abril 15, 2021

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Bolivia-México: hospitalidad humanitaria | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Bolivia-México

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 “Lo difícil es conocernos a nosotros mismos, lo fácil es hablar mal de los demás”.

Tales de Mileto.

 

NOTA PROLOGAL.- Al cierre de este escrito, hay noticias de que el ejército boliviano –quien manda con golpe de estado maquillado- ha matado durante las últimas horas a 8 simpatizantes de Evo Morales y ha detenido a cientos de jóvenes. Pero, también se informa de la posición de las Naciones Unidas contrapuesta a la de la OEA pro-golpista, y de los quechuas y aimaras que preparan la insurgencia. Urgen los buenos oficios, la vuelta a la legalidad sin derramamiento de sangre y con sentido de justicia.

***

Evo Morales, cómo dejar de quererte.

Cuando tus detractores, con visos racistas, neonazis, quisieran lapidarte y desmontar de un exabrupto tu comprometida trayectoria, ignoran el haber conseguido en tu mandato para tu país pasar de 63 a 30% de índice de pobreza y un crecimiento anual de 4 a 5 %.

México durante 6 lustros de mandatos neoliberales llevó al país al 60% de pobreza y a crecimiento de 0%.

Evo, la historia lo consigna.

El presidente mexicano Lázaro Cárdenas del Río (a quien se intentó derrocar al inicio de su mandato y se le tupió de calumnias -hoy denominadas face news-, sicariatos y fanatismos inducidos, criminalidad encapuchada y sabotajes) tuvo la atingencia de expropiar el petróleo y dar refugio a los exiliados a causa de la Guerra civil española; hospedar menonitas en Chihuahua e italianos en la Tierra caliente michoacana.

Cuánto bien económico y emocional como pueblo/nación hizo la expropiación petrolera a México, cuánto prestigio ante el mundo y hacia Latinoamérica. Ascendente y soporte finaciero, por cierto, desmontado y saqueado por gobiernos ¿mexicanos? neoliberales.

Por su parte, el refugio a exiliados españoles, enriqueció a México con académico para reforzar la labor del profesorado de la UNAM y el IPN; prohijar El Colegio de México, y las editoriales Fondo de Cultura Económica y Era. Ese exilio español, además, vino a reforzar un renacimiento cultural mexicano, entre muchos con estos talentos sumados:

  • A la familia cinematográfica se sumaron, Luis Buñuel, Jomy García Ascot, María Luisa Elío, Luis Alcoriza, Emilio García Riera, José de la Colina,
  • Los pintores/diseñadores: Miguel Prieto, Vicente Rojo, motores de la modernidad gráfica mexicana.
  • Los niños cantores de Morelia
  • Las pintoras Remedios Varo y Leonora Carrington (nacida inglesa)
  • Al pinto/escultor Mathías Goheritz (nacido alemán), recuperador de la escultura monumental inhibida hasta entonces por las tallas escultóricas mexicas, olmecas y mayas.
  • Intelectuales/filósofos: León Felipe, Eduardo Nicol, José Gaos, Rodolfo Sánchez Vázquez, Agustí Bartra, Juan Rejano
  • Al promotor cultural quijotista Eulario Ferrer

Y una pléyade de emprendedores para modernizar empresas, procesos de producción y administración.

NO HAY AMOR EXENTO DE CICATRICES

“Quien sabe de dolor, todo lo sabe”.

Dante Aligheri.

Con tu llegada Evo, México afirma su constructiva tradición ancestral/histórica de refugio a exiliados, emigrados y perseguidos políticos. Ese talento humano exiliado/refugiado ha enriquecido a México.  

  • – Tina Modotti, miliciana y fotógrafa, nacida proletaria e hija de migrantes pobres, llega a México en 1926; entabló amistad con artistas como Antonieta Rivas Mercado, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Frida Kahlo. Produce, en su momento, fotos de un valor artístico testimonial del momento socio/cultural/político mexicano del cual también fue artífice.
  • Francés.- En 1862, la creación del Segundo Imperio mexicano fue apoyada por integrantes de los ejércitos, francés, austríaco y belga; ello propició la permanencia en México de milicianos. Por entonces también, migrantes del poblado de Barcelonette fundaron la banca mexicana, fábricas de hilados de tejidos, y tiendas departamentales modernizadoras para la época. Patricio Redondo y Pepe Tapia, españolen en exilio, hacen escala en Francia y abrevan del propio Celestín Freinet su método de La pedagogía del tanteo, para traerlo a México.
  • Alemán.- Guillermo Kahlo, fotógrafo y papá de Frida Kahlo; Franz Mayer, formó colecciones de arte mexicano y las donó al país; Walter Reuter, fotógrafo; Erich From, autor del clásico El arte de amar, entre 1957 y 1961 compaginó su actividad en la UNAM; Juan Brom, profesor en la UNAM durante más de 40 años, es autor del clásico “Para comprender la historia; Mariana Frenk-Westheim y Paul Westheim, críticos e historiadores de arte mexicano.
  • Portugués.- El crítico e historiador de arte Antonio Rodríguez.
  • Ruso/soviético.- Sergei Einsestein, entre 1930 y 1932 filmó en el país ¡Que viva México! E influyó con su estética la naciente denominada Época de oro del cine mexicano. León Trotski y Natalia Sedova dieron su aporte intelectual; Arcady Boytler, director de la película La mujer del puerto; Vlady, muralista, se incorporado al movimiento pinto/escultórico de La ruptura. En los 90 llegaron inmigrantes coreanos, rusos y de las ex-repúblicas soviéticas.
  • Inglés.- Malcom Lowry escribió en México la novela Bajo el volcán (1947); ubica la trama en el año en que Cárdenas nacionalizó el petróleo de las compañías británicas y estadunidenses, en 1938; Sir Edward James, mecenas y creativo de orientación surrealista, edificador del singular Castillo de Xilitla en la Huasteca potosina.
  • – Aaron Coplan compuso la melodía sinfónica Salón México; En 1954 intelectuales estadounidenses recibieron refugio en suelo mexicano, empujados por el macartismo. México es el país donde viven más estadounidenses fuera de los Estados Unidos y conforman el 75% de la inmigración de este país. En poblaciones de las costas de las Baja Californias mexicanas, Sonora y Sinaloa, y en San Miguel de Allende o Chapala la población estadounidense representa al 50% de los residentes.

  • – El peruano Víctor Haya de la Torre, en 1924 funda en México el APRA movimiento político antiimperialista. Rómulo Gallegos, escritor venezolano, aportó al cine mexicano el argumento para Doña Bárbara. Ernesto Che Guevara argentino estuvo en la ciudad de México; Raquel Tibol, también argentina, acá se desarrolló como crítica e historiadora de arte mexicano. Gabriel García Márquez escribió en México Cien años de soledad. Durante la década de los 70 pasados, llegaron a México miles de chilenos, peruanos y colombianos solicitando protección y asilo a causa de las dictaduras instaladas en sus países. La historiadora Beatriz Gutiérrez Müller y la cantautora Natalia Lafourcade tienen ascendencia chilena; el golpe de estado de 1973 en Chile, atrajo a México a los cineastas Miguel Littin y Patricio Guzmán.
  • Centroamericanos y caribeños.- Carlos Mérida, guatemalteco, llega en 1922 y aporta al muralismo líneas geometristas; su hija, Ana Mérida, nacida en México, funda con Guillermina Bravo la Academia de la Danza Mexicana; Rina Lazo muralista, también de Guatemala, colaboradora de Diego Rivera. En 1923 llega México el nicaragüense Augusto César Sandino, acá recibió influencia del anarcosindicalismo mexicano para la forja de su postura antiimperialista. En 1954, llegan guatemaltecos que huyen de la violencia provocada por un golpe de estado orquestado por la CIA. Los cubanos José Martí, Julio Antonio Mella, Fidel Castro. En los 80 llegaron numerosos inmigrantes cubanos. Arriban refugiados de las guerras civiles centroamericanas las décadas de 1970 y 1990, principalmente guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses. En 2010, llegan 984 haitianos; se suman a 1200 ya radicados en México. Gerard Pierre Charles, poeta y académico se incorpora a la academia en la UNAM.
  • Árabes de origen sirio, libanés, palestino e iraquí principalmente por motivos de asilo, arriban en distintos momentos; de ese ascendente son Carlos Slim Helú, el hombre más rico del mundo según Forbes, la cantante Susana Harp, el actor Mauricio Garcés y la actriz Salma Hayek
  • Orientales.- Entre 1880 y 1930 llegan inmigrantes chinos, filipinos y japoneses a las Baja Californias mexicanas.
  • Canadiense.- Alex Phillips, fotógrafo de cine mexicano, durante la denominada Época de oro; Arnold Belkin, muralista y singular recreador pictórico de la Revolución mexicana.

MÉXICO DE REFUGIO Y ENRIQUECIMIENTO MULTICULTURAL

Los procesos migratorios y de exilio son complejos y dolorosos. En la línea del tiempo, proclives al crecimiento cultural, profundas reflexiones proactivo/libertarias y ejercicio humanitario.

Bienvenido Evo, tu ser e historial en construcción nos enriquece.

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Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

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Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

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San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

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La belleza que nos queda | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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«Y entonces de repente todo pierde su atractivo
El mundo sigue ahí, repleto de objetos variables
De discreto interés, fugitivos e inestables,
Una luz mortecina baja del cielo abstraído.»
Houellebecq

 

Nacen niños, se fuman puros. Anabella y yo somos amigos de canciones, de tristezas y de trenes. Hablamos todo el tiempo sobre nuestros abuelos ferrocarrileros. Luego ella escribe una canción con más de un verso que me saca una o dos lágrimas.

A los 14 años me metí a mi primer cantina y no andaba triste, andaba contento. Esos eran momentos realmente míos, como pocos que aun nos quedan, flotando, en el desierto de la ocurrencia. Son los días de los mártires y las víctimas, y para vivirlos me he inventado un artefacto que desarticula la realidad, parecido a los lentes 3D que te regalaban en el cine. Puede que para algunos todo esto sea una locura.

Ya no hay razón, la gente anda confundida, preguntándose si es normal desplazarse con tristeza todo el tiempo: de la casa a la esquina y de la esquina a la casa; cruzar la calle con los movimientos de un zombi, dejarse los zapatos con la mierda pegada a la suela, o postrarse en la cama sin siquiera haber notado que el día ya terminó.

Avanzamos solitarios aunque caminemos entre la multitud. Se acerca el verano y tenemos miedo de salir a bebernos una cerveza, a mojarnos, felices, en los charcos de la lluvia sucia de la ciudad, a consumirnos antes de que vuelva el invierno. El día se ha reducido a su forma más siniestra, llegando al meridiano como si fuese el anuncio del fin del mundo. A qué negar, por otro lado, que hemos resistido.

De a poco nuestra personalidad se esfuma, todos somos protagonistas de la desgracia. Para mí, esto es algo bueno, pero para muchos es algo muy malo.

Las pesadillas gozan de ese efecto de sentirse reales aun cuando has despertado, como una herida recién hecha que arde, fresca, pero que no es posible verle la sangre por ningún lado. Puede que ese momento de ingravidez que antecede a la caída, ese donde no existen los sucesos inmediatos, sea el silencio infinito, tranquilo, antes del primer alarido de dolor; un grito de guerra que aun no se presenta, la belleza que aun nos queda.

Estábamos en un motel y me vine en sus tetas. Luego me la sacudí hasta dejarla bien seca. Me levanté sobre la cama en mis dos piernas, y el ventilador en el techo me voló la cabeza. Ella reía mientras yo buscaba mis sesos por todo el cuarto, juntándolos, reconociéndolos entre los charcos de sangre, asegurándome de no dejar un solo trozo mío en un lugar tan feo, y con la esperanza de que funcionarían cuando terminara de reunirlos, todos, de nuevo.

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