agosto 17, 2026

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#4 Tiempos

Mezquindad, a río revuelto | Columna de Óscar Esquivel

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Mezquindad

Desafinando

 

La decisión la tomamos nosotros: esas formas de determinar sobre el presente y el futuro nos ha costado mucho a los mexicanos. Estamos enfrascados en el pasado, en no querer resolver aquello que nos ha perturbado como nación, ya lo pasado, pasado, en el caos parece no ser así, somos un paciente crónico psicológico, con alto grado de ansiedad, depresivos, con visos paranoicos, nos gusta mirar el ayer para descargar nuestra furia, ante un presente en medio del desorden. 

Nos recordamos siempre, a cada momento, la traición de los tlaxcaltecas, en una historia poco mentirosa y desviada, que nos hicieron creer durante muchos años en los libros oficiales. Una traición sufrida por el pueblo indígena, a sus mismas raíces, inconcebible, poco creíble, no podría ser. Los tlaxcaltecas no traicionaron a nadie, se unieron a las fuerzas de Hernán Cortés, para liberarse de la opresión azteca, este hecho aún no lo superamos, a pesar de que ellos forjaron su destino de esclavitud. Indígenas todos, criollos todos, con un poco de español, así nos tocó vivir, ya superémoslo.

Inaudita es la destrucción al prójimo: el miedo se apoderó de las mentes mexicanas. Estamos paralizados viviendo nuestras descarnadas realidades, la historia nos carcome el cerebro, no caminamos, corremos sin un rumbo fijo esquizofrénicamente, tambaleándonos como borrachos de placer. Negarnos a nuestras raíces indígenas, y con la cruda a cuestas, no aceptamos nuestra condición de pueblo, un pueblo sufrido, pero también trabajador y feliz, en lo que cabe.

“Mi único pecado es ser indígena”, proclamó Evo Morales, ahora expresidente de Bolivia, derrocado por una turba de fanáticos católicos, que terminaron por imponer a una especie de sacerdotisa, que prefirió la biblia a la constitución de su país. El ser indígena no fue el pecado, la falta imperdonable es la burla a las instituciones, a las leyes, generando y modificando para beneficio personal. Estos hechos eliminan y borran todo lo logrado, el mejor presidente latinoamericano en décadas, en el aspecto económico. 

En un país con el 62 por ciento de población indígena, con la reducción de la pobreza extrema, hasta en un 50 por ciento, fortalecimiento de la clase popular, para ser empresarios, indígenas emprendedores con éxito. Todos los logros están en este momento en manos de la ultraderecha boliviana, el neoliberalismo mal logrado, que aprovechó el reclamo y el levantamiento del pueblo, incluso de las organizaciones oficialistas, los principales sindicatos, organizaciones, movimientos indígenas, exigieron la renuncia de Evo, mucho antes que lo hicieran el Ejército y la policía.

Siento, en opinión personal, que la caída de Morales no comienza con su insistente afán de perpetuarse en el poder, si no el sistemático y absurdo desmantelamiento de organizaciones populares, apoyadas y alineadas en torno al propio Evo y a su presidencia. Terminó imponiendo líderes incondicionales, a contentillo del gobierno. Al final, le dieron la espalda, no importando el apoyo de la OEA. Semejante realidad con México, su gobierno y los partidos políticos.

La polarización rapaz, mezquina, es el resultado de la ignorancia moral e histórica de quienes se manejan en redes sociales, y hasta en medios de comunicación: periodistas que rompen su ética con tal de cargar las “fichas” con un poco de dinero. En apoyo o no, a la conveniencia del Gobierno de la República de dar protección en nuestro país a Evo Morales, creemos que esta “conveniencia” no es precisamente por la tradición de dar asilo a perseguidos políticos, desde los españoles de 1937, el Sha de Irán, Trotsky, fundador del ejército rojo ruso, palestinos cristianos, chinos, todos al fin de cuentas, han aportado mucho a la economía, la cultura de los pueblos del país. 

El comportamiento rabioso son nuestros miedos a considerarnos inferiores, que nos descobijen y nos señalen como comunistas, como fascistas, de derecha, de izquierda, salvajes incivilizados, tenemos terrores tan escondidos, que la caída de Evo Morales ha dado tanta incertidumbre que encoleriza a algunos, solicitando la caída del presidente Andrés Manuel López Obrador, a través de un golpe militar. Otros promoviendo la reintegración de los bienes nacionales a los desposeídos y esto lo manifiestan los radicalistas anarquistas destructivos, nada proponen y por ende, no suman al crecimiento de país. La lucha de clases, el fanatismo, la intolerancia ha vuelto para desgracia.

Una cortina de humo, dicen algunos, para desviar la atención de los graves problemas mexicanos, como en la economía, llevada a los extremos sin una definición más allá de la persecución fiscal, la delincuencia imparable, los programas sociales en manos de políticos inescrupulosos, la salud sin medicamentos, en fin, el soporte social de los grupos actuales, como del ciudadano común, puede revertirse negativamente al verse con hambre. 

La espesa niebla ¿también repercutirá en asuntos locales potosinos? Solo volteemos a ver como el Ayuntamiento de la capital, “los desentendidos”, pretenden incrementar multas desproporcionadas, con la aplicación de la fotomulta, sistema fallido, recaudatorio corruptible e inequitativo, ¿mejor por qué no a quienes circulan en autos de “alta gama” sin placas no les aplica ejemplares multas? El incremento en el servicio del agua será sin duda del 15 por ciento, seguramente nunca se verán reflejados en la calidad, lo peor que grandes fraccionadores no pagan el agua.

En el gobierno del estado, la cortinilla de humo “Evo” les cayó como regalo antes de Navidad, se le otorgará en los próximos días a la empresa constructora del brazo de distribuidor Juárez un incremento de 30 millones de pesos, así sin más. ¿Qué son 30 miserables millones?, todo estaba calculado, para llegado el momento hacerse de suculento aguinaldo.

La justicia llegó para Karla Pontigo, su investigación se reabrirá, la Suprema Corte de Justicia de la Nación evidenció y sostiene que no se respetaron los derechos de accesos a la justicia de familiares y de la misma víctima, derecho a la verdad y a reconocer que su asesinato fue por motivos de género. Las investigaciones son poco confiables, no se apegaron a protocolos de indagatorias a violencia hacia las mujeres.

Estimado lector: lo sucedido en Bolivia es un ejemplo para abrir los ojos, para reconsiderar nuestras posturas tan radicales que nos están llevando a un enfrentamiento entre clases sociales, políticas y económicas, somos un país de leyes, donde debería permear la cordura, hemos caído en la dura realidad, escondernos en nuestra debilidad, clasistas, racista, insolentes y soberbios, de no dejar esto, cruzaremos la línea del no retorno, en esta inestable paz que se está consumiendo entre muertos y mezquindades.

Nos saludamos pronto.

No compre por comprar, el “Buen Fin” aprovéchelo con la familia.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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