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Kurt Angle: luchador, en toda la extensión | Columna de Roberto Rocha

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Para la mayor parte de los campeones olímpicos, la medalla de oro es el momento cumbre de una historia de sacrificios. Pero para Kurt Angle, su logro en Atlanta 96 fue el trampolín hacia la fama, la fortuna y la admiración mundial. Y eso que lo logró con el “maldito cuello roto”.

Kurt Angle representaba el sueño americano a la perfección: se trataba de un muchacho de clase trabajadora de Pensilvania que mediante mucho esfuerzo logró ponerse como uno de los mejores atletas de la lucha olímpica.

Aunque ya era uno de los mejores, Angle tuvo muchos problemas para lograr siquiera su lugar en las olimpiadas de Atlanta. En la semifinal del evento clasificatorio de Estados Unidos, Kurt Angle se rompió el cuello en tres partes. Aún así, apenas en el minuto final de la pelea, se levantó de un 3-0 en contra, para ganar la batalla 4-3. Para la final, aunque fue advertido por los médicos que podría sufrir aún más daño, Angle peleó. Después de un empate a cero, los jueces decidieron darle el triunfo a Angle, con lo que logró su pase a los Juegos Olímpicos.

Pero la calificación a Atlanta 96 no eliminó la fractura de cuello. Los doctores le decían que era una locura participar en esas condiciones, hasta que alguien propuso una idea demasiado arriesgada: Kurt Angle debía inyectarse novocaína durante los Juegos para no sentir dolor, aunque existía un riesgo de empeorar la lesión.

Ya en Atlanta 96, Angle era evidentemente el favorito del público local. Entraba a la lona corriendo y acompañado del tema de Rocky, hizo que la afición se emocionara en cada una de las cuatro fases que lo hicieron avanzar hasta la final.

Instalado en la batalla por el oro, Angle tuvo un rival muy complicado, el iraní Abas Yadidi, con quien tuvo una pelea durísima que acabó con empate a un punto y todo quedaría en la decisión de los jueces. Al término de la pelea, Yadidi se acercó a la mesa de la decisión, aparentemente vio una de las papeletas e hizo gestos triunfales. La frustración de Angle fue evidente, pero todo cambió cuando el réferi volvió a la lona y levantó la mano del estadounidense. Kurt Angle se había convertido en campeón olímpico, después de mucho esfuerzo y “con el maldito cuello roto”.

El triunfo olímpico catapultó a Angle al puesto que lo llevó a la fama y la fortuna. Después de dos años rogando por contratarlo, Angle se sumó a la empresa de lucha libre profesional estadounidense WWF en 1998.

La exitosa carrera de Angle en la lucha libre profesional concluyó con seis campeonatos mundiales de WWE, seis de TNA, el nombramiento del mejor luchador de la década de los 2000, una carrera de actor y ser miembro del Salón de la Fama de WWE desde 2017.

Y todo, por un logro olímpico que consiguió, según sus palabras, “con el maldito cuello roto”.

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