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Recuperar a México | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Más allá de la polarización simplista/simplificadora de fifís versus chairos, el país vive un momento de desconcierto a causa de la criminalidad sin freno, pero también por la constante manipulación informativa a una ciudadanía desmovilizada e inducida por regímenes autoritarios pri/panistas a la apatía y resignación durante décadas.

Excepcional es la Ciudad de México; macrópoli esta, donde se reconcentra la conciencia política nacional de distintas marcas: partidistas, religiosas, universitarias, artísticas, politécnicas, ambientalistas, esotéricas, de diversidad o preferencias de género.

Ahí, en la capital del país, hubo un salto cualitativo en 1985, cuando se cimbró la tierra y la conciencia ciudadana. Entonces, ante la rapiña y obstrucción de las “fuerzas de seguridad” para el rescate de personas y sitios afectados –incluido el, entonces, aún intocable/heroico/límpido Ejército mexicano. Después, se supo, altos mandos de ese corporativo militar se han involucrado con la criminalidad, el huachicol y la corrupción.

Pero, actualmente, Ejército y Marina parecen estar en proceso de reconversión a sus principios rectores; lucen como únicos cuerpos con formación, capaces de combatir con estrategia y método, criminalidad y corrupción; de adaptar formas castrenses, otrora obtusas y excedidas, a la defensa ciudadana y soberana.

La PGR, en vías de extinción, habitual practicante de la extorsión denominada “mordida”, ya mostró el cobre con afán de privilegios fáciles, cual sindicato mexicano, por proceder al interior de la mayoría de estos colectivos laborales.

Por cierto, hubo hasta los setentas sindicatos mexicanos combativos y críticos, como el de los electricistas; los ferrocarrileros y médicos de los sesentas; el SAI o Sindicato de Actores Independientes en los ochentas.

Esa línea de compromiso con la reconstrucción de México es algo posible y aspiracional a recuperar para próximas elecciones, ojalá abiertas y libres, de líderes sindicales en los distintos gremios laborales.

SINDICATOS Y SUS LIDERAZGOS

El significado básico del término sindicato es: asociación de trabajadores cuyo objetivo es la defensa de los intereses profesionales, económicos y laborales de sus asociados.

En México, por lo general, los sindicatos están distantes, sino es que contrarios, al cumplimiento del propósito que les legitimaría.

La imagen de líderes caciques a perpetuidad, como Fidel Velázquez cetemista, La Quina petrolero, Elva Esther magisterial, Romero Deschamps otro petrolero, afianzaron a figurantes tlatoanis, en tanto auto constructores/inductores de personajes perversos, pero idolatrables, a quienes se les permiten excesos, corruptelas y complicidades con patronos empresariales y/o gubernamentales.

En la potosina localidad, la figura equivalente tiene nombre e identidad. Le complace y le llaman “Nina”, a Ernestina le caracteriza ser prepotente y autoritaria, cacica multi-reelecta mediante procedimientos oscuros, capaz de burlar a gobernadores y gabinetes con chantajes hacia allá y trato de infantes a los subordinados a quienes demanda culto a su totémica persona/figurante.

El autor de este escrito una vez la requirió para defender un caso de extrema injusticia asestado por el Centro Estatal de las Artes. Cuando estuvo frente a ella, por espacio de 3 minutos (escritorio y parafernalia de por medio), Nina en ningún momento miró a los ojos a su interlocutor; con su habitual imagen de enfado poderoso, delegó el caso a un subordinado y este lo “batió” a fondo perdido. Botón para el muestrario.

REINVENCIÓN POSIBLE

Así como el ejército mexicano se reinventa (o lo intenta) y se sacude el sambenito de haber sido manipulado para criminalizar el movimiento estudiantil del 1968 y el halconazo de 1971 (visibilizado en la película “Roma” de Alfonso Cuarón), reprimir y también aplastar disidencias; la reinvención sindical puede significar un salto cualitativo para replantear una conducta laboral participativa y generosa con ejercicios de equidad y justicia; sueldos razonables en sectores privados; salarios estatales equitativos a cambio de productividad, de compromiso y atención a necesidades sociales apremiantes. La nación necesita de su solidaridad generosa. La mitad de los trabajos de los mexicanos se dan en el subempleo y desamparo.

Vale insistir lo ya dicho en anteriores escritos. Si no recuperamos el ser solidario mexicano mayoritario en conciencia y participación, los Enriques Krauses, López Dórigas y demás mercenarios de la deformación, la abulia y el conformismo evasivo, nos pueden llevar a procesos electorales histórico/regresivos como la irreversible reelección de Donald Trump en Estados Unidos o regresiones derechistas en el Cono sur de Latinoamérica, como las acontecidas en Brasil (vuelco al neofascismo con Jair Bolsonaro), Chile (hacia la derecha pinochetista) o Argentina.

CONSTRUIR LA SUERTE O DESACTIVAR SINO FATALISTAS

De vuelta a México. El formato de líderes/caciques, consabido es, no defiende a la clase trabajadora. Si es frente a empresarios, negocia sueldos de los más miserables que trabajador alguno percibe en el mundo, y el enriquecimiento líder/cupular con las cuotas gremiales. Si es frente al estado, se alcanzan aumentos salariales constantes y puntuales, a cambio de docilidad absoluta y excesos de personal ociosos/florero; esa clase de cosa denominada burocracia. Ahí la venta de plazas, tráfico de influencias y enriquecimiento desmedido con partidas multimillonarias desviadas o de ejercicios simulados, son parte de un paisaje al que los ciudadanos nos acostumbramos, con indiferencia o rabia impotente.

Hay cura para ese cáncer y, obligadamente, será un ejercicio colectivo; demanda generosidad, proactividad y valor. A dejar en la percha anécdotas falaces y simplificaciones de fifís (o “curros” en el contexto potosino) versus chairos.

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