#4 Tiempos
Xavier Nava: ¿al Verde o con Tere Carrizales? | Apuntes de Jorge Saldaña.
APUNTES
Si Xavier Nava Palacios quiere regresar a la vida política potosina debe considerar antes cuatro factores determinantes: el más importante es que el amparo contra su inhabilitación para ejercer cargos públicos aún no “causa estado”, lo que en pocas y sencillas palabras quiere decir que no está en firme, que en cualquier momento se le puede caer y que sus recientes provocaciones públicas son más frágiles que la tela de una araña artrítica.
También se le olvida al ex presidente municipal que la inhabilitación política más pesada con la que carga no es la que le impuso el Congreso del Estado, sino la del repudio de 90 mil potosinos que una vez votaron por él y que tras su mandato, simplemente ya no lo volvieron a hacer.
El fondo jurídico, el nucleo, la pifia cometida por Xavier, nada más por estar bajo la influencia de su incompetencia, está lejos de ser resuelto. La comunidad ha demostrado ser propietaria del terreno donde el gobierno de Nava construyó un puente, que no es ni por mucho “la obra más importante hecha en décadas”, como él lo dice (proyectando siempre sus inseguridades a través de la soberbia), lo único es que no se ha definido exactamente el área que se usó, pero de que era ajena ni duda cabe.
Otra vez, para entender en pocas palabras, imaginemos que Xavier Nava construyó en la escalera de un condominio que el administraba. La escalera, es de todos y es de nadie al mismo tiempo, pero el administrador no tenía por qué hacer uso de la misma, por lo tanto el fondo de su pifia, permanece.
Pero si a pesar de estar rechazado dura, pero justamente por la ciudadanía potosina y le importaran poco los fondos jurídicos y lo endeble de su defensa, había que recordarle al nuevo galán de los antros potosinos y ex alcalde, que para que él pudiera volver a participar en política solo tiene tres opciones:
La primera es ser candidato del Partido Verde y pedirle de rodillas a Ricardo Gallardo le dé aunque sea una regiduría número nueve.
La segunda sería pedirle a Tere Carrizales que lo haga candidato del partido que está conformando y que busca registro estatal con las siglas del PES.
La última que le queda es la de formar un nuevo partido político (revivir el rotundo fracaso del “Nava Partido Político”) desde el desolado Frente Cívico, lo malo es que en sus dogmas fundacionales, el FCP tiene establecido el jamás, jamás, jamás, convertirse en un partido, entonces, pues le quedan las dos anteriores.
Está bien que hay que respetar el derecho al ridículo de cada quien, pero el señor Nava Palacios ya exagera.
En esos grados de disparates y vergüenzas, compiten hoy por hoy el payaso Tekmoloco que ahora quiere ser panista y Xavier, que ya quemó todos y cada uno de los caminos para poder continuar en la vida pública del San Luis al que tanto daño causó.
¿Qué espera? ¿Que el Verde le haga una comida del “hijo pródigo” en la Constancia, o que Tere Carrizales lo adopte con los brazos abiertos?
Ahhh… y si alguien piensa que Movimiento Ciudadano lo podría adoptar, solo hay que hacer memoria, porque cuando ganó la capital potosina lo hizo acompañado de ese partido y con todos los entonces naranjas, de arriba hasta abajo, quedó mal… ¿Para qué lo querrían de regreso?
Y hasta aquí dejo el tema, porque creo que el que esto escribe es el único en poner atención en un político que está más muerto y sepultado de la vida pública y por el que ya ni vale la pena gastar teclado.
Sobre el PAN, la sacudida de avispero innecesaria que vino a hacer Marko Cortés y la foto que podría titularse “Payasos sin maquillar”, en la que salen con el reconocido mimo besa burros de Tekmoloco, pues la imagen dice más que cualquier cosa que se pueda escribir al respecto: Se están faltando al respeto a sí mismos todos los involucrados, pero en su defensa diré: ¿Pues cuál respeto se han tenido últimamente en el PAN? Mejor cambiemos de tema.
LA LISTA DE LIZ TORRES: LA LISTA
Si fuera por Elizabeth Torres Méndez, la secretaria de Cultura en el estado, ya todo el gabinete de Ricardo Gallardo estaría en manos de la “Herencia Maldita”. A la señora se le ocurrió de la nada (y que no mienta con que no es cierto a través de los bots que ella misma maneja) contratar a Xavier Torres Arpi, el titular de cultura en tiempos de Fernando Toranzo para que le organizara un Festival de Música Antigua y Barroca (del que la secretaria no sabe ni con qué se come eso).
El ejercicio está interesante y divertido, porque como para Liz Torres no hay memoria política, no tiene un solo grado que le permita ejercer como secretaria de Cultura, cuando ha vivido los últimos 27 años de su vida entre las facturas y cuentas por cobrar del Canal 7 y lo más cercano a la apreciación estética es acudir al espectáculo de “Chuponcito”, pues seguramente, muy pronto veremos al gabinete de Liz Torres despachando en el Palacio de Gobierno:
Para secretario general que llame al mismísimo Xavier Nava, de quien además presume es “a-mi-guí-si-ma”, porque le pagaba las facturas del canal a tiempo y siempre la trató de “maravilla”.
Como titular de una nueva secretaría de “Cuidado de combustibles y protección a los jumentos”, colocaría sin duda a José Luis Romero Calzada, mejor conocido como Tekmoloco.
Para el área de Comunicación Social, Liz Torres con ese desparpajo, podría llamar a Adrián Vázquez Méndez, vocero de Juan Manuel Carreras, a quien ¿por qué no?, lo podría contratar para que repita al frente de la SEGE.
En la “lista de Liz: la lista”, podría sin problemas aparecer Fernando Toranzo como nuevo secretario de Salud.
En Desarrollo Social, en lugar de Nacho Segura, la extraviada secretaría llamaría seguramente a Óscar Valle Portilla y en Finanzas a su primo Rodrigo con el que también presume cercanía.
En el IMES seguramente colocaría a la hoy diputada Gabriela Martínez Larraga, que defiende muy bien al patriarcado. En el Inpode puede contratar al jefe de la porra del América; podría proponer al Congreso a un nuevo Fiscal en la persona de Tomás Cerón de Lucio, al que tendría que mandar traer desde Israel…
En Desarrollo Económico no hay duda, Liz Torres contrataría a Juan Antonio Rodríguez Chessani; en la Secretaría de Seguridad a Tiburcio Cadena y ya encarrerados, en el peor, más irónico, paradójico y ridículo nombramiento, seguramente Liz Torres permitiría que Odín Patiño fuera el director del Museo Francisco Cossio y así…
Dice el dicho “pero la culpa no es del indio…”.
Me retiro por el momento hijos de mis tormentos, pero regreso pronto. Lo prometo.
Atentamente,
Jorge Saldaña, el que cuestiona entonces el qué ser en plural privilegiando el cuidado del órgano cardiaco ajeno que al propio y el lugar del destino a cual acudir en compañía para parar.
También lee: Un paseo y un cuento muy lejos de México | Apuntes de Jorge Saldaña
#4 Tiempos
Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Buen inicio de San Luis en el torneo, un triunfo sobresaliente de visita ante América y una derrota a pesar de un buen partido en casa frente a Tigres. Tres puntos que dejan tranquila a la afición por ahora.
Pero vamos por partes.
El torneo arrancó con dos jornadas apresuradas, en la primera San Luis recibió a Tigres y cayó 1-2, un parado de 4-3-3 que sorprendió a lo mostrado en el torneo anterior, jugando con Benjamín Galindo (recién llegado) como uno de los centrales acompañado por el brasileño Bambu, dejando a Eduardo Águila en la banca, con Roman y Sanabria por los costados, en el centro Macías, García, Salles-Lamonge, adelante con la nueva incorporación de Duarte por izquierda, quien evitó el sacrificio a Juanma y que por cierto, tuvo buenos momentos sobre todo en el primer tiempo, por derecha, Galdames que dejó dudas y seguramente no se quedará de titular en ese puesto a lo largo del torneo y en el centro el siempre confiable Joao Pedro.
Con esa alineación el equipo se vio bien en la primera parte, donde debió tomar ventaja pero ni Joao ni Salles-Lamonge pudieron concretar las claras que tuvieron frente al marco. Para la segunda mitad, Tigres cumplió y con dos buenos goles terminó llevándose los puntos, pero dejando un buen partido para los potosinos.
El juego de media semana fue distinto. Línea de 5, regresando Águila a la titularidad así como Pérez Bouquet, con ambos para dejar un 5-4-1 un tanto engañoso que se puede desdoblar a un 3-4-3 en ofensiva, algo que ya habíamos visto el torneo anterior y que desgraciadamente no dio buenos resultados, sobre todo en los últimos minutos. Afortunadamente ante América, el resultado se dio y se ganó de visitante. Buen funcionamiento y una variante mostrada respecto al primer partido, cosa que no era muy común en el torneo anterior, donde casi nunca había posibilidad de maniobra.
En resumen, a pesar de que sigo pensando que San Luis no será contendiente a los primeros ocho lugares que estarán en la liguilla, estos dos partidos dan buena cara de lo que puede presentar el equipo a lo largo del torneo, un juego con plantel limitado pero con variantes según el rival. Al menos Abascal ya puede echar mano de ciertos planteamientos que le den amplitud de juego, cosa que hacía falta el torneo anterior.
Aún quedan dudas como algún delantero por derecha o saber si en algún momento se atreverá a jugar con dos centros delanteros tomando en cuenta la llegada de Flores y Muñoz, o solo serán cambios por Joao. En fin, cosas que solo Abascal nos mostrará con el tiempo, pero hoy, el profe, sigue teniendo mi confianza.
Lee también: Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
#4 Tiempos
Autonomía de la UASLP sobre senda de espinas | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
La Universidad Autónoma de San Luis Potosí está cumpliendo ciento tres años de vida autónoma, y, suele considerársele como la primera universidad en obtener su autonomía. Cierto que es una de las primeras en el sentido de conservar su nombre y estatus desde 1923 hasta la fecha, con algunos retrocesos jurídicos en la década de los veinte. Sin embargo, el movimiento por contar con instituciones de educación superior autónomas incluye, tanto personajes y proyectos planteados desde el siglo XIX e instituciones que obtuvieron el rango de autonomía mediante decretos amplios y reducidos y que han cambiado de nombre.
El movimiento marcó en América Latina en cuanto a obtención de autonomía a universidades lo constituye el movimiento de la Universidad de Córdoba en Argentina que logró su autonomía, jurídica, académica y administrativa en 1918, mientras que en México, la Universidad Nacional formada en 1910 y proyectada en 1881, planteaba entre sus objetivos el derecho a la autonomía en el sentido del movimiento de Córdoba, aunque lograría formalmente su autonomía hasta 1929. Justo Sierra, en su proyecto de creación de la Universidad Nacional de México, siendo diputado en 1881 incorporaba la idea de autonomía. Estos dos movimientos confluyeron en 1921 en el Congreso Internacional de Estudiantes realizado en México donde participaron los estudiantes de la Universidad de Córdoba. Así la necesidad de lograr la autonomía en la Universidad Nacional de México fue una constante desde fines del siglo XIX y, durante los primeros años de existencia de dicha universidad, repitiéndose en los discursos de autoridades y de estudiantes.
Los aires de autonomía se respiraban en diferentes puntos del país antes de 1923, año en que la UASLP obtuvo su autonomía; uno de los primeros intentos se realizó en el año de 1914, en la entonces Universidad Nacional de México, estando involucrado un potosino: Don Valentín Gama y Cruz que fuera estudiante de preparatoria entre 1880 y 1885 en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí de donde partió a la ciudad de México a continuar sus estudios de ingeniero geógrafo. Como rector de la Universidad estuvo convencido de la necesidad de que le fuera otorgada la autonomía a las instituciones de educación superior, pues con claridad expresó que esa era la única forma en que cumplirían adecuadamente su misión. En su toma de posesión en 1914 como rector de la Universidad Nacional de México anunció: “… Creemos que la Universidad debe subsistir; pero pedimos que viva independiente, libre, autónoma: que no haya menester de limosneo oficial y que la jerarquía de sus directores y la competencia de sus catedráticos sean el resultado de su propia responsabilidad. El gobierno propónese (sic) organizar la vida universitaria con un funcionamiento autónomo, y mientras tanto, cuida de que el personal directivo responda a las exigencias de la cultura general y, así como ha dado muestras en el terreno político, de que su mano es fuerte y firme, en la enseñanza será cauteloso y precavido…”
Públicamente sería el segundo pronunciamiento por una universidad autónoma, su eco no se hizo esperar en la formación institucional en otros puntos del país; de esta manera se obtiene el primer decreto por la autonomía universitaria para la Universidad Michoacana que incorporó la autonomía en su constitución en 1917, siendo así la primera universidad autónoma de manera formal en el país. La ley referida para la Universidad Michoacana era limitada y en 1939 fue incorporada al Estado. En 1918 inicia sus labores como universidad autónoma la Universidad de Occidente, que debería llamarse, como ahora sucede, Universidad de Sinaloa, así que dentro de su historia se realizó un cambio de nombre años después. En 1922 la Universidad Nacional del Sureste, fue creada también mediante el régimen autónomo en 1922, esta universidad es la actual Universidad de Yucatán, sufriendo también un cambio de nombre. En este movimiento nacional surge la propuesta de Rafael Nieto Compeán que otorgaba la autonomía a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 1923, siendo la cuarta universidad en obtener su autonomía de manera formal, ahora considerada la primera universidad de las que existen actualmente en obtener el rango de autonomía, aunque debemos de ubicarla como una de las primeras en este intrincado movimiento latinoamericano por la autonomía de sus universidades.
Rafael Nieto Compeán fue funcionario en el gobierno de Venustiano Carranza donde también participara Valentín Gama y Cruz, este último como rector en dos ocasiones de la Universidad nacional de México y que ya planteara la necesidad de ser autónoma. Estos personajes potosinos Nieto y Gama, participarían en los discursos por la autonomía en universidades mexicanas.
De manera formal, una Universidad es autónoma en la medida en que es libre de tomar, dentro de su propia organización y por medio de sus propios procedimientos, las decisiones relacionadas con su legislación y administración y contar con libertad de cátedra. Lo anterior implica la necesidad de la participan activa de su planta académica como eje dinámico de dicha autonomía, asegurando a sus miembros una parte reconocida e importante en su toma de decisiones, asunto que en el caso de la universidad potosina es asunto pendiente. Así la UASLP, que en sus primeros años fuera conocida como Instituto Científico Autónomo, como reminiscencia de su pasado como Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, tiene mucho que reflexionar sobre su papel autónomo y, principalmente como centro dinámico social de la entidad, papel que no ha sido cubierto como podría esperarse a pesar de su gran desarrollo en las últimas décadas. El programa universitario académico que tuvo en la década de los cincuenta bajo el rectorado del Dr. Manuel Nava, debe de ser un referente en sus discusiones por contar con una universidad más integral y con responsabilidad social, así como eje del propio desarrollo social de la entidad .
En estos tiempos, además de festejos, se requiere reflexión sobre su papel social y los asuntos pendientes.
También lee: Gabriel Macías un periodista y político potosino en los albores del siglo XX | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.
«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.
¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted?
Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!».
Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.
Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué?
Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo!
Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».
¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya.
Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».
¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!
Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia.
Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca».
¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará.
«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido!
Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores.
Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.
De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…
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