diciembre 9, 2022

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#4 Tiempos

Salir de Egipto | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

 

«Empieza a salir quien empieza a amar», dijo San Agustín (354-430) al comentar un día, en la Catedral de Hipona, el salmo 64. El éxodo leído en clave de amor, la salida de Egipto como figura de esa otra gran salida de uno mismo que es amar.

El que ama, sale, dejando atrás padres, casa y hermanos, el jardín en el que jugó, los cuadernos en los que aprendió a hacer garabatos y los libros en cuyos márgenes dibujó sus primeros corazones. Como Abraham, como Moisés, el que ama emprende un largo camino en el que se le irá la vida.

Éste, a partir de entonces, ya no se preocupará obsesivamente por sí mismo, ni pensará sólo en sus intereses, pues su yo ya no tiene sentido más que en relación con el tú al que ama. Se pregunta: «¿Cómo es que pude vivir tanto tiempo sin él, sin ella?». La vida sin esta persona le parece inconcebible, y porque en el pasado vivió lejos de su mirada, el pasado ya no le interesa: lo puede dejar atrás. «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse a su mujer?» (Mateo 19,4-5).

Amar significa abandonar la casa paterna, es decir, exiliarse, desterrarse. ¿Y qué otra palabra hay en el diccionario más terrible que ésta, que significa perder la tierra en la que hasta ahora y casi sin advertirlo se había sido más que feliz? Pero se trataba de una felicidad inconsciente, de una felicidad que se ignoraba a sí misma, y por eso el que anda en amores la desprecia: él, ahora, quiere ser feliz de otra manera.

El amor de su padre, de su madre, de sus hermanos y hermanas apenas lo conmueven: estos amores los tiene ya, pues son gratuitos; lo que él quiere en esta nueva etapa de su vida es un amor de otra especie: un amor que no se dé por descontado y que le cueste: un amor no regalado, sino conquistado. Y, así, un día se trepa al caballo de sus deseos, llena sus alforjas con ilusiones y dice como el Cid antes de abandonar las tierras de Castilla: «Agora nos partimos, Dios sabe el ajuntar».

Empieza el Éxodo, y, con él, las ceremonias de la despedida. Las últimas cenas en la casa de su padre las hará de prisa, de pie y atragantándose, como los judíos en la noche de Pascua. Tiene prisa por salir. Lo espera otra tierra, una tierra que mana leche y miel. De su casa no se llevará casi nada; parte, como decía Machado, ligero de equipaje. De hecho, un turista llega siempre con más maletas a Madrid que un recién casado a su nuevo hogar: no quiere que nada ni nadie le entorpezca el paso.

Pero no es fácil salir. ¿Quién dijo que lo era? Basta leer el libro del Éxodo para darse cuenta de que los judíos, una vez cansados de tanto caminar, empezaron a extrañar las ollas de Egipto, esos platillos suculentos que les preparaba mamá sin quitarles el sueldo. ¿Por qué salieron de Egipto si allí, después de todo, no lo pasaban tan mal? Y se agitaban entre las dunas, diciendo: «¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a morir en medio del desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto?» (Éxodo 14,11). Gruñen contra Dios (tal es el verbo del original hebreo: gruñir) por haberlos engañado con espejismos. «Por el odio que nos tiene nos ha sacado Yahvé de Egipto, para entregarnos a manos de los amorreos y destruirnos» (Deuteronomio 1,27).

«¡Así que esto era el amor!», exclama el recién salido cuando sus pies pisan por primera vez las piedras ardientes del desierto. «¿Solamente esto? ¡Y yo que creí que!… ¿Dónde está entonces esa famosa tierra que mana leche y miel?». Mira hacia el infinito y no ve más que arena, soledades que no se acaban. Se desespera.

Secretamente, aprovechando las fugaces ausencias de aquella que lo expulsó de Egipto, le viene la tentación de construirse un becerro de oro, un ídolo que lo consuele y lo saque del apuro en el que se ha metido.

Las comidas en el desierto le parecen insípidas. ¡Siempre saben a lo mismo! «¿Para qué nos sacaste de Egipto, para matarnos en el desierto? No tenemos ni pan ni agua y ya estamos hartos de esta miserable comida» (Números 21,5). ¡Qué distinto era comer en Egipto, en casa de su madre! ¡Ella sí que sabía hacer las cosas! En Egipto, además, podía darse el lujo de abrir una cuenta de banco y comprarse un auto modesto, aunque del año; en cambio ahora todo lo tiene que dar para no recibir a cambio más que esa comida que ya le sabe a plástico o a algo aún peor. Incluso llega a preguntarse: «¿Y por qué tengo que mantener a esta panza aventurera?»; se lo pregunta cuando ve encima de su cama dos o tres bolsas de El corte inglés llenas de vestidos y pantalones todavía con la etiqueta puesta…

El amor humano y el matrimonio cristiano leídos desde la aventura de la salida de Egipto. ¡Jamás se me había ocurrido! Sería, sin duda, una lectura provechosa. Los esposos deberían leer juntos el libro del Éxodo, pues las pruebas de aquellos peregrinos en el desierto son sin duda sus propias pruebas en este otro desierto en el que a veces se convierte el amor. El desierto del amor: así tituló, ni más ni menos, François Mauriac (1885-1970) una de sus novelas más bellas.

Leer juntos el libro del Éxodo. Claro, siempre y cuando reconozcan, al final de la lectura, que también para ellos fueron dichas estas palabras: «No temáis, estad firmes y veréis la salvación de Dios, pues los egipcios que ahora veis, no los volveréis a ver jamás. Yahvé peleará por vosotros; vosotros no os preocupéis» (Éxodo 14, 13-14). Después de tanta lucha, sol y arena siempre estará la tierra prometida.

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#4 Tiempos

Recomendaciones del cine de Guillermo del Toro | Columna de Mario Candia

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APUNTES DE UN CINEÓFITO

 

Cronos (1993) Gran debut del realizador Guillermo del Toro, donde este se centra sobre todo en la relación personal de sus protagonistas principales, Fernando Gris y Aurora Gris, logrando momentos realmente emotivos y brillantes. Así pues, el director mexicano, nos embarca en esta obra, una historia oscura pero enternecedora, donde trabaja con gran temple todos sus aspectos, desde la edición, hasta la genial banda sonora, dejando que sus personajes confeccionen un entramado realmente fascinante alrededor de cada momento y secuencia que inunda este film, y consigan conmover al espectador. Del Toro, consigue llevar a cabo un proyecto de lo más completo, sosteniendo al público en auténtica tensión cuando este lo requiere y, dejando escapar la imaginación del espectador.

 

El espinazo del diablo (2001) Primera incursión del Del Toro en la guerra civil española, un filme del género fantástico bastante digno, tanto en factura técnica como en interpretaciones, una fábula cruel sobre el compañerismo y la amistad, ambientada en un entorno hostil y despiadado que permite a Del Toro llevar al límite algunas situaciones. Contando con un gran elenco en el que los actores infantiles, la película basa gran parte de su fuerza en un efectismo visual nada gratuito, y que va acompañado de un guion duro y descarnado. El director potencia el elemento sobrenatural en una historia que no necesitaba de apariciones fantasmales para funcionar, pero en la que no desentonan e incluso la dotan de un carácter poético en ciertos pasajes. En resumen, un cuento violento e impactante, no exento de ternura, sobre la avaricia, la soledad, el amor y la amistad.

 

El laberinto del Fauno (2006) El film construye una alegoría de la violencia y el abuso del poder. La historia se desarrolla en un mundo sombrío, siniestro, violento y desolador, en el que Ofelia y las demás personas que lo pueblan se sienten a disgusto por los riesgos personales que corren, la impunidad del poder que las amenaza y oprime, y sus procedimientos inhumanos y despiadados. Con su poderosa imaginación Ofelia construye un mundo de fantasía, en el que entra y del que sale, según la evolución de los hechos reales y sus necesidades emocionales. En él proyecta sus sentimientos, temores, deseos y sus ansias de tener una vida normal y evitar el mal que rige la vida exterior. El mundo fantástico, creado con la ingenuidad propia de una niña, incorpora elementos sombríos y opresivos, que reflejan la realidad en la que Ofelia vive inmersa. La estética del film extrae emoción y belleza de lo perverso y tenebroso. El relato elogia la inocencia desde la angustia que provoca la constatación siempre sorprendente e incomprensible de su debilidad frente al poder del mal. El mal no sólo habita en el interior de algunas personas, también se mueve con inicua fuerza en sociedades organizadas, incluso bien organizadas para degollar, matar o pervertir la inocencia. Una Obra Maestra.

 

La Forma del Agua (The Shape of  Water, 2017) Fábula sobre la soledad, sobre la búsqueda del amor y en especial del rancio clasismo de la sociedad. De ahí que los protagonistas sean seres solitarios que luchan por buscar un atisbo de felicidad y compañía. Muy significativo de ello son los perfiles de los protagonistas, un monstruo, una limpiadora muda, una negra de clase baja en época de racismo, un espía ruso que lucha por ideales y se queda solo, todos ellos contra el poder y el clasismo inerte en la sociedad de los años 60 (y tristemente en la actualidad). Lo extraordinario, también se encuentra en lo simple, lo maravilloso, a veces es invisible…

 

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#4 Tiempos

Vivir la vida | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Los días más cansados y más tediosos son sin duda aquellos en los que no pudimos realizar nada de lo que el corazón nos pedía.

Estos días los vivimos con la sensación amarga de haber, literalmente, perdido el tiempo. Hemos hecho en ellos cuanto los demás esperaban que hiciéramos y, sí, anduvimos de aquí para allá durante horas y horas, aunque nada de lo que hicimos nos alimentó. Se nos pidió, por ejemplo, que llenáramos esta ficha, y la llenamos; que escribiéramos este comunicado urgente, y lo escribimos; que fuéramos a recoger al aeropuerto al señor X o al señor Y, y fuimos allá con prontitud, pero –todo hay que decirlo- sin interés y sin alegría.

¡Cómo es general, sobre todo hoy, el sentimiento de ser vividos más que de vivir! Y de cuanto hemos realizado con tanta pena, ¿qué quedará?, ¿qué era realmente esencial? Nos sentimos reemplazables, sustituibles, desechables. 

Llega la noche. Los otros, los que nos pidieron que hiciéramos esto y lo de más allá, están ahora en sus casas quitadísimos de la pena viendo la televisión, mientras que nosotros, por el contrario, hemos de irnos a la cama con el sentimiento de haber echado por la borda un día más. ¡Como si nos sobraran! ¡Cómo si tuviéramos días para echar a la basura! ¡Como si fuéramos inmortales y pudiéramos permitirnos semejante lujo! «¿Hasta cuándo será así?», nos preguntamos llenos de nostalgia. «¿Tendrá que ser así por siempre?». La idea de que el día de mañana nos espera una insulsa ración de lo mismo acaba por producirnos alarmantes opresiones en el pecho.

¿Cómo hacer para que nuestros días sean nuestros verdaderamente y no del primero que quiera apropiarse de ellos? ¿Cómo afirmar, pese a los deberes cotidianos –que no son pocos-, nuestra obligación de vivir?  Propongo al lector cuatro sencillas actividades que, si son realizadas cotidianamente y con toda el alma, podrían devolver a nuestros corazones el gozo perdido.

  1. Orar. Es decir, poner en las manos de Dios las dificultades de la vida. Cuando el día comienza con una plegaria, aunque ésta sea breve e informal, el deber de vivir ya no nos parece tan pesado. El tiempo pierde entonces su carácter destructor y durante toda la jornada nos sentimos como protegidos. Cuando la jornada entera ha sido puesta bajo la mirada divina, los acontecimientos que se suceden en ella ya no nos parecerán tan dramáticos. El salmista, unos mil años antes de Cristo, rezaba así: «Cuídame como a las niñas de tus ojos»; o bien: «Yo me escondo a la sobra de tus alas mientras pasa la calamidad». Una oración breve como ésta, pero dicha con sinceridad, tiene un gran poder para re-encantar la mirada, el corazón y la vida. «El Señor es mi Dios y salvador, con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi protección y mi fuerza y ha sido mi salvación».
  2. Leer. No importa a qué hora se practique esta actividad, sino sólo que haya siempre en el día un tiempo, aunque sea corto, para la lectura. Sí, pero ¿qué leer? Puede ser la Biblia, abriéndola según un orden preestablecido, o incluso al azar: de este modo solía leerla San Francisco de Asís, y consta por sus biógrafos que siempre encontró en ella inspiración y alegría. Pero puede ser también un poemario de nuestro autor preferido, o el capítulo de una novela que nos interese particularmente a causa de su trama o de su profundidad. Esto es de suma importancia: nuestra lectura cotidiana debe hacerse siempre a partir de obras que nos nutran y no de libros impuestos por la publicidad, por la moda o por el morbo. Hay quienes sólo leen libros sobre líderes sindicales, expresidentes y escándalos políticos. ¡Mala cosa! No se trata de saturarse de malos ejemplos, sino ante todo de alimentarse. Hay también quienes, aunque ya hayan dejado de gustar el libro que están leyendo, prosiguen su lectura con tal de demostrarse a sí mismo que pueden acabarlo, o para justificar un gasto del que en el fondo están más que arrepentidos. ¡Grave error! Si una lectura no nos alimenta –y de esto es justamente de lo que se trata-, hemos de tener el coraje de abandonarla cuanto antes.
  3. Pasear. Los italianos dirían andare a spasso, lo cual significa no solamente caminar, sino hacerlo lenta y contemplativamente. Para los norteamericanos y los alemanes, que gustan vivir rodeados de bosques y jardines, tal actividad puede ser realizada incluso cuando van de camino a su trabajo; pero para los latinos, que en vez jardines preferimos la presencia humana y vivimos apiñados, las cosas no son tan sencillas. Sin embargo, el contacto con la naturaleza es siempre benéfico y hay que buscarlo a como dé lugar. Un amigo mío, por ejemplo, en vez de tomar sus alimentos en la siempre congestionada cafetería de la Facultad en la que enseña álgebra y cálculo integral, busca las áreas verdes que hay a su disposición y come tranquilamente entre trinos de pájaros y ruidos de hojas movidas por el viento; allí, en las áreas verdes, él recobra el ánimo perdido y regresa a las aulas con nuevas fuerzas. Caminar, escuchar y contemplar: he aquí las tres cosas que implica la italianísima expresión de andare a spasso.
  4. Conversar. Pensamos para nosotros mismos, pero hablamos para los demás, dijo una vez en uno de sus libros el novelista francés Marcel Proust. Conversar, es decir, estar con los otros, reír con ellos y pasar juntos un momento. Esto es importante sobre todo hoy, cuando casi todas nuestras comunicaciones están siendo mediadas por la alta tecnología. A los hombres demasiado antisociales y solitarios pronto les pasará factura la vida en forma de depresiones, ansiedades e infartos. El silencio es importante, pero conviene no abusar de él. Es preciso buscar la compañía, aunque seamos tímidos e incluso pésimos conversadores: aquí lo que cuenta es la presencia, la palabra dicha y recibida. Tengo que ir al aeropuerto a recoger al señor X y volver por la tarde a llevar a la señora Y. ¡Qué fastidio, sí, sobre todo por el tráfico! Pero, si puedo conversar un momento con estos graves e importantes señores, no todo está perdido.

Orar, leer, pasear y conversar. El día que no hayamos hecho ninguna de estas cuatro cosas, digámonos que, ahora sí, hemos perdido el tiempo.

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#4 Tiempos

Xavier Nava: ¿al Verde o con Tere Carrizales? | Apuntes de Jorge Saldaña.

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APUNTES

 

Si Xavier Nava Palacios quiere regresar a la vida política potosina debe considerar antes cuatro factores determinantes: el más importante es que el amparo contra su inhabilitación para ejercer cargos públicos aún no “causa estado”, lo que en pocas y sencillas palabras quiere decir que no está en firme, que en cualquier momento se le puede caer y que sus recientes provocaciones públicas son más frágiles que la tela de una araña artrítica.

También se le olvida al ex presidente municipal que la inhabilitación política más pesada con la que carga no es la que le impuso el Congreso del Estado, sino la del repudio de 90 mil potosinos que una vez votaron por él y que tras su mandato, simplemente ya no lo volvieron a hacer.

El fondo jurídico, el nucleo, la pifia cometida por Xavier, nada más por estar bajo la influencia de su incompetencia, está lejos de ser resuelto. La comunidad ha demostrado ser propietaria del terreno donde el gobierno de Nava construyó un puente, que no es ni por mucho “la obra más importante hecha en décadas”, como él lo dice (proyectando siempre sus inseguridades a través de la soberbia), lo único es que no se ha definido exactamente el área que se usó, pero de que era ajena ni duda cabe.

Otra vez, para entender en pocas palabras, imaginemos que Xavier Nava construyó en la escalera de un condominio que el administraba. La escalera, es de todos y es de nadie al mismo tiempo, pero el administrador no tenía por qué hacer uso de la misma, por lo tanto el fondo de su pifia, permanece.

Pero si a pesar de estar rechazado dura, pero justamente por la ciudadanía potosina y le importaran poco los fondos jurídicos y lo endeble de su defensa, había que recordarle al nuevo galán de los antros potosinos y ex alcalde, que para que él pudiera volver a participar en política solo tiene tres opciones:

La primera es ser candidato del Partido Verde y pedirle de rodillas a Ricardo Gallardo le dé aunque sea una regiduría número nueve.

La segunda sería pedirle a Tere Carrizales que lo haga candidato del partido que está conformando y que busca registro estatal con las siglas del PES.

La última que le queda es la de formar un nuevo partido político (revivir el rotundo fracaso del “Nava Partido Político”) desde el desolado Frente Cívico, lo malo es que en sus dogmas fundacionales, el FCP tiene establecido el jamás, jamás, jamás, convertirse en un partido, entonces, pues le quedan las dos anteriores.

Está bien que hay que respetar el derecho al ridículo de cada quien, pero el señor Nava Palacios ya exagera.

En esos grados de disparates y vergüenzas, compiten hoy por hoy el payaso Tekmoloco que ahora quiere ser panista y Xavier, que ya quemó todos y cada uno de los caminos para poder continuar en la vida pública del San Luis al que tanto daño causó.

¿Qué espera? ¿Que el Verde le haga una comida del “hijo pródigo” en la Constancia, o que Tere Carrizales lo adopte con los brazos abiertos?

Ahhh… y si alguien piensa que Movimiento Ciudadano lo podría adoptar, solo hay que hacer memoria, porque cuando ganó la capital potosina lo hizo acompañado de ese partido y con todos los entonces naranjas, de arriba hasta abajo, quedó mal… ¿Para qué lo querrían de regreso?

Y hasta aquí dejo el tema, porque creo que el que esto escribe es el único en poner atención en un político que está más muerto y sepultado de la vida pública y por el que ya ni vale la pena gastar teclado.

Sobre el PAN, la sacudida de avispero innecesaria que vino a hacer Marko Cortés y la foto que podría titularse “Payasos sin maquillar”, en la que salen con el reconocido mimo besa burros de Tekmoloco, pues la imagen dice más que cualquier cosa que se pueda escribir al respecto: Se están faltando al respeto a sí mismos todos los involucrados, pero en su defensa diré: ¿Pues cuál respeto se han tenido últimamente en el PAN? Mejor cambiemos de tema.

 

LA LISTA DE LIZ TORRES: LA LISTA

Si fuera por Elizabeth Torres Méndez, la secretaria de Cultura en el estado, ya todo el gabinete de Ricardo Gallardo estaría en manos de la “Herencia Maldita”. A la señora se le ocurrió de la nada (y que no mienta con que no es cierto a través de los bots que ella misma maneja) contratar a Xavier Torres Arpi, el titular de cultura en tiempos de Fernando Toranzo para que le organizara un Festival de Música Antigua y Barroca (del que la secretaria no sabe ni con qué se come eso).

El ejercicio está interesante y divertido, porque como para Liz Torres no hay memoria política, no tiene un solo grado que le permita ejercer como secretaria de Cultura, cuando ha vivido los últimos 27 años de su vida entre las facturas y cuentas por cobrar del Canal 7 y lo más cercano a la apreciación estética es acudir al espectáculo de “Chuponcito”, pues seguramente, muy pronto veremos al gabinete de Liz Torres despachando en el Palacio de Gobierno:

Para secretario general que llame al mismísimo Xavier Nava, de quien además presume es “a-mi-guí-si-ma”, porque le pagaba las facturas del canal a tiempo y siempre la trató de “maravilla”.

Como titular de una nueva secretaría de “Cuidado de combustibles y protección a los jumentos”, colocaría sin duda a José Luis Romero Calzada, mejor conocido como Tekmoloco.

Para el área de Comunicación Social, Liz Torres con ese desparpajo, podría llamar a Adrián Vázquez Méndez, vocero de Juan Manuel Carreras, a quien ¿por qué no?, lo podría contratar para que repita al frente de la SEGE.

En la “lista de Liz: la lista”, podría sin problemas aparecer Fernando Toranzo como nuevo secretario de Salud.

En Desarrollo Social, en lugar de Nacho Segura, la extraviada secretaría llamaría seguramente a Óscar Valle Portilla y en Finanzas a su primo Rodrigo con el que también presume cercanía.

En el IMES seguramente colocaría a la hoy diputada Gabriela Martínez Larraga, que defiende muy bien al patriarcado. En el Inpode puede contratar al jefe de la porra del América; podría proponer al Congreso a un nuevo Fiscal en la persona de Tomás Cerón de Lucio, al que tendría que mandar traer desde Israel…

En Desarrollo Económico no hay duda, Liz Torres contrataría a Juan Antonio Rodríguez Chessani; en la Secretaría de Seguridad a Tiburcio Cadena y ya encarrerados, en el peor, más irónico, paradójico y ridículo nombramiento, seguramente Liz Torres permitiría que Odín Patiño fuera el director del Museo Francisco Cossio y así…

Dice el dicho “pero la culpa no es del indio…”.

Me retiro por el momento hijos de mis tormentos, pero regreso pronto. Lo prometo.

Atentamente,

Jorge Saldaña, el que cuestiona entonces el qué ser en plural privilegiando el cuidado del órgano cardiaco ajeno que al propio y el lugar del destino a cual acudir en compañía para parar.

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