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De mi arte al tuyo… ¡viva el cine polaco! | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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“Nada de genuina valía se produce en paz, en la paz mullida de la complicidad”

-Charles Bukovski

“Hace años visité una unidad habitacional en construcción. Su uniformidad me deprimió. Más tarde pude ver muchas unidades habitacionales parecidas y siempre pensé que no constituían solamente posibles decorados para una película, sino que eran sitios en los que abundaban dramas humanos particulares. No supe encontrar entonces, por desgracia, la acción que pudiera llevar esos dramas a la pantalla”.

La cita precedente es de Andrzej Wajda (1926-2016), director de cine nacido en la Polonia y creativo prolífico durante la autoritaria segunda posguerra mundial en su país. El texto, segmento de La vida abunda en ideas, está tomado de su libro Un cine llamado deseo, conjunto de reflexiones en torno a la creación fílmica.

Wajda, –realizador de películas magistrales: Cenizas y diamantes (1959), La tierra de la gran promesa (1975) , El hombre de mármol (1977), Dantón (1983)-, posa su mirada y reflexión de manera subrayada en la construcción del guion para la realización de una película. Al respecto, dice Andrzej, el relato a filmar, aún si se parte de un argumento preestablecido –así sea el “Hamlet” de Shakespeare o la “Antígona” de Sófocles; ahí están y, por su consistencia interna y carga dramática tienen, gran soporte de partida-; toca al creativo fílmico encontrar los ángulos inéditos y la fuerza del lenguaje visual, simbología, complejidades de pensamiento y poesía visual para cautivar, para sorprender al espectador.

Continúa la cita de Wajda en relación al conjunto habitacional de monotonía deprimente… “Durante una filmación en la calle, un actor se encontró con una transeúnte. Se simpatizaron y, pocos días más tarde, él la acompañó a su casa. Luego de una noche que –según él nos dijo- fue para él una experiencia muy bella, verdaderamente positiva, se levantó cuando la joven todavía dormía, y salió a hacer compras en los alrededores. Regresaba feliz. Sin embargo, en ese dédalo de bloques habitacionales iguales, se perdió y, a pesar de sus desesperadas pesquisas, nunca dio con esa esa puerta que debió de ser para él la de una nueva vida”.

“Al terminar de escuchar esta historia, esta espectral unidad de bloques habitacionales pasó a representar para mí algo más que la imagen que quería mostrar en pantalla. Se convirtió en una película”.

En un conjunto habitacional como el descrito por Wajda, Krzysztof Kieslowski (1941-1996), otro cine/realizador polaco, también de enorme estatura, filmó, entre 1959 y 1990, Decálogo, conjunto de 10 películas, versión/revisión críptica de los denominados mandamientos. Autor, también de obras maestras como La doble vida de Verónica (1991), Azúl (1993), Rojo (1994) y Blanco (1994).

Lo anterior, el horror arquitectónico citado, es equiparable a la programación/diarrea local de expresiones artesanales/artísticas, denominadas culturales, ofertadas por la estatal Secretaría de Cultura. Todo es tan igual y sin relieves como para perderte por falta de texturas y singularidades para, como en el relato, no re-encontrarse con el deseo o experiencias “verdaderamente positivas” de “puertas para una nueva vida”.

¿Cómo será posible eso en la localidad, si, de manera recurrente cuasi-monopolizada,  el “arte” programado no interroga, no nos representa ni construye guiones y ejercicios a partir de la realidad circundante?

Alejandro de las Peñas, dedicó su emisión radiofónica semanal “Sinapsis libre” del martes pasado,  a dialogar sobre la película “Roma” de Alfonso Cuarón. Una de sus preguntas fue sobre la construcción del guion y, por extensión, el argumento, las texturas, matices, cargas simbólicas del film.

  • Cuarón realiza su película intimista, autobiográfica y micro-histórica. La cuenta influido por su conocimiento de distintas cinematografías, hace citas fílmicas, y un abordaje correcto que la vuelve universal.
  • No la hizo pensando en ganar premios, ellos llegaron por consecuencia de sus cualidades.
  • Las grandes corrientes fílmicas, vanguardistas y no, parten de un soporte de conocimiento fílmico, estéticas, propósito, previos al rodaje. Roma de Cuarón, tiene una metodología para ese filme, distinta a las de otras películas del autor. En este caso, Alfonso demuestra conocer a profundidad los motivos y enfoques del Neorrealismo italiano, corriente surgida al final de la segunda Guerra mundial. No lo tiene que decir, solo lo asume porque va a contar una microhistoria de lo cotidiano, con mayoría de actores no profesionales y en escenarios naturales (sin artificios). Consigue una película con esplendida cinematografía manejada con sutileza (tomas secuencia, banda sonora, desdoblamiento de personajes, dirección de actores, fotografía).
  • Es una lección de cine para estudiosos y realizadores fílmicos en ciernes. Sin duda parte de un guion bien trabajado, escrito y rehecho varias veces.
  • En SLP se exhibe en distintos sitios cine de autor y/o diferente al de la cartelera comercial, pero no hay ejercicio genuino de cineclub con identificaciones de autores, corrientes fílmicas, diálogo de las cinematografías con la realidad circundante. Arte interrogativo, pues.
  • Se presume tener una cineteca y no hay tal.

o -¿Qué se necesita, para que la haya cineteca en SLP, interroga De las Peñas?

o –Que no sólo se exhiban películas, que se tenga acervo, promoción y programación con sentido y no solo corazonadas de aficionados, centro de documentación e investigación, publicaciones y, las exhibición de películas sea acompañada de elementos contextuales/reflexivos. La llamada Cineteca Alameda, hoy sólo es un cinote, sin sonido adecuado, carencia no resuelta durante 15 años.

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