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De pesadilla a la realidad | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

 

Existen días donde quisiéramos olvidarnos de todo. En ocasiones despertamos agitados sin saber lo que estaríamos soñando. Tal vez un mal sueño o el ansia de querer levantarnos y saber que este mundo mexicano se ha repuesto de tanta calamidad que agobia todo. Estamos sumergidos en una realidad no sabemos si en algún momento terminará.

El país que tanto queremos para vivir se toma entre los brazos como a un ser querido enfermo, sin poder darle aliento para su pronto alivio, porque los médicos que tenemos por políticos, francamente no tienen una cura inmediata, tanto estudio, doctorados, maestrías, licenciaturas, especialidades y no encuentran el remedio adecuado para tanto mal. 

Impreparados en el servicio público para afrontar los problemas con sentido común de las cosas que ocurren. Estamos enfermos por culpa de los remedios casereros que nos impone la sociedad. Ni con “chochos” podemos sanarnos.

Tragedia, las peores tragedias suceden cuando los muertos se multiplican por la virulencia del cáncer de la violencia y, peor, si esto lo manifiesta asesinando niños y mujeres, como lo sucedido a la familia Le Barón en Sonora y Chihuahua.

En los relatos de fuga de los niños sobrevivientes, parece guion de película de terror, de esas donde los malos pisan las hojas del terreno, para hacer mostrar su fuerza y maldad, con pistola en mano y observados por las víctimas aterrorizadas. Este evento criminal  rompe todo protocolo de guerra, elevándose a un terrorismo de exterminio, como actualmente sucede en Palestina o, peor, en Siria.

Infantes inertes en brazos de sus padres, con sus ropas rotas, desgarradas y manchadas de sangre. Hoy México es eso: un paraíso donde el color rojo de la sangre cubre pueblos, ciudades, campos.

Los niños muertos duelen, es como un puñal en el corazón. Los sentimientos de una nación rotos y se jacta de libre, ¡libre! ¿Para qué?, para el disfrute de los delincuentes, asesinos, maleantes que roban la pureza, niños con un porvenir que les fue cercenado de tajo, con armas y balas suministradas por quienes nos ofrecen su ayuda.

Los norteamericanos, a través de Trump, ofrecen con su mano bondadosa poner a disposición ayuda militar, cuando más del 80 % del armamento de la delincuencia organizada proviene y es de fabricación “gringa”.

El sistema de los vecinos permite armar un ejército. Si lo toleran es porque de ahí mismo, de la industria armamentista. Están coludidos con los “malos” mexicanos. No existe otra explicación. Las tiendas de armamento tienen el registro de todas las armas.

Don Trump: si desea ayudar comience por revisar bien su frontera.

Abrazos y besos, pellizco y nalgada, de  “cuartos” con los delincuentes, política que solo ha permitido que se apertrechen, se reorganicen y ganen territorio.

Una tregua se hace con personas racionales, no con aquellos que nacieron en la pobreza. Para muchos de ellos cinco minutos de abundancia les dará felicidad, nada tienen que perder. El pueblo  y gobierno de México, todo que perder, nada que ganar, los muertos los ponen los civiles, los militares “que son pueblo”, un pueblo que se siente traicionado por su jefe supremo, el Presidente de la República.

La pobreza, aparte de la ambición, es la responsable de toda esta catástrofe humana. Un pobre tiene que comer, por eso acepta salarios de hambre de empresas promovidas e incentivadas por el gobierno.

Caso San Luis, por ejemplo y, en ocasiones, el trabajador busca otras fuentes de ingresos. En el mejor de los casos, recurre la ambulantaje o dobles turnos. En el peor, unirse para engrosar el ejército de delincuentes. Triste pero es la realidad.

Desórdenes sociales permitidos por los gobiernos, grupos de saqueadores, golpeadores secuestradores , como los alumnos de la normal de Chiapas que queman camiones, saquean casetas de cobro, pero como la mal llamada izquierda no reprime la protesta: “déjenlos hacer su reverenda gana”, “ son muchachos con anhelos”, futuros delincuentes con título de maestros. Pobre de la niñez, muertos por balas y enterrados por la educación mediocre, en manos de ignorantes del bien común.

El distribuidor

Los tontos son ellos, nos quieren ver la cara. En la licitación del distribuidor Juárez, se le otorgó el contrato a la constructora afín al mandatario estatal. Afín, lo repito, por su celosa amistad con los grandes constructores potosinos, a quienes, con un capotazo legaloide, asignó la obra a sabiendas que era la propuesta más cara: 32 millones adicionales de pesos.

Ahora que los números no les cuadraron, se les otorgará, seguramente así será, 30 millones adicionales para terminar la obra, ¡robo en despoblado!, usted y yo pagaremos las utilidades netas de la obra, ya que por errores de cálculo esta cantidad no la tomaran de sus utilidades, las tendremos que pagar con impuestos de todos. Un obra de esta magnitud lleva una utilidad aproximada de 10 % y eso quedando corto. Si la obra costaría 260 millones de pesos, que la empresa pague ¿no cree usted? En justicia, si usted tiene un negocio, y por alguna razón se elevó el presupuesto ¿quién corre con los gastos? ¿usted o el cliente?

La basura de los muertos

Tanto anuncia el avance social con sus apoyos respectivos, en actos francamente populistas que el presidente municipal de esta ciudad, patrimonio de la humanidad, se olvida de lo elemental: servicios. Jardinería es un fantasma, la ciudad con hierba por doquier, permiten la tala inmoderada de árboles de gran tamaño, para dar paso al cemento y hormigón. Aun así continúa en el cargo.

En dias pasados, en pleno puente de Día de Muertos, se les ocurrió también dar descanso a los servidores de limpia, y… ¡oh sorpresa!, con cientos de turistas, el sábado 2 por la noche el Centro Histórico era un muladar. Sr Nava: el sentido común también aplica para los alcaldes, si los señores sindicalizados no quieren trabajar, haga por favor una reflexión para el futuro, de aquello de lo que se tiene que hacer. Pague los servicios de limpia para los dias importantes a una empresa externa y verá que la ciudadanía se lo agradecerá.

Nos saludamos pronto.

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