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Silver King | Columna de Los Coliseínos

La Catedral de la Lucha Libre

Silver King apenas había debutado cuando su padre, Dr. Wagner, perdió la máscara con el Solitario en la carrera por convertirse en eternos. La máscara que tanto deseaba poner en su rostro ahora estaba en manos del Solitario y posteriormente sería heredada a su hermano.

¿Cómo reprochar la decisión de su padre si cada que se miraba al espejo veía a su verdugo? «Gran idea, llevar en mi máscara el antifaz del Solitario y las alas del Ángel Blanco» (los otrora amigos de su padre, la famosa ola blanca). ¿Cómo se vive con eso?

Tal vez fue la prisa por resarcir la honra familiar, tal vez fue la poca motivación para defender su máscara, no se sabe, pero a tan solo dos años de haber debutado era desenmascarado por, caprichos del destino, El Hijo del Santo.

No hubo deshonra en la derrota, le quitaron la máscara que tenía los distintivos del verdugo pero aparecieron los rasgos de su padre, tal vez no era un Wagner pero si podía ser un González.

Los luchadores protegen su misterio, él ni siquiera lo intentó, él era un forajido, el quería ver su rostro en los postes, no le gustaban las reglas y soñaba con ser una estrella. Pronto, la lucha libre le daría un hermano.

“El Texano” y “Silver King”, el sheriff y la estrella solitaria, la mejor pareja de los últimos años, un top a nivel mundial, dos adelantados a su época, dos hombres que rompieron con la hegemonía de los enmascarados del Toreo, dos internacionales… hicieron lo que nadie había imaginado, hacían lo que otros ni siquiera intentaban, no sabían decir que no, lo mismo acababan con rudos y técnicos, eran demasiado buenos para ser eternos y la vida quiso separarlos.

César tuvo el honor de ser considerado en Japón para portar la máscara de Black Tiger, fue una figura pero él no nació para llevar máscara, el día que volvió a tapar su rostro también se apagó su estrella.

Regresó a México solo para dar uno de los mejores discursos en la historia de la lucha libre mexicana, le salió del alma, no lo merecíamos, ni se lo merecía, al re-enmascararse, todos, incluyéndolo a él, nos privamos de volver a ver al “Efectivo”.

Fiel a sí mismo, fiel a los suyos, hizo lo que quiso, perdió la máscara del tigre, aquella que no se pierde sino que se hereda, se puso y se quitó la máscara a placer, no fue el primero, tampoco será el último en hacerlo. No nació para tener máscara, no necesitaba una.

Para desgracia de todos ya nunca volvió a ser como cuando fue un Cowboy ¿Hacía Falta? Ni Ramsés, ni Black Tiger, ni el Bronco, ni nadie más, él era César González, Silver King, El Efectivo.

Murió en el ring, el lugar que le dio todo y que también le quitó todo. Murió el Wagner con máscara del Ángel Blanco y El Solitario. Con él, la ola blanca volvió a morir.

Así de doloroso es ver a un luchador morir así.

Adiós, Cowboy.

Este texto fue publicado originalmente en https://twitter.com/loscoliseinos

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