noviembre 4, 2026

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Los potosinos que se colgaron el bronce bajo la llovizna de Berlín

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Hace justo noventa años, once mexicanos con los dedos raspados y cortos de presupuesto se colgaron la única medalla olímpica que el país ha ganado en basquetbol. Dos eran potosinos, y uno de ellos se hubiera quedado en México si un caudillo no le hubiera pagado el boleto

Por: Carlos Ruíz Espinosa

La tarde del 14 de agosto de 1936 caía una llovizna sobre dos canchas de arcilla de un viejo club de tenis en Berlín, reconvertidas a las prisas en rectángulos de basquetbol, con gradas de madera para dos mil espectadores que nunca se llenaron. Ahí, once mexicanos vencieron 26-12 a Polonia y se colgaron el bronce en el primer torneo olímpico de baloncesto de la historia. Este viernes se cumplen noventa años, y esa tarde de lluvia sigue siendo la única medalla que México ha ganado en ese deporte.

Dos de esos once jugadores eran potosinos: Luis Ignacio ‘El Tallarín’ de la Vega y José Pamplona. Sus nombres pertenecen a la selecta lista de atletas mexicanos que han conseguirdo colgarse un metal olímpico, pero el caso de Pamplona estuvo a punto de ser muy diferente.

El Comité Olímpico Internacional determinó que los rosters de los equipos estarían conformados por máximo catorce jugadores, pero México armó su concentración con una lista de doce. Sin embargo, semanas antes de viajar a la Alemania Nazi, la Selección Mexicana sufrió una reducción en el presupuesto, por lo que el entrenador Alfonso Rojo de la Vega tuvo que armar una convocatoria de diez integrantes. La lista de bajas quedó en dos nombres: Pamplona y el chihuahuense Miguel Miranda.

Ahí entró un personaje que no tenía nada que ver con el baloncesto. Saturnino Cedillo era, en 1936, secretario de Agricultura en el gabinete de Lázaro Cárdenas y, antes que funcionario, uno de los últimos caudillos armados de la Revolución: se había unido a los maderistas en 1911, después peleó contra ellos junto a Pascual Orozco, combatió a los cristeros al frente de su propia gente y en junio de 1929 sus fuerzas mataron en combate al general Enrique Gorostieta, jefe militar del Ejército Cristero. También había sido gobernador de San Luis Potosí. Cuenta la leyenda que cuando Cedillo se enteró de que un potosino se quedaba fuera del equipo olímpico por falta de dinero, él pagó de su bolsa el pasaje de Pamplona. Nadie hizo lo mismo por Miranda, así que el chihuahuense se quedó en México, y el equipo que zarpó rumbo a Berlín llegó con once jugadores en lugar de doce.

Cedillo no tuvo tiempo de disfrutar mucho más ese papel de benefactor. Dos años después, en 1938, se levantó en armas contra el propio Cárdenas (supuestamente coaccionado por nazis en México) en el que es conocido como el último gran levantamiento posrevolucionario. Lo persiguieron durante meses. El 11 de enero de 1939 lo alcanzaron en la sierra potosina y murió ahí, a tiros, junto con varios de sus hombres. El mismo general que mandó a Pamplona a Berlín acabó cazado como fugitivo en las montañas, tres años después de aquella medalla.

Volviendo al tema deportivo, en 1936, el basquetbol no tenía nada que ver con el que conocemos hoy en día. Era un juego de muchos menos puntos y sin reloj de posesión, y si de por sí México no es el país más adelantado en dicho deporte, hace noventa años… mucho menos. Andrés Gómez, integrante de ese equipo, lo recordó décadas después en una entrevista: se entrenaba en parques de tierra o concreto, en gimnasios de duela cuando había suerte, con pelotas de cuero una pulgada más grandes que las de hoy y cosidas por fuera, lo que las hacía botar de manera irregular y despellejaba los dedos de quien las manejaba mucho tiempo.

Cuando por fin llegaron a Berlín, la sede olímpica del baloncesto no fue mucho mejor que las canchas de tierra que habían dejado atrás. Hoy en día, el básquetbol olímpico se disputa en pabellones techados de primer nivel. En 1936, los nazis adaptaron un club de tenis con dos canchas de arcilla al aire libre, y como Alemania perdió a las primeras de cambio, las gradas casi nunca tuvieron una asistencia decente.

En la cancha, el equipo tuvo sus propios problemas. En el segundo partido, contra Filipinas, aflojó una vieja rivalidad interna entre los jugadores capitalinos y los de Chihuahua (cada bando se negaba a pasarle el balón al otro) y México acabó perdiendo 32-30 un partido que dominaba. Tras la derrota que los había dejado prácticamente eliminados, lograron poner orden en el vestidor, y se enracharon en el resto de la competencia.

Con ‘El Tallarín’ de la Vega en un rol mucho más importante, México tuvo que afrontar una especie de Repechaje donde derrotaron contundentemente a Egipto, instalándose en la fase de eliminación en la que dejaron en el camino a la Japón Imperial y a la Italia Fascista para meterse en semifinales, donde acabaron cayendo ante Estados Unidos, en el partido donde Pamplona tuvo su primera (y única) aparición en el certamen.

En el juego por la medalla de bronce, ‘El Tallarín’ volvió a alinear con el equipo que derrotó de manera contundente 26-12 a Polonia. “La patria se había coronado, figurando entre las 3 primeras naciones del mundo en basquetbol, nuestra bandera se agitaba orgullosa para mostrar al mundo entero que en México se hace deporte, que en México se sabe luchar y vencer”, señaló en su crónica de ese día el mítico Fray Nano.

En la premiación, la quinteta mexicana compartió el podio con Estados Unidos y Canadá, en una ceremonia en la que participó James Naismith, ni más ni menos que el creador del basquetbol en 1891, y quien fue el encargado de entregar las medallas. El Dr Naismith vivió justo lo suficiente como para ver a su deporte en la máxima justa del olimpismo, pues acabaría falleciendo tres años después.

De los dos potosinos, ‘El Tallarín’ de la Vega tuvo después una vida casi tan inesperada como la remontada tras el partido contra Filipinas: dirigió cuadrillas de buzos que recogían guano de aves en islas del Pacífico para convertirlo en fertilizante, luego trabajó en una fábrica de cemento y terminó administrando un fraccionamiento de lujo en Tijuana, donde murió en 1974.

Con Pamplona, en cambio, ni siquiera está claro dónde nació: unas fuentes dicen San Luis Potosí, otras Zacatecas e incluso revisando en los archivos del Registro Civil se suma Colima a los contendientes para ser su lugar de origen. Lo que no está en duda es que fue en San Luis Potosí donde Pamplona hizo su vida y su carrera como basquetbolista, y donde se quedó jugando mucho después de su participación en Berlín.

Según contó décadas después Ángel Vázquez Robledo, Pamplona seguía yendo a echar cascaritas al Internado Damián Carmona con su viejo compañero de entrenamientos, el profesor Fausto González Ramírez. Hasta sus últimos años, el basquetbolista guardó entre sus recuerdos el álbum oficial de los Juegos de Berlín, el mismo donde aparecía, con foto y firma, Adolf Hitler.

Muchas veces se pasa por alto esa histórica medalla conseguida por los entonces once guerreros en Berlín, pero lo que ha pasado desde entonces con este deporte debería de ser para enaltecer este logro todavía más. Tras 1936, México solo ha clasificado seis veces más al basquetbol olímpico, y en este 2026 se cumplieron cincuenta años de la última participación mexicana en el certamen en Montreal 1976. A pesar de prospectos interesantes en la NBA como Karim López, la actualidad del equipo no da para pensar que vaya a cambiar mucho la situación, pues últimamente ya no clasifican ni a la AmeriCup.

México hace muchos años que dejó de figurar en el deporte ráfaga, pero la historia siempre recordará que la primera vez que se jugó de manera oficial en unos Juegos Olímpicos, nuestro país se colgó la medalla de bronce, y lo hizo con dos potosinos en el roster.

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Columna de Nefrox

San Luis contra Atlas: la bisagra de una temporada | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Existen partidos que valen tres puntos y otros que terminan valiendo mucho más. No porque la Liga MX entregue unidades adicionales cuando la presión aumenta, sino porque existen noches en las que un equipo se juega la posibilidad de seguir creyendo en su temporada. Atlético de San Luis está frente a una de ellas. El encuentro contra Atlas no es simplemente otra fecha del calendario: es el partido bisagra del Apertura 2026, ese momento en el que los dirigidos por Diego Mejía tienen que decidir si quieren ser protagonistas de la recta final o quedarse mirando cómo otros ocupan los lugares que todavía están a su alcance.

La clasificación está ahí, suficientemente cerca para ilusionarse y lo bastante lejos para exigir una respuesta inmediata. San Luis llega con 19 puntos, ubicado en el undécimo puesto, mientras Atlas aparece en la cuarta posición con 24 unidades. Cinco puntos separan a los dos equipos, pero la diferencia más importante está en las consecuencias que puede tener el resultado. Para los rojinegros, ganar significaría consolidar su lugar entre los primeros puestos; para los potosinos, hacerlo representaría acercarse de manera decisiva a la zona de clasificación y mantener viva una temporada que ha tenido demasiados altibajos.

Por eso no conviene disfrazar la importancia de este encuentro. San Luis necesita ganar. No es una exageración periodística ni una manera de elevar artificialmente la expectativa. Es una consecuencia directa de su posición en la tabla y del calendario que tiene por delante. Con apenas tres jornadas restantes después de este compromiso, cada oportunidad comienza a tener un peso diferente. Un empate podría mantener las posibilidades matemáticas, pero dejaría al equipo dependiendo de demasiadas combinaciones. Una derrota sería todavía más complicada: permitiría que Atlas se alejara y obligaría a los de casa a esperar tropiezos ajenos para seguir soñando.

El problema para Mejía es que enfrente tendrá a uno de los equipos más consistentes del campeonato. Atlas ha construido una temporada que lo mantiene entre los cuatro primeros lugares y llega después de una remontada espectacular ante Puebla, al que derrotó 4-3. No es un rival que pueda darse por vencido cuando el partido se complica. Los rojinegros han demostrado capacidad ofensiva y carácter para resolver encuentros, dos características que obligarán al Atlético a jugar con una concentración muy superior a la que ha mostrado en algunos momentos del torneo.

Pero el contexto también ofrece una oportunidad. Los dirigidos por el histórico Hernán Crespo no llegan a San Luis con la tranquilidad de quien ya tiene todo resuelto. La pelea por los primeros puestos sigue abierta y una derrota podría comprometer su posición. Los visitantes también tienen algo que defender y eso puede convertir el encuentro en un partido de mucha tensión, con dos equipos que necesitan encontrar el equilibrio entre atacar y no regalar espacios.

Para el Atlético, la primera obligación será entender que no puede jugar este partido como si tuviera todo el tiempo del mundo. La urgencia no debe convertirse en desesperación, pero tampoco puede servir como excusa para administrar el resultado desde el primer minuto. Si San Luis quiere meterse a la Liguilla, tendrá que asumir la responsabilidad de buscar el encuentro, aprovechar la localía y demostrar que puede imponerse ante un adversario que llega mejor colocado en la clasificación.

La temporada de Diego Mejía ha tenido momentos que invitan a pensar que el equipo puede competir. Ha habido partidos en los que San Luis ha mostrado capacidad para generar ocasiones, recuperar terreno y encontrar soluciones ofensivas. También ha habido tropiezos que han dejado una sensación de oportunidad desperdiciada. Esa irregularidad es precisamente lo que ha colocado al Atlético en una posición incómoda: tiene argumentos para aspirar a más, pero no ha conseguido sostenerlos durante el tiempo suficiente.

El empate ante Toluca y las victorias frente a Querétaro y Atlante han permitido recuperar terreno. El equipo ha conseguido sumar en sus últimos compromisos y parece haber encontrado una pequeña ventana de estabilidad. Sin embargo, ahora viene una prueba de otra dimensión. Ganar el clásico siempre tiene un valor emocional especial, y vencer a Atlante como visitante también suma confianza, pero Atlas representa un desafío directo en la carrera por alcanzar la fase final. Es el tipo de partido que permite medir cuánto ha avanzado realmente un equipo.

Mejía necesita que sus jugadores entiendan esa diferencia. No alcanza con repetir la intensidad de las últimas jornadas; hay que acompañarla con decisiones correctas. El Atlético tendrá que saber cuándo presionar, cuándo mantener la pelota y cuándo acelerar. No puede regalarle a Atlas transiciones que le permitan aprovechar su capacidad ofensiva, ni puede refugiarse demasiado cerca de su propia área esperando que el rival cometa un error. La mejor manera de defender la clasificación es jugar para ganar, pero hacerlo con inteligencia.

La responsabilidad también pasa por los futbolistas que tienen mayor peso dentro del vestidor. En partidos como este, los jugadores experimentados deben asumir el control de los momentos complicados. No se trata únicamente de marcar un gol o de resolver una jugada individual. Se trata de evitar que el equipo pierda la cabeza cuando el marcador no sea favorable, de exigir concentración y de transmitir la confianza necesaria para que el plan de juego no se desmorone ante la primera dificultad.

El Alfonso Lastras tendrá que convertirse en un factor. La afición potosina ha acompañado al equipo durante una campaña que no siempre ha ofrecido motivos para celebrar, pero ahora tiene delante un encuentro que puede darle sentido a buena parte del esfuerzo realizado. La localía no garantiza nada, aunque sí representa una responsabilidad adicional. San Luis no puede permitir que Atlas se sienta cómodo, que encuentre espacios con facilidad o que termine imponiendo el ritmo de un partido que debería jugarse bajo las condiciones del equipo de casa.

También hay que reconocer que el margen de error se ha reducido por decisiones y resultados acumulados a lo largo del torneo. La clasificación no se está escapando únicamente por lo que ocurra este viernes. Se ha complicado por los puntos que el Atlético dejó en el camino, por los partidos en los que no consiguió sostener una ventaja y por las ocasiones en las que no tuvo la contundencia necesaria. Ahora, sin embargo, ya no sirve demasiado mirar hacia atrás. La única manera de corregir esa historia es conseguir que los encuentros restantes tengan una respuesta distinta.

Y aquí aparece una cuestión que va más allá de la tabla: ¿qué quiere ser este Atlético de San Luis? ¿Un equipo que cada temporada se conforma con competir durante algunos tramos y termina dependiendo de los resultados de otros, o una institución que pretende consolidarse como un participante habitual en las fases finales? La respuesta no se encontrará en una conferencia de prensa ni en una promesa para el próximo campeonato. Se construye en noches como esta, cuando el equipo tiene que responder ante un rival de jerarquía y una afición que espera algo más que buenas intenciones.

No sería justo decir que una victoria resolverá todos los problemas del proyecto de Mejía. Tampoco sería correcto afirmar que una derrota terminaría automáticamente con cualquier posibilidad de clasificación. Pero sí sería un error tratar este partido como uno más. La distancia entre San Luis y Atlas, el momento del calendario y la cantidad de jornadas restantes convierten el enfrentamiento en una auténtica bisagra. El resultado puede modificar la manera en que el equipo enfrente el cierre del torneo y, sobre todo, la confianza con la que llegue a esas últimas oportunidades.

Atlas tiene motivos para sentirse favorito por su posición y por la regularidad que ha mostrado. San Luis tiene motivos para creer en su capacidad de competir, especialmente después de recuperar puntos en las últimas semanas. Pero la clasificación no se gana con argumentos, antecedentes ni pronósticos. Se gana con goles, concentración y resultados. Y en este momento el Atlético necesita demostrar que tiene lo necesario para conseguirlos.

San Luis ha llegado hasta aquí con la posibilidad de corregir el camino. Todavía tiene tiempo, pero ya no tiene demasiado margen. Atlas será una prueba exigente, un rival que no regalará nada y que también tiene objetivos importantes. El Atlético deberá jugar con personalidad, asumir el riesgo de buscar el triunfo y entender que la oportunidad está frente a su gente.

Diego Mejía y sus jugadores tienen noventa minutos para demostrar que la clasificación es una aspiración real y no solamente una cuenta matemática. La temporada todavía puede tener un desenlace distinto, pero para conseguirlo hace falta dar un golpe sobre la mesa.

Hoy no se juega únicamente contra Atlas. Se juega contra la irregularidad, contra los puntos que quedaron en el camino y contra la posibilidad de que otra temporada termine dejando más preguntas que respuestas.

Es el partido bisagra. El que puede abrir la puerta de la Liguilla o comenzar a cerrarla.

Y a estas alturas, San Luis ya no puede permitirse quedarse del lado equivocado.

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Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.

Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.

Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.

El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones

quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.

Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.

Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.

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Caicedo y la ley de la ex | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La racha de tres partidos sin perder se terminó, y se terminó pronto. El domingo 18 de octubre, en el Libertad Financiera, el Atlético de San Luis Femenil cayó 1-2 ante FC Juárez en la jornada 11, en un partido que se le complicó desde el inicio y que las potosinas intentaron remontar hasta el último minuto.

Farlyn Caicedo, exjugadora de San Luis, abrió el marcador al minuto 3 con un disparo de media distancia y amplió la ventaja al 29 con un cabezazo. Con el 0-2, el partido pintaba cuesta arriba, pero el equipo no se cayó. Antes del descanso tuvo la oportunidad de meterse al partido: Natalia Macías provocó un penal, y Enyerliannys Higuera, la máxima goleadora de la historia del club, lo cobró y el balón se estrelló en el travesaño.

Para un equipo que acababa de coronar a su reina del gol, ese tipo de fallo duele, pero lo que importa es lo que viene después. En el segundo tiempo San Luis salió más sólido y más ofensivo. Amina Bello lo intentó desde fuera del área, Rebeca Contreras estuvo cerca tras un pase de Michelle Gutiérrez y, al minuto 75, Higuera aprovechó un rebote tras un remate al poste para marcar el 1-2. Es su gol número 14 del torneo, y llegó justo después de fallar el penal. Más tarde, el equipo pensó que había empatado, pero el gol fue anulado por una falta en el área.

San Luis no pudo completar la remontada, pero se fue del campo reconocido: la afición despidió con aplausos a sus jugadoras. No fue una derrota que deje dudas sobre el nivel del equipo, sino una que deja claro dónde está la tarea pendiente, que es no regalar el primer tiempo. Dos goles en los primeros 29 minutos son demasiado para un equipo que luego tuvo 45 de dominio.

Con este resultado, San Luis suma 11 jornadas jugadas, 6 victorias, 1 empate y 4 derrotas, 24 goles a favor, 18 en contra y 19 puntos. Sigue en el tercer lugar del Grupo 2, detrás de América (28 pts) y Guadalajara (24 pts), que ya aseguraron su lugar en la Liguilla, y con tres puntos de ventaja sobre Pumas (16 pts), que ocupa la cuarta posición. Con solo tres jornadas por jugarse, cada punto cuenta.

La siguiente prueba es de las difíciles: el sábado 24 de octubre, en el Libertad Financiera, San Luis recibe al América, líder del grupo con 28 puntos y una diferencia de goles de +35. Del partido ante Juárez, el equipo se lleva una lección y un gol de Higuera que demuestra que siempre responde. Ahora hay que mostrarlo ante el mejor equipo del grupo.

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