Columna de Nefrox
Veracruz, solo Veracruz | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
Testeando
No sé si sea el karma, la mala planeación, la falta de una administración coherente o la mezcla de todas las anteriores; lo que sí es un hecho es que en la historia del futbol mexicano, nadie es peor que Veracruz.
Hay que sentirnos afortunados. Lo de los Tiburones es un gran capítulo de la historia del futbol nacional: su racha sin victoria es impresionante incluso a nivel internacional, pero hoy nos centraremos en definirlo como el peor de la historia en la primera división mexicana.
Equipos sin victoria en un torneo existen varios: el galardón se lo disputan Indios de Ciudad Juárez en el Apertura 2009, Atlético Potosino en el Prode 85 (aunque en este torneo solo se jugaron 8 partidos por equipo) y obviamente el Veracruz del Clausura 2019. La diferencia la marca este Apertura 2019, donde los del puerto siguen sin sumar de tres; esto implica que de no ganar un partido, se convertiría en el primer equipo en completar dos torneos sin victoria.
En cuanto a la racha temporal, Veracruz ya superó un año y un mes sin conocer la victoria, y su racha de partidos supera los 35 consecutivos sin ganar, rescatando tan solo algunos empates.
En cuanto a número de derrotas en una misma temporada, Veracruz se salva, ya que el peor equipo en ese renglón es la Unión de Curtidores que en la 83/84 perdió 25 juegos, seguido de Cobras de Juárez que en la 91/92 perdió 23 partidos, Veracruz aparece hasta la cuarta posición con 22 partidos en la 78/79 empatado con ese número con el Ciudad Madero de la 74/75 y el Atlético Potosino de la 75/76, sin embargo hay que considerar que en esos torneos mencionados se jugaban más partidos y por ende se podía perder mayor número de encuentros. Actualmente una temporada solo tiene 18 partidos.
Por el lado de los puntos en un mismo torneo, Veracruz firmó el Clausura 2019 con la increíble cantidad de 0 puntos, una cifra sin precedentes en el futbol mexicano, teniendo a Indios de Ciudad Juárez como el segundo peor con 6 puntos en el Apertura 2009, mientras que en los torneos largos los peores equipos fueron San Sebastián y Marte con 11 puntos cada uno, el primero en la 50/51 y el segundo en la 54/55. Afortunadamente para los del puerto, en el presente Apertura 2019 ya sumaron un par de empates .
Otro dato importante a resaltar es que Veracruz es el equipo que más veces ha terminado un torneo como el peor equipo de la tabla general: 10 veces fue sotanero y pinta para lograr la 11 (51/52, 78/79, Verano 97, Verano 98, Clausura 2004, Apertura 2005, Clausura 2007, Clausura 2014, Apertura 2018 y Clausura 2019).
Dentro del renglón de los descensos, no es extraño encontrar a Veracruz como uno de los dos clubes con más pérdidas de categoría, empatado con Zacatepec: ambos tienen 5 descensos de primera división, en el caso de los tiburones fueron en 51/52, 78/79, 97/98, 2007/2008, 2018/2019.
Es importante resaltar que Veracruz ha conseguido siete “ascensos” y ninguno por campeonar en la división inferior: en la 43/44 fue por invitación, en la 64/65 por una promoción para aumentar el número de equipos, en 89/90 compró la franquicia de Neza, en Verano 2002 compró la franquicia de Irapuato, en Apertura 2002 ganó una promoción a León, en 2013 mudaron la franquicia de La Piedad y en 2019 pagaron una multa para recuperar la categoría.
En fin, con estos argumentos hay mucho para decir que Veracruz es el peor equipo en la historia de la primera división, sin embargo, para poder ganar la lotería hay que comprar boleto. En otras palabras, a Veracruz le ha ido tan mal en su paso por el futbol, porque ha jugado muchos partidos en primera división, de la forma que sea, pero los ha jugado.
Posdata, no olvidemos que Veracruz dentro de todo lo malo antes mencionado, es uno de los decanos del futbol profesional en México, uno de los 10 equipos fundadores de la primera división, ha sido campeón en dos ocasiones y ostenta el récord de la goleada más grande en la primera división (14-0 a Monterrey en la 45/46), no todo es malo, el problema es que hay que escarbar mucho para encontrar el tesoro.
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Con coherencia en los banquillos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que llegan con tres puntos en juego y otros que llegan con una idea detrás.
El Atlético de San Luis contra Pumas es de esos segundos.
Y es que más allá de la tabla, más allá de si uno necesita meterse o el otro quiere escalar, hay algo que no siempre aparece en el fútbol mexicano: dos entrenadores que entendieron lo que tenían y dejaron de pelearse con eso.
San Luis, por ejemplo, dejó de ser un equipo confundido.
Raúl Chabrand, en silencio, hizo algo que a veces parece revolucionario: ordenar. Volver a lo simple. Apostar por un 4-2-3-1 claro, sin inventos, sin posiciones forzadas, con roles definidos.
Y eso, en un equipo que venía de la incertidumbre, pesa más que cualquier discurso.
Porque San Luis no necesariamente juega mejor que antes, pero eso sí, se entiende mejor, y cuando un equipo se entiende, compite.
Del otro lado está Pumas, que tampoco es casualidad.
Efraín Juárez agarró un equipo que necesitaba identidad más que nombres, y le dio algo que no siempre se nota en la Liga MX: intención. Un sistema que puede mutar, que puede presionar, que puede atacar sin perder orden y los resultados empiezan a acompañar.
Un 3-1 reciente que no solo suma puntos, sino que confirma algo más importante: Pumas sabe a qué juega, que en este fútbol, ya es bastante.
Por eso este partido no es tan simple como parece.
San Luis llega con urgencia. Necesita puntos, necesita creer que todavía está a tiempo a pesar de que el cambio se dio bastante tarde en el torneo.
Pumas llega con confianza. Ya entendió el camino, ahora quiere mejorar el destino, dejando atrás los errores del principio de año que lo desplazaron de Concacaf.
Uno persigue.
El otro se afirma.
Pero los dos comparten algo: coherencia.
Y eso cambia todo.
Porque cuando los equipos tienen idea, los partidos dejan de ser accidentes. Ya no dependen de una jugada aislada, de un error, de un rebote. Empiezan a tener lógica.
San Luis buscará ordenarse desde atrás, sostener el partido, encontrar a João Pedro en momentos clave.
Pumas intentará imponer ritmo, ocupar espacios, hacer que el juego pase por su mediocampo.
No es un choque de estilos opuestos. Es un choque de ideas bien trabajadas. Y quizá por eso este partido importa más de lo que parece.
Porque en medio de una liga que muchas veces vive de la inercia, ver a dos técnicos que sí están construyendo algo, incomoda.
A veces, es tan simple (y tan difícil) como tener claro qué quieres que haga tu equipo cuando tiene la pelota y cuando no.
Pero más allá del marcador, hay algo que ya se está jugando: la validación de dos procesos que, sin hacer ruido, empiezan a tomar forma.
Y en una liga donde muchas veces todo cambia demasiado rápido, ver a dos equipos que por fin parecen saber hacia dónde van, ya es, en sí mismo, una pequeña victoria.
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Hay algo incómodo en el repechaje | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay algo incómodo en el repechaje.
Como esas conversaciones que llegan tarde, como esos equipos que reaccionan cuando ya no hay margen.
Nadie quiere estar ahí… pero todos quieren salir.
El Mundial de 2026 promete ser el de la inclusión, el de las 48 selecciones, el de “ahora sí hay lugar para más”. Pero en el fondo, el fútbol sigue siendo el mismo de siempre: el que aprieta cuando más duele. Y ahí, en ese rincón donde ya no hay mañana, aparece el repechaje.
No como premio, como castigo.
En Europa, por ejemplo, el repechaje no debería existir para ciertos nombres. Y sin embargo, ahí está Italia, otra vez, jugando con fuego después de haber aprendido (o no) la lección de quedarse fuera.
Ganó 2-0 su primer partido. Sin convencer, sin emocionar, pero ganando. Que a estas alturas ya es suficiente. Porque en estas instancias el fútbol no se juega bonito… se sobrevive.
Alrededor, el mapa es igual de tenso.
Polonia sacó un 2-1 que dice más de sufrimiento que de superioridad.
Suecia resolvió con un 3-1 que parece cómodo, pero que no garantiza nada.
Dinamarca, quizá la más seria de todas, aplastó 4-0 y mandó un mensaje: hay selecciones que sí entendieron dónde estaban paradas.
Y ahora todo se resume a una noche.
Una sola.
Italia contra Bosnia.
Suecia contra Polonia.
Dinamarca contra República Checa.
Turquía contra Kosovo.
Cuatro partidos para decidir quién va al Mundial… y quién se queda viendo cómo pasa la historia.
Así de frío.
Del otro lado del mundo, el repechaje tiene otro tono. No es presión… es oportunidad.
México es la sede de esa última puerta, y eso no es menor. Porque jugarse el Mundial en este país no es lo mismo. Aquí el fútbol se siente distinto: más ruidoso, más emocional, más impredecible.
Y en ese escenario aparecen nombres que no suelen habitar estas conversaciones.
Bolivia, Surinam, Irak.
Jamaica esperando.
Nueva Caledonia soñando.
República Democrática del Congo empujando desde lejos.
Seis selecciones para dos boletos.
Seis historias que no estaban destinadas a este momento… pero que ya están ahí.
Y cuando eso pasa, el fútbol se vuelve peligroso.
Porque el repechaje no clasifica a los mejores.
Clasifica a los que aguantan.
A los que llegan con dudas pero no se rompen.
A los que no cargan historia… y por eso juegan sin miedo.
Y ahí es donde empieza lo interesante.
Porque cada Mundial tiene ese equipo que nadie vio venir. Ese que no tenía obligación de nada y termina incomodando a todos. Muchas veces, ese equipo sale de aquí.
Si Dinamarca entra, nadie la va a querer enfrente.
Si Suecia se mete, será ese rival incómodo que no regala nada.
Y si Jamaica, incluso Bolivia logran colarse… entonces habrá una historia nueva, de esas que no se explican con rankings, de esas que solo se entienden cuando la pelota empieza a rodar.
El repechaje es injusto, sí. Pero también es brutalmente honesto. Porque aquí no hay margen para discursos, ni para proyectos, ni para promesas. Aquí todo se reduce a 90 minutos donde el pasado no sirve de nada, ni los títulos, ni el nombre, ni la historia, solo el presente. Y quizá por eso incomoda tanto. Porque en el fondo, el repechaje nos recuerda algo que el fútbol intenta ocultar todo el tiempo: que no siempre llegan los que más lo merecen…
sino los que sobreviven cuando ya no queda nada.
También lee: Ignacio Quintana: romper la frontera que parecía imposible / Columna de Arturo Mena “Nefrox”
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Ignacio Quintana: romper la frontera que parecía imposible / Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hoy director técnico del Atlético de San Luis femenil, pero Ignacio Quintana “Nacho” como el mismo nos pidió llamarlo, tiene un pasado digno de contar y resaltar.
En el fútbol mexicano hay historias que se construyen desde la costumbre: jugadores que emigran, entrenadores que se forman en casa y procesos que rara vez cruzan ciertas fronteras. Por eso la historia de Nacho Quintana no es un episodio más, sino un punto de quiebre. Su presencia en un Mundial dirigiendo a una selección que no es México representa algo que durante años parecía improbable: un técnico mexicano abriéndose camino en otro país hasta alcanzar la máxima vitrina del fútbol.
No es solo un logro personal, es una señal. Durante mucho tiempo, el entrenador mexicano fue visto como una figura limitada al entorno local o, en el mejor de los casos, al ámbito regional. La exportación de talento desde el banquillo no era una constante, ni siquiera una aspiración clara. Quintana rompe con esa narrativa y lo hace desde un terreno que también ha exigido abrirse paso: el fútbol femenino.
Su camino no fue inmediato ni sencillo. Se construyó desde procesos formativos, desde el trabajo silencioso, desde la convicción de que el crecimiento real no siempre es visible en el corto plazo. Cuando asumió el reto de dirigir fuera de México, no llevaba consigo el respaldo de una etiqueta internacional consolidada, sino la responsabilidad de demostrar que la preparación también puede hablar por sí sola.
Nacho recibió el llamado de Centroamérica apenas dos días después de terminar su carrera de director técnico, literalmente recibió su título un sábado y el lunes estaba en el vuelo a Nicaragua para ser auxiliar del proyecto de selección femenil, un reto que pocos se atreven, y no es que las propuestas no existan, sino que son las mismas federaciones o equipos, los que dudan en ofrecerlo a entrenadores mexicanos, pensando que los aztecas rechazarán por el poco cartel que ofrece la zona a sus carreras.
Llegar a un Mundial no es producto del azar
. Es consecuencia de estructura, de lectura del entorno y de una capacidad constante de adaptación. Dirigir a una selección distinta implica entender otra cultura futbolística, otro tipo de jugadoras, otro ritmo competitivo y, sobre todo, otra manera de gestionar expectativas. Quintana no solo se integró: logró construir un equipo que compitiera lo suficiente como para alcanzar ese escenario .Lo que vuelve más relevante su historia es lo que representa hacia afuera. Su logro abre una puerta que durante años estuvo prácticamente cerrada para los entrenadores mexicanos. Demuestra que el talento no está limitado por la nacionalidad, sino por las oportunidades y la capacidad de sostener procesos en contextos distintos.
En un fútbol donde se habla constantemente de exportar jugadores, pocas veces se pone atención en quienes dirigen. Nacho Quintana obliga a voltear hacia ese otro lado, a preguntarse cuántos entrenadores mexicanos podrían seguir un camino similar si existieran más espacios y menos prejuicios.
Su presencia en un Mundial no es una casualidad ni un gesto simbólico. Es el resultado de un trabajo serio que encontró eco fuera de casa. Y en ese sentido, su historia tiene un valor mayor: no solo cuenta lo que logró, sino lo que puede venir después.
Porque a veces, lo más importante no es llegar primero, sino demostrar que sí se puede llegar.
Hoy Nacho dirige al Atlético de San Luis femenil, y asume el mismo reto que cuando dirigió a Panamá en aquel Mundial en Australia y Nueva Zelanda en 2023, el reto de la primera vez, con la selección canalera la ilusión era esa primera vez en un Mundial, hoy es la ilusión de alcanzar por primera vez una liguilla, cosa que parece muy complicada en el torneo actual. Pero de historias imposibles se ha llenado la carrera de Nacho, y hoy vive y trabaja en San Luis Potosí, en búsqueda de ser un semillero en el equipo potosino, un equipo donde se pueda lograr llevar jugadoras a los más altos niveles y con ellas hacer realidad esa ilusión de lograr pronto, hacer probable lo imposible.
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