#4 TiemposColumna de Adrián Ibelles

Retrato a los 13 | Columna de Adrián Ibelles

Postales de viaje

 

No sé si hay mucha gente que recuerde cómo era de adolescente. Los gustos, intereses o pasatiempos que nos pertenecían, o aún más, que nos definían. De lo poco que recuerdo, hay canciones de rock, juegos de X-BOX, mi primer trabajo (en la plaza de la tecnología) y no mucho más. Pero al fin y al cabo, fue una etapa muy básica. Ahora, creo que a ti te gustaría recordar cómo eras a los 13.

Si es así, podrás volver aquí y tal vez, recordar.

A los 13 medías 153 cm.

Tu cabello fue largo y luego te pedimos cortarlo, al principio no quisiste, pero era bueno el cambio. Entonces tu nuevo corte te hacía ver más como un adolescente, de rostro delgado y sonrisa ocasional.

La música. Si algo amaste a esa edad fue la música. Llegabas corriendo de la escuela, comías tan rápido como te lo permitían tus hábitos y casi de inmediato te despedías con tu violín al hombro, para llegar al ensayo de la orquesta. Segundo violín, ya con dos conciertos a cuestas (te vi en el segundo, se escuchó muy, muy bien).

La guitarra estuvo un poco olvidada. No te culpaba. Era demasiado ajetreo como para encontrarle un momento adecuado. No podría asegurarte qué música era tu favorita a los 13. Pasó tu época de grunge (con ocasionales visitas a Metallica y SOAD), y en ese punto lo importante era ensayar. Recuerdo verte muy integrado con la música clásica, escuchando a Tchaikovsky y su Romeo y Julieta (tú me contaste que la versión original duraba 20 minutos, yo no tenía idea).

Comías lo que preparaba. Usualmente tú y yo íbamos en el mismo equipo a la hora de comer. Tu madre buscaba opciones más sanas, pero al final yo trataba de tenerte contento. Sin cebolla (en la medida de lo posible), sin jitomate (que no fuera en salsa), poca calabaza, o chayote, o cualquier otra cosa que no hubiera estado viva. De frutas, naranja, manzana y guineo (así le llamaban al plátano en Chiapas).

A los 13 usabas ropa de colores. Con rayas. Mucho azul y una playera polo amarilla que yo no entendía cómo te gustaba. De cumpleaños te llevé una playera de Hogwarts que me hubiera gustado para mí. Tus jeans (casi siempre rotos de las rodillas) y un par de tenis que te acababas en tiempo récord.

Te recuerdo ajeno a los deportes. De más pequeño apoyabas con enjundia al Barcelona de Messi, eran tus playeras favoritas (ambas te las regalamos tu mamá y yo) pero poco a poco te fue dando igual. Eso sí, vimos dos triunfos de los Patriots en el Superbowl, aunque ese 3 de febrero, cuando ganaron el sexto Super Bowl, no estuvimos juntos, tú en casa y yo en el trabajo. Lo hubiéramos disfrutado igual que los anteriores.

Jugabas con tu Nintendo 3DS, aunque cada vez menos. Entre la música y la escuela había poco tiempo para el ocio. Tu primer celular, un iPhone 5, que te llegó ya demasiado paseado para ser novedad. Igual lo cargaste de juegos y era para lo que lo usabas.

En tu cumpleaños 13 estuviste enfermo. No hubo pizza ni lasaña, como lo prometí. Sé que fue triste pero al menos hubo pastel, un par de regalos y el cariño de tres personas que te hemos querido y admirado desde que te conocemos. Y el de muchas más, que sin que te enteraras, te tenían en gran estima. Siempre tuviste un efecto curioso en nuestros amigos, que te consideraban bastante.

A los 13 eras joven. Serio, un poco rebelde y ligeramente desobligado. Cómo todos a esa edad, quizás un poco menos que tu mamá o yo. Pero ya desde aquí eras una gran persona. Lo más importante, un gran hermano, un gran hijo y un gran amigo. No te olvides de cómo eras a los 13, por si algún día dudas, pregúntame. Y si ya no estoy, regresa aquí para que lo sepas. ¡Felices 13, campeón!

@Adrian_Ibelles

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