#4 Tiempos
Mark Hollis: el hombre que no regresó | Columna de Carlos López Medrano
Mejor dormir
Talk Talk inició como una banda británica de synthpop que en los ochenta buscó un espacio en las calles a través de temas resueltos de la gama OMD y Ultravox. De ese modo cosecharon The Party’s Over (1982) e It’s My Life (1984), dos discos que junto a un puñado de sencillos levantaron fuertes expectativas e hicieron a EMI relamerse los bigotes por el bombazo comercial que podían llegar a ser.
Luego llegó el tercer álbum, The Colour of Spring (1986), una transición muy contundente. Algo había cambiado, y lo había hecho de fondo. Ya no sonaban como la banda MTV de los discos anteriores. Ahora ejecutaban una operación de distinto calado que tiraba de lleno a la creación de atmósferas, si bien aún conservaban rastro del flujo de su material previo.
El modelo presentado carecía de hits evidentes. La artificialidad saltarina había sido sustituida por una paleta de recursos que entraban en otro plano dimensional. El grupo londinense renegaba de su pasado y sorprendió tanto a sus fanáticos como a los hombres de negocios. La pequeña locura fue aceptada por EMI solo porque se comportó de manera notable en ventas, alcanzando el puesto 8 en las listas de su país.
Pero aquello apenas comenzaba. El envite siguiente, titulado Spirit of Eden (1988), radicalizó la propuesta y rompió cualquier paradigma del pop. Quienes cantaban “Such a Shame” apenas cuatro años antes de pronto se habían convertido en unos apologistas de la introspección y la reserva.
EMI les había dado carta blanca para que hicieran lo que mejor convinieran. Hasta entonces se habían mostrado como una banda modélica que muchos insistían en ver como un relevo de Duran Duran. Talk Talk aprovechó para comenzar de nuevo, para romper con lo que había atrás.
“The Rainbow”, el tema que abría Spirit of Eden sorprendió a los escuchas quienes se hallaron con una pieza de casi 10 minutos que no tenía pinta de pertenecer a ninguna tradición. En la que no había coros ni ganchos, sino una verdadera travesía apegada al murmullo y la contención.
Talk Talk pasó por una metamorfosis: ya estaba más cerca de John Cage y Miles Davis que del synth que los vio nacer. A la postre se consideró que habían inaugurado el post-rock. Lo abrupto estaba anunciando, “the world’s turned upside down”, decía la primera línea del arcoiris.
La mente detrás del cambio era el genio de Mark Hollis, un condensador de géneros, un idealista, alguien que había optado por dar la vuelta y seguir sus propios designios, no los de alguien más.
El núcleo de las nuevas canciones estaba en su pausa. No en el aturdimiento, más bien en una manera de atisbar lo sublime. Hollis sabía que pocos sonidos son superiores al silencio y optó por ensimismarse y dejar patente apenas lo esencial en cada obra.
Fue así que se volvió un artesano de la agudeza. Dibujante de contornos, texturas, paisajes del sonido. En compañía de sus compañeros entregó gemas que saben a cálida sombra.El músico londinense abandonó el camino formulaico en pos de la exploración sonora.
Enamorado lo mismo del soul que de la música clásica, el jazz, la meditación y lo etéreo, aprendió que el vacío es un parte crucial de cualquier grabación. Son los espacios donde anida la maestría, donde se muestra el control que se tiene de las notas.
Lo anterior, desde luego, le importaba un pepino a EMI que puso el grito en el cielo al ver lo que sus promisorias criaturas habían lanzado a la palestra. No había en ellos ningún single que pudiera llenar estadios. Y para colmo, Mark Hollis ya no quería tocar en vivo. Las creaciones en el estudio eran incompatibles con los conciertos.
En el video “I Believe In You” se percibe la incomodidad de Hollis, quien no entiende otro lenguaje que el propio en clave musical. La industria no se acomoda a sus preceptos, tanto las giras como las imágenes promocionales se alejaban de su intención. Talk Talk acabó por romper con EMI y la compañía se vengó levantando una demanda por el fracaso comercial del álbum por el que tanto habían invertido.
Fue mejor así. El siguiente trabajo —ya con Polydor Records— era igual de enigmático e inasible. Laughing Stock (1991) fue el quinto y último álbum de la banda en donde no dieron un solo paso atrás pese a la presiones.
Visto a distancia la decisión fue un acierto. Perdieron la oportunidad de tener una fama masiva, pero por el contrario ganaron trascendencia. Las últimas composiciones carecen de explicación o de arraigo en una época y con cada nuevo repaso ofrecen nuevas lecturas. Como pasa con Joyce o Kafka, se les seguirá descubriendo en los próximos años.
Hollis fue un pequeño Bartleby que de algún modo se infiltró en la industria musical, una maquinaria que suele chupar la sangre de los artistas hasta que ya no queda más. Él no lo permitió, prefirió no hacerlo. Luchó por cada gramo de independencia que había dentro de su organismo y optó por crear lo que le dictaba el extraño orden del cosmos antes que ceder a la posibilidad latente del éxito impostado que le hubiera restado la calidad de genuino.
Tan inasible como era (incluso para sí mismo), Hollis era de hablar poco ante medios.
Llevó a los instrumentos a parajes cada vez más abstractos. No necesitó llamar la atención por medio de lo efectista o rudimentario, cinceló fibras sonoras que se extendían como pistilos de una flor en primavera.
Talk Talk se despidió en la cumbre. No hicieron lo que se esperaba de ellos, hicieron lo que les daba la gana, No por una vulgar rebeldía o pueril intención de llevar la contraria, sino por una cuestión de honestidad y principios. Con un costo que asumieron con todas las letras.
A partir de entonces Mark Hollis se volvió un recluso en movimiento, alguien que tuvo la humildad de ya no añadir un solo arpegio a un mundo ya de por sí saturado. La postal de su vida tendía a lo crepuscular.
En 1998 lanzó su único álbum en solitario, llamado como él mismo. Una obra maestra que va a la saga de Spirit of Eden y Laughing Stock. Un acontecimiento que por ser el más personal acaso sea el mejor.
Fuera de eso nada más, salvo colaboraciones menores y una pieza instrumental llamada “ARB Section 1” que hizo para la serie Boss (2012).
Mark Hollis se transformó en un renegado como los Rulfo, Salinger y Walser del mundo. Y aunque se alejó de los grandes reflectores, tuvo un regalo mejor para sí: la conformación de un hito. La creación de un género que amalgama a otros y que se ha vuelto la bandera de los músicos inconformistas, aquellos herederos que le rinden tributo al experimentar y que luchan por ser auténticos dentro de cada sesión.
Muchos esperaron su vuelta, pero Mark Hollis ya no regresó. Vivió hasta sus últimos días en el sur de Londres, encaminado a la vida familiar que tanto añoraba. Murió sin hacer mucho ruido en febrero de 2019.
@Bigmaud
Contacto: [email protected]
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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