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Futbol en silencio | Columna de Nefrox

Testeando

 

Estoy justo en el estacionamiento de un muy vacío estadio Alfonso Lastras. Terminamos apenas de ver el juego entre San Luis y América.

La visión es bastante extraña: muy pocas personas, solo 4 automóviles en el estacionamiento y decenas de policías custodiando un estadio vacío.

En la cancha, dos equipos acaban de terminar un partido con un sabor muy peculiar, un partido sin aficionados.

Hoy no quiero hablar de lo que está pasando en el entorno del futbol potosino, ni tampoco quiero hablar de lo que pasó en la cancha el martes entre San Luis y América, hoy quiero hablar de esa extraña experiencia de ver un partido oficial en un estadio sin gente.

La llegada al Lastras fue bastante sencilla: el pesado tráfico de la ciudad a las 6 de la tarde nos detuvo un poco para acercarnos a los rumbos del estadio, pero una vez cerca fue muy sencillo cruzar las últimas cuadras que estaban prácticamente vacías. Intentamos ingresar al estacionamiento de prensa, ese que comúnmente preferimos ocupar faltando una o hasta dos horas antes del inicio de los partidos, para evitar complicaciones y estar listos para el inicio de los juegos. En esta ocasión el estacionamiento estaba completamente lleno a falta de 15 minutos para que se iniciara el juego. Por esa razón nos enviaron al siguiente acceso, entraríamos al estacionamiento de palcos.

Una vez dentro del estacionamiento, en el cual previamente nos pidieron identificarnos para cotejarnos con una lista de prensa acreditada, estacionamos el vehículo junto a un par de autos más que apenas manchábamos un rincón del enorme estacionamiento que en un partido “normal” es insuficiente.

Subimos por una solitaria rampa a la tribuna y nos solicitaron ubicarnos en la exclusiva zona Hospitality del estadio, una zona que para ese partido hubiera tenido el costo de $2,500 pesos por lugar.

Ya en ese espacio y acompañados del resto de la prensa acreditada para el juego, pudimos observar las acciones en el terreno de juego.

Detrás de nosotros los narradores de ESPN hacían su estruendoso trabajo que seguro retumbaba por algunas de las graderías, pero que a nosotros prácticamente nos gritaban al oído.

Era triste y extraño ver las tribunas vacías y un juego en la cancha, los gritos de los jugadores y cuerpo técnico eran tan claros que parecía que estábamos a un costado de la línea de cal; era como si nosotros también fuéramos parte de ese hermoso ballet de piernas y pelotas.

Extraño resultaba también que, a pesar de tener las tribunas vacías, rondaban por ahí algunos elementos de Seguridad y el sonido local anunciaba cambios y acontecimientos dentro de la cancha, como si algún público (más allá de nosotros los medios) estuviera interesado en conocer los pormenores del partido.

Después de 90 minutos el árbitro silbó el final y sin problemas salimos de la tribuna rumbo al estacionamiento… y aquí estamos, de nuevo en el vehículo listos para ir a casa, son las 9:10 de la noche, tan solo han pasado 10 minutos desde que se terminó el juego y no hay ni un vehículo que nos pueda detener para alejarnos de los rumbos del estadio.

Extraña forma de ver futbol profesional, extraña forma de ver un partido del América, tal vez el equipo más popular del país que hoy estuvo prácticamente solo en una cancha. Y triste, muy triste que, por algunos, todos hayamos perdido la oportunidad de visitar esta noche el Lastras e intentar divertirnos un poco. Al final el futbol como otras cosas, en silencio no se disfruta igual.

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