enero 12, 2026

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#4 Tiempos

Mezquindad, a río revuelto | Columna de Óscar Esquivel

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Mezquindad

Desafinando

 

La decisión la tomamos nosotros: esas formas de determinar sobre el presente y el futuro nos ha costado mucho a los mexicanos. Estamos enfrascados en el pasado, en no querer resolver aquello que nos ha perturbado como nación, ya lo pasado, pasado, en el caos parece no ser así, somos un paciente crónico psicológico, con alto grado de ansiedad, depresivos, con visos paranoicos, nos gusta mirar el ayer para descargar nuestra furia, ante un presente en medio del desorden. 

Nos recordamos siempre, a cada momento, la traición de los tlaxcaltecas, en una historia poco mentirosa y desviada, que nos hicieron creer durante muchos años en los libros oficiales. Una traición sufrida por el pueblo indígena, a sus mismas raíces, inconcebible, poco creíble, no podría ser. Los tlaxcaltecas no traicionaron a nadie, se unieron a las fuerzas de Hernán Cortés, para liberarse de la opresión azteca, este hecho aún no lo superamos, a pesar de que ellos forjaron su destino de esclavitud. Indígenas todos, criollos todos, con un poco de español, así nos tocó vivir, ya superémoslo.

Inaudita es la destrucción al prójimo: el miedo se apoderó de las mentes mexicanas. Estamos paralizados viviendo nuestras descarnadas realidades, la historia nos carcome el cerebro, no caminamos, corremos sin un rumbo fijo esquizofrénicamente, tambaleándonos como borrachos de placer. Negarnos a nuestras raíces indígenas, y con la cruda a cuestas, no aceptamos nuestra condición de pueblo, un pueblo sufrido, pero también trabajador y feliz, en lo que cabe.

“Mi único pecado es ser indígena”, proclamó Evo Morales, ahora expresidente de Bolivia, derrocado por una turba de fanáticos católicos, que terminaron por imponer a una especie de sacerdotisa, que prefirió la biblia a la constitución de su país. El ser indígena no fue el pecado, la falta imperdonable es la burla a las instituciones, a las leyes, generando y modificando para beneficio personal. Estos hechos eliminan y borran todo lo logrado, el mejor presidente latinoamericano en décadas, en el aspecto económico. 

En un país con el 62 por ciento de población indígena, con la reducción de la pobreza extrema, hasta en un 50 por ciento, fortalecimiento de la clase popular, para ser empresarios, indígenas emprendedores con éxito. Todos los logros están en este momento en manos de la ultraderecha boliviana, el neoliberalismo mal logrado, que aprovechó el reclamo y el levantamiento del pueblo, incluso de las organizaciones oficialistas, los principales sindicatos, organizaciones, movimientos indígenas, exigieron la renuncia de Evo, mucho antes que lo hicieran el Ejército y la policía.

Siento, en opinión personal, que la caída de Morales no comienza con su insistente afán de perpetuarse en el poder, si no el sistemático y absurdo desmantelamiento de organizaciones populares, apoyadas y alineadas en torno al propio Evo y a su presidencia. Terminó imponiendo líderes incondicionales, a contentillo del gobierno. Al final, le dieron la espalda, no importando el apoyo de la OEA. Semejante realidad con México, su gobierno y los partidos políticos.

La polarización rapaz, mezquina, es el resultado de la ignorancia moral e histórica de quienes se manejan en redes sociales, y hasta en medios de comunicación: periodistas que rompen su ética con tal de cargar las “fichas” con un poco de dinero. En apoyo o no, a la conveniencia del Gobierno de la República de dar protección en nuestro país a Evo Morales, creemos que esta “conveniencia” no es precisamente por la tradición de dar asilo a perseguidos políticos, desde los españoles de 1937, el Sha de Irán, Trotsky, fundador del ejército rojo ruso, palestinos cristianos, chinos, todos al fin de cuentas, han aportado mucho a la economía, la cultura de los pueblos del país. 

El comportamiento rabioso son nuestros miedos a considerarnos inferiores, que nos descobijen y nos señalen como comunistas, como fascistas, de derecha, de izquierda, salvajes incivilizados, tenemos terrores tan escondidos, que la caída de Evo Morales ha dado tanta incertidumbre que encoleriza a algunos, solicitando la caída del presidente Andrés Manuel López Obrador, a través de un golpe militar. Otros promoviendo la reintegración de los bienes nacionales a los desposeídos y esto lo manifiestan los radicalistas anarquistas destructivos, nada proponen y por ende, no suman al crecimiento de país. La lucha de clases, el fanatismo, la intolerancia ha vuelto para desgracia.

Una cortina de humo, dicen algunos, para desviar la atención de los graves problemas mexicanos, como en la economía, llevada a los extremos sin una definición más allá de la persecución fiscal, la delincuencia imparable, los programas sociales en manos de políticos inescrupulosos, la salud sin medicamentos, en fin, el soporte social de los grupos actuales, como del ciudadano común, puede revertirse negativamente al verse con hambre. 

La espesa niebla ¿también repercutirá en asuntos locales potosinos? Solo volteemos a ver como el Ayuntamiento de la capital, “los desentendidos”, pretenden incrementar multas desproporcionadas, con la aplicación de la fotomulta, sistema fallido, recaudatorio corruptible e inequitativo, ¿mejor por qué no a quienes circulan en autos de “alta gama” sin placas no les aplica ejemplares multas? El incremento en el servicio del agua será sin duda del 15 por ciento, seguramente nunca se verán reflejados en la calidad, lo peor que grandes fraccionadores no pagan el agua.

En el gobierno del estado, la cortinilla de humo “Evo” les cayó como regalo antes de Navidad, se le otorgará en los próximos días a la empresa constructora del brazo de distribuidor Juárez un incremento de 30 millones de pesos, así sin más. ¿Qué son 30 miserables millones?, todo estaba calculado, para llegado el momento hacerse de suculento aguinaldo.

La justicia llegó para Karla Pontigo, su investigación se reabrirá, la Suprema Corte de Justicia de la Nación evidenció y sostiene que no se respetaron los derechos de accesos a la justicia de familiares y de la misma víctima, derecho a la verdad y a reconocer que su asesinato fue por motivos de género. Las investigaciones son poco confiables, no se apegaron a protocolos de indagatorias a violencia hacia las mujeres.

Estimado lector: lo sucedido en Bolivia es un ejemplo para abrir los ojos, para reconsiderar nuestras posturas tan radicales que nos están llevando a un enfrentamiento entre clases sociales, políticas y económicas, somos un país de leyes, donde debería permear la cordura, hemos caído en la dura realidad, escondernos en nuestra debilidad, clasistas, racista, insolentes y soberbios, de no dejar esto, cruzaremos la línea del no retorno, en esta inestable paz que se está consumiendo entre muertos y mezquindades.

Nos saludamos pronto.

No compre por comprar, el “Buen Fin” aprovéchelo con la familia.

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#4 Tiempos

Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Por: Juan Jesús Priego

¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.

«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.

¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted? 

Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!». 

Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.

Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué? 

Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo! 

Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».

¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya. 

Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».

¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!

Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia. 

Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca». 

¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará. 

«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido! 

Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores. 

Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.

De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…

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#4 Tiempos

Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular. 

Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada. 

Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)

Jornada 2.- América / derrota (0 puntos) 

Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto) 

Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos) 

Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos) 

Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos) 

Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos) 

Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos) 

Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos) 

Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos) 

Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos) 

Jornada 12.- León / victoria (17 puntos) 

Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos) 

Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos) 

Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos) 

Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos) 

Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos) 

Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular

, una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla. 

Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar

Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.

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#4 Tiempos

SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.

Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.

Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.

En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.

Aquí no.

En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.

Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.

En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.

Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.

Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?

Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.

Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC)

.

Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.

Han sido omisos profesionales.

Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.

¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?

Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.

Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.

Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.

Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.

Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.

Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.

Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.

Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.

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