mayo 16, 2021

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El emperador persa | Columna de Juan Jesús Priego

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el emperador persa

LETRAS minúsculas

 

La juventud lee, la madurez relee y la vejez olvida. Cuando uno es joven busca títulos nuevos, nombres desconocidos, obras recién premiadas. Contra lo que pudiera creerse, los jóvenes leen más que los viejos, y si los viejos leen todavía es porque adquirieron el hábito en los tiempos ya lejanos de su juventud. «Por mi parte, observo –decía hace poco en una conferencia la investigadora francesa Michèle Petit– que si bien la proporción de lectores asiduos ha disminuido, la juventud sigue siendo el periodo de la vida en la que hay una mayor actividad de lectura». Claro, así es. Exactamente así. 

No obstante, conforme va pasando el tiempo, un extraño cansancio va apoderándose de nuestros ojos y miramos con desconfianza lo raro y lo novedoso. No, ya no queremos cosas nuevas; queremos, simplemente, volver a los amarillentos y fieles volúmenes que han sido nuestros compañeros de toda la vida. «Cuando leí éste, pensamos llenos de nostalgia, mi vida era así y asá; aún no moría aquel amigo entrañable, aún no me dejaba; además, no me dolía absolutamente nada. ¡Feliz época aquella!». Con los libros sucede como con las canciones, que les perdonamos todo con tal de que sean de nuestra época y nos recuerden algo. Al hombre maduro cada vez le van gustando menos las novedades, sean éstas bibliográficas, sentimentales o de salud. Entonces, relee. 

Por último, en la vejez, uno lee muy poco y prefiere pasarse las horas rumiando lo ya leído: dos o tres historias inolvidables, dos o tres ideas que los que están a nuestro lado deberán escuchar constantemente con ese fingimiento cortés tan parecido a la hipocresía con que se acogen las cosas ya muy sabidas (por repetidas).

Cuando hace unos días, por ejemplo, tuve que elegir entre la última novela de Carlos Fuentes –que ya se ha puesto también él a escribir, para ponerse a tono, libros de vampiros- y La peste de Albert Camus, obra que ya había leído hacía unos quince o dieciséis años, sin dudar un instante elegí esta última (y no por eso que en México llamamos malinchismo, sino por una razón puramente afectiva: La peste ha formado parte de mi historia personal, mientras que la última novela de Fuentes, no). Entonces descubrí que había pasado ya de la primera etapa a la segunda.

Al recorrer aquellas páginas que ya despedían el característico olor de los papeles viejos, caí en la cuenta de que muchas de sus frases, pese a su importancia, habían sido pasadas de largo, puesto que no las recordaba; por lo demás, ninguna marca, ningún trazo subrayaba ni siquiera mínimamente su valor: para decirlo ya, habían sido leídas como si nunca lo hubieran sido. Me vinieron entonces a la mente las palabras que Giovanni Papini (1881-1956) dejó escritas en una página de su bellísima Mostra personale: «A veces me ha sucedido que al releer ciertos libros he tenido la impresión de no haberlos leído antes de ese momento. Me ha ocurrido, releyendo, descubrir bellezas y pensamientos que no había visto y también, desgraciadamente, encontrar errores, lagunas, manchas, resquebrajaduras en las que nunca me había fijado».

He aquí, por ejemplo, una de esas frases que ni siquiera hicieron que me detuviera cuando leí La peste por primera vez: «La gente se casa, se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja. Trabaja tanto que se olvida de quererse».

¿Cómo es que no recordaba esta frase no sólo poética sino también profundamente verdadera? ¿Cómo es que ni siquiera la había subrayado? En efecto, en la muerte de todo amor hay siempre algo de trágico. Perder lo que se quiere (y esto lo decía ya San Agustín hace por lo menos mil quinientos años) es una de las experiencias más dolorosas que puede sufrir un hombre o una mujer. Pero más trágico aún es el hecho de que no todos los amores mueren, sino que simplemente se olvidan. Trabajamos tanto que nos olvidamos de querernos. 

En otra de sus obras (Calígula), Camus escribió que «vivir es lo contrario de amar». ¿Cómo puede ser esto cierto? Y, sin embargo, lo es cuando, a causa del duro trabajo, acabamos olvidándonos de aquellos que más decíamos querer. ¿A qué hora hay tiempo para ellos? ¿Qué momento nos tomamos para verlos? Ah, confesémoslo: casi no tenemos tiempo.

Darío, el emperador persa, obcecado amigo de los atenienses, tenía en su palacio a un esclavo cuya única función era repetirle varias veces al día: «Acuérdate de los atenienses». Los enemigos no deben olvidarse, pues en el momento menos pensado pueden darnos una desagradable sorpresa. Y si los enemigos no deben olvidarse, ¿por qué los amigos, en cambio, sí? También nosotros deberíamos tener a alguien que nos dijera constantemente: «Acuérdate de los que amas». 

De hecho, para hacer el papel de este esclavo es que me he puesto a escribir este artículo. Quisiera poder decirte, por lo menos una vez en la vida, lector, que te acuerdes de los que amas. Que, al menos para ti, vivir no sea lo contrario de amar

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Todavía no impriman las boletas | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA.

Espere señor impresor que aún la nave del olvido no ha partido. Para las próximas 24 horas la elección potosina puede tomar un nuevo rumbo con nuevos protagonistas.

Las incertidumbres florecen con el anuncio de la Unidad de Fiscalización del INE, la misma que quitó la candidatura a Raúl Morón y a Félix Salgado Macedonio en Michoacán y Guerrero respectivamente, ha puesto en la mesa la posibilidad de retirar también su condición de candidata a Mónica Liliana Rangel Martinez, la hasta hoy abanderada potosina y además por las mismas razones.

Si el Consejo General del INE toma el mismo criterio (que debería de acuerdo a una cosita que se llama jurisprudencia) con Mónica que con Felix y Raúl, para hoy jueves por la tarde noche, la ex secretaría de salud estaría perdiendo su lugar en la boleta electoral.

Pero hay más, Culto Público, también en las próximas horas el Supremo Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, última e inapelable instancia, estaría determinando si Xavier Nava puede o no estar en condiciones legítimas de reelegirse como alcalde ahora postulado por Morena.

Ambas situaciones abren posibilidades poco exploradas por inverosímiles y prácticamente impensables en el cálculo político de apenas unos meses. El tablero se mueve con 31 días de anticipación para la votación.

Xavier se puede quedar sin candidatura a la alcaldía por no cumplir el requisito de ser postulado por el mismo partido político que lo llevó al poder en primera ocasión y por participar en dos procesos internos al mismo tiempo con partidos distintos.

Si bien la Sala Superior de Monterrey, con voto dividido, le regresó sus derechos de candidato, en la tercera y última instancia, el apego al texto constitucional debe privilegiarse por encima de la interpretación muy endeble de la ambigua renuncia a la militancia.

Es decir que Xavier, en pocas horas, una vez más, corre el riesgo de quedarse fuera de la boleta municipal, sin embargo, ante la propuesta de la Unidad de Fiscalización de sancionar a Mónica Liliana Rangel con retirarle la candidatura, la coyuntura podría permitir a Nava Palacios colarse a la boleta en la que quiso estar desde el inicio: rumbo a la gubernatura.

Si a Mónica le quitan la nominación, asunto muy probable si el Consejo General del INE aplica los mismos criterios que aplicó con Salgado y Morón, Morena tendría 48 horas para sustituir a su candidato, que podría ser varón porque en Guerrero cambiaron de género a mujer al otorgar la candidatura a Evelyn Salgado, por lo que los equilibrios de género estarían a salvo.

Si el STEPJF baja a Nava, es porque este estaría impedido de repetir como alcalde, pero nada le prohíbe ni a él ni al partido que se convierta en el candidato sustituto de Rangel Martínez.

Morena tendría que dejar la candidatura de la capital a alguien más, nombre que sería irrelevante pues en la práctica estarían abandonando la idea de ganar San Luis a cambio de la apuesta mayor que es la de suceder a Juan Manuel Carreras.

Mónica, aunque lo niegue, hizo precampaña y está comprobado y registrado. Por miles de entrevistas con Carlos Loret en las que lo desmienta y por docenas de comunicados nocturnos en los que insista en que su candidatura está firme, la doctora no presento reporte de gastos de ese periodo, y lo que es más absurdo aún, es que asegure que no se había siquiera separado del cargo en el periodo de precampañas.

¿El escenario es posible? Sí. ¿Probable? Quién sabe. Morena podría muy bien echar mano de Juan Ramiro Robledo Ruíz para sustituir a Rangel y dejar a Xavier Nava a su suerte de lo que decida el Tribunal Electoral.

Nava podría incluso no perder su condición de candidato a la alcaldía si los magistrados de la tercera instancia se lo permiten y hasta Mónica, en un asunto que sería de locura para Morena y sus dirigentes, podría ser juzgada en forma distinta a la de sus símiles de Guerrero y Michoacán.

Mientras tanto, yo no apretaba el “control + P” de la maquinaria de impresión de las boletas potosinas. Sea cual sea el resultado, el viento enrarecido arrecia para San Luis Potosí y la elección potosina, asomada ya a la vuelta de la esquina está en “ascuas” como diría mi enferma abuela.

En cualquier caso, la cercanía de la contienda parece dejar a cualquiera con tiempo insuficiente en todos los escenarios, Mónica se ve lejos de remontar, Xavier se ve lejos de poder ampliar su campaña a 58 municipios en tres semanas y Juan Ramiro Robledo (otro de los posibles bateadores emergentes) tendría una cruzada tan cuesta arriba que hasta sería difícil pensar en que acepte semejante empresa destinada al fracaso.

¿Pero qué mas da, Culto Público? Si en este San Luis Potosí, el más panista es candidato del PRI, la más priista es de Morena, el grupo más Fifí y anti-4T hoy corea “es un honor estar con Obrador” cuando hace unos meses tildaban públicamente al partido del presidente y sus aliados de “porquería” y el Tecmol piensa que gana votos dando vueltas gratis a niños en su helicóptero…(pfff).

En este mundo tan bizarro, ya nada más nos falta ver que el Mijis se afilie al PAN y el Gabo Salazar regrese lo que les bailó a sus clientes.

En fin, que estamos a unas horas de conocer el desenlace de otro embrollo morenista, quizás el último antes de preguntarnos: ¿Quién se lleva la elección? ¿Pollo u Octavio? A los de Morena pues ahí nos avisan cuando terminen sus impugnaciones y se pongan de acuerdo ¿no?

Hasta saber certezas de ambos casos, no me platiquen más, que quiero imaginar que no existe el pasado… (Ah no, esa es de Garrido pero me vino a la cabeza y me salió por los ojos).

¡Hasta la próxima!

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Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

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Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

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San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

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