febrero 1, 2026

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#4 Tiempos

Un utópico potosino | Columna de Óscar Esquivel

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Desafinando

Todos cargamos con un sueño

Cuando se trata de construir una sociedad diferente, un entorno en una clase de utopía, existen las fronteras de la codicia. Un mundo utópico sería lo deseable, donde el hombre esté en perfecta comunión con sus semejantes y la naturaleza. Si bien somos responsables del destino del mundo, también de forjar formas sólidas de entendimiento.

La utopía es un sueño de muchos, y el desdén de muchos más, los que construyen para destruir, los que su vida la transforman en banalidades materiales, el autoproclamarse utópico es aceptar que se tiene cierta locura, es ofensivo para algunos, es estar “discapacitado de ideas”, el utópico rompe la barrera de lo establecido, aun cuando sea perjudicial para todos, el bárbaro conoce su propia utopía, puede ser a través de la violencia o la imposición de sus ideas, el artista utópico es aquel como el que pinta solo por pintar sin preocuparse si tendrá que comer al día siguiente, como Van Gogh, o Henri Rousseau, iniciador del arte Naif, quien gracias a la ayuda de Picasso sobrevivía, el científico que deja todo, días festivos, familia por algún experimento quien seguramente será llamado “científico loco”.

El político Utópico, como lo menciona Tomás Moro, en su libro La Utopía, introduce al lector en un mundo de principios fundamentales llevados hasta nuestros días, por su radicalidad, ya que para los años que escribió la obra, realizaba una serie de críticas a la propiedad privada, y las formas tiránicas de los gobiernos imperiales, pero agregando una visión de vanguardia para su época, de un mundo para todos, que garantizará un bienestar común.

Aun cuando se desarrolla en una isla apartada de todos y de otros pueblos, la utopía era el establecimiento del orden perfecto. Tomás Moro el canciller, el Lord de Enrique VIII fue decapitado, por oponerse a la construcción de la Iglesia Anglicana y prestarle juramento.

Ya en nuestros días, en el Nuevo Mundo, inspiración de Moro, las cosas caminan cada quien con sus sueños ideales, todos poseemos una verdad que la hace utópica, fantasiosa para los demás y hacia los demás, donde conlleva un riesgo, porque seguramente te llamarán mesiánico.

Hace unos días se derrumbó una torre de soporte del distribuidor vial Benito Juárez, causando dos heridos, tráfico intenso, y la pérdida según la Junta Estatal de Caminos potosina, de 680 mil pesos, la justificación fue que los polines estaban “cansados”, desgastados, si es justificable, lo que no es justificable es donde una obra de millones de pesos se puedan ahorrar en polines, 30 millones de pesos que les “regaló” injustificadamente el Gobierno del Estado con el argumento de que la capacidad de las constructora ganadora, era superior a todas las demás que participaron en el concurso de licitación, con esto demostraron lo contrario, 8 o 10 trabajadores que se observaban y sin supervisión, ¡ah sí¡ Perdón, la del contralor del estado, que no es ingeniero.

La obra y la armadura para colado lo dejaron a cargo de maestros albañiles quienes salvaron a este, de un desastre, de uno mayor. Una pregunta que nos tendrá que contestar la Junta Estatal de Caminos cuando se concluya la obra, ¿será totalmente segura? No es por “echar la sal”: en Torreón, Coahuila se presentó el mismo caso, en un distribuidor construido en tiempos del innombrable Moreira, después de la pomposa inauguración, se tuvieron varios accidentes graves por los peraltes mal trazados y el desmoronamiento de las columnas ¡Dios mío!, protégenos de todo mal.

Carreras, el gobernador potosino, tiene algo que no lo deja crecer, serán su terquedad, los favores que no acaba de pagar, sus más allegados. ¿Quién o quienes le traen la mala suerte? Tiende el gobernador a generar mala suerte, si es que se cree en ella, permite que su ego político le genere una utopía personal de sueños de miedo, que no sabe de donde proviene pero lo siente.

Utopía de desarrollo desordenado, hemos insistido que la Secretaría de Desarrollo Económico, desapareciera como tal y se convirtiera en una promotora industrial, una coordinación, o un dirección general. Hace unos días el secretario, anunció un viaje a Portugal para atraer inversiones en el área metal mecánica de moldes, troqueles y herramientas, aparentemente sería una gran noticia, pero que no se conoce que la vocación potosina es precisamente el área metal mecánica, es la industria más pujante y exitosa, por ello habría que recordarle al secretario, que el desarrollo económico en su junto se consolida apoyando a la industria local PYMES o Mipymes, por su vocación y su experiencia.

Creemos es mejor invertir e incentivar a la pequeña empresa potosina para consolidar la proveeduría local, que venda sus productos a la extranjera y nacional grande. Este modelo de promoción industrial que continúa presentando el gobierno de Carreras, es fácil, simplón y sin visión de futuro. El futuro está en el consumo interno y en la proveeduría. Apoyen a las empresas a adquirir tecnología e incentivarla para ampliar la base productiva de la industria mexicana,  “apoye y consuma productos hecho en México y por mexicanos” algo le será parecido al secretario.

Desperdiciar el tiempo es como atreverse a retar al destino, no hacer caso a lo evidente, es como voltear hacia a un lado solo para no ver, el destino es y será, incierto, mientras la ciudad colapsa en su vialidad, se prefirió soñar con una utopía metropolitana, que ha fallado a la hora de proyectarse y llevar a cabo, los planes que se habían trazado se esfumaron, miles de vehículos en el asfalto, parece un gran estacionamiento toda la ciudad, la culpa es de todos, puede ser ¿seremos inocentes de nuestra propia movilidad? Pero también con un transporte tan deficiente como el que dejó don Ramiro Robledo, ex secretario de comunicaciones y transportes nadie estaría dispuesto a usarlo en lo cotidiano, el señor dejó un desastre reflejo de la mala suerte o de la ineficiencia permitida y premiada, como si fuera un maestro en las artes de la administración pública, en fin esperemos que el secretario de SCT recién nombrado haga lo conducente para mejorar el transporte urbano, complejo pero no imposible, Carreras lo vivió en tiempos de Gonzalo Martínez Corbalá.

Nos saludamos pronto.

 

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#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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