marzo 7, 2021

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Literatura emergente, exilios y efluvios presentes en el Nuevo cine mexicano | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Literatura emergente

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EL INFLUJO REMOTO

Luego de la consolidación de la primera generación del Muralismo mexicano (José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros), hubo en nuestro país la presencia temporal o definitiva de creadores y pensadores extranjeros que contribuyeron a generar un Renacimiento cultural:

  • De 1923 a 1925, la italiana Tina Modotti y el estadounidense Edward Weston montan un estudio fotográfico en la ciudad de México. Ella continuará la labor fotográfica como retratista y consignataria visual de usos, costumbres y el acontecer en la vida política local.
  • Entre 1930 y 1932, Seregi Einsestein, ya entonces con relevancia mundial por su película El acorazado Potemkin (1925), filma “¡Que viva México!”
  • Entre 1936 y 1942, a causa de la Guerra civil española, llega una pléyade de creadores y pensadores:
    • CINE: Luis Buñuel, Luis Alcoriza, Jomy García Ascot y María Luisa Elío
    • FOTO: Katy Horna (nacida alemana)
    • LITERATURA Y FILOSOFÍA: León Felipe, José Gaos, Joaquín Xirau, Adolfo Sánchez Vázquez, Eduardo Nicol, Wensesalao Roces
    • ARTES PLÁSTICAS Y GRÁFICAS: Remedios Varo y Leonora Carrigton (nacida inglesa), José Renau, Antonio Rodríguez Luna, Enrique Climent, Benito Messeguer, Miguel Prieto, mentor de Vicente Rojo, Elvira Gascón, Vicente Gandia
    • MÚSICA: Rodolfo Halffter

Estos exiliados ayudaron a crear la Casa de España en México, hoy llamada El Colegio de México, y también el Fondo de Cultura Económica, así como a reforzar el profesorado de la UNAM y el IPN. Entre otras muchas aportaciones de los científicos españoles refugiados, se creó la revista Ciencia, fundada por Ignacio Bolívar y Urrutia.

Entre 1940 y 1960 se produjo en nuestro país un volumen de películas, en cantidad y desigual calidad, conocido como Época de oro. La falta de relevo generacional e  innovación temática, y los cambios de correlación en el mercado de consumo fílmico, contribuyeron a su decaimiento.

EL INFLUJO MEDIATO EN EL CINE MEXICANIZADO

Los ejercicios de cineclub en las facultades de la UNAM y en el Instituto Francés para América Latina, propiciarán la gestación de la vanguardia artística conocida como Nuevo cine mexicano. Estos son sus componentes:

  • 1947-1960.- Buñuel realiza en México más de la mitad de sus películas.
  • – Formación del grupo Nuevo cine (con la participación entre de Luis Buñuel, Jomy García Ascot, José de la Colina, Emilio García Riera, Tomás Pérez Turrent, entre otros), productor de una revista del mismo nombre y del pronunciamiento y publicación que plantearía un conjunto de acciones a revisar desde su consecución:
    • 1961, Jomy García Ascot dirige En el balcón vacío
    • 1963, Filmoteca de la UNAM
    • 1964, Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, CUEC/UNAM
    • 1965 y 1967, Concurso de Cine que permitirían la incorporación de nuevos realizadores fílmicos a la aún sobreviviente Industria cinematográfica mexicana
    • 1968, Alejandro Jodorovsky –chileno- filma Fando y Lis.

LA PRIMERA GENERACIÓN

De esas acciones y otros esfuerzos independientes surgirá en la siguiente década la primera generación de realizadores fílmicos identificada como Nuevo cine mexicano, cuyos protagonistas más visibles son, ya iniciados:

  • Arturo Ripstein (Tiempo de morir, 1985; El castillo de la pureza, 1972; El lugar sin límites, 1977; Profundo carmesí, 1996)
  • Luis Alcoriza (antes guionista para películas de Luis Buñuel, filma Tiburoneros, 1962; Mecánica Nacional, 1971; Presagio, 1974 )
  • Juan Ibáñez (Los caifanes, 1966),
  • Paul Leduc (Reed, México insurgente, 1969; Mezquital, 1977. Frida, naturaleza viva, 1984)
  • Rubén Gámez (La fórmula secreta, 1965)
  • Alberto Isaac (En este pueblo no hay ladrones, 1965; El rincón de las vírgenes, 1972; Mujeres insumisas, 1994)

Estos son debutantes destacados, egresados del CUEC/UNAM. La mayoría de ellos continúan en activo:

  • Jorge Fons (Caridad, 1974; El callejón de los milagros, 1994)
  • Felipe Cazals (Canoa, 1975; El apando, 1975, Chicogrande, 2012)
  • Jaime Humberto Hermosillo (La pasión según Berenice, 1975; Amor libre, 1978; María de mi corazón, 1979; El corazón de la noche, 1983; Doña Herlina y su hijo, 1984; La tarea, 1990)

SIGUIENTES GENERACIONES

Durante la década de los pasados ochetas, una oferta tan prolífica como inocua, el denominado cine de ficheras, genera en algún segmento numeroso del público mexicano, la sensación de qué ese es el único cine realizado entonces en México. Esa “fake news” aleja a muchos espectadores de las pantallas y ello coincide con la hollywoodización avasallante de la oferta fílmica de entonces a la fecha. Sin embargo…

Surge la segunda generación identificada como Nuevo Cine mexicano:

  • Julián Pastor (La casta divina, 1977; Estas ruinas que ves, 1979)
  • Nicolás Echevarría (María Sabina, 1979; El niño Fidencio, 1981; Cabeza de Vaca, 1990; Eco de la montaña; 2014)
  • Alfonso Arau (El águila descalza, 1971; Como agua para chocolate, 1992)
  • Luis Manoki (Gaby, 1987, La vida precoz y breve de Sabina Rivas, 2012)
  • Juan Antonio de la Riva (Vidas errantes, 1985; Pueblo de madera, 1991)
  • Ignacio Ortiz Cruz (A la orilla de la tierra, 1990; Mezcal, 2006)

Esa década fue particularmente difícil para la realización fílmica en México. Ello propició el surgimiento de una pléyade de destacados documentalistas, no interrumpida y sí enriquecida hasta el presente:

  • Eduardo Maldonado (Laguna de dos tiempos, 1992; Xochimilco, 1986)
  • Carlos Mendoza (Chapopote, 1979; Crónica de un fraude, 1988; San Luis Potosí: lección de dignidad; Tlatelolco: las claves de la masacre; Halcones terrorismo de estado, 2003; 1968; La conexión americana; Estado de shock, 2011),
  • Ivan Trujillo (Lustros, 1991)
  • Abelardo González (La canción del pulque, 2003; Los ladrones viejos, 2007)
  • Lucía Gajá (Mi vida dentro, 2007)
  • Yuliane Olaisola (Intimidades de Shakespiare y Víctor Hugo, 2008)

A la tercera generación, la de los noventas pasados, le distingue la irrupción femenina:

  • María Novaro (Danzón,1991; Sin dejar huella, 2000; Las buenas hierbas, 2010)
  • Dana Rotbeg (Ángel de fuego, 1992; Otila Rauda, 2001)
  • Maryse Sistach (Anoche soñé contigo, 1992; Perfume de violetas, 2001)
  • Guita Shifter (Novia que te vea, 1993),
  • Busi Cortez (El secreto de Romelia, 1988; Las Buenrostro, 2005)

Empero, también hay, en esta generación, otros debutantes distinguidos:

  • Roberto Schnider (Dos crímenes, 1995; Arráncame la vida,2008; Me estás matando, Susana, 2016)
  • Luis Estrada (La ley de Herodes, 1999; El infierno, 2010)
  • Carlos Carrera (La mujer de Benjamín, 1991; Sin remitente, 1995),
  • Fernando Eimbecke (Temporada de patos, 2004; Club Sándwich, 2013)

La cuarta generación es la de los mexicano/internacionales:

  • Alfonso Cuarón (Sólo con tu pareja, 1991; Y tu mamá también, 2001; Roma, 2018)
  • Guillermo del Toro (Cronos,1992; El espinazo del diablo, 2001; El laberinto del fauno, 2006)
  • Carlos Reygadas (Batalla en el cielo, 2005; Luz silenciosa, 2007; Post tenebras lux, 2012),
  • Amat Escalante (La región salvaje, 2018)
  • Jorge Ramírez-Suárez (Conejo en la luna, 2004; Gunteg tag, Ramón, 2015)
  • Alejandro González Iñárritu (Amores perros, 2000;

La quinta generación o la de los recién llegados:

  • Susana Hueso –salvadoreña- (El lugar más pequeño, 2011; Tempestad, 2016)
  • Rodrigo Pla –uruguayo- (La zona, 2007; Un monstro de mil cabezas, 2015)
  • Claudia Saint-Luce (Los insólitos peces gato, 2013)
  • Alfonso Ruízpalacios (Güeros, 2014; Museo, 2018)
  • Ernesto Contrersas (Las oscuras primaveras, 2014)
  • Catalina Aguilar Mastreta (Las horas contigo, 2014)
  • David Pablos (Las elegidas, 2015)
  • Jonás Cuarón (Desierto, 2015)
  • Gabriel Ripstein (600 millas, 2016)
  • Marcelo Tovar (Oso polar, 2017)
  • Lilia Avilés (La camarista, 2018)
  • Alejandra Márquez –potosina- (Las niñas bien, 2019)

LA OFERTA FÍLMICA

Con el inicio del año, el Centro Universitario de las Artes de la UASLP (Universidad Autónoma), retoma con nuevos bríos los temas cinematográficos y fílmico a través de cursos de apreciación y realización cinematográfica. Esta es su oferta de fines de enero a mayo:

Título del curso Facilitador Día en horario vespertino
Cine experimental Antonio Loria miércoles
Documental Luis A. Olavide viernes
Apreciación y realización de cine. Producción de cortometrajes Jorge R. Pardo y

Alejandro Olavide

jueves
Cineclub. Directores y películas más destacadas del Nuevo cine mexicano Jorge Ramírez Pardo viernes

 

Por el momento, estos cursos y talleres son para universitarios de la UASLP. Es deseable que esta u otra institución los hagan extensivos al público en general.

Recomendamos leer también: Puntos y contrapuntos fílmicos en el presente | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

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Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

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San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

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La belleza que nos queda | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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«Y entonces de repente todo pierde su atractivo
El mundo sigue ahí, repleto de objetos variables
De discreto interés, fugitivos e inestables,
Una luz mortecina baja del cielo abstraído.»
Houellebecq

 

Nacen niños, se fuman puros. Anabella y yo somos amigos de canciones, de tristezas y de trenes. Hablamos todo el tiempo sobre nuestros abuelos ferrocarrileros. Luego ella escribe una canción con más de un verso que me saca una o dos lágrimas.

A los 14 años me metí a mi primer cantina y no andaba triste, andaba contento. Esos eran momentos realmente míos, como pocos que aun nos quedan, flotando, en el desierto de la ocurrencia. Son los días de los mártires y las víctimas, y para vivirlos me he inventado un artefacto que desarticula la realidad, parecido a los lentes 3D que te regalaban en el cine. Puede que para algunos todo esto sea una locura.

Ya no hay razón, la gente anda confundida, preguntándose si es normal desplazarse con tristeza todo el tiempo: de la casa a la esquina y de la esquina a la casa; cruzar la calle con los movimientos de un zombi, dejarse los zapatos con la mierda pegada a la suela, o postrarse en la cama sin siquiera haber notado que el día ya terminó.

Avanzamos solitarios aunque caminemos entre la multitud. Se acerca el verano y tenemos miedo de salir a bebernos una cerveza, a mojarnos, felices, en los charcos de la lluvia sucia de la ciudad, a consumirnos antes de que vuelva el invierno. El día se ha reducido a su forma más siniestra, llegando al meridiano como si fuese el anuncio del fin del mundo. A qué negar, por otro lado, que hemos resistido.

De a poco nuestra personalidad se esfuma, todos somos protagonistas de la desgracia. Para mí, esto es algo bueno, pero para muchos es algo muy malo.

Las pesadillas gozan de ese efecto de sentirse reales aun cuando has despertado, como una herida recién hecha que arde, fresca, pero que no es posible verle la sangre por ningún lado. Puede que ese momento de ingravidez que antecede a la caída, ese donde no existen los sucesos inmediatos, sea el silencio infinito, tranquilo, antes del primer alarido de dolor; un grito de guerra que aun no se presenta, la belleza que aun nos queda.

Estábamos en un motel y me vine en sus tetas. Luego me la sacudí hasta dejarla bien seca. Me levanté sobre la cama en mis dos piernas, y el ventilador en el techo me voló la cabeza. Ella reía mientras yo buscaba mis sesos por todo el cuarto, juntándolos, reconociéndolos entre los charcos de sangre, asegurándome de no dejar un solo trozo mío en un lugar tan feo, y con la esperanza de que funcionarían cuando terminara de reunirlos, todos, de nuevo.

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Hijo y esposa de Tekmol participarán también en cargos públicos

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