abril 22, 2021

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#4 Tiempos

Sobre el ejercicio de regalar libros | Columna de Andrea Lárraga

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Mosaico de plumas

 

Los libros son, en una idea romántica, el mejor lugar para desconectarnos de la realidad. Un lugar de encuentros con historias lejanas, pero tan cercanas por la empatía con sus personajes. Los libros nos enseñan desde experiencias de vida hasta el buen uso de las palabras. La forma y textura de un libro es un pedacito de edén. Su aroma inigualable brinda un placer que solo se compara con el sabor de unos tacos al pastor acompañada de su coca cola de vidrio.

Los libros, además brindan, erróneamente, un estatus de intelectualidad. No importa que leas El secreto, Loco por emprender, Padre Rico, Padre Pobre, el hecho de tener un ejemplar en tus manos, acompañado de una taza de café y tus gafapastas, darán a todos los que te observen la idea de ser alguien superior. No importa que no respetes el reglamento de tránsito o quemes pirotecnia como idiota el fin de año.

Regalar un libro siempre será una opción para los intercambios decembrinos o cumpleaños del jefe. Un libro brinda a quien regala, la etiqueta de culto. La acción de acercar a una persona al mundo de la lectura será mejor aceptado que un six de cervezas o unos calcetines de colores. Basta con visitar cualquier librería de la ciudad en los días previos a Navidad. La mesa de novedades se encuentra semi vacía. Largas filas para realizar el pago. Los pasillos que meses atrás permanecían vacíos permitiendo a sus empleados leer un par de páginas de su libro anhelado, se encuentran repletos. Los vendedores tendrán comisiones más altas, si decides regalar este artefacto tan popular, pero tan poco leído.

En México se leen 3.8 libros en promedio por persona. En este promedio se incluyen libros de texto. Cada sesión de lectura tiene una duración de 39 minutos. La justificación del 45.6% de los mexicanos encuestados para la encuesta Molec (realizada por el Inegi en 2018) es la falta de tiempo. Una falta de tiempo que no se refleja en las estadísticas sobre el tiempo que dedicamos los mexicanos en redes sociales, alrededor de 2 horas y 58 minutos. En cambio, unos más argumentaron los altos precios de los libros. Si bien es cierto que las novedades editoriales rondan el precio de los 300 pesos; también es cierto que es una cantidad promedio para realizar actividades de entretenimiento como ir al cine o comprar un 24 de cervezas con un paquete de botana color morado.

La ventaja de un regalar un libro es que ayudarás a mejorar los números para las próximas encuestas del Inegi. Cumplirás con el valor aproximado de los intercambios de oficina (200 pesos). Si el receptor no le agrado el título regalado puedes argumentar que es sus bajos niveles de comprensión lectora lo que limitaron, no tu preferencia por libros de superación personal. Si en cambio, no tienes gustos definidos porqué nunca has leído más allá de los libros de Español lecturas, no te preocupes, cada año un sinfín de medios digitales se encargan de elegir los mejores libros del año, aunque sea una manera agradecimiento a los amigos escritores.

El único problema de seleccionar un libro de dichas listas será el alto precio por ser novedad. Si tu presupuesto no se adecua, puedes recurrir a la sección de los clásicos, editados por varias casas editoriales. La dama de las Camelias de Dumas, Orgullo y Prejuicio, Emma, o cualquier título de Jane Austen es una opción si tu destinatario tiene corazón de pollo y gusta de las historias de amor. En cambio, si siempre te habla de series futuristas, cree en los alienígenas ancestrales y piensa que los celulares nos escuchan; George Orwell, Asimov y H.G. Wells son autores infalibles. Si ninguna de las descripciones concuerda con esa persona del papelito, la definirás más como una buchona o buchón. Los libros también tienen una solución, escritores como Imanol Caneyada, Hilario Peña y Élmer Mendoza les gusta hablar de la violencia en nuestro país.

Si de plano no tienes idea  del otro individuo, la solución es buscar una novela ilustrada. Quizá será un poco más costosa, pero ten por seguro que le gustará el hecho de tener dibujitos. En fin, solo una cosa, en esto de regalar libros, no seas tacaño y no compres ediciones Tomo.

Andrea Larraga. Su perro se llama Rulfo, pero le dicen Juan. Le gusta escuchar a Valentín Elizalde y Jenni Rivera mientras escribe un ensayo de Yuri Tyniánov. Es licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la UASLP. Actualmente cursa la maestría en Enseñanza de los Estudios Literarios en la UAQ.

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#4 Tiempos

Kostoglotov | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Confesó una vez Graham Greene (1904-1991) en el transcurso de una entrevista que cada vez que veía en algún tiradero de libros obras que amaba o que había amado en otro tiempo, para rescatarlas del naufragio, las compraba, aunque ya las tuviera en su biblioteca. ¡Cómo! ¿Compraba libros repetidos? Sí.  ¿Y por qué lo hacía? Él mismo lo explica más adelante: por un cierto sentido de seguridad. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si alguien le pidiese un libro que él no quisiera prestar de ninguna manera? Y puesto que tales eventualidades casi siempre acaban por presentarse –pensaba Greene-, más valía, por si las dudas, tener siempre un ejemplar de repuesto.

Si un libro ha pasado ya a formar parte de nuestra biografía personal, si es un libro de veras querido, entonces lo mejor es que tengamos de él por lo menos dos ejemplares, como hacía Greene: uno para conservarlo celosamente en nuestros anaqueles, y otro para prestarlo, en caso de que alguien se atreva a pedírnoslo prestado.

Ahora bien, ¿se deben prestar los libros? Sobre esto no hay nada escrito. El mismo Romano Guardini (1885-1968) no supo qué decir respecto a esta terrible cuestión; he aquí, por ejemplo, lo que confesó en su bellísimo Elogio del libro (1951): «¿Qué hay de más obvio que el que posee un libro lo preste a  otro que quiere leerlo? Porque éste lo necesita, o porque no ha podido conseguirlo; porque esa lectura le haría bien, o porque es bello crear un contacto humano a través del conocimiento o de la alegría que proporciona la lectura de una misma obra. Pero respecto a esto, ¡qué experiencias no se tienen! ¡Cuánto tiempo pasa antes de que el libro dado en préstamo regrese a su primer dueño! Y, si vuelve, ¡lo hace en unas condiciones tan penosas que lo mejor sería echarlo de una buena vez a la basura! En él se reúnen todos los agravios que se le pueden infligir a un libro: está sucio, las páginas se salen de su sitio o vienen dobladas y en los márgenes se han escrito signos y acaso hasta observaciones. Y el comportamiento de aquel a quien se le ha prestado es tan desenvuelto que parece no haberse dado cuenta de haber tenido en las manos un libro ajeno», etcétera… ¿No hay, pues, que prestar los libros? Guardini lo deja a la conciencia de cada cual.

Bien, todo esto ha venido a cuento porque acabo de comprar –por segunda vez- El pabellón del cáncer, la novela del escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008). Como ya tenía yo esta obra, y además publicada por Aguilar en dos hermosos volúmenes –uno de cubierta azul y el otro de color malva-, pensé que lo mejor sería comprarme otros libros con ese mismo dinero; pero como el precio que me pedían por ellos era más bien módico y años atrás alguien me la había pedido prestada (sin nada de éxito por su parte, debo confesarlo), pensé que ahora era tiempo incluso de regalársela. Así que la volví a comprar. Mientras regresaba a mi casa y la hojeaba lentamente, saltó de entre sus páginas un nombre que ya había olvidado, pero que en otro tiempo recordaba con emoción y ternura, pues encarnaba una actitud ante la vida que a mí me hubiera gustado mucho adoptar. Este nombre era Kostoglotov.

En la novela de Solzhenitsyn, Kostoglotov es un muchacho con cáncer que comparte el pabellón con otros muchos enfermos del mismo mal. Pero, mientras los demás se pasan la vida quejándose de los pésimos servicios hospitalarios, o de la vida, o de sus familiares, que no los visitan nunca, o de Dios, Kostoglotov se pone a leer. Es un muchacho que está siempre leyendo. Aun con sus mínimas esperanzas de vida, hace planes y se entrega apasionadamente a la lectura.

En el mismo pabellón está también Yefrem, un hombre con cara de rata que se pasea continuamente por la sala reprochándole a todos sus falsas ilusiones.

-«Se acabó –decía éste-. No volverán a casa, ¿entendido? Y si regresan a casa no será por mucho tiempo. Volverán otra vez aquí. El cáncer está encariñado con las personas. A la que atenaza con sus dentones, ya no la suelta hasta la muerte».

Tal era el pasatiempo de Yefrem: anunciar la muerte y quebrar la esperanza a lo largo y lo ancho del pabellón. Pero un buen día, al escuchar sus profecías desventuradas, Kostoglotov lo paró en seco y le dijo:

-«¡Yefrem! ¡Deja ya de lamentarte! Toma este libro y léelo.

»Yefrem se le encaró como un toro, con la mirada turbia.

-»¿Y para qué leer? –le objetó-. ¿Para qué si, no tardando, reventaremos todos?

»Kostoglotov, moviendo, su cicatriz, replicó:

»-Por eso mismo tienes que darte prisa, porque pronto moriremos. ¡Toma, toma!

»Y le tendió el libro. Yefrem no se movió».

¿Quién de los dos tenía razón: Yefrem o nuestro joven lector? Kostoglotov sabía que vivir es apresurarse, ganarle tiempo al tiempo a fin de poder realizar las cosas esenciales. «Hay que apresurarse a amar», dice un personaje de El malentendido, la pieza teatral de Albert Camus (1913-1960). Sí, hay que apresurarse. Los mortales no pueden darse el lujo de dejar para mañana, de posponer lo urgente.

Poco antes de que muriera, fui hace tiempo a visitar a un sacerdote que en otro tiempo había sido mi maestro, el padre David Palomo. Estaba en cama y temblaba de pies a cabeza: padecía el mal de Parkinson, rondaba los ochenta años y cada tercer día era necesario conectarlo a una bombona de oxígeno. ¿Y cómo creen ustedes que lo encontré? ¿Llorando acaso por su triste suerte? Nada de eso. ¡Leyendo un método para aprender griego! «Quiero dominarlo bien», me dijo quedamente. Yefrem se hubiera burlado de él preguntándole con cinismo: «¿Y ya para qué?». Pero yo pensaba: «He aquí otro Kostoglotov, un ejemplar de esta misma raza de valientes: ejemplar de los que, por desgracia, quedan ya bien pocos en este mundo. ¡Dios sea bendito por aquellos que han aceptado vivir su vida hasta el el final!».

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#4 Tiempos

¿Mario Delgado engañó a Nava? | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS.

Morena tiene el riesgo de perder las candidaturas a gobernadores de Félix Salgado Macedonio en Guerrero y Raúl Morón en Michoacán, así como cinco a diputaciones federales, seis a diputados locales y 16 para alcaldías, entre otras tantas que en total suman 49.

Me cuesta pensar que un político, que teje tan fino como Mario Delgado, cometería un descuido como no reportar los gastos de precampaña que ponen en riesgo esas posiciones. Más absurdo resulta que ninguno de los asesores y abogados del partido anticipara la problemática.

A esos 49 casos que el INE ha puesto en entredicho hay que sumarles el de Xavier Nava, cuya candidatura fue derrumbada por una instancia local, el Tribunal Electoral del Estado de San Luis Potosí, con dos argumentos de por medio:

El primero se remite al Artículo 28 de la Ley Electoral, en el que se apunta que un alcalde que busca reelegirse forzosamente tiene que postularse por al menos uno de los partidos que lo llevó originalmente al puesto. Esa situación, Xavier Nava podría tenerlo resuelto en lo práctico, no así en lo moral, al nunca haber sido militante de ningún partido.

Para el segundo, el Tribunal consideró el artículo Artículo 227 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales en el que se establece que ningún ciudadano podrá participar de forma simultánea en dos proceso de selección de candidatos en partidos diferentes.

Aquí es donde la nominación de Nava da tumbos, ya que aunque la elección de candidato del PAN a gobernador había concluido antes de que Xavier fuera registrado como candidato de Morena (el 18 de febrero), días después de su nombramiento interpuso un juicio contra la decisión de Acción Nacional (22 de febrero), por lo que esto puede considerarse como un apéndice del proceso interno del PAN (¿Qué habría hecho Xavier ya como candidato de Morena si hubiera revocado la nominación de Octavio Pedroza?).

La determinación de Mario para dejarle a Nava tener un sitio protagónico en Morena, cuando poco tiempo antes dijo que el partido es una basura y ofendió con sus acciones al presidente López Obrador, resultó entonces incomprensible, pero si finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decide que no será su candidato a alcalde, tendremos que preguntarnos si hubo falta de cálculo o dolo por parte de Delgado.

Al repasar el listado de candidaturas revocadas por el INE se puede encontrar que detrás de cada una hay un candidato que representaba algún tipo problema para el gobierno federal, el ejemplo más claro es Félix Salgado, que ha sido objeto de la mayoría de las críticas durante los últimos meses; sin embargo, en Guerrero, Morena tiene una intención de voto que hace imposible que pierda, la única condicional es que Félix se presente en otro partido, y pudo hacerlo por el PT, ya es muy tarde para ello. Ahora está a punto de perder su oportunidad y no puede culpar a Andrés Manuel o a Mario Delgado, que lo han “apoyado” de forma total.

Si Xavier Nava no recupera la candidatura, su carrera política habrá dado un paso importante al olvido. De forma “circunstancial” el gallardismo se habrá sacudido a uno de sus opositores más importantes y el camino estará limpio para que Leonel Serrato y Enrique Galindo tengan un mano a mano en la disputa por la capital.

Hay una frase, que algunos le atribuyen a Roosevelt y otros a Manuel Buendía, que dice: “en política no hay coincidencias”, pero aquí ya hubo demasiadas… ¿y Mónica?

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#4 Tiempos

La hipótesis de la higiene | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

La hipótesis de la higiene es una teoría que sugiere que los niños que habitan en un ambiente “demasiado limpio” no son capaces de estimular o retar efectivamente a su sistema inmune. Como consecuencia de esto, los niños tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades alérgicas y cuando sufran infecciones (particularmente virales respiratorias) estas serán más severas.

Esta hipótesis fue propuesta en 1989 por el Dr. David Strachan quien observó que los hermanos más pequeños, eran menos propensos a presentar enfermedades alérgicas. Entonces el postuló después del primer hijo había una mayor transmisión de agentes infecciosos en la casa. Es decir, los papás cuidaban más el ambiente del primogénito y ya con los hijos subsecuentes, había un relajamiento de las normas de limpieza.

También se observó que, durante la reunificación de Alemania los niños del lado americano presentaban con menor frecuencia de infecciones respiratorias y gastrointestinales pero tenían una mayor prevalencia de alergias que los niños del lado ruso.

La hipótesis del Dr. Strachman fue llamada inicialmente como la hipótesis de la microbiota o de los viejos amigos. Esto implicaba que los microrganismos comensales es decir la microbiota (que son bichos que están dentro del cuerpo y no nos causan enfermedad) son una fuente de señales inmunomoduladoras las cuales previenen el desarrollo de enfermedades inmunológicas crónicas.

No solo existen cientos de estudios clínicos y experimentales que han evaluado esta hipótesis, también existe abundante evidencia epidemiológica que soporta esta teoría. Durante los últimos setenta años se había observado que en los países industrializados donde los niños viven en ambientes “extremadamente limpios” la frecuencia de enfermedades infecciosas va en disminución, pero la frecuencia las enfermedades alérgicas e inflamatorias como son la fiebre del heno, asma, eczema, alergias alimentarias o padecimientos como enfermedad de Cronh, colitis ulcerativa o esclerosis múltiple van en aumento.

Un buen ejemplo de esto es África, en dicho continente la frecuencia de parásitos intestinales es alta pero la frecuencia de asma y alergias es muy baja. Sin embargo, cuando niños africanos emigran a Europa o América del Norte, disminuye la frecuencia de parásitos y aumenta el riesgo de enfermedades alérgicas.

Los mecanismos biológicos que pudieran explicar la hipótesis de la higiene inician desde el embarazo (o probablemente desde antes). Recordemos que el feto ser vivo cuyos tejidos son inmunológicamente extraños en el cuerpo de la madre (y viceversa). Por lo tanto, el sistema inmune del feto está diseñado para no reaccionar en contra de los tejidos maternos.

Después del nacimiento, el sistema inmune se va “modulando” o “madurando” paulatinamente durante los primeros dos años de vida, especialmente durante los primeros 6 meses. El como se vaya entrenando el sistema inmune de este recién nacido, depende de factores epigenéticos, genéticos y ambientales. Entonces, la hipótesis de la higiene explica como los factores ambientales tempranos afectan – para bien o para mal- el futuro funcionamiento del sistema inmune.

Sí este ambiente en donde va creciendo el niño “es demasiado limpio”, el sistema inmune no interactúa con microorganismos inocuos, patógenos y alérgenos ambientales, y por lo tanto no se desarrolla adecuadamente. Esto nos quiere decir que el grado y la calidad de la higiene del ambiente donde vive un niño durante los primeros años de marcará el futuro de su sistema inmune.

Esta hipótesis se basa en tres grandes partes. La primera parte nos dice que un niño pequeño al sufrir infecciones asintomáticas con virus y bacterias disminuye su riesgo de desarrollar enfermedades alérgicas. Segundo, la exposición ambiental no invasiva a microorganismos disminuye el riesgo de desarrollar alergias. Y tercero, estos dos factores modifican juntos logran afectar el funcionamiento de la respuesta inmune innata y la adaptativa. Posteriormente, se descubrió que la falta de exposición a patógenos y a alérgenos no solo modifica el funcionamiento del sistema inmune, también modifica la estructura de la microbiota, y entonces podemos entrar en un círculo vicioso -o virtuoso-.

La microbiota es una “jungla” de virus, bacterias, parásitos y hongos que habita en el tracto digestivo, respiratorio y genitourinario desde antes de nacer (por cierto también hay microbiota dentro de la placenta durante el embarazo). Esta jungla de microorganismos participa en regular no solo al sistema inmune también al endócrino. Con lo cual el como este estructurada nuestra microbiota tendrá implicaciones metabólicas, en la absorción de alimentos y en como respondemos ante moléculas o microorganismos extraños.

Aquí vale la pena hacer un pequeño paréntesis para entender la importancia de la microbiota con un segundo ejemplo. Los individuos obesos o con diabetes mellitus sufren un estado de inflamación crónica “leve” que afecta a todo el cuerpo. También sabemos que la obesidad o la diabetes afectan negativamente la estructuración y función de la microbiota. Al tener una microbiota alterada, se incrementa el grado la inflamación sistémica de la persona y como consecuencia, se pierde el freno del sistema inmune -aquí entramos en un círculo vicioso de inflamación-. Entonces cuando esta persona obsesa o con diabetes sufre una infección, su sistema inmune responderá de manera más agresiva y por lo tanto tendrá mayores probabilidades de sufrir una infección grave y morir.

Cabe mencionar que la hipótesis de la higiene por sí sola no explica todo este fenómeno de alergias y enfermedades inflamatorias. Esta es una interacción mucho más compleja en donde intervienen otros factores.

Alguno de estos otros factores que pueden potenciar el efecto de la hipótesis de la higiene son la presencia de genes pro-alérgicos en los padres, alimentación abundante en carbohidratos durante el embarazo, la presencia de obesidad y/o diabetes antes o durante el embarazo, que el bebe sea niño, el tabaquismo antes o después del nacimiento, también afecta sí se nace por vía vaginal o mediante cesárea y sí el niño es alimentado con leche materna o con fórmula láctea.

Por lo tanto, particularmente la salud de la madre desde antes del embarazo impactará en la futura salud de su descendencia. Pero aún más importante, la salud durante el embarazo y en los primeros dos años de vida van a afectar permanentemente el funcionamiento del sistema inmune. Todo lo que haga la madre y como sea el ambiente cercano a este niño incrementará o disminuirá la probabilidad de que sufra enfermedades alérgicas o inflamatorias.

Por cierto, en nuestro país una alta proporción de la población nace por vía cesárea y además son alimentados con leche de fórmula. Sí a esto le sumamos que somos el primer país en obesidad y en consumo de alimentos chatarra, entonces tenemos una ecuación que nos puede generar a largo plazo un desastre en cuanto a enfermedades infecciosas, alérgicas y/o autoinmunes.

En resumen, el cuidar el medio ambiente sin hacer que los niños vivan en una burbuja estéril, el permitir que jueguen en jardines y tengan mascotas, una buena nutrición materna y del niño, así como promocionar el parto vía vaginal, la lactancia maternal y el ejercicio, son estrategias que reducen la frecuencia de enfermedades alérgicas y que de paso, disminuyen la severidad de las infecciones respiratorias.

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