#4 TiemposDesde mi clóset

La desbordaba violencia contra ellas | Columna de Paúl Ibarra

Desde mi clóset

Entre más pasan las semanas, la violencia contra las mujeres se desborda. Las atrocidades que antes parecían lejanas, hoy están a la vuelta de la esquina. Sin importar la existencia de una Alerta de Violencia de Género y contar con normativa de avanzada en la materia, las cosas mejoran. ¿Quién o quiénes son responsables de este contexto agravado en menoscabo de los derechos de la mitad de la población?, ¿el estado?, ¿la sociedad?, ¿el modelo económico?

Si bien es importante reconocer los avances legislativos y en política pública que han llevado a cabo los gobiernos en sus diferentes órdenes, lo cierto es que el estado se topa de frente con un sistema opresor que aún no logra comprender. Lo anterior debido a la falencia en la institucionalización de la perspectiva de género como política de estado.

En la actualidad se carece de voluntad política real para hacer frente al estado feminicida. Esta aseveración, aunque arriesgada, es bastante certera. A pesar de los grandes esfuerzos, hay poco trabajo que atienda el problema de raíz. Aun y cuando suene trillado, el patriarcado, como régimen, se ve reforzado constantemente por la cultura y la cosmovisión de que trae consigo la mexicanidad.

Cuando Octavio Paz escribió sobre las características de la cultura mexicana pasó por alto al patriarcado. El machismo, como dispositivo de control de los cuerpos y de las relaciones humanas, mantiene confinadas a las mujeres a una constante lucha por la emancipación. No da tregua, muta, se reproduce, se impregna en la piel de manera cotidiana.

En tanto los liderazgos morales, como ministros de culto, ancianos, influencers, continúen sin sanción alguna reproduciendo discursos misóginos, poco servirán las políticas públicas de atención y prevención de la violencia. No es posible que se le siga preguntando al vocero del arzobispado su opinión sobre la interrupción del embarazo. Él habla desde su posición de privilegio, con la jerarquía que le da pararse en un púlpito y despotricar contra la perspectiva de género, y cuestionar los derechos humanos de las mujeres.

Mientras se continúe eligiendo tomadores de decisión sin ser profesionalizados en la interseccionalidad, los derechos humanos y la transversalidad de la perspectiva de género, poco se puede hacer para mitigar los efectos de la violencia feminicida. Al contrario, fomenta su propagación. Un Fiscal General del Estado no puede ser omiso ante los feminicidios. Un Secretario General de Gobierno no puede decir que la AVG no es una varita mágica sin ser cuestionado por sus gobernados. El titular del ejecutivo estatal no puede permanecer impune mientras las mujeres siguen siendo víctimas de la violencia feminicida. Deben fincarse responsabilidades.

La cuestión cultural es un lastre a la hora de construir política pública. Mientras el estado se desgarra las vestiduras para facilitar las condiciones para que las mujeres puedan interrumpir un embarazo de manera libre y segura, San Luis Potosí se mancha de sangre diario con el feminicidio de mujeres.

Es importante que se generen las condiciones para que las mujeres accedan a una vida libre de violencia, y sólo se logrará con la suma de voluntades y las acciones públicas que fomenten la integración de la perspectiva de género en la vida pública. Que los rosarios se queden en las iglesias y los derechos humanos se promuevan en foros públicos y palestras.

 

paulcollazo@gmail.com

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