#4 TiemposMosaico de plumas

La punta del iceberg | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

A mediados de 2018, se publicó con el sello de la editorial Paraíso Perdido, El hambre heroica, una colección de 16 cuentos. La selección de las narraciones corre a cargo de Gabriel Rodríguez Liceaga (Ciudad de México, 1980), ganador del Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012 y escritor de los libros El demonio perfecto (BUAP, 2008), Balas en los ojos (Ediciones B-Zeta bolsillo, 2011), El siglo de las mujeres (Ediciones B, 2012) y Niños tristes (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2013). En las antologías siempre emerge los gustos e intereses del antologador. En este caso, Rodríguez Liceaga propone historias del s. XXI por autores nacidos entre la década de los setenta y ochenta. Los narradores seleccionados para este primer volumen son: Paulette Jonguitud, Jorge Comensal, Jaime Muñoz, Alfonso López, Ave Barrera, Joel Flores, Alejandro Badillo, Herson Barona, Leonardo Teja, Úrsula Fuentesberain, Eduardo Sabugal, Zoe Castell, Aniela Rodríguez, Liliana Blum, Julián Herbert y Roberto Wong. Algunos más populares que otros, pero que, sin duda, tiene una calidad en la escritura indiscutible que se demuestra a lo largo de las 160 páginas que componen la antología.

El libro se encuentra dedicado a Edmundo Valdés, a quién se le agradece su enorme labor por fomentar y resguardar un sinfín de historias, a través de la revista El cuento. Una página más adelante, Paulette Jonguitud abre la selección con “Desagüe”, una narración breve, pero abrumadora. La historia de un aborto, un tema que en este siglo XXI se encuentra en boga y que marcará estas primeras décadas en la historia universal. La ubicación del cuento no es al azar, Rodríguez Liceaga busca captar la atención del lector, y lo logra, pues es imposible no querer leer más.

La siguiente narración, “El hambre y la tristeza”, Jorge Comensal retrata la triste ineptitud del sistema policial mexicano en uno de los casos más sonados en México: El caso Paulette. Siguiendo la línea de lo que se vive en este siglo en México, “Los dioses momentáneos” reproduce la vida de un sicario, un texto de la violencia, pero suavizado en sus letras.  Mientras que, en otras narraciones la historias parten desde el recuerdo familiar, así lo expresa, Joel Flores en el texto “Los que sobreviven”. Pero, la diversidad de los subgéneros es amplia, pues Roberto Wong en “El ruido del vidrio roto” deja la incertidumbre de estar leyendo un cuento fantástico con la historia de dos hermanos que comparten sexo con la misma mujer. Entre esa diversidad sobresale Úrsula Fuentesberain con un cuento, o quizá debería llamar micro ficción, de nombre “La cara de Ángel” que narra una historia de vida en pocas líneas con un final que sorprende al lector.

La antología no se describe en una línea temática, ni en hombres ni mujeres, lo cual se agradece, el único género que aquí importa es el cuento. El único criterio para la selección es el asombro del lector. Creo que Gabriel Rodríguez Liceaga cumple con ello. Pues las dieciséis narraciones te dejan con ese knockout del que habla Julio Cortázar sobre el cuento. Por su lado, Hemingway comenta que el cuento es la punta del iceberg. Solo es una parte lo que se asoma. De igual forma, El hambre heroica, sólo es la punta de la enorme producción cuentística actual en el país.

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