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Columna de Roberto Rocha

Dora, el colmo de la ambición nazi | Columna de Roberto Rocha

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Sueños olímpicos

Más allá de ser el evento que reúne a los mejores atletas del mundo, los Juegos Olímpicos han sido utilizados, en varias ocasiones, para promover la imagen de políticos e ideologías, como ocurrió con la edición de Berlín 36.

Adolfo Hitler quería utilizar los Juegos de 1936 para mostrar al mundo la superioridad de la raza aria y estaba dispuesto a todo para hacerlo. 

Esa determinación provocó decisiones que afectaron a la delegación alemana para las Olimpiadas, específicamente, la expulsión de Gretel Bergmann, la favorita para la competencia de salto de altura. ¿Cuál fue la razón para no permitirle participar en los Juegos? Bergmann era judía.

Aunque no existía ninguna otra atleta alemana que pudiera participar con tan buenos resultados como Bergmann en el salto de altura, el gobierno nazi consiguió a una participante sorprendente: Dora Ratjen.

El papel de Dora en Berlín 1936 fue bastante aceptable, aunque no logró colgarse ninguna medalla, pero terminó la competencia en el cuarto lugar. Poco tiempo después, Ratjen ganó el campeonato europeo y rompió el récord mundial.

Pero en 1938, en un incidente en tren, se descubrió que Dora Ratjen era en realidad un hombre, Heinrich Ratjen. Fue detenido por el gobierno de Hitler, que lo enjuició por vestirse como mujer, algo considerado un delito en aquel momento y por mentir al tercer reich.

Heinrich Ratjen fue absuelto pese a que se le juzgaba por un crimen gravísimo en la Alemania nazi, seguramente como una forma en la que el gobierno alemán aceptaba su culpabilidad en el asunto.

Ratjen declaró en 1966 que fue forzado por el tercer reich a participar en pruebas femeniles, “por el honor y la gloria de Alemania”. La ambición de Hitler por demostrar el valor de sus segregantes ideas al mundo le costó la carrera a dos grandes atletas: a Gretel Bergmann, que debió refugiarse en el Reino Unido por ser judía, y a Heinrich Ratjen, obligado en 1936, a competir como Dora.

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100 años de Paavo Nurmi, el primer dueño del oro | Columna de Roberto Rocha

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Sueños olímpicos

 

La bestialidad de las 23 medallas de oro olímpico ganadas por Michael Phelps en la natación es una marca difícil de empatar. Detrás de él hay otros dos estadounidenses que lograron nueve medallas de oro, el también nadador Mark Spitz y el atleta Carl Lewis.

Pero menos conocida es la historia del primer megalaureado de la historia de los juegos, Paavo Nurmi, el finlandés que durante tres ediciones dominó las carreras de pista y campo de atletismo.

Nurmi comenzó su leyenda olímpica en Amberes, 1920, hace exactamente 100 años, el 17 de agosto de ese año, con la plata en los 5 mil metros planos. Tres días después el primero de nueve oros olímpicos lo logró en los 10 mil metros planos. Cerró su participación en Amberes con dos medallas doradas más, en el campo traviesa individual y por equipos.

Paavo Nurmi comenzó a ser conocido como “el finlandés volador”, un apodo que después se utilizó para nombrar a todo el equipo de fondo y medio fondo de su país, dominante en la década de los 20 del siglo pasado y que incluso llegó a usarse como apelativo para los pilotos finlandeses en Formula 1 de la década de los sesenta.

Para las olimpiadas de París en 1924, Nurmi lo ganó todo, cada una de las cinco pruebas en que participó. Se colgó el oro en los mil 500 metros, los 5 mil metros, además con récords mundiales. También se quedó con los tres mil metros por equipos, con el campo traviesa individual y por naciones.

Cuatro años después, ya con 31 de edad, en las olimpiadas de Amsterdam 1928, Paavo Nurmi consiguió su último metal dorado, con el triunfo y récord olímpico en los 10 mil metros. Además ganó la plata en los 5 mil metros y los 3 mil con obstáculos.

Todavía intentó participar en sus cuartos juegos olímpicos, en Los Ángeles 1932. Nurmi sabía que ya no era tan veloz como antes, pero sí tenía resistencia, por lo que se preparó para participar en los 10 mil metros y en el maratón, tal como había hecho su ídolo personal, Hannes Kolehmainen, en los mismos juegos de Amberes 1920 en los que Nurmi debutó.

Pero Paavo Nurmi no pudo participar, pues fue suspendido por la Asociación Internacional de Atletismo por ser acusado de cobrar hasta 500 dólares en carreras en los Estados Unidos, algo así como 75 mil dólares actuales, lo que lo convertía en un atleta profesional y no un amateur, como ordenaban los juegos.

La suspensión se consideró en realidad una jugarreta política en su contra, orquestada por el presidente de la Asociación de Atletismo, nacido en Suecia, un país con una tradicional rivalidad con Finlandia.

Paavo Nurmi no pudo entonces participar en el maratón, aunque hizo hasta seis minutos menos en las pruebas clasificatorias que el eventual ganador de bronce olímpico. La injusticia, se restituyó de alguna forma 20 años después, cuando encendió el pebetero para las Olimpiadas de Helsinki 1952. Era el gran homenaje, para el primer ganador de nueve medallas de oro.

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El peor nadador de los juegos | Columna de Roberto Rocha

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Sueños olímpicos

Cuando pensamos en los Juegos Olímpicos, regularmente creemos que es el evento que reúne a los mejores atletas del mundo, pero no necesariamente es así.

De hecho, en ocasiones, con el afán de alimentar el espíritu de los juegos en algunos países, sus deportistas son invitados a participar, incluso sin pertenecer a la élite. Ese es el caso de Eric Moussambani, el primer nadador olímpico de Guinea Ecuatorial.

Cuatro meses antes de las olimpiadas de Sidney 2000, Moussabani ni siquiera sabía nadar. Logró su pase a las olimpiadas porque nadie en su país se presentó a las pruebas clasificatorias.

Su preparación rumbo a los juegos la realizó nadando en ríos y en playas, con entrenamiento de un pescador, que le decía cómo mover las piernas, pero no tuvo preparación profesional. También nadaba en la alberca de un hotel, de 13 metros de longitud. Por eso, cuando Moussabani llegó a Australia y vio la alberca olímpica en la que competiría, de 50 metros, quedó impresionado.

Su técnica distaba mucho de la de los otros nadadores olímpicos. Incluso, algunos dudaban que fuera uno de los competidores, por eso, recibió consejos del entrenador de Sudáfrica, a solo unos días de los Juegos.

Al llegar a su grupo eliminatorio para la prueba de 100 metros libres, conformado por solo tres competidores, la suerte le sonrió a Moussabani. Los otros dos nadadores salieron en falso y fueron descalificados. El ecuatoguineano ni siquiera estaba enterado de que él sí podía participar, hasta que un juez se lo hizo saber.

Moussabani lo dio todo en los primeros 50 metros, pero para la segunda mitad de la prueba, su cuerpo ya no podía más del cansancio, aunque logró terminar la prueba, ante un público que lo vitoreaba.

Pero aunque fue el ganador de su grupo, no avanzó a la siguiente ronda, pues su tiempo fue de 1 minutos y 52 segundos, más del doble del tiempo que registró el ganador de la medalla de oro en esa prueba e incluso más que lo que tardó el ganador de los 200 metros.

Pese al que podría considerarse un fracaso deportivo, Moussabani cambió la historia de la natación en Guinea Ecuatorial, que comenzó la construcción de dos albercas olímpicas a su retorno de Sidney.

Cuatro años después, para Atenas 2004, la preparación de Moussabani lo hizo reducir sus tiempos en casi un minuto. Estaba apenas nueve segundos detrás del récord mundial, pero no pudo ir a las Olimpiadas por problemas de visado.

La popularidad de la natación ya había incrementado en Guinea Ecuatorial. Ahora, como entrenador Moussabani intenta devolver un atleta olímpico para su país.

¡Y pensar que solo cuatro meses antes de Sidney 2000, Eric Moussabani ni siquiera sabía nadar! 

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Nerón César, “el atleta más grande del mundo” | Columna de Roberto Rocha

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Sueños Olímpicos

 

Hoy es 24 de julio, justo el día que tendrían que haberse inaugurado los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, pero como ya sabemos, tuvieron que ser aplazados por la pandemia de covid-19 que aún vivimos.

Sin embargo, desde hoy y hasta el 23 de julio de 2021, la fecha propuesta para la reposición de  los Olímpicos de Tokio, en La Orquesta presentaremos cada viernes una historia olímpica distinta.

Hasta 2020, ningunos juegos de la era moderna habían sido aplazados, aunque en 1972, el secuestro terrorista y asesinato de once atletas judíos en la Olimpiada de Múnich, provocó la suspensión y postergamiento de las actividades por un solo día.

También han existido cancelaciones de justas olímpicas, a causa de las guerras mundiales: ocurrió con los juegos de Berlín, en 1916. 

Además fueron suspendidas las justas de invierno y verano en Japón, en 1940, en Sapporo y por coincidencia, en Tokio. El país organizador renunció a las sedes en 1938, por lo que se otorgó el sitio de los juegos de verano para Finlandia y los de invierno, primero a Suiza y después a Alemania. Ninguno de los dos pudo disputarse.

En 1939, pese a que la segunda guerra seguía, el Comité Olímpico Internacional consideró que los juegos olímpicos de 1944 podían realizarse, en Cortina, Italia, los invernales; y los veraniegos en Londres. También fueron cancelados, en 1942.

Pero para encontrar un aplazamiento, como los de la justa de la 32a Olimpiada en Tokio 2020, debemos remontarnos hasta los Juegos Olímpicos de la antigüedad.

Las Olimpiadas del año 66 después de Cristo tuvieron que ser postergadas un año, ¿por qué? El emperador romano Nerón ordenó su aplazamiento para que coincidieran con un viaje que realizaría a Grecia. Pero no porque el César quisiera ser testigo de los juegos, sino que él mismo participaría.

En las Olimpiadas del 67, para demostrar la supremacía romana sobre Grecia y el mundo, Nerón César participó y ganó en ocho de las diez competencias.

Claro, ganar es fácil cuando tanto jueces como participantes estaban amenazados de muerte por el emperador, aunque Nerón mismo estuvo en riesgo de perder la vida, ya que sufrió una caída al conducir un carro con diez caballos.

Nerón pasó a la historia como el atleta más ganador de los juegos antiguos, si se puede llamar así. Incluso, a su regreso a Roma, organizó un desfile para presumir sus coronas de laurel y ser nombrado el deportista más grande de todos los tiempos.

Nerón hizo retrasar los juegos del año 66 para convertirse en el atleta más ganador. Hoy, a casi 2000 años de distancia, estamos ante un nuevo aplazamiento. ¿Será que haber movido un año los Juegos de Tokio nos regalará un deportista así de dominante? Ojalá nunca más un triunfo en el olimpismo, algún triunfo sea a causa de amenazas.

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