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Tempestad -antídoto para la indiferencia- | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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“Lo que comienza como una solitaria melodía
se transforma en un coro de millones de voces”
Indiewire

El título de este texto no se refiere al Covid 19 –tema trillado-; sino a la película Tempestad de la directora salvadoreña/mexicana Tatiana Huezo.

Esta película entrelaza dos históricas dramáticas de mujeres reales y en tiempo presente.

El film equilibra y administra contenidos y adopta una narrativa visual estructurada con inteligencia y oficio. Como en películas documentales de otras directoras mexicanas del tiempo presente –Mi vida dentro, 2007, de Lucía Gajá; Intimidades entre Shakespeare y Víctor Hugo, 2008, de Yuliene Olaizola-, hay dominio del lenguaje fílmico reinventado para mostrarnos un tema documental con un ritmo, estructura, vuelcos argumentales y pista sonora, con tal cúmulo de sorpresas y búsquedas simbólicas y poéticas, como si de una película de ficción en modalidad de cine de autor se tratara. Si por cine de autor entendemos un film que trata al espectador como ser pensante; no sólo consumidor de palomitas al ritmo de imágenes frenéticas sin descanso o argumentos y finales predecibles “lindos”.

Tempestad es un viaje que cruza a México de norte a sur a lo largo de 2 mil kilómetros. En ese recorrido, los testimonios de dos mujeres se entrelazan, llevan al espectador al centro de una tormenta: un país en donde la violencia ha tomado el control de vidas, deseos y sueños de buena parte de la sociedad; donde se victimiza/atemoriza, empezando por los más frágiles.

• Miriam Carvajal, madre soltera y empleada de aduanas en Cancún, quien fue acusada de tráfico de personas, sin ninguna prueba que justificara esa acusación, es detenida y llevada a un reclusorio al otro extremo del país; es liberada en agosto de 2010 por falta de elementos probatorios, pero su vida está trastocada y su retorno al lugar de origen y reencuentro con su hijo es complicado.

• La segunda es una mamá –fonomímica en un circo modesto-; tiene a una hija desaparecida, Mónica; hace años que está en su búsqueda y está en pie de guerra; exige respuesta a las autoridades

Tatiana Huezo, la directora de la película, comenta en entrevista producida por IMCINE (Instituto Mexicano de Cinematografía): “Tengo un vínculo afectivo importante con las dos mujeres. Tempestad nace, justamente de ese vínculo que siento a una de las protagonistas que es una amiga; yo la vi a un año de haber salido de la cárcel; en ese momento nace la necesidad de querer entender qué le sucedió a ella, qué le hicieron al interior de esa cárcel y qué significa la intimidación y el miedo, qué nos hereda como personas.

Por su parte, Esteban Pardo, el camarógrafo, comenta: trabajé tres meses en la película y nunca había vivido esa negrura tan de cerca; mi acercamiento con la cámara me hizo vivir esa negrura, ese miedo.

Tatiana agrega: inevitablemente uno se pone en los pies de los protagonistas, y es insoportable imaginar lo que implica para la vida de una madre tener a un hijo desaparecido.

Cuando a Tatiana le informan que La Tempestad tiene 8 nominaciones para el premio Ariel de la Academia Mexicana de Cinematografía, comenta:

“Me acabo de enterar…, todavía no lo puedo creer ni asimilar. La Academia ha decidido mirar el documental como igual de la ficción (dice mientras mueve las manos simulando una balanza en busca de equilibrio). Es una sorpresa enorme saber que Tempestad ha sido nominada como mejor película. Hay otros documentales también nominados y han abierto al género documental las categorías que siempre han sido el feudo de la ficción”.

En días de pandemia, Tatiana vuelve a ser entrevistada porque su película se puede ver, en este momento y sin costo; la pone en línea el Festival de Cine de Morelia en este sitio: https://moreliafilmfest.com/ficm-presenta-en-linea-tempes…/….

Ahora se refiere Tatiana a la escena final de la película; dotada de una belleza proverbial y simétrica con dos cargas remarcadas, la poética visual/musical y los simbolismos de la narrativa pausada y envolvente que permite activar resortes de proactividad y valoración mesurada ante esta medicina preventiva y alertadora para que esos sucesos criminales no se repitan. Dice que estuvo aprensiva buscando ese final e hizo el esfuerzo de soñar y de ahí surgió.

Los contrapuntos del cine de autor

¿Qué haría una película histérica, aturdidora y cargada de violencia? Distanciarte de los hechos; no te pertenecen, es la ficción remarcada del pleno entretenimiento y vacuna para ser insensible ante la violencia y el dolor; es espectáculo, no es mío, a tragar palomitas y coleccionar héroes virtuales.

Tatiana con Tempestad, retoma un tema que duele, pero lo vuelve empático con estética visual, ritmo y pausas reflexivas. La narrativa no está en los hechos explícitos, fecalidades, puses y bilis al descubierto, sino en la reconstrucción y vestuario poético/reflexivo de hechos reales.

Así se refiere a la película Tempestad el analista de cine Luis Gallardo:

“Es quizá el gran relato de dos sexenios de zozobra, en los que la vida humana en México no vale nada, ni para el poder político, ni para los poderes fácticos. Dos personas destruidas por el terremoto que ha sido la guerra contra el narcotráfico tratan de levantar los escombros de su vida. Encontramos en Tempestad, los rescoldos de doce años de tormenta (…)

¿Algún día veremos la transición de la necropolítica a la política? ¿Algún día serán visibilizados los invisibles, los que nada importan? Es difícil vislumbrarlo en medio de la borrasca. El llamado sexenio del socavón cierra muy bien con un diálogo de La tempestad de Shakespeare, cuando Ariel hace zozobrar la nave: “¡El infierno está vacío! ¡Aquí están los demonios!”. Y sí, ese es México… en la tempestad.

Tatiana Huezo

La directora de Tempestad es una mujer despojada de glamour, de mirada atenta/indagatoria; opinión y análisis inteligente como sus películas; de atuendo y maquillaje sobrios/anticlimáticos. Puede parecer tímida, pero cuando hace uso de la opinión llena el escenario sin reticencias.

Estudió la licenciatura en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), Ciudad de México, y una maestría en Documental de Creación en la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona.

Su primer largometraje documental, “El lugar más pequeño” –referido a las secuelas de las guerrillas en su natal Salvador-(2011), recorrió más de 50 festivales alrededor del mundo y ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales.

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