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Nadie como Nadia | Columna de Roberto Rocha

Sueños Olímpicos

 

La historia de los Juegos Olímpicos tiene a Nadia Comaneci como una figura central, a pesar de haber participado sólo en dos ocasiones. Pero la vida de Nadia, va mucho más allá de las calificaciones perfectas.

Con solo 14 años de edad, Nadia Comaneci se volvió el centro del mundo. En las Olimpiadas de Montreal 76, la gimnasta rumana consiguió tres medallas de oro, una de plata y una de bronce.

El momento que quedó marcado fue la consecución de su 10 perfecto, el primero en la historia de las Olimpiadas, para el que ni siquiera la tecnología de la época estaba preparada.

Los marcadores electrónicos tenían sólo espacio para un dígito entero, un punto y dos decimales, por lo que el 10 de Nadia Comaneci se vio en las pantallas como 1.0. Esa misma calificación, hasta entonces imposible, fue repetida en siete ocasiones por Nadia en esos mismos juegos.

Nadia Comaneci era la gran figura del deporte en el mundo, pero no pidió tanta atención ni pudo con ella. Con 15 años, Comaneci intentó suicidarse, por la presión de la gimnasia, el inminente divorcio de sus padres y porque había sido separada de su entrenador Bela Károlyi.

La dictadura rumana ordenó que Nadia abandonara la gimnasia, por considerarla vieja para esa disciplina, sin siquiera haber alcanzado 20 años. Pero no había nadie como Nadia, así que volvió a entrenar bajo el mando de Károlyi, quien la preparó para Moscú 80. Ahí, Nadia consiguió dos medallas de oro más y otras dos de plata.

El régimen rumano comprendió entonces el potencial de estrella de Nadia Comaneci y la llevó a hacer una gira por Estados Unidos. El gobierno rumano cobró por sus actuaciones 250 mil dólares, pero Nadia solo obtuvo mil.

Durante esa gira, Bela Károlyi, junto con otros entrenadores, desertó de Rumania. Nadia Comaneci no pudo hacerlo, debía volver a su tierra con su familia, a final de cuentas, solo tenía 19 años de edad.

Pero la deserción de Károlyi provocó una fuerte presión del régimen contra Comaneci, a quien se le prohibió visitar de nuevo países en occidente, leían su correspondencia e intervenían su teléfono.

La más grande atleta del siglo XX vivió ese calvario por años, hasta que también huyó de Rumania: llegó a la frontera con Hungría, luego viajó a Austria y ahí consiguió volar a Nueva York.

Ya en Estados Unidos, Nadia Comaneci fue nuevamente incomunicada por su nuevo manager, el mismo hombre que la ayudó a escapar de Rumania: Constantin Panait, pues ninguna de las personas que conocía en Estados Unidos habían podido contactarse con ella.

Fue hasta que Bart Connor la encontró, que la vida de sufrimientos de Nadia Comaneci empezó a cambiar. Connor también era gimnasta, un joven estadounidense con quien Comaneci compartió un beso para una fotografía en las olimpiadas de Montreal.

Ambos abrieron una academia de gimnasia, donde siguen entrenando y se casaron algunos años después.

La carrera de Nadia Comaneci, la mejor atleta del siglo XX según el periódico Mundo Deportivo, fue resumida por la excelencia que consiguió en Montreal 76, pero su vida estuvo lejos de ser un 10 perfecto.

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