#4 Tiempos
Las apariencias engañan | Columna de Óscar Esquivel
Desafinando
Aparentar, esconder algo y dar una cara distinta, amanecer solo y esbozar una sonrisa fingida imaginando al amor de tu vida viendo el amanecer. La apariencia es el engaño hacia los demás, pero sobre todo, a sí mismo, cuando no tienes mejores argumentos y aquellos hagan sentirte disminuido por más que aparentes. Todos aparentamos lo que no somos, en ocasiones de manera enfermiza, como una droga haciéndonos creer dioses, bondadosos, ¡claro! Si no mostraríamos la peor de nosotros.
Aparentar es sinónimo de engaño, mentira envuelta en un disfraz de elocuencia, buena vida y hasta virtudes que no se poseen. Inmersos en el arte del engaño vivimos en el mundo de la fantasía, lo material brillante, la política falsa, sobre todo, hacemos lo imposible para generar confianza mal ganada, de aquellos quienes nos rodean.
Nada hace cambiar al hombre mientras de mala manera sea aparente, no se muestra como es, por intereses creados en lo personal o en las relaciones interpersonales.
Prefieren la adulación y ser adulado, pierden amistades, familia, pierden el piso con efímeros logros en apariencia divina, algunos en ocasiones son aplaudidos, sin darse cuenta que esos actos son de compromiso, no por reconocimiento.
De esta manera se forman nuestros políticos, seres divinos ante su espejo y entes perversos ante los demás, aun aparentándolo.
Los reyes desnudos caminan por la calle mostrando sus miserias, mientras lucen con su imaginación, una capa de fino terciopelo, creyendo ser el emperador mejor vestido para aparentar ser el mejor soberano.
EDUCACION, EL ARTE DE LAS CIFRAS
Como lo habíamos mencionado en el artículo anterior, dentro de la inversión gubernamental en educación, nos bombardearon hasta que se cansaron con espectaculares que 7 de cada 10 escuelas, desde Jardín de Niños hasta Profesional habían sido mejoradas. En los últimos cuatro años, con una inversión de 4 mil 186 millones de pesos, 7 de cada 10 en educación básica, uno de cada tres en bachillerato y dos de cada tres en educación superior. La suma de todos los planteles son aproximadamente 8 mil 756.
Si la inversión, como dio a conocer el gobernador en su último informe, fue esa millonaria suma, entonces las escuelas mejoradas serian alrededor de 4 mil 100. Si dividimos esa cantidad, cada plantel educativo obtuvo 1 millón de pesos aproximadamente. Es en este punto donde aparecen las preguntas incómodas: ¿por qué no se mencionan los montos por sector o zonas? ¿Cuánto aportó el gobierno, cuánto los padres de familia? ¿Cómo se distribuyen los recursos y su aplicación en el tipo de obra? ¿Es una obra de infraestructura o equipamiento?
Los montos de inversión por zona o sector normalmente están basados en favoritismos, criterios desconocidos hasta por la comunidad educativa: grilla barata o burócratas de escritorios que deciden. Es notoria la existencia de inequidad por ingresos de cuotas de padres de familia de una comunidad a otra. Dentro de la misma zona hay brechas enormes de pobreza, habrá padres de familia que pueda aportar más que otros, a eso se llama inequidad educativa. Como ejemplo el programa “inglés para todos”. Como una acción, la SEGE contrataba profesores en la materia, que ya no contrata, exigían certificados (costosos), su derecho a seguridad social, pero no les daban eso ni mucho menos prestaciones de ley. Los padres de familia terminaron pagando los platos rotos, con las cuotas terminaron pagando los honorarios a los maestros. Por una instrucción irracional, sin más, los niños no tienen en estos momentos clases de inglés, además que la SEGE no permitió ya que los padres de familia paguen de forma independiente al maestro de ingles.
Falta claridad en las aportaciones de los diferentes niveles de gobierno. Señalamientos en un sinnúmero de escuelas, de parte de directivos y padres de familia, que cuando se lleva a cabo una obra, y esta la ejecuta el gobierno del estado o el municipio. Incluso el gobierno federal, el costo de la obra se infla hasta en 500%. La sociedad de padres normalmente se da cuenta de este abuso porque previo a la construcción o adquisición de equipo, solicitan varias cotizaciones, además se les exige entregar facturas de las aportaciones voluntarias a nombre de la SEGE, o del municipio, ¿por qué será? Tarea para el secretario.
Dentro de la estructura y responsabilidad de la Secretaria de Educación, está la dirección de deporte adaptado, además de ser presidente de Olimpiadas Especiales San Luis Potosí, cabe mencionar que el director de nombre, Juan Pablo López Corpus, anquilosado en el puesto, se la da de gran juez, a contentillo otorga los lugares para asistir a eventos internacionales y nacionales, muchos de los atletas sin demeritar su logros no aplican para asistir, sin embargo, promueve a familiares, amigos y algún otro vivillo, además que cuando él acompaña a los deportistas especiales, nunca se le ve en las competencias, pero eso sí, está en las fotografías de las premiaciones muy sonriente de sus “logros”, así aparentar ante su jefe.
TRANSPORTE BICICLETERO
Con la controvertida ley anti Uber, el gobernador dejo ver su habilidad histriónica. Por un lado, cuando ya aprobada la ley, declaró que desconocía los términos de la misma. ¿Cómo? Si el mismo la formuló. Primero negoció con Morena: ya se sabe sus “amoríos” con ellos. Por otro lado, envió a sus reservas estratégicas, los diputados afines a su figura, a aprobar las reformas a la ley de transporte. La aprobaron, incluso con fuerte oposición de su propio partido.
Creo lo hizo con dos fines, el primero: con eso les paga al gremio pulcro, ordenado, servicial de los taxistas por su amplia participación, que digo, magnánima, en su campaña por todo el estado; el segundo, para que en un tiempo de 90 días pueda enviar modificaciones a la misma ley e incluso vetar la ley anti Uber.
Resulta que la plataforma Uber y su servicio es insegura, chatarrera y costosísima, la ley se transforma para proteger al pobre ciudadano.
No concibo, ni profundizo en el ¿por qué? La falta de conocimiento de los propios diputados, sus asesores, renuncian al sentido común de las cosas de beneficio de la sociedad, la obediencia los ciega, los hace ver como pericos que repiten lo que se les ordena. La falta de criterio propio solo les hace aparentar lealtad a la sociedad y a su investidura, sin embargo, solo tienen lealtades hacia su progenitor político, el gobernador.
El transporte en manos del oscurantismo, retrógrado y poco sensible con el pueblo de San Luis Potosí.
Nos saludamos pronto.
También lee: 4to informe: La sonrisa que nunca falta | Columna de Óscar Esquivel
#4 Tiempos
Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.
«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.
¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted?
Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!».
Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.
Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué?
Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo!
Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».
¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya.
Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».
¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!
Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia.
Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca».
¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará.
«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido!
Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores.
Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.
De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…
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#4 Tiempos
Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular.
Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada.
Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)
Jornada 2.- América / derrota (0 puntos)
Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto)
Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos)
Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos)
Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos)
Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos)
Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos)
Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos)
Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos)
Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos)
Jornada 12.- León / victoria (17 puntos)
Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos)
Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos)
Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos)
Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos)
Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos)
Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular , una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla.
Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar.
Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.
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#4 Tiempos
SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva
Corredor Humanitario
Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.
Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.
Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.
En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.
Aquí no.
En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.
Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.
En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.
Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.
Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?
Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.
Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC) .
Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.
Han sido omisos profesionales.
Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.
¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?
Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.
Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.
Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.
Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.
Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.
Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.
Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.
Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.
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