Opinión
Esconderse para evitar un emplazamiento: uno de los peores consejos jurídicos | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
“Escóndete para que no te encuentren.” “No abras la puerta.” “Si no recibes la notificación, el juicio no puede avanzar.” Estas frases siguen repitiéndose con demasiada frecuencia en México y, lamentablemente, muchas personas toman decisiones basadas en ese consejo. La realidad jurídica es muy distinta: evitar un emplazamiento rara vez representa una ventaja y, en la mayoría de los casos, solo termina perjudicando a quien pretende ganar tiempo.
Lo primero que debe entenderse es que no toda notificación es un emplazamiento. Un emplazamiento es una especie de notificación, pero tiene una finalidad muy específica: hacer del conocimiento de una persona que existe una demanda en su contra, entregarle copia de ésta y concederle un plazo para contestarla y ejercer su derecho de defensa. Por esa razón, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido de manera reiterada que el emplazamiento constituye una de las formalidades esenciales del procedimiento y está íntimamente relacionado con el derecho humano de audiencia previsto en el artículo 14 de la Constitución. Un emplazamiento practicado de manera ilegal puede provocar incluso la nulidad de todo lo actuado posteriormente.
Las demás notificaciones tienen un propósito diferente. Sirven para informar resoluciones, acuerdos, requerimientos, citatorios, fechas de audiencias o sentencias a quienes ya forman parte del procedimiento. En otras palabras, el emplazamiento incorpora a una persona al juicio; las notificaciones posteriores mantienen informadas a las partes sobre el desarrollo del proceso.
Cada materia tiene reglas particulares. En el juicio de amparo, por ejemplo, la Ley de Amparo prevé notificaciones personales para determinados actos de especial trascendencia, mientras que muchas resoluciones se notifican por lista, boletín judicial o mediante el sistema electrónico cuando las partes así lo autorizan. En esta materia, los plazos suelen ser breves, por lo que una notificación puede marcar la diferencia entre conservar o perder un derecho procesal.
En materia familiar, especialmente cuando están involucrados menores de edad, alimentos, guarda y custodia, convivencia o violencia familiar, el emplazamiento debe practicarse con especial cuidado, pues garantiza que ambas partes puedan participar en un procedimiento que afecta derechos fundamentales. Sin embargo, una vez iniciado el juicio, muchas actuaciones posteriores pueden notificarse por boletín judicial, listas o por otros medios previstos en la legislación local aplicable.
En los procedimientos mercantiles, el emplazamiento conserva una enorme importancia porque de él depende que el demandado pueda contestar oportunamente la demanda, ofrecer pruebas y formular excepciones. No comparecer por haber decidido “esconderse” puede facilitar que el procedimiento avance sin que la persona ejerza plenamente su defensa. La legislación mercantil también contempla diversas formas de notificación posteriores , incluyendo medios electrónicos en los casos autorizados.
En materia laboral, el modelo instaurado con la reforma de 2019 fortaleció el uso de mecanismos ágiles de comunicación procesal. Los tribunales laborales realizan emplazamientos y notificaciones conforme a reglas específicas que buscan garantizar tanto el debido proceso como la rapidez del procedimiento. Incluso existen mecanismos electrónicos para determinadas actuaciones, aunque el emplazamiento inicial continúa exigiendo formalidades especiales por tratarse del acto que da inicio a la relación procesal respecto del demandado.
Entonces, ¿qué ocurre si una persona simplemente decide no abrir la puerta o esconderse? En la práctica, pocas veces obtiene el resultado que imagina. La legislación contempla diversos mecanismos para evitar que un juicio quede paralizado indefinidamente por la conducta de una de las partes. Dependiendo de la materia y de las circunstancias del caso, pueden realizarse nuevas diligencias, agotarse otras formas de localización o incluso practicarse notificaciones por medios alternativos cuando la ley expresamente lo autoriza. Es decir, el procedimiento no permanece suspendido para siempre únicamente porque alguien decidió evitar al actuario.
Lo verdaderamente grave es que, mientras una persona intenta retrasar el inevitable emplazamiento, puede perder un tiempo invaluable para preparar documentos, localizar testigos, reunir pruebas, contratar un abogado o diseñar una estrategia jurídica adecuada. En asuntos familiares incluso pueden dictarse medidas provisionales; en materia laboral continúan corriendo etapas procesales; y en otros procedimientos pueden generarse consecuencias que después resultan mucho más difíciles de revertir.
Existe incluso una alternativa mucho más inteligente cuando una persona sabe que existe un juicio en su contra. Si tiene conocimiento de que la demanda ya fue presentada, pero el emplazamiento aún no se practica —por ejemplo, porque un exhorto tarda semanas o meses en diligenciarse—, puede acudir voluntariamente al juzgado para notificarse directamente, obtener las copias de traslado e iniciar inmediatamente su defensa. Lejos de representar una desventaja, ello permite aprovechar al máximo los plazos procesales y evitar sorpresas.
El mejor consejo jurídico nunca será esconderse del actuario. El verdadero objetivo debe ser verificar que el emplazamiento cumpla con todas las formalidades legales, recibir la documentación correspondiente y ejercer oportunamente el derecho de defensa. En un Estado de derecho, la estrategia más inteligente no consiste en evitar el proceso, sino en participar en él con conocimiento, preparación y una adecuada asesoría jurídica.
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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
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Destacadas
“De Forbes al Porfas”: La coartada de aspirante | Apuntes de Jorge Saldaña
Culto Público, hijos de la coartada perfecta:
Si usted planea lavar dinero, cobrarle fortunas a Pemex con bendición de Tabvástagos, empresas facturalotodo y beneficiarse del huachicol, por favor no busque abogados: declare que quiere ser candidato.
Así, cuando la UIF le congele las cuentas, no tendrá que explicar los 400 millones inyectados de la noche a la mañana por su medio hermano ni decir nada sobre los socios compartidos y “casualidades” hasta de vecindad y notario con las empresas de Andy López Beltrán (-perdón, quise decir de su impecable y honorable amigo Amilcar Olán)
Que nada de eso le quite el sueño febril de octubre. Deje eso para los “malos” y que somos menos.
Para “los buenos que son los más” (los más…luego le digo que) basta con huir a Estados Unidos y ponerse en el papel de víctima y gimotear como damisela en apuros que se le persigue solo por ser aspirante a mejorar la vida de “sus hermanos potosinos a los que quiere mucho”.
A otra orca con esa foca. El periódico Reforma confirmó hoy lo que nosotros habíamos humildemente aportado en LaOrquesta con el anexo documental y reportaje publicado hace poco menos de dos semanas.
Reforma hoy es irrefutable y su investigación no deja dudas: a Gerardo Sánchez Zumaya no lo investiga la autoridad por sus votos en potencia, lo hicieron correr sus cuentas de banco hinchadas de dinero público ilícitamente obtenido y que hoy están bajo cero.
Y un asunto fundamental: El Huasteco NO es investigado por sus “enemigos”, y no está huyendo de miedo por un gobernador.
Pasó de Forbes a “Porfas” en las oficinas de sus “amigos” con los que tanto presumió cercanía.
Aquí no se vale engatusar a nadie: Es el gobierno de la 4T, el de Claudia Sheinbaum
, el que está limpiándose de Tabasco.Es el que está separándose justamente de personajes que están manchados de huachicol con billetes pegajosos de crudo y perfume de Villahermosa.
El Huasteco está huyendo sin ser aún perseguido (otra casualidad con Amilcar Olán)
Está siendo investigado por autoridades con las que presumió cercanía a los dos pares de vientos.
El Huasteco la hizo de Gulliver: pasó de la isla en la que se sentía un gigante, a la otra isla, en la que es un “inútil, pequeño y perdido”, como lo canta Miguel Bosé.
Entonces que nadie llore como Niño, todos ya están grandes, sabían lo que hacían y las reglas del juego.
30 millones no compran impunidad transexenal y ya le quedó claro a Gerardo, que anda a salto de mata en Texas, en una de esas, se convierte en colaborador voluntario de los Estados Unidos… o en involuntario eslabón más débil.
Aquí le dejo el documento que publica hoy Reforma y que -bien raro- me encontré bajo unos correos de la UIF en mi escritorio.
El joven que aparece en el documento, Eduardo Isaac Sánchez Zúñiga, es medio hermano del Huasteco, comparten padre, empresa, chequera, colonia en Tabasco y congelador de liquidez.
Yo soy Jorge Saldaña.
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Opinión
¿Quién cambia la cerradura? | Columna de Gonzalo Hernández Araujo
Sistema Operativo
Imagina que en millones de edificios se descubre la misma cerradura defectuosa y que, de un día para otro, todo mundo sabe cómo abrirla. El fabricante ya mandó la cerradura nueva. Pero cada edificio tiene que instalarla por su cuenta, y muchos todavía no lo hacen. Con esa imagen explicó Matt Shumer lo que pasó esta semana en internet, y es la más clara que he leído.
La cerradura se llama PHP. Es el lenguaje que corre en el servidor detrás de buena parte de los sitios web, incluidos los hechos con WordPress. El 21 de octubre, el proyecto publicó correcciones para dos fallas críticas que podían permitir a un atacante ejecutar código en un servidor sin necesidad de contraseña. Según Matthew Prince, director de Cloudflare, los intentos de aprovecharlas pasaron de miles a millones en cuestión de horas.
De la metáfora, lo que más me interesa no es la cerradura. Es quién la instala.
1. Por qué esta vez es distinto
Durante años, encontrar fallas así requería gente muy especializada, y había poca. Esa escasez era, en buena medida, nuestra protección. Ya no lo es: las herramientas de inteligencia artificial ayudan a encontrar huecos y a probarlos a una velocidad que antes no existía.
Entre el aviso y el primer intento de ataque ya no cabe una semana. A veces caben horas. Esperar a que «alguien lo vea» dejó de ser un plan.
2. Si solo usas internet
Si eres usuario, la falla no vive en tu teléfono ni en tu navegador. Vive en los servidores de los sitios que visitas, y no puedes parcharla tú. Lo que sí puedes es cerrar las puertas que dependen de ti, porque cuando un sitio se compromete lo que sigue suele ser lo de siempre: datos filtrados y llamadas o mensajes que suenan demasiado reales.
- Actualiza tu teléfono, tu computadora y tu navegador desde su propia configuración, nunca desde un aviso que te aparezca en una página.
- Estas semanas, piénsalo dos veces antes de poner tu tarjeta en una tienda en línea que no conoces.
- Si alguien te llama o te escribe para pedirte un código que te acaba de llegar por mensaje, es una estafa. Siempre. Cuelga y marca tú al número que viene en tu tarjeta.
3. Si tienes un negocio con sitio web, tú eres la puerta pequeña
Shumer recomienda alejarse de los sitios pequeños mientras pasa la tormenta, porque son los que menos probabilidades tienen de haberse actualizado y desde afuera no se nota. Para el usuario es un buen consejo. Para el dueño de un negocio es otra cosa: el sitio pequeño es el suyo.
En México, más de 126 mil sitios activos usan PHP, según estimaciones de BuiltWith. En la columna de Ignacio Gómez Villaseñor en Milenio, un conteo con Shodan encontró al menos 8,600 servidores mexican os con versiones de PHP que nunca recibirán corrección: cerca de uno de cada cinco detectados en el país, y es un mínimo. Ni el gobierno se salva: un sistema de la SEP todavía corre una versión de 2004. Y, como advierte ahí un especialista, que no haya alertas no descarta que alguien ya haya entrado.
Para darte una primera idea sin instalar nada, la empresa de seguridad Aikido publicó un verificador gratuito: escribes la dirección de tu sitio y hace una prueba ligera desde afuera. Úsalo solo en un sitio que sea tuyo o que tengas permiso de revisar, y deja sin marcar las pruebas de choque opcionales, porque pueden tumbar el sitio por un momento. Si el resultado sale limpio, no significa que estés a salvo; la propia herramienta lo advierte. Es un termómetro, no un diagnóstico.
4. El parche existía. La última palabra no era mía
El mismo 21 revisé las cuentas de hosting que administro. Antes de saber si alguna estaba expuesta, tuve que averiguar qué tenía cada una.
Una seguía en PHP 5.6, una versión tan vieja que no tiene corrección oficial. Ahí no había parche que aplicar: había que mover el sitio a otra versión y comprobar que siguiera funcionando. Otra estaba en 8.1, que el proyecto ya no mantiene; depende de que algún proveedor traslade la corrección. La mayoría estaba en 8.2. El parche ya existía, pero el servidor todavía no lo traía, y esa capa no la actualizo yo, sino el proveedor de alojamiento.
Podía revisar el mismo día. No podía decidir cuándo quedaba arreglado.
Eso es lo que deja ver la metáfora si la sigues un paso más. En un edificio hay dueño, administrador, conserje y cerrajero. En un sitio web también: quien paga, quien lo hizo, quien lo mantiene y quien renta el servidor. Muchas veces nadie acordó cuál de ellos cambia la cerradura.
5. Mitigar no es arreglar
Cloudflare activó reglas de protección unas horas antes del anuncio, incluso para cuentas gratuitas. Si tu sitio pasa por Cloudflare, tienes una capa más. Es una buena capa, pero compra tiempo: bloquea ciertos ataques, no cambia la versión vulnerable que sigue instalada. El aviso de PHP lo dice sin rodeos: las medidas temporales reducen la exposición, y solo actualizar resuelve el problema.
Con la frase «el sitio funciona» pasa algo parecido. Que cargue rápido y reciba formularios demuestra que funciona hoy. No demuestra que alguien lo esté manteniendo.
No necesitas saber programar para hacerte cargo de esta parte. Necesitas que la responsabilidad tenga nombre. Pregúntale a quien lleva tu sitio:
- ¿Qué versión de PHP tengo y quién puede actualizarla?
- ¿Quién revisa WordPress, sus extensiones y el servidor cuando sale un aviso como este?
- ¿Cómo me entero, y quién actúa si pasa un viernes en la noche?
- Lo que pago de hosting cada año, ¿incluye respaldos y un plan para cuando pasa algo así, o solo el espacio para que mi sitio exista?
En un negocio pequeño casi nadie lo pregunta al contratar, y muchas veces el mantenimiento no viene incluido. Si la respuesta es «eso lo ve el hosting», pregunta qué significa exactamente. Pagar el hosting no es lo mismo que pagarle a alguien para que cambie la cerradura.
La versión completa está en mi archivo personal: El parche no es lo difícil. Saber quién lo aplica, sí
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