Deportes
40 AÑOS DESPRECIANDO EL BOXEO PROFESIONAL | Columna de Roberto Rocha
Sueños Olímpicos
Aunque el deseo de lograr el éxito olímpico es una gran motivación para muchos atletas, en el caso del boxeo representa también un trampolín hacia las grandes bolsas de dinero, con un potencial paso al box profesional. Pero la historia de Fidel Ortiz Tovar es absolutamente distinta: durante 40 años ligado al olimpismo estuvo únicamente interesado en el deporte amateur.
En 1928, Fidel Ortiz Tovar participó en sus primeros juegos olímpicos, los de Amsterdam, pero la carencia de mánagers o asistentes evitó que la delegación mexicana estuviera enterada de las reglas del box internacional, por lo que fueron rápidamente eliminados.
Cuatro años después, para los Juegos de Los Ángeles, Fidelón, como lo llamaban sus amigos, siguió su preparación a tope, aunque no logró clasificarse, al perder su puesto en la final del selectivo mexicano. Fidel Ortiz pensó en dejar el boxeo por esa derrota, pero ya en las Olimpiadas, el triunfo de su compañero Francisco Cabañas, el primer mexicano en obtener una medalla en la historia, lo motivó a seguir.
Durante los siguientes años, el retorno a los Olímpicos fue la meta de Fidel Ortiz. Ya en Berlín 1936, Fidelón llegó a la semifinal, pero como el combate fue una decisión dividida en su contra, ya no pudo aspirar al oro y la plata, por lo que peleó en la final de bronce. Ganó esa última batalla contra el sueco Cedenberg y le ganó con facilidad, según las reseñas de la época.
Fidel Ortiz fue el único atleta individual que pudo volver a México con medalla de Berlín. La ambición imperialista del anfitrión de esos juegos triunfales, Adolfo Hitler, provocó que no volvieran a realizarse Olimpiadas durante la época de plenitud de Fidelón.
Sin embargo, Fidel Ortiz estuvo en cinco juegos olímpicos: varios años después, para Helsinki 1952, fue el entrenador del equipo mexicano de boxeo, un puesto que repitió de nuevo en Roma 1960.
Su quinta olimpiada fue en casa: en México 68, aunque en otro papel. Como réferi en las olimpiadas de México, Fidel Ortiz cerró una enorme historia de 40 años ligado al deporte.
Pero Fidelón destacó, no solo por su medalla y su cercanía a los juegos durante tanto tiempo, sino por su defensa férrea del boxeo amateur y su desprecio del boxeo profesional. “Un boxeador no se hace antes de cinco años. Pero nadie se aguanta y apenas hacen sus pininos ya hasta quieren enseñar”, dijo en una entrevista Fidel Ortiz en 1968. También aseguraba que el box profesional “es la lacra del boxeo, acaba con el deporte y con el deportista”.
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Columna de Nefrox
El clásico de la gente | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
El clásico entre San Luis y Querétaro es uno de esos partidos que no se explican únicamente desde lo futbolístico. No nace de finales, títulos ni de una historia prolongada de choques decisivos. Su verdadera raíz está en otro lado: en la tribuna, en el viaje, en el orgullo regional y en una rivalidad que las aficiones se han encargado de alimentar con el paso de los años.
En la cancha, el enfrentamiento suele ser más sobrio de lo que la previa anticipa. Ni los jugadores ni los cuerpos técnicos cargan con una animadversión profunda; los planteles cambian, los proyectos se renuevan y las prioridades pasan por sumar puntos más que por saldar cuentas históricas. Pero fuera del rectángulo verde, el partido se vive con otra intensidad. Ahí es donde el clásico cobra sentido.
San Luis llega a este duelo con la obligación de hacerse respetar en casa. El Alfonso Lastras se transforma cuando aparece Querétaro en el calendario, no tanto por lo que representa el rival en términos deportivos, sino por lo que despierta en la afición local. Ganar este partido es una forma de reafirmar identidad, de sostener una narrativa que va más allá de la tabla y que conecta directamente con la grada.
Querétaro, en cambio, asume el papel de visitante incómodo. No necesita dominar el juego para competirlo; le basta con resistir el ambiente y aprovechar cualquier momento de desconcentración. En este tipo de clásicos, el equipo que mejor entiende el contexto suele sacar ventaja, porque sabe que el partido puede romperse por tensión, no por talento.
La rivalidad, entonces, se manifiesta más en los cánticos que en las barridas, más en el color de las tribunas que en los esquemas tácticos. Los futbolistas juegan un partido importante
, sí, pero no uno que defina su historia personal. Para la afición, en cambio, este encuentro sí pesa distinto: es conversación de semana completa, es memoria compartida, es rivalidad de las redes y comparación inevitable.Eso no significa que el partido carezca de intensidad. Al contrario. Precisamente porque se carga desde fuera, el margen de error se reduce. Nadie quiere ser el responsable de un tropiezo en un partido que la gente siente propio. Cada balón dividido se juega con un poco más de cuidado, cada decisión arbitral se magnifica y cada gol tiene un eco que trasciende los noventa minutos.
El clásico San Luis–Querétaro no necesita exagerar su importancia deportiva para existir. Su valor está en el entorno, en la cercanía geográfica, en la rivalidad que se construyó sin manual y sin guion. Es un partido donde los jugadores cumplen su función y los entrenadores hacen su trabajo, pero donde las aficiones son las verdaderas protagonistas.
Al final, como ocurre con muchos clásicos regionales, el resultado importa, pero no lo es todo. Lo que queda es la sensación de haber defendido colores, de haber impuesto presencia y de haber ganado (o perdido) un duelo que se juega tanto en la memoria como en el marcador. Y en la Liga MX, esos partidos, aunque no siempre definan campeonatos, sí terminan definiendo identidades.
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Columna de Nefrox
Noventa minutos para confirmar | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
El duelo entre San Luis y Necaxa llega en un punto delicado, la tabla empieza a apretar y cada partido deja de ser trámite para convertirse en sentencia. No es un choque cargado de reflectores ni de discursos, pero sí uno de esos encuentros que terminan definiendo el ánimo y el rumbo de un equipo.
San Luis enfrenta este compromiso con la obligación silenciosa de hacerse sentir. De visita ha sido más, los cuatro puntos de este torneo, los ha obtenido en patio ajeno, un espacio donde el equipo entiende mejor sus límites y virtudes. San Luis no vive de la posesión prolongada ni del brillo individual; vive del orden, de la disciplina táctica y de saber esperar su momento. Ante Necaxa, esa paciencia será clave, porque cualquier exceso de confianza puede volverse en contra.
Necaxa, por su parte, llega con una identidad clara: intensidad, presión y transiciones rápidas. Es un equipo incómodo, que rara vez regala espacios y que suele crecer cuando el rival se desespera. No necesita dominar el partido para competirlo; le basta con mantenerse cerca del marcador y aprovechar errores ajenos. En ese contexto, el reto para San Luis será no caer en el juego que propone el rival.
Este partido se jugará más en la cabeza que en los pies. San Luis tendrá que manejar la ansiedad de buscar el resultado sin romper su estructura. Necaxa, en cambio, intentará alargar el partido, hacerlo pesado, llevarlo a una zona donde cualquier descuido sea definitivo. No es un duelo para distracciones ni para excesos de riesgo.
Hay además una lectura más profunda: este encuentro puede marcar una línea. Para San Luis, ganar significaría confirmar que el proyecto tiene argumentos para sostenerse en la pelea y no quedar atrapado en la irregularidad. Perder, en cambio, devolvería viejas dudas sobre su capacidad para cerrar partidos clave. Para Necaxa, sumar sería reforzar la idea de que su propuesta sigue siendo competitiva, sobre todo en casa.
No será un partido que se decida por grandes secuencias de juego. Todo apunta a que el marcador se moverá por detalles mínimos: una pelota parada, una mala salida, una jugada aislada. En la Liga MX, esos momentos suelen pesar más que cualquier dominio estadístico.
San Luis y Necaxa se encuentran en un cruce que no promete espectáculo, pero sí consecuencias. Y en un torneo tan corto y tan exigente, esos partidos son los que terminan definiendo temporadas completas. Aquí no se trata de brillar, sino de resistir, entender el momento y no fallar cuando la oportunidad aparece.
Partido de pronóstico reservado, parejo y con ambas escuadras muy necesitadas de esos sagrados tres puntos. Que gane el fútbol y que por lo menos Joao Pedro vuelva a marcar, que ese es un espectáculo independiente en este presente del fútbol potosino.
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Ciudad
Listo operativo “Estadio Seguro” para el Atlético de San Luis vs Chivas
Más de 860 elementos coordinarán la seguridad, asegurando tranquilidad para las familias asistentes
Por: Redacción
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado (SSPCE) implementa el Plan de Operaciones “Estadio Seguro” como parte de las medidas de seguridad para la Jornada 4 del Torneo Clausura 2026 de la Liga MX.
El encuentro entre Atlético de San Luis y las Chivas Rayadas del Guadalajara se llevará a cabo este sábado 31 de enero a las 17:00 horas, y se espera la presencia de miles de aficionados en el estadio.
En una reunión presidida por Jesús Juárez Hernández, titular de la Secretaría, y con la participación de representantes de las instituciones de seguridad y procuración de justicia, se definieron las líneas de acción del operativo, incluyendo el monitoreo constante a través de cámaras de videovigilancia y la coordinación entre todas las corporaciones involucradas .
El operativo iniciará a las 13:30 horas y contará con más de 860 elementos de seguridad, Protección Civil y personal médico. Su objetivo es mantener el orden y garantizar un ambiente seguro y familiar para todos los asistentes durante la jornada futbolística, reafirmando el cambio que se vive y se siente en cada evento organizado en la entidad.
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